© de la imagen La meva maleta

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domingo, 12 de noviembre de 2023

Entre nosotros

Pues me apetece contaros una intimidad. Ayer cené con un montón de jóvenes de mi edad, a saber, los que cumplimos 50 este año. Los chavales, vaya. Cena en el hall del que había sido nuestro cine de la infancia, cuando los cines eran de sesión doble, con bolsas de regaliz, gallinero y butacas rojas, ahora reconvertido en restaurant. Luego, sesión de disco con barra libre, qué desperdicié tomándome una tónica (sin-gin) y medio botellín de agua triste porque me tocaba conducir. Nos hemos ido reuniendo este año y cada vez he tenido una sensación parecida. Despojada de todo lo que me define en el tiempo actual, a saber, mi marido, mis hijos, mi trabajo, mi nueva familia, mi nuevo lugar, y enriquecida con la sabiduría de lo que he aprendido y la imprescindible distancia, me he limitado a ser yo misma. 






No tengo nada que quiera esconder, nada que disimular, nada de qué avergonzarme, fui lo que fui. He aprendido a amar a la niña desastrosa que era y a la adolescente que no encontraba su sitio. Con ellas dos de la mano, me he plantado ante mis compañeros de colegio y ante los chicos de mi quinta a los que ni siquiera saludaba al cruzarme con ellos por la calle y así me he presentado ante ellos, y ahora los considero mi gente. 

A pesar de tratar de poner toda mi atención en lo que me cuentan, no soy capaz de recordar el número, sexo y edad de los hijos de cada cuál, ni las profesiones que les dan de comer. No sé quién se lio con quién, quién está divorciado, salió del armario o se metió en él. Bueno, algo sí recuerdo, pero cuando estamos juntos somos otra vez los niños de la egebé, ellos, con rodilleras en los pantalones y el balón bajo el brazo. Nosotras, cantando canciones de jugar a la goma y calentadores a lo Flasdance. 

Luego disimulamos y nos hacemos los mayores y nos vamos al Musicland y bailamos la playlist (consensuada) de música de entonces. Aunque a ratos vuelven, desinfladas, las rivalidades entre colegios, aunque nunca llega la sangre al río, porque todos somos los del 73 y punto. Por mero hábito, me he permitido observarles a todos con cariño, me guardo para mí las conclusiones a las que llego, aunque se podría extraer un tratado de sociología completo de lo que somos cada uno. Quién sabe si alguno de ellos protagonizará una de mis novelas. Sé que algunos de ellos me leen, así que espero que mi crónica les haya hecho sonreír. Para la próxima, propongo merienda con bocadillos de chorizo con Tulipán, sandwich de nocilla y Mirinda para todos. Y, lo siento, si no naciste en nuestro año y no tienes algo que ver en Mollerussa, no estás invitado.

Us estimo, gent!

jueves, 19 de marzo de 2015

Mi papá tiene "bilote"



Hoy es el día del padre. El mío, y no es por despreciar a los de los demás, no es un padre cualquiera. A todo aquel que yo me encontraba le contaba que mi papá tenía un bilote, que a mí me parecía lo mejor que podía tener un padre. No le va a gustar que haya puesto una foto suya, pero me perdonará. Él dijo de mí que nací fea y peluda y le perdoné. Porque no era fea! A la vista está. Aunque luego llegó la requetemona de mi hermana, ¡yo lo tuve primera!


Este es mi marido con su fotocopia. Qué imagen tan bonita... Él es el mejor padre del mundo, mi compañero, el espejo en el que quiero que ellos se miren. 


Éste es mi hermano, con mi fotocopia. Un padre que lo ha apostado todo por esta niña que le tiene auténtica pasión. Se tienen el uno a la otra como apoyo y referencia, y eso es mucho. No tengo su permiso para la foto. Negociaré con una cervecita y un chuletón a la brasa. Apuesto que cede.



Este padre es mi padre político, del cual yo tengo una fotocopia, mi hijo mayor. Su corazón es grande como su metro ochenta y cinco. Es presencia, y el tormento de mi suegra. No le voy a pedir permiso para colgar su foto. Si se lo pido me costará tres horas explicarle que es un blog.



Este es mi padre adoptivo. Bueno el tío de mi marido, pero ejerce de padrazo con nosotros. Siempre puedo contar con él.
No le he pedido permiso para colgar la foto, le convencerá el jeta de mi hijo pequeño que se ha instalado en el centro de su vida para ser su alegría, como si de un cachorrito se tratara.

