© de la imagen La meva maleta

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domingo, 12 de noviembre de 2023

Entre nosotros

Pues me apetece contaros una intimidad. Ayer cené con un montón de jóvenes de mi edad, a saber, los que cumplimos 50 este año. Los chavales, vaya. Cena en el hall del que había sido nuestro cine de la infancia, cuando los cines eran de sesión doble, con bolsas de regaliz, gallinero y butacas rojas, ahora reconvertido en restaurant. Luego, sesión de disco con barra libre, qué desperdicié tomándome una tónica (sin-gin) y medio botellín de agua triste porque me tocaba conducir. Nos hemos ido reuniendo este año y cada vez he tenido una sensación parecida. Despojada de todo lo que me define en el tiempo actual, a saber, mi marido, mis hijos, mi trabajo, mi nueva familia, mi nuevo lugar, y enriquecida con la sabiduría de lo que he aprendido y la imprescindible distancia, me he limitado a ser yo misma. 






No tengo nada que quiera esconder, nada que disimular, nada de qué avergonzarme, fui lo que fui. He aprendido a amar a la niña desastrosa que era y a la adolescente que no encontraba su sitio. Con ellas dos de la mano, me he plantado ante mis compañeros de colegio y ante los chicos de mi quinta a los que ni siquiera saludaba al cruzarme con ellos por la calle y así me he presentado ante ellos, y ahora los considero mi gente. 

A pesar de tratar de poner toda mi atención en lo que me cuentan, no soy capaz de recordar el número, sexo y edad de los hijos de cada cuál, ni las profesiones que les dan de comer. No sé quién se lio con quién, quién está divorciado, salió del armario o se metió en él. Bueno, algo sí recuerdo, pero cuando estamos juntos somos otra vez los niños de la egebé, ellos, con rodilleras en los pantalones y el balón bajo el brazo. Nosotras, cantando canciones de jugar a la goma y calentadores a lo Flasdance. 

Luego disimulamos y nos hacemos los mayores y nos vamos al Musicland y bailamos la playlist (consensuada) de música de entonces. Aunque a ratos vuelven, desinfladas, las rivalidades entre colegios, aunque nunca llega la sangre al río, porque todos somos los del 73 y punto. Por mero hábito, me he permitido observarles a todos con cariño, me guardo para mí las conclusiones a las que llego, aunque se podría extraer un tratado de sociología completo de lo que somos cada uno. Quién sabe si alguno de ellos protagonizará una de mis novelas. Sé que algunos de ellos me leen, así que espero que mi crónica les haya hecho sonreír. Para la próxima, propongo merienda con bocadillos de chorizo con Tulipán, sandwich de nocilla y Mirinda para todos. Y, lo siento, si no naciste en nuestro año y no tienes algo que ver en Mollerussa, no estás invitado.

Us estimo, gent!

jueves, 23 de abril de 2015

Mi día del libro

Después de cuatro Sant Jordis frenéticos, incluso después de haber pedido fiesta en mi trabajo, este año decliné cualquier invitación, cité a varias personas durante la mañana para vencer la tentación del paseo eterno por las avenidas llenas de paradas de libros, rosas y reivindicadores varios.
He celebrado mi día del libro de la mejor manera que se me ha ocurrido, escogiendo libros para mis chicos y leyendo de un tirón el libro que me compré el...¿lunes?
He tomado el sol a la hora de mi siesta con él entre mis manos, he terminado un capítulo en un semáforo en rojo, he dejado olvidada la comida de mañana por no perderme el final, aunque luego me ha tocado correr. Incluso he tenido que ponerme una alarma para que no se me pasara la hora de recoger a mi hijo en el colegio.
Me he tomado una tarde medio libre, aunque he hecho pasta, he recogido a los chicos y los he llevado a sus actividades, he recogido los zapatos que tenía poniendo tapas en el zapatero, he buscado una tienda en la que encontrar una funda para mi tablet, he puesto una lavadora y recogido el detergente que se me ha caído, en fin, unas pinceladas de mi propia vida intercaladas entre uno y otro ambiente de mi novela.
Y he sido feliz, que ya es mucho. Porque normalmente no suelo tener tiempo ni para sentarme, y miro a mis otras aficiones de placer, como la costura, la lectura, la decoración, mi jardín, mis gatitos, con verdadera nostalgia.
Si hoy pudiera pedir un deseo es pasar el próximo Sant Jordi firmando algo nuevo en una mesa con mucha gente esperando al otro lado. Pero si no llega ese momento me pido tener un libro que me guste en mis manos, como El lenguaje de las flores, de Vanessa Diffenbaugh, que os recomiendo con cariño.

