© de la imagen La meva maleta

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lunes, 1 de junio de 2015

Chicas,

os echo de menos. 

Llevo unos cuantos días medio ñoña, agazapada entre libros. El penúltimo Música para feos, de Lorenzo Silva. Qué suerte que esté bien escrito, porque es un libro sin el que podría haber vivido. Excepto por una coma. En serio...
-Para eso, no te habría acompañado hasta aquí.

Claro, si hubiera dicho " -Para eso no te habría acompañado hasta aquí. " así, sin coma, esa expresión no habría resultado tan seductora... 

Bueno, me resulta difícil de explicar así en frío. Igual no era para tanto, pero habría matado por tomarme un café largo y poder contároslo. Y para tener tiempo de miraros a los ojos y mojarme en esas lagrimas no derramadas, o para quitarme las telarañas con el tintineo de vuestra risa. 

No, no, no me falta ruido ni gente, creedme, una comida de Comunión, con primer plato, entreacto y postre dan mucho de sí. Pero mi lengua recién afilada os habría contado de aquella invitada pariente de otro niño, que llevaba un vestido de ganchillo blanco, forrado de un rosa raro, con unos flecos en negro (¡lo juro!). Todas las mujeres presentes apostamos por llamarle el modelo lámpara, pero mi agudísimo marido lo recalificó como lámpara de puticlub de película del oeste. Grande...

Ahora estoy leyendo una de una fugitiva de la cárcel. No está nada, nada mal. Me la pedí por el título, que me resultó irresistible: Los límites de nuestro infinito. 

No me siento con derecho a robaros ni un ápice de tiempo. De hecho, no os siento lejos gracias al trasto este que tengo entre manos. Viajo de acá para allá colgada de vuestro brazo con vuestras fotos, achucho a vuestros niños virtualmente, me emociono con vuestros logros y me preocupo del bienestar de vuestros corazones cuando a pesar de la distancia os leo entre líneas.

Que no cunda el pánico, no me pasa nada raro. Sólo que mayo y junio se me visten de negro y de fin de curso, y las cosas que terminan siempre se me han dado mal. 

Ahora que ya os lo he contado me siento ya un poquito mejor. 

Un besazo, nos llamamos.


jueves, 28 de mayo de 2015

Nacer mujer

Cuando supe que iba a tener un segundo hijo varón quedé, de una parte, muy consternada (debía ser el último, por mi salud). Tener hijas que sean la prolongación de tu cuerpo, y que ellas traigan al mundo a tu estirpe se me antoja algo sencillamente precioso. 

En fin, luego pensé que me alegraba por ellos. Porque sus vidas resultarían, sin ninguna duda, mucho más sencillas que las de sus compañeras del género femenino. Seamos realistas, ser mujer nunca fue una ganga. 

Ahora tampoco, a pesar de que nos creemos super poderosas. Hemos adquirido un poder como nunca, nuestra voz es escuchada, ganamos nuestro propio dinero, nos realizamos como personas, como mujeres, como madres. Alcanzamos nuestra plenitud una década más tarde cada lustro, ¿no os habéis fijado que las mujeres de sesenta ahora lucen como las de cuarenta de hace nada? Pero todo a costa de un gran esfuerzo. A menudo, fruto de tener que aparcar alguna de esas parcelas, posponer la maternidad hasta edades ridículas, o enfrentarse a un mundo que sigue siendo patriarcal. 

Bla bla bla. Lo de siempre ¿verdad? Pues no, hoy vengo dispuesta a demostrar que tenemos todavía mucho camino que recorrer en términos de dignidad y de igualdad. 

Os dejo dos noticias que me han dejado un nudo en la garganta del que no consigo librarme. 

Primera: Existen datos que ponen en evidencia que en España se están practicando abortos selectivos de niñas. Si el aborto en sí me parece un acto lamentable y triste, el hecho de que alguien no pueda existir porque es una mujer y a sus padres no les viene bien tener una fémina me parece sencillamente vomitivo. Dejo el enlace de la fuente de Europa Press para que podáis leer la noticia entera. 

La segunda la he escuchado en la radio. No daba crédito. Al parecer, una niña gitana de 11 años (por el amor de Dios, como mi sobrina) de padres rumanos, fue vendida por sus padres por 17.000€ a un marido. Abusó de ella y dejó que sus padres abusaran también. Convertida en una esclava sexual durante años por un hijo de la grandísima. Se lo he escuchado a Expósito en la COPE esta mañana, y la pregunta que ha lanzado, hoy a las 8:05 debería hacer caer la cara de vergüenza a nuestra sociedad henchida de soberbia:

¿Te imaginas la cara de esa chica? 


No he podido, no he querido, me ha producido vergüenza, siquiera imaginarla. De repente se me figuraban rostros de las niñas que me rodean y a ninguna he podido imaginar mirándome preguntándome por qué en su mundo, en el mío, pasan estas cosas a las mujeres. 

Imagen de aquí

Nosotras, que nos creemos tan guapas, tan listas, en este mundo tan solidario y estupendo, que en los programas en primetime buscan hogares para perritos maltratados, no tenemos ni la más puñetera idea de qué significa ser mujer y olvidamos agradecer que pertenecemos a un mundo en el que se nos respeta y en el que tenemos lugar. 

Ah, no. 

Que esas dos noticias han pasado en España, Europa, el primerísimo mundo. 
Sólo se me ocurre una cosa: rezar.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Vahído

Se viste el cielo 
de primavera arrogante 
y de las alas negras 
de las golondrinas
que chillan tu nombre:
Anita, ¡Anita! 