Este pescador de secano era mi abuelo materno. Me joroba el verbo ser en pasado, porque él me ha acompañado toda mi vida, aunque me dejó hace casi treinta años. No había lugar para el duelo en nuestras infancias, así que las heridas curaban mal.

Mi abuelobesitos... Conté aquí su lenta despedida, le echo tanto tanto de menos...no le hubiera gustado que colgara una foto suya aquí, pero a mí no me gustó que se fuera y me tuve que aguantar.


Y cierro este homenaje a los padres de mi vida con esta imagen de mi hijo mayor. Me enamoro de mis chicos todos los dias. Sé que dicen que los niños son de las mamás, pero a mí me ha salido un gran competidor hacia el amor de mis hijos. No me olvido de todos mis tíos a los que quiero mucho y me han cuidado como a una hija cuando he estado con ellos, y a mis cuñados y primos, que son unos padrazos como una montaña.

Feliz día del padre 













sábado, 21 de febrero de 2015

Una carta más


Querido señor madurito,
Me enamora de ti que me aguantes la insolencia de llamarte señor madurito,  como si yo fuera una Lolita de uniforme y calcetines, en lugar de la cuarentañera  que te da los buenos días todas las mañanas.  

Déjame que te cuente algo. Esta mañana me he sentado en el jardín a tomar el tibio sol de invierno y te he visto observándome desde el interior de la casa. He hecho como si no te hubiera pillado en la travesura de mirarme a escondidas; en lugar de eso, he actuado como una adolescente despreocupada. Me he desabrochado un poquito la camisa y he jugado con el mechón de mi pelo, fingiendo ser la jovencita que te conquistó.

Apenas cinco minutos de coquetería, de armas de mujer utilizadas con premeditación y alevosía, han bastado para que abandonaras tu mirador tras la cortina y te dejaras caer a mi lado para besar mi escote templado. 

Durante todo el día he estado jugando al escondite con tu deseo, que si mira si me puedes desatar un poco el delantal, que me aprieta, que si cuidado que nos ven los niños. Te he robado algunos besos furtivos cuando nos hemos encontrado en la despensa, como si, en lugar de nuestros hijos, fueran nuestros padres los que estaban en la cocina, como cuando no teníamos descaro suficiente para besarnos ante ellos. 

Así, a sorbitos, engañando al paso despiadado del tiempo, ese que nos pinta de blanco las sienes y nos arruga las esquinas de la mirada, vamos cumpliendo amor, como si no costara. 


Vemos las barbas de nuestros vecinos pasar por duras separaciones y nosotros nos tomamos de la mano como dos criaturas temerosas, conjurando el deseo de seguir amándonos hasta que la muerte nos separe, porque así lo prometimos. Nos lo prometemos todos los días, incluso en las madrugadas de entrecejos enfurruñados y ante la montaña de ropa por lavar. 

A veces me pregunto si encuentras en mí el refugio suficiente, el calor que tu corazón necesita, el reposo para tu cuerpo, tan acostumbrado ya al mío. Y siento un secreto temblor cuando me doy cuenta de que podría haber sido más generosa, como la otra noche, que fingí estar dormida cuando sentí tu respiración en mi pelo.   

He esquivado la tentación de olisquear en busca de un rastro de perfume que no fuera el mío en el cuello de tu camisa. Y justo cuando ya casi me enfado, porque has vuelto a llegar tarde del trabajo, encuentro en el fondo de tus pupilas aquel chico que habitó en ti, espiándome tras las cortinas. 

A menudo temo que mi vida contigo no haya sido más que un sueño en el que fui inmensamente feliz y del que despertaré con una terrible sensación de ausencia y de nostalgia, así que me agarro con fuerza a la manga de tu pijama mientras duermes, como si eso bastara para invocar a la suerte para que mañana todo siga siendo esa rutina de la que algunos reniegan. Yo, en cambio, bendigo todas las migajas de ese pan nuestro de cada día, agradezco las veladas Aburridas de sofá y manta y la nevera siempre a medio llenar. Y me miro en el espejo de quienes encontraron la felicidad en lo cotidiano porque ese es el lugar en el que quiero vivir contigo.  

Cuando nuestros hijos se vayan y volvamos a ser tú y yo los únicos dueños de nuestro tiempo, nos quedará este pacto de amor sencillo y honesto, limpio como el rocío que tintinea sobre la hierba de nuestro jardín. ¿ quieres salir a verlo conmigo, señor madurito? 

Siempre tuya, 

Una señora de mediana edad. 