No dejéis de leer, y por favor, comprad vuestros libros, no los pirateéis. Los autores ganamos una miseria por cada ejemplar vendido, por cada ejemplar copiado de alguien que lo robó, los primeros en perder somos quienes amamos a la lectura. Nada es gratis, no robéis.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Para mi colección

Guardaré tu llamada de hoy en mi carpeta de relatos de amor.
Te enfadabas conmigo cuando te manifestaba mis dudas razonadas sobre tu matrimonio.
Lo cierto es que no lo veía nada claro porque cuando te rompías por él , yo me dolía contigo.
Sin embargo, a pesar de las pocas esperanzas que guardaba de que pudieras curar tus heridas, me alegra comprobar que el aire, la luz y el amor han curtido vuestras cicatrices.
Mis dudas han sido grandes, lo admito. 
Hoy me postro ante tu tesón, tus ganas de amarle a pesar de todo, y siempre, siempre, querida amiga, te repetiré aquello de que mereces ser amada.
Y creo que por fin te lo has creído, ahora sí. 



Cuando me has contado el reencuentro de vuestros cuerpos, he vencido mi pudor y he entrado de puntillas en vuestro cuarto. Os he visto, estrenando de nuevo vuestras pieles, volviendo a aprender el sabor del otro, llenando vuestras almohadas de promesas que esta vez sí debéis cumplir y se me ha llenado el corazón de vuestro purito deseo. 

Amainó la tormenta, desde esta orilla se refleja la luna sobre la mar salada... Quién sabe hasta qué puerto llegará vuestro barco. 

Nunca me supo tan bien equivocarme.



lunes, 27 de octubre de 2014

Príncipes, ladrones y difuntos.

De todo lo que concierne a la maternidad, lo que más disfruto es volver a ver, pero ahora no solo desde mis propios ojos sino también a través del prisma de los vuestros. 
Ha soportado muy bien el paso del tiempo la película de Kevin Costner, sobre Robin Hood. Lo vi en el brillo de vuestras miradas, ¡cómo aplaudísteis el primer beso!, cuántas carcajadas con el fraile beodo. 
Diría que valió la pena el poquito de miedo que descubrí en vuestras manos aferradas al cojín.


Y esa imagen, que hace más de veinte años fue espectacular, volvió a levantarnos a todos del sofá.
Y lo que representó ese mito del devolver a los pobres la dignidad arrebatada, hoy, en tiempos de estos nuevos nobles indignos de ser llamados así, de esa élite que son los políticos, que viven como reyes a costa del sacrificio de todos los demás. 

Pensaba hoy en esa película y los valores que quiero que aprendáis de ella, como el trato de Robin al viejo Duncan, la delicadeza con la que le aparta del peligro, el amor, la fidelidad, el valor, la capacidad de liderazgo, el esfuerzo y el trabajo.

En fin, dentro de nada llega la mamarrachada de la fiesta esa americana que tanto dinero genera. Yo, como siempre, a lo mío, a recordar a nuestros difuntos, a rendirles el homenaje que merecen y enseñaros a respetar la vida porque tiene ese fin inevitable de la muerte. 


domingo, 29 de junio de 2014

Vuestro tiempo

Acaba de empezar el verano y siento que se os esfuma la infancia a grandes zancadas. Sin embargo, vosotros vivís a lo grande. Entre partidos de baloncesto en el jardín, de vuestro deporte inventado en el garaje. El campeonato mundial en el cual os alternáis para ser el equipo visitante contra España. Lecturas libres -cuánto me alegra que me hayáis salido ratitas de biblioteca-. Juegos de mesa desperdigados por doquier. Cartas y videojuegos, piscina y carreras. Y peleas. Sanas y con palabrotas... cada insulto merece una reprimenda, cada falta de respeto un pedir perdón. 

Hoy he capturado uno de esos rincones en los que improvisáis vuestro juego, un mercado en el que los billetes son auténticos trozos de papel con unos euros dibujados y la balanza lleva lustros estropeada en el almacén. 