Una ráfaga de cierzo
llena mis ojos de memoria
y te busco entre las rosas,
en el dedal dormido,
en el escabel en que muere
mi caminar.

Me descubro hablándote, 
buscando los nudos
de tus dedos entre los míos,
preñados de recuerdo.
Y se me ahoga el alma 
en un vahído.




Cada vez te echo más de menos.



jueves, 12 de marzo de 2015

El respeto

Se preguntaba mi amiga Rosario ayer, a raíz de mi último post,

"De todos modos yo tengo la sensación de que nuestros abuelos respetaban mucho más a sus mujeres que mucho de los hombres de hoy en día. De hecho nunca ha habido tantos asesinatos de mujeres como ahora. Y de niños ni digamos, eso antes no existía. Que ha pasado para que ahora no se respete a la mujer por muchos de los jóvenes que en teoría tienen más formación y son más modernos y educados en la igualdad."

Bueno, ella es abogado, así que yo iba a cuestionarme si es cierto que ahora hay más casos o es que ahora, gracias a que hemos perdido el miedo a denunciar las agresiones recibidas. Ese sí es uno de los logros del feminismo, desde mi punto de vista.

Pero creo que tiene razón en lo del respeto. En general, a mí parece que la humanidad ha dejado de respetarse a sí misma. 

Explico el porqué de mi generalización. Hemos dejado de percibir el cuerpo humano como templo de nuestra alma, confundiendo respeto por placer. No hago lo que me conviene sino lo que me apetece o me da gusto. Hace no tanto tiempo en la historia, las mujeres se casaban poco después de la menarquia, se tomaban doncellas que quedaban embarazadas en plena adolescencia. Consecuencia de tal atrocidad, muchas niñas morían en el parto. Supongo que esta debió de ser una de las razones por las que la edad en la que un hombre podía desposar a una mujer fue retrasándose. El papel restrictivo de la Iglesia debió contribuir a que se postergara el momento de iniciar las relaciones sexuales, haciendo del tabú del sexo una herramienta útil para evitar la propagación de las enfermedades venéreas que debían campar a sus anchas en tiempo de muy poca agua y jabón. 

¿Y ahora? Pues nada, ahora nuestra sociedad, (y usted y yo también somos esa sociedad), hacemos la vista gorda cuando la televisión, internet, el cine, todo, aboca a la infancia a una sexualización prematura. Chavales de doce, trece, catorce años, como hace tres siglos, iniciándose en el misterioso mundo del sexo sin más información que la de la fisiología, cómo funciona la mecánica sin detenerse en todo cuanto implica en los afectos de las personas. 

Eso, en lo que a sexualidad se refiere. El respeto al ritmo circadiano propio de nuestro organismo se salta con alegría. Comemos ocho o nueve horas después de despertarnos, cenamos antes de ir a dormir, cuando ya hace horas que ha anochecido y luego nos tomamos una pastillita para superar el insomnio. 

Y cuando un ser deja de amar al cuerpo que lo sustenta, a cuidarlo y hacer de él la herramienta con la que vivirá toda su vida, entonces, se quebranta por primera vez el respeto. También dejamos de respetarlo cuando toleramos que desprecien la belleza del cuerpo femenino llamando gordas a las mujeres que tienen curvas, palillos a las que no las tienen y nos sientan horas y horas ante una pantalla a ver como una pandilla de gandules se rascan sus posaderas cual mandriles en la jaula de un zoológico. 

Eso sí, nos encanta adornarnos para hacer gala de nuestro valor en efectivo, como si los lugares que frecuentamos, tener dinero para ir al spa más caro, si llevar tal o cual marca de pantalones, eso, nos convirtiera en seres más respetable, se inventan dietas a base de toda clase de productos raros que la gente antes utilizaba porque no le quedaba otra, para decir que comen más sano, cuando bastaría con comer la mitad y cocinar en casa en lugar de tirar de restaurantes.  

Si no somos capaces de respetarnos a nosotros mismos difícilmente lograremos el respeto de los demás hacia nuestras personas. En fin, había empezado a hablar del respeto de los hombres hacia sus mujeres y me parece que me he ido por las ramas. Pero creo que todo lo que he escrito es cierto. 

https://www.youtube.com/watch?v=6FOUqQt3Kg0

martes, 20 de enero de 2015

Un día

Soñaba con algo que tenía que ver con una escuela, me parece.
Silencio en la casa, madrugo más que nadie.
Me pregunto si estará nevada la calle. 
Me maquillo mirando el reloj, me equivoco y me pongo la crema que debe quitarme la mancha que me dejó el último herpes  de antiojeras. Bien, espero que de verdad quite las manchas de ahí.
En el AVE una legión de Mary kays nos acechan con sus maletines y nos confunden con unas de ellas (el "antiojeras" ha debido funcionar)
Amanecer de fotografía en Zaragoza, no podré enfocar, el bus corre a toda prisa.
Trabajo: venas, personas que apestan a sudor a las ocho de la mañana, el cartel detrás del campanario que veo desde la ventana, no me quito el frío de encima, dos mandarinas. Las dos, se presentan todas las visitas, dos treinta, ya falta menos, dos treintaydos, que corra un poco más el reloj.
Libre, menudo frío, me refugio en una tienda, no compro nada, la dependienta de la otra tienda una antipática, me voy sin mirar siquiera.
El bus se me hace eterno, la conductora le grita a un coche al que ha pitado. 
Estación del AVE. 
Charla sobre adolescencias, bajo la rampa mecánica con ganas de llegar. 
La señora del tren que va con una que debe de