*carta presentada al concurso de cartas de amor Holiday rural. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

Lo necesario

Hay algo en tu mirada que me recuerda constantemente al mar. No es su color, es más a la forma de observar, como si estuvieras todo el tiempo aguardando la llegada de nuevos mundos, de playas más bellas, del azul más puro para dar felicidad a todos los que te rodean, a cambio de nada más que su compañía. 



Imagen de aquí 

Tal vez tus ojos, acostumbrados a dejarse llevar más allá del horizonte, escondan en su trastienda la bitácora de una vida de entrega y regalo constante.
En tu barco, el de tierra, descubro los tics de alguien que está acostumbrado a empaquetar cuatro cosas, las necesarias; a bordo, lo imprescindible, ni una silla de más, ni un descuido, nada fuera de sitio. La vista puede perderse en la luz que titila sobre tus cosas, como lo haría en el gran azul, y en cada una de las estancias se cierra el círculo alrededor de lo que de verdad importa: las personas. 
Tu potente sentido de la estética, el equilibrio en cada detalle, tu generosidad y amabilidad, las palabras dulces que se escapan directamente desde tu bondad me llevan con tozudez a mirarte más por dentro.
Y leo entre las líneas, que de vez en cuando se hace la tormenta en ti, que sientes demasiados vacíos, a pesar de tantos peces en el mar. Que te falta, en tanto espacio, encontrar el hueco desde el cual puedas volar, como aquella sirenita que soñaba en un mundo distinto. Pensaba que tal vez te gustaría probar el vuelo libre de una gaviota. 

Me enamoré de tu casa y sus espacios, de tu gusto exquisito, de tu saber hacer, del café con vidrieras, del encuentro con nuestra amiga y de vuestro abrazo. Y de tu familia. Lo que se respira entre vosotros habla de todo lo que has hecho bien. Me parecieron preciosos y educadísimos. 
Me quedé con ganas de que me contaras más cosas de tus orígenes, que al final se nos quedó esa charla a medias. Todas las historias que nos preceden son maravillosas, a pesar de que ellos debían pensar, como nosotras, que sólo salían adelante como podian. 
Cuando llegue el buen tiempo nos buscamos una excusa para repetir y continuamos con lo nuestro. Gracias por dejarme pasar contigo ese día precioso.

jueves, 14 de agosto de 2014

El libro que te acompañe

"Aquella era una mañana como otras y sin embargo perfecta entre todas. Oyó el leve crujir de las cuerdas al sacar Juana a Coyotito de su cuna, lavarlo y envolverlo con su chal de modo que quedara muy cerca de su seno. Kino podía ver todo esto sin mirarlo. Juana cantaba en voz baja una vieja canción que sólo tenía tres notas y, no obstante, interminable variedad de pausas. Esto también fromaba parte de la Canción Familiar, como todo. A veces llegaba a ser un acorde doloroso que ponía nudos en la garganta, musitando: "esto es certeza, esto es calor, esto es lo TODO".

Imagen de aquí

Después del paso de media vida por mis entrañas, del amor, de las lágrimas más duras, del aprendizaje, del trabajo, de los premios, del esfuerzo, de comprender que el Equilibrio Universal termina por llegar y por romperse con la misma facilidad, releo La Perla, (John Steinbeck, 1945).

Probablemente esta obra debería ser incluida en el kit de supervivencia del ser humano en distintas etapas de la vida. Se me ocurre que, ahora que mi hijo mayor empieza a comprender, sea ya un buen momento para prestárselo. Así que junto con sus libros de secundaria, debería incluirlo. Luego, cuando tenga ya su formación, y se dirija con energía al camino que él haya elegido para su vida, entonces, entre sus toallas y sábanas del ajuar por estrenar, entonces debería volver a "dejar olvidado" el libro, como quien no quiere la cosa. Y cuando junte con su mujer la canastilla de su primer hijo, entonces será otra ocasión perfecta para traspapelar el libro para que lo lean ambos, arrullados por el respirar tranquilo de su bebé en la cuna. Y luego, cuando ya su camino esté mediado, entonces será otra vez momento de leer La perla, para comprobar que siguen caminando por el buen sendero. No creo que sea necesario esta vez que yo me ocupe de prestarles el libro, ellos mismos lo guardarán envuelto entre terciopelos en un lugar privilegiado de su biblioteca.

Dejo un par de citas más para terminar, después de todo, si no has leído esta obra, creo que sus propias palabras pueden convencerte mejor que yo de que corras a hacerte con un ejemplar.