Cuatro patatas maltrechas y unas judías que quedaron en el fondo de una bolsa, la materia prima, unas cajas de madera hacen de mostrador. Bendita sea vuestra niñez. 

lunes, 5 de mayo de 2014

De amores y suertes II

Las cosas buenas llegan así como sin que uno las espere.

Como estas cerezas, que ha dejado en mi cocina para nosotros alguien que hace todos los días mucho más por nosotros de lo que jamás hubiera podido esperar.




Bueno, no pensaba en las cerezas, precisamente, de camino a mi casa este mediodía, ya he dicho que han sido una sorpresa. Pensaba en contaros algo que pasó en el castillo, en una cena cualquiera de un día cualquiera. 

Descubrió mi niño grande, que cada día lo es más, que la mejor parte de la lechuga es el centro, el pequeño cogollito de hojas tiernas y blancas, que ofrecen al morder una resistencia suave. Él, reservado y tímido, sonreía agradecido cuando se lo servía (sí, ya saben, las madres solemos comer las hojas más feas y verdes). La otra noche le enseñó a su hermano su descubrimiento. 

-Bufón, mira, si te toca esta parte de la lechuga, es lo más rico.

Entonces, dividió en dos su codiciado corazón de la ensalada y le dio un trocito a su hermano pequeño. 

Pensaba, mientras regresaba hoy del trabajo en contaros este retalito de amor, mi regalo por el día de la madre. Y resulta que mi suerte, mi verdadera suerte, está en que nosotros estamos rodeados de amor, así es tan fácil aprender... 

Las cerezas están deliciosas, parecen corazoncitos minúsculos. 

martes, 29 de abril de 2014

De amores y suertes

A veces pienso que tuve suerte de encontrarte en mi camino. Y te lo digo, y me miras desde el otro lado de tu muralla sin agujeros y me dices que es verdad, que tuvimos suerte los dos. Y yo sé que yo tengo más suerte, que yo sin ti...
Y entonces entro al lugar ese tan secreto de tu coraza, donde estás desnudo y sin huesos, y nos hacemos un ovillo como dos gatitos recién nacidos, y pienso que los dos, los dos tuvimos suerte. 

Alguien se preguntaba, en qué nos basamos para elegir al padre de nuestros hijos. 
Yo te encontré con la adolescencia a medio construir, la mía y la tuya. Recuerdo cuánto me resistía a aquello que me empujaba a no poder no amarte. No quería saber con tanta certeza que tú eras mi yo. Pero era una verdad que echaba raíces sobre mis pies en ti. Y me resigné a ese amor inevitable porque, sencillamente, era perfecto.

Si tú eras todo aquello que me faltaba, sólo podríamos crecer hacia otros, hacia esos hijos que tendíamos que tener. Y cuando los niños no llegaban, o llegaban y se iban, y cuando llegaron y por fin se quedaron para siempre, nunca dudé de que nadie podría ser el padre de mis hijos si no eras tú. 

Así que tengo la respuesta a la pregunta: te elegí como padre de mis hijos, porque eras perfecto para mí, para nosotros. Además, ¿les ves? son todo lo mejor de ti y de mi. Y saben que nos queremos y que, en el fondo, ellos son lo primero pero se irán y nos quedaremos queriéndonos cuando ellos encuentren a sus ellas.

No me hagas mucho caso, estoy tonta, te veo enamorándote de mi, y de repente me acuerdo de cómo era al principio, se me para a ratos el corazón.
Me voy a hacer la cena.

miércoles, 16 de abril de 2014

Érase una vez,

Si te cuentan alguna vez la historia de la Princesa del guisante, te hablarán de reinos, de una princesa que se perdió. Bueno, te explico, por lo visto, encontró un hogar humilde y como estaba desaliñada y harapienta, no podían comprobar si pertenecía o no a la realeza (no se fiaban un pelo, la verdad). Para poder constatarlo, la pusieron a dormir sobre una pila de colchones enorme, bajo la cual dejaron un guisante. La princesa no pudo pegar ojo en toda la noche, tan delicado era su dormir. 

Ya he contado alguna vez que yo no soy exactamente la mismísima princesa del guisante, sin embargo, soy COMO ella, con un dormir delicado y la necesidad constante de demostrar a todos quién soy yo (aunque tal vez sólo tenga que demostrármelo a mí misma). 

Desde hace más de cuatro años comparto desvelos con una buena amiga, Carme Sala. No, no es solo una amiga más. Ella es mi media-yo, la comadre de nuestros dos libros, mi confidente y mi consuelo. Y yo espero que ella sepa -creo que así es- que yo estoy siempre preparada para escuchar, para ayudar, para reír y para llorar con ella cuando lo necesite. Carme tiene algo que sabe que envidio desde lo más verde y profundo del guisante del colchón: la capacidad de convertir el mundo en dibujos. Eso, y un gusto finísimo que convierte el mundo en un lugar plagado de delicatessen para los sentidos. A ella debemos la imagen hasta hoy, de este blog. Y hoy me ha hecho el regalo más bonito y delicioso que me han hecho en muchísimo tiempo. 

Mientras empiezo a limpiar el polvo de los rincones y a empapelar la pared del fondo, podéis ir abriendo boca con esta delicia.



... permíteme felicitarte y agradecerte el regalazo de dos formas: La frase impagable de Dindón, el reloj de cuco rococó de La Bella y la Bestia de Disney: 
"Si no es barroco, es barraca" 
y con esta canción, que está para siempre ligada a la amistad. 


http://youtu.be/2YP9SwSX980

Y te lo digo otra vez: t'estimo molt, guapa.


sábado, 7 de diciembre de 2013

Lugares en común

Y sucedió lo que debía
Huimos de la niebla helada en dirección a una jornada de sol espléndido. La excusa, visitar la Aljafería.



Su manitas cuadradas sujetas a la espalda, en posición de escucha, abuelo y nieto en idéntica postura, de forma inconsciente. Recorrimos los pasos del rey Tanto Monta, aprendimos de historia medieval y de bocadillos de jamón, de cojines de loneta y de muebles de cocina. Chocolate de cuchara para merendar y ganas de repetir.
Suelen sorprenderme los juegos de la genética, cómo deja parecidos en las formas de reaccionar, de mirar con la cabeza ladeada, de ser culoinquietos, de resolver problemas o de huir de discusiones, incluso cuando todas esas cosas no han podido ser aprendidas, son innatas. De repente les ves a ambos juntos, los cabos de tu vida, y todo encaja. Se cierra el círculo entre ellos dos y tu quedas atrapada en medio, agradecida por haber podido disfrutar de ese día fantástico, y por haber podido sido un instrumento de la Vida en la alquimia de sus parecidos.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Se necesita



No sé si tiene sentido embarcarme en nuevas labores justo en estos días de mucho, muchísimo trabajo.
Ni siquiera puedo preguntármelo, ando demasiado ocupada con los desplazamientos, preparar comida todos los días, varias veces al día. Planchar los atrasos, los presentes y lavar los futuros planchados. Llenar la nevera, volver a llenar la nevera, llenar la despensa y comprar más leche (hemos decidido que mantener una vaca en el jardín no nos saldría a cuenta). Jornadas de trabajo intensas y agotadoras. Viajes de trabajo que no compensan. Madrugones día sí día también. Encargos en las horas libres. Llevar a los niños a clases de todas las tardes de la semana. Leer.

Y arañar los minutos libres que me quedan en la semana para dedicarme a lo que me hace más feliz, que es coser. Empezar una labor, terminarla. Buscar ideas, patrones, comprar telas. Y cuando no tengo algo entre manos, me siento como si me faltara el amor. Una desazón extraña recorre mis brazos hasta las puntas de los dedos y ensombrece mi humor. Es mi terapia contra la rutina y mi válvula de escape. Lo necesito, como si de una fuente de energía interior se tratara. Me resigno a no tratar de comprender por qué cuanto más trabajo tengo, más trabajo me busco.

domingo, 29 de septiembre de 2013

El poder del amor

Han hecho algo tan grande, que ni siquiera un año de preparativos han parecido ser suficientes. Se han plantado en un altar y se han mirado a los ojos y se han dicho "Para Siempre". Siempre, porque cuando la muerte les separe, seguirán viviendo el uno en la vida del otro, en esa dimensión tan difícil de medir que es el alma. 

Bueno, seguro que algún necio se habrá fijado sólo en aquello que no salió tan bien, que, simplemente no salió a su gusto, o en lo que faltaba, ¡demonios, cuántas cosas hay que tener en cuenta cuando se quiere agradar a todo el mundo! Hay que ver qué pequeños y egocéntricos somos, que pretendemos que incluso en un día tan importante se fijen en lo que nosotros necesitamos. Y seguro que algún incrédulo habrá dicho por lo bajinis que hoy se separa todo quisqui, que soy una ingenua para decir ese Siempre con la boca tan grande.