"Pero ahora, al anunciar como sería su futuro, lo había creado. Un proyecto es algo real, y las cosas proyectadas son como experimentadas ya. Un proyecto, una vez ideado y trazado se hace realidad, indestructible pero propicia a ser atacada."

"Juana, desde el interior de su alma de mujer, sabía que la montaña resitiría impávida mientras el hombre acabaría quebrantado, que el mar seguiría su incansable oscilar y el hombre podía perecer ahogado. Y sin embargo, todo esto es lo que hacía de él un hombre, medio loco y medio dios, (...)"




miércoles, 11 de junio de 2014

De besos y celos


Te acuesto. Buenas noches cariño, buenas noches mami.

Recuerdo que te pones rojo hasta las orejas cuando tu padre y yo nos damos un piquito (¡¡se están morreando, puaj!!). Pienso cómo reaccionarás si te beso en los labios...

Te beso, sonríes.

- Shh, Bufón, nos hemos dado un morreo...

-¡No se lo digas a papá! -Exclamas con gravedad y cara de pillastre.

Encantada con la sensación de "traición", repito el besito y en cuanto puedo parar de reír, me voy a chivarme a tu padre (¡que sufra jajaja!)

Esta mañana, beso a tu padre, te escondes de nuevo muerto de vergüenza. Papá te dice:

-Oye, tú. Estoy muy celoso...
- (silencio y cara de póker)
-...le diste un "morreo" a mamá.
- (sonrisa de oreja a oreja) Uno no, ¡DOS!


Lo escribo, convencida de que no te va a gustar que comparta este momento. No lo hago por fastidiarte, ni por presumir. Lo escribo en ésta, mi ventana, sólo para que no se me olvide nunca este momento. Te quiero, niño.

lunes, 5 de mayo de 2014

De amores y suertes II

Las cosas buenas llegan así como sin que uno las espere.

Como estas cerezas, que ha dejado en mi cocina para nosotros alguien que hace todos los días mucho más por nosotros de lo que jamás hubiera podido esperar.




Bueno, no pensaba en las cerezas, precisamente, de camino a mi casa este mediodía, ya he dicho que han sido una sorpresa. Pensaba en contaros algo que pasó en el castillo, en una cena cualquiera de un día cualquiera. 

Descubrió mi niño grande, que cada día lo es más, que la mejor parte de la lechuga es el centro, el pequeño cogollito de hojas tiernas y blancas, que ofrecen al morder una resistencia suave. Él, reservado y tímido, sonreía agradecido cuando se lo servía (sí, ya saben, las madres solemos comer las hojas más feas y verdes). La otra noche le enseñó a su hermano su descubrimiento. 

-Bufón, mira, si te toca esta parte de la lechuga, es lo más rico.

Entonces, dividió en dos su codiciado corazón de la ensalada y le dio un trocito a su hermano pequeño. 

Pensaba, mientras regresaba hoy del trabajo en contaros este retalito de amor, mi regalo por el día de la madre. Y resulta que mi suerte, mi verdadera suerte, está en que nosotros estamos rodeados de amor, así es tan fácil aprender... 

Las cerezas están deliciosas, parecen corazoncitos minúsculos. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Y sólo acaba de empezar

Ha llegado el otoño tiernamente, deshilachando una neblina suave sobre el primer amanecer que me ha emocionado este año.

Mi álbum de tesoros ha añadido muchas páginas estos días. Nada fue como esperaba, porque cuando no esperas demasiado, todo lo que te llega es una sorpresa y en las últimas 48 horas mis pupilas se han llenado de regalos. El jovencísimo padrino hecho un manojo de nervios, un collar de perlas frente a un espejo, supernenas de cuarenta, mejunjes de cocacola con azúcar y café (¿quién no ha hecho potingues en las sobremesas de su infancia?), paciencia, una tarta que era un sesenta inmenso, un abrazo de gratitud, las fotos de un viaje increible, una mantita suave, unas lágrimas de madre nueva, ¡un cordón umbilical!, una mesa para veintiocho en la que hubo sitio para nosotros, acariciar su vientre con ella dentro, los nervios para la boda ¡la cuenta atrás!, cuñados en la terraza pensando que no nos callaremos jamás, la vida implacable velando sus ojos grises, la mano firme que sujetaba su cuerpo hasta el coche, el padrazo novato con ojos de no haber dormido en una semana. Las fotos, las fotos que busqué en el álbum para ella y que me rompieron tantas veces.

Ha sido así a pesar de que parecía que todo iba a terminar mal al final de este verano...