En realidad, les aseguro que ellos llevaban muchos meses manejando con sabiduría las sensibilidades de los más delicados, escogiendo un lugar precioso, flores y colores, texturas y rincones, y esas fotos que tanto significaban (tanto que me consta que alguna ha desaparecido misteriosamente). Y con algo que no se podía negociar: tenía que ser ese vestido, ese hotel, ese menú, esa música, ese estilo. 

Ayer no pude dejar de sonreír en todo el día, porque la vi guapa, feliz y libre, como sólo el amor puede hacerte sentir. Ese amor lo creó todo ayer. 

Aquí la tradición dice que el padrino entrega el ramo a la novia, junto con un verso. Ayer me nació un Concuñado. Aquí dejo sus palabras, en las que hay mucho amor. El suyo a su hermano, que ahora también lo es mío y a mi hermana, que ahora también es suya. 

Suscribo tus palabras, desde el conocimiento que me dan quince años de matrimonio. 

Dice la tradición que el padrino entrega el ramo.
Pues aquí estoy, viendo a una mujer preciosa,
que espera las flores de mi mano.

No quiero ser obvio ni redundante
y aunque B. es un poco celoso
no me puedo callar: estas radiante.

En una hora vas a ser la mujer de mi hermano,
y junto a su compromiso, aquí tienes el mio:
primero voy a ser tu amigo y después tu cuñado.

Abandono mi renqueante verso,
ya veis que no es gran cosa,
como padrino debo velar por vuestro amor
y daros sabios consejos en prosa.

El mejor consejo es que nunca os vayáis a dormir enfadados.
Pero, seamos realistas, no siempre funciona,

Es entonces cuando hay que agarrarse a la duermevela.

Es ese breve momento del día, antes del despertar, donde la realidad no existe, o existe solo a medias y el amor se despierta antes que la ira, el odio y el rencor.

Aprovechad esos instantes para que vuestras manos se busquen y vuestros brazos se encuentren. Da igual un poco más arriba o más abajo, pero no perdáis el tiempo y daros un fuerte abrazo.

Tened paciencia, respirad hondo y pasad la vida amándoos.
Sirve básicamente para eso: la vida es amar y dar abrazos.


Y a mi hermana pequeña, la niña que cuidé como si fuera una muñeca, que lo era, y que se ha convertido en una gran mujer, sólo quiero decirle que no tiene que darme las gracias, porque para mí ha sido un auténtico placer que me dejara acompañarla en ese camino, como tantos otros que he recorrido con su manita agarrada a la mía. 



lunes, 23 de septiembre de 2013

Y sólo acaba de empezar

Ha llegado el otoño tiernamente, deshilachando una neblina suave sobre el primer amanecer que me ha emocionado este año.

Mi álbum de tesoros ha añadido muchas páginas estos días. Nada fue como esperaba, porque cuando no esperas demasiado, todo lo que te llega es una sorpresa y en las últimas 48 horas mis pupilas se han llenado de regalos. El jovencísimo padrino hecho un manojo de nervios, un collar de perlas frente a un espejo, supernenas de cuarenta, mejunjes de cocacola con azúcar y café (¿quién no ha hecho potingues en las sobremesas de su infancia?), paciencia, una tarta que era un sesenta inmenso, un abrazo de gratitud, las fotos de un viaje increible, una mantita suave, unas lágrimas de madre nueva, ¡un cordón umbilical!, una mesa para veintiocho en la que hubo sitio para nosotros, acariciar su vientre con ella dentro, los nervios para la boda ¡la cuenta atrás!, cuñados en la terraza pensando que no nos callaremos jamás, la vida implacable velando sus ojos grises, la mano firme que sujetaba su cuerpo hasta el coche, el padrazo novato con ojos de no haber dormido en una semana. Las fotos, las fotos que busqué en el álbum para ella y que me rompieron tantas veces.

Ha sido así a pesar de que parecía que todo iba a terminar mal al final de este verano...