Como decía aquel optimista personaje de El exótico hotel Marigold, si algo termina mal, es que aún no es el final.  




martes, 17 de septiembre de 2013

El principio de una gran amistad


No siempre pasa de la misma forma. A veces uno encuentra a su mejor amigo en la escuela, otras en la universidad, a veces en una cafetería. O en el club de jubilados. O aquí, en este submundo dentro del Orden Mundial.

A menudo son las aficiones comunes. A veces, el carácter. Otras, el roce ese que acaba haciendo cariño.

Vosotros sois primos, así que os conocéis sin saberlo desde antes de ser proyecto. Durante los primeros años de vuestra existencia os ignorasteis el uno al otro, como si no pudieseis veros. Lo sumo, entrabais en conflicto por el mismo juguete. Procuré no interferir demasiado en vuestras cuitas y traté de convencer a la madre contratante de la segunda parte de que hiciera lo propio.

Y así, en ese tira y afloja en el que habéis encontrado el placer en el juego en común, pusisteis ayer este bonito broche al verano...


Me siento orgullosa de vosotros.

Y por lo que más queráis ¡¡¡estaros quietos!!!

sábado, 14 de septiembre de 2013

Penúltima adicción

Había visto algunas imágenes de labores preciosas hechas con trapillo. El trapillo es una hebra de grosor variable que está formada por tejido de punto, tipo de camiseta (T-shirt yarn). 

En fin, yo tengo una gran facilidad para volverme adicta a casi todo, menos mal que jamás probé las drogas...


Lo mejor del trapillo, mucho, la verdad. Se realiza muy deprisa, por ejemplo, esta alfombra la hice en menos de dos horas.


Para hacer trapillo sirven los patrones del ganchillo tradicional, que, con imaginación, se transforma en algo original y bonito:



Y me encanta...


miércoles, 7 de agosto de 2013

Porque era justo


Te fastidias. Sí, lo montaron todo a tus espaldas. Sabían exactamente las personas que querríamos darte ese homenaje (sí, sí, no pudieron estar todos los que son, pero los que estuvimos lo hicimos entregados a tu persona), el regalo que te gustaría más, el vestido que llevaría tu hija y cómo sustraerlo de tu armario con premeditación, alevosía y agravante de vacaciones.Y todo eso, sin que tú supieras nada, toma ya. Primera lección: no es necesario tenerlo todo controlado, relájate.

Era justo que todos los que nos sentimos amparados por tu generosidad, tu dulzura, tu energía (de sargento chusquero, sí), tu forma categórica de convertirte en hermana mayor de todos nosotros, incluyendo a tus padres, tratásemos de hacerte infinitamente feliz. Así te queremos siempre, en el centro de nuestra vida. Segunda lección: deja que te queramos, relájate.

Cómo nos rompimos todos cuando la pequeña se emocionó contigo, por ti. Esa prolongación de tu cuerpo que te trae de cabeza... El sentimiento de esa criatura es el reflejo de la estricta verdad de tu trabajo y esfuerzo. Tercera lección: lo estás haciendo bien, muy bien, con ella. Suelta un par de metros esa cuerda, relájate.

Y tu madre... sabes, porque lo sabes ya, cómo duelen en la propia piel las heridas de los hijos, y ella mejor que nadie ha sentido el palpitar de tu dolor, así que necesitaba por ti y por ella misma, hacer lo que hizo: remover Roma con Santiago para que todo saliera perfecto. Lo vi en cada una de las fotos escogidas para el resumen de tu vida que nos puso la piel de gallina a todos. Ver bailar a tu padre grabado en vídeo me hizo entender por qué eres así.  Dios mío, ese padrazo como una catedral atrapando partículas de sus hijos en una foto cada segundo, para no perderse nada, ellos saben ya cómo pasa de deprisa la vida. Pasa muy deprisa, demasiado. Cuarta lección: el tiempo pasa y no vuelve, no parpadees, pero relájate.

Y la niña atrapada en cuerpo de adulta que es tu hermana, flor de cristal valiente.



Ella le hubiera dado la vuelta al mundo como si de un calcetín se tratara sólo por verte como te vimos ayer. Su ilusión tenía brillo de purpurina, su tarta hecha con delicadeza y buen gusto, a cuatro manos con la mujer de tu hermano. Ese secreto guardado con tanta prudencia por tu sobrina, tan pequeña... Quinta lección: ellos sí saben qué es lo que necesitas, relájate.