Como decía aquel optimista personaje de El exótico hotel Marigold, si algo termina mal, es que aún no es el final.  




martes, 7 de mayo de 2013

Paseo por mi infancia, tutorial


Las manos de los niños, en el lugar en el que me crié, estaban acostumbradas a tocar hierba, y tierra, mariquitas y lombrices, a oler a alfalfa recién segada y a verano. A calmar una picadura de avispa con barro, a llevar las uñas negras, a conjunto con las rodillas. No recuerdo haber llevado pañuelo, ni una bolsita con una botella de plástico con agua. En cambio, sí recuerdo haber bebido de un grifo y haberme lavado las manos en una acequia.

En nuestros paseos, humildes amapolas, como éstas, nos servían para jugar. ¿Cómo?



Pues aquí tenéis la solución:

CÓMO FABRICAR UN OBISPO (O CARDENAL) CON UNA AMAPOLA.


En realidad, necesitáis dos. Una de ellas nos servirá para la cabeza. 
Para ello eliminamos los pétalos rojos y nos quedamos con la parte central, la cápsula que contiene los óvulos. 
La otra flor deberá estar aún cerrada, como la que veis a la izquierda de la foto.


Os recomiendo que recurráis a la ayuda de las manos de alguien experto en manualidades, aquí, Marlin, con sus uñas ¡¡sin morder!! (lo está dejando, felicidades, hijo)
Bien, el colaborador, con muchísimo cuidado, separa los dos sépalos... 


y tira con cuidado de los pétalos que están escondidos en su interior, que van a ser los faldones de nuestro sufrido "obispo" o "cardenal".


Como podéis ver en la foto superior, los sépalos, que ahora están abiertos, conformarían la capa del prelado. Sólo nos falta darle una cabeza. Para ello, introducimos la pequeña porción de tallo que hemos dejado en el capullo de la amapola, en la parte inferior de la cápsula.


Esta acción requiere la habilidad y destreza de las manos de un chico grande, como mínimo de tercero, o cuarto. Pero para posar para la foto final, os sirven las manos de uno de primero, como éstas. 



Bueno, nuestro cardenal nos ha salido muy moderno y ha optado por la sotana en color magenta, en lugar de la clásica más oscura, pero no está nada mal. 

Feliz primavera, ¿os la estáis perdiendo?

lunes, 18 de marzo de 2013

En todas las familias



Si en todas las familias hubiera un bebé, la mitad de los problemas desaparecerían. Nos roban las miradas, ocupan todas las conversaciones, son FUTURO.

Ayer estuve con el bebé de mi prima. Le besé, le achuché, le acaricié, le olisqueé. Él, a cambio, me conquistó con su sonrisa desdentada y conversó conmigo tratando de devolverme los gorjeos que le decía, como si me agradeciera el hecho de conversar en su idioma.

Le toca a la generación de los pequeños iniciarse en la paternidad, llegaron  más buenas noticias. Desde esta ventanita, les aseguro la diversión y les garantizo que van a pasar sueño. Y me confieso muerta de envidia desde ya.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Pálpito

La emisora que suelo escuchar de camino al trabajo no funcionaba, he accionado el buscador automático y me ha conducido a una emisora de música clásica.



Una suite para violonchelo me ha acompañado el resto del trayecto. Estaba lloviendo desde un cielo pesado y plomizo. Me he dado cuenta de que todo se viste de invierno aún, a pesar de la promesa de la primavera que está a la vuelta de la esquina, de las rebajas que amenazan con acabarse desde hace un mes y medio.

Mi falda gris, mis botas negras, las fachadas empapadas, el andar apresurado por la calle. Todo se presta a la melancolía y, sin embargo, ese violonchelo me ha hecho feliz.

R. Doisneau

miércoles, 2 de enero de 2013

Feliz ahora



... y mientras esperamos que pase algo fabuloso durante el 2013 se nos olvida que sólo hoy, ahora, es lo que poseemos.

De nada nos sirve lamentarnos del ayer que no supimos aprovechar, del dinero que perdimos, del amanecer que no tuvimos tiempo de ver.

El ahora es nuestra posesión más grande, el momento que se vive: la canción que estás escuchando en la radio, el semáforo que te obliga a esperar, para que veas la mujer que cruza ante ti cargando con su vida, el compañero de trabajo al que acabas de preguntar, tus hijos en casa, de vacaciones con sus abuelos, tu marido que apura las compras para la próxima ilusión, la del día 5.

No formulamos propósitos para el próximo año, sino deseos.