No pude conocer bien a todos tus amigos, pero supongo que sus sentimientos se parecían mucho a los míos. Qué bien supiste repartirte un poquito entre todos, qué ilusión me hizo que ella viniera desde Barcelona para ser un regalo más para ti. Espero que tuviéseis tiempo suficiente para poneros al día. Tras su fachada valiente intuyo un corazón frágil, pero esa ya es otra historia. Esta lección ya te la sabes, los amigos son lo segundo más importante del mundo, después de la familia. Tienes muchos y buenos amigos, relájate.

Hoy cumples cuarenta años y un día. Terminó tu condena de estar sufriendo y preocupándote siempre por todos. Puedes relajarte. En serio. Yo velaré por ti, lo haremos todos, porque te queremos mucho.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Pálpito

La emisora que suelo escuchar de camino al trabajo no funcionaba, he accionado el buscador automático y me ha conducido a una emisora de música clásica.



Una suite para violonchelo me ha acompañado el resto del trayecto. Estaba lloviendo desde un cielo pesado y plomizo. Me he dado cuenta de que todo se viste de invierno aún, a pesar de la promesa de la primavera que está a la vuelta de la esquina, de las rebajas que amenazan con acabarse desde hace un mes y medio.

Mi falda gris, mis botas negras, las fachadas empapadas, el andar apresurado por la calle. Todo se presta a la melancolía y, sin embargo, ese violonchelo me ha hecho feliz.

R. Doisneau

lunes, 28 de enero de 2013

Una fiesta

Estás pendiente todo el tiempo del marcador y mientras los demás hablamos tú lo sigues con paciencia...

29798

29799


- ¡¡¡Bieeeen!!! ¡¡Papi, mami, 29800 Kilómetros!!


Cada cien kilómetros quieres que celebremos que ha habido un número bonito. Teniendo en cuenta que eso sucede más o menos cada día y medio, no está mal. "¿Viste el 29.900?" me preguntas. Y miento un poco, para hacerte feliz, y te cuento que fue cuando volvía a casa del trabajo. Tu hermano sonríe al ver tu ilusión, tu padre menea la cabeza, apuesto que piensa "Éste se parece a su madre".

Estamos a punto de llegar a 30.000, he decidido que voy a hacer algo para celebrarlo.

Y a mí me alegra tu ilusión, me gusta que celebres la vida, que te admires con lo pequeño, que le saques partido a algo tan insignificante. Así, seguramente sabrás ser feliz y vencerás las adversidades, porque siempre te darás cuenta de que sale el sol todas las mañanas. Que tu vida sea una fiesta, pequeño.



*Esta es la entrada 650, hay refrescos y tarta, que alguien ponga música, el salón de baile está recién encerado

miércoles, 19 de diciembre de 2012

En un paseo por donde siempre,

mis ojos tropezaron con un escaparate con libros infantiles bonitos, de los que cuesta de encontrar. No conocía la tienda en su antigua ubicación, así que, para mí, El genet blau es una librería nueva.


Es una librería anticuaria que también tiene libros infantiles preciosos, láminas y postales antiguas, pequeños tesoros de los que el otro día hice acopio para regalarnos a todos.

Entré haciendo lo de siempre, preguntar por mis libros y recomendarlos encarecidamente (qué queréis que haga, soy la madre). Me alegró saber que habían tenido (y vendido ya),  el de la abuelita.
Fue un placer charlar con la propietaria un buen rato. La invité a pasar por aquí. Según me dijo Roser, se quedó bastante abrumada por mi ritmo acelerado y mi verborrea. Sí, debía ir a la velocidad habitual, porque fue entonces cuando me di cuenta de que ella era una mujer calmada y tranquila.

En vísperas de Navidad, su encantador local bullía más a mi velocidad que la suya. Estoy segura de que voy a volver, con calma, cuando mis ojos necesiten reposar en la serenidad de las palabras que otros dejaron escritas para ser leídas. Seguro que ellos ni siquiera sospechaban que podrían ser leídos tantos años después.

Bienvenido al castillo, Jinete azul.



martes, 20 de noviembre de 2012

Color de infancia


Quise llevaros por los benditos caminos que nos rodean para poder compartir con vosotros la paleta que Dios creó para nosotros en otoño. Salimos bajo aquel cielo amenazante que nos regaló nubes preciosas: altas, bajas, medias, grises, casi negras, blancas, perlas salvajes, densas y claras, aquella cortina de lluvia a lo lejos y el rayo tenue que se coló casi al final.