Quién sabe. Feliz instante.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Pretéritos


Los encontré en una librería. Conservaban la etiqueta con su precio original, que me pareció caro... ¡35 pesetas! Mi paga de un domingo no habría bastado para comprarme uno de esos cuentos.

Lo más bonito de ellos es su tamaño, apenas 12 centímetros de altura y ternura para dar un par de bofetadas a las monsterhigh esas.

No creo que esos, nuestros tiempos, fueran mejores ni peores que los de mis hijos. Estuve observándoles estas Navidades. Mis crías y las de mis alrededores, correteando bajo las mesas, como antes, empezando a guardar secretos, como nosotros, escuchando tras los butacones de orejas, como hacíamos entonces. Estrenando juguetes nuevos y decepciones sospechadas.

Tanto se parecen las infancias entre generaciones que da un poquito de miedo, porque uno ya sabe cómo es de difícil lo que viene después, cuánta inseguridad promete la adolescencia, cuánto duele el primer amor, cuánto cuesta hacerse mayor y el valor de una despedida. Sí, lo sabes, como sabes cuánto dolerá tener una criatura desgarrando tu pecho, y nunca se lo acabas de contar a la que va a ser madre primeriza dentro de nada. Para qué, probablemente no te creería.

Guardaré para mi colección los cinco cuentos de mi niñez, quién sabe si ellos algún día los encuentren en un cajón y quieran asomarse al balcón de la infancia de su mamá. Si no es así, lo haré yo, únicamente para recordarme de vez en cuando que yo también fui pequeña y aprender de nuevo a ver el mundo desde el barullo de piernas de los que eran adultos entonces, en una larga sobremesa.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El pan nuestro de cada día



Las fotos de la luna nunca me quedan como yo quisiera, y menos, hechas con el móvil. Me resulta muy difícil llegar al trabajo estos días porque me rindo ante la belleza de la inmensidad. Durante la semana pasada hubo niebla o lluvia casi todas las mañanas. En cambio, hoy el viento se ha llevado cualquier resto de nube y me ha regalado un amanecer que me ha llegado a emocionar. Claro, sin cámara, sin tiempo para parar, sin lugar seguro donde hacerlo. Así que tendréis que confiar en mis palabras.

Seguía despierta la luna llena, centinela de la noche, y ya ha vuelto a amanecer nuestro pan de cada día, el sol que despega entre un halo dorado, bordado de encajes de árboles desnudos ya de otoño, que se irisa en los azules del alba reflejada en una nube de aire frío teñida en naranja.

Vuelve a amanecer, como cada día. No puedo despegar mi mirada de esa belleza que soy incapaz de describir con palabras, porque todas se quedan pequeñas y vacías.

Buenos días.

domingo, 28 de octubre de 2012

Herencias



¿Se puede heredar la afición por hacer crucigramas? ¿Y la preferencia por los alimentos crujientes? No me refiero a aprendizaje, sino a transmisión genética. Además de heredar el color de los ojos, la longitud de las piernas, los andares, la tendencia a la introversión, o a la alegría, ¿es posible heredar de una tatarabuela que no ha conocido ni tu madre la forma de sacudir las migas del mantel? 
No deja de parecerme divertido buscar parecidos en todos esos rasgos aprehendidos y aprendidos que nos hacen pertenecer a los nuestros. Ya se sabe, quien a los suyos se parece, honra se merece. (Ha tocado repaso al refranero hoy también).

domingo, 30 de septiembre de 2012

Otoño en verde

De todas las estaciones del año, la que cuenta con peor fama, diría yo, es el otoño. Época de acortar días, de lluvias, de depresiones y gastritis, de caídas de pelo y de nostalgias. En realidad de todas las estaciones del año sólo me cuesta afrontar nuestro invierno cuajado de nieblas, y no tengo especial animadversión por ninguna de las demás. Debo reconocer que mi gusto por el hogar y por las veladas largas recogida en el castillo y que acompañan a los paseos agradables sin frío ni calor, ayudan a que ésta no sea una mala época para mí. Y además estoy enamorada de sus colores y eso incluye a los de sus frutos.


 El viernes fui a la frutería y volví con este bodegón en mi cesta de la compra: uva, mandarina, piña, chirimoyas, peras, manzanas y ciruelas claudias, una paleta de verdes que va desde el amarillo hasta el azulado. En pocos días, los ocres y naranjas se apoderarán de mi despensa, espero no perder detalle. 
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Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.