Fue bonito distinguir los naranjas de los calabazas, en los mismos árboles que peinaban los campos que en primavera se vestían con tutús. Del naranja al ámbar, del amarillo paja al burdeos, del rojo más vivo al marrón más pobre, granates, púrpuras y tostados, el verde de los campos de trigo que empiezan a nacer, con la energía viva a pesar de la niebla que día tras día nos apaga el corazón, brotando entre el verde oliva, que salpicaba los montes de encinas de verde oscuro como aquellas nubes que los protegían. ¿Por qué siempre olvidamos nuestra cámara de fotos cuando más la necesitamos?

Vuestros ojos descubrieron los tesoros del paisaje con avidez, vuestros pies treparon ágiles por las ruinas del antiguo castillo, y aprendisteis con interés la historia que albergó en el tiempo remoto. En vuestra imaginación fuisteis soldados apostados tras las almenas tirando flechas, vigilando desde los minaretes si llegaba alguien por el mismo camino que nos había dejado allí.

Durante nuestro regreso el destino nos llevó a una granja de cabras; allí tuvimos la suerte de presenciar el nacimiento de una vida. No me extraña que aplaudiérais al final del esfuerzo, es un momento emocionante el principio de un pequeño ser, además tan suave y bonito. ¡Cómo se parece el llanto de un cabrito al de un niño pequeño!

Ya de vuelta a casa conocimos la noticia de la muerte de Miliki, así que estuvimos cantando todas sus canciones, y fuisteis gallinas turulecas y me llamásteis "chinita de amol".

Hoy es el dia internacional de la Infancia. Ojalá recordéis alguna vez cuántas cosas bonitas habéis visto y que, cuando tengáis vuestros propios hijos, les llevéis a ver algún día los colores del otoño. Yo procuraré seguir llenando vuestra niñez de instantes inolvidables.




miércoles, 3 de octubre de 2012

De Melrose a ayer


No voy a ponerte en el compromiso de decir tu nombre, y menos lo que hiciste por mí. Pero no quería perder la ocasión de agradecerte de alguna forma tu gesto generoso y para ello me tengo que remontar a aquellos tiempos en los que nuestras vidas se cruzaron por primera vez. 

Voy a empezar dejando claro que no hubo nada entre nosotros, ni siquiera intención, porque, si mal no recuerdo, los dos estábamos ya saliendo con nuestras respectivas parejas actuales. Amistad, pues. Sin doblez, sin pedir, dar y recibir, ya sabes. Así que empiezo mi relato.


No recuerdo exactamente si el sobrenombre de "los de Melrous" nos lo pusieron en aquella cafetería -de la cual ya no recuerdo el nombre- en la que nos aguantaban mañana, tarde o noche (siempre no, fuimos buenos estudiantes, también) o nos lo pusimos nosotros mismos, seguidores de la serie. 
La única tele de todos los pisos de estudiantes vecinos estaba en el mío, así que el viernes por la noche las palomitas, los sándwiches y los refrescos desfilaban por las escaleras de vuestros pisos al mío. Venía casi toda la troupe y nos amontonábamos en los sofás alucinando por la maldad de la malísima Amanda. 
Qué bien lo pasé aquel curso, a pesar de todo. Y cuando digo todo, me refiero a las discusiones por la temperatura de la calefacción que las niñas ponían a 30º, a las mañanas de sábado muerta de sueño cuando me había acostado a las tantas, a cuando llegó la escasez de comida, a la traca final, que me llevó a irme de mi piso un mes antes de acabar el curso.
Cómo olvidar aquella fiesta hippy, los bailoteos en Mods, la música que se colaba a todas horas por las delgadas paredes de aquellas construcciones, a las partidas de cartas, a los bollos minicrem que nos traían en cajas familiares y que a las dos horas estaban agotados.

Y si durante aquel curso tuve una conversación seria con alguien, fue contigo.Te recuerdo con precisión porque destacabas sobre los demás por tu seguridad. Tenías tan claro qué y cómo, que estabas, a pesar de tu juventud (¡qué pipiolos éramos!), un paso por delante de ellos. Supongo que nuestras circunstancias se parecían por aquel entonces y nos tocó ser maduros. En aquel invento desastroso de los pisos asistidos nos hicimos un poco adultos, y amigos hasta el final de las consecuencias. 

El día que casi me caigo de culo, con perdón, fue cuando, efectivamente, me metí en aquel mexicano de Barcelona en el que afirmabas que siempre ibas, y nos encontramos ¿recuerdas? ¡¡Han pasado nada más y nada menos que 5 niños y casi tres lustros!!

Sé que vosotros os habéis ido viendo, que habéis ido a las bodas unos de otros. Yo quedé un poco desviada de vuestra unión, porque mis estudios acabaron antes, porque al final, yo sólo era vecina vuestra. Pero siempre me he sentido querida por todos y, hasta ayer, no me había dado cuenta de cuánto.  

Sé que te he tenido acompañándome en el blog estos últimos tres años, siempre he contado con tu presencia silenciosa. Y yo sigo de cerca tus andaduras, porque mi intuición me dice que has dado en la diana con tu invento ese del libro, y me divierte intentar descubrir los recovecos de tu idea.

No sabes cuánto te agradezco también que inundaras de mis abuelitas las estanterías de tu familia. Pero lo de ayer me ha superado. No digo que yo no lo hubiera hecho por ti, porque no puedo saberlo. Pero tu mano tirando de mí hacia arriba... Eres grande, chico, espero que en la vida recojas tanto bien como estás sembrando, porque lo mereces.Y si no me sale bien, te propongo igualmente quedar para celebrarlo, esta vez con familias, me encantaría que nuestra amistad se prolongara en nuestros peques, ¿imaginas?

Iba a ponerte la del
piratacojoconpatadepaloconparcheenelojoconcarademalo, pero me ha parecido más oportuna ésta, que también nos perteneció como himno.


Gracias, gracias, gracias.



domingo, 30 de septiembre de 2012

Otoño en verde

De todas las estaciones del año, la que cuenta con peor fama, diría yo, es el otoño. Época de acortar días, de lluvias, de depresiones y gastritis, de caídas de pelo y de nostalgias. En realidad de todas las estaciones del año sólo me cuesta afrontar nuestro invierno cuajado de nieblas, y no tengo especial animadversión por ninguna de las demás. Debo reconocer que mi gusto por el hogar y por las veladas largas recogida en el castillo y que acompañan a los paseos agradables sin frío ni calor, ayudan a que ésta no sea una mala época para mí. Y además estoy enamorada de sus colores y eso incluye a los de sus frutos.


 El viernes fui a la frutería y volví con este bodegón en mi cesta de la compra: uva, mandarina, piña, chirimoyas, peras, manzanas y ciruelas claudias, una paleta de verdes que va desde el amarillo hasta el azulado. En pocos días, los ocres y naranjas se apoderarán de mi despensa, espero no perder detalle. 

lunes, 23 de abril de 2012

Biblioteca


Hoy he tenido el honor de ser invitada a la inauguración de la escuela de mis hijos, en la que La abuela necesita besitos tiene el Registro número 1. Tenía que decir unas palabras, y elegí estas. Carme Sala me regaló la composición de este póster, que he donado a la biblioteca para adornar sus paredes.


BIBLIOTECA
En este santuario aprenderás
que érase una vez un hada,
un dragón mágico,
un niño que no tenía miedo,
un caballero que tenía un sueño, 
una princesa que tenía un guisante.


Aprenderás cómo se vivía hace mil años, cómo funcionan las máquinas, a construir un globo que suba al cielo. Que las nubes son agua y que provocarán una tormenta si hablan todas a la vez. Podrás viajar en el tiempo y en el espacio, por todo el mundo y el universo, porque aquí no tendrás más límites que los de tu propia imaginación.


Podrás saber qué significan palabras como honestidad, justicia, valor y fidelidad. Que el mal sólo puede vencerse con el bien. Que quererse a uno mismo es necesario para poder querer a los demás y dejarse querer por ellos. Y que los besos lo curan casi todo.


Incluso el espíritu más solitario puede encontrar aquí la compañía y la amistad si se refugia entre las páginas de un libro y se deja mecer por el consuelo de sus palabras.

Es un día bonito para asistir a un nacimiento, hay esperanza si siguen abriéndose bibliotecas. Feliz día del libro.


viernes, 23 de marzo de 2012

Tutús rosa


Despierta el día en Ponent.

Sí, también aquí se ve el amanecer, com ya os he contado otras veces. Nunca, sin embargo, es tan espectacular como ahora.



El camino al trabajo se me hace suave como algodón de azúcar. Al principio, los árboles se antojan como delicados tutús apenas bordados con cuatro flores delicadas. 


Los almendros empiezan a vestirse ya de verde cuando todos los prunus se ofrecen voluptuosos y sensuales a las laboriosas abejas (alérgicos abstenerse)


Y cruzo el sendero entre una alfombra de princesa... 




... que ni siquiera necesita el sol 

 para ser bella.

Feliz primavera.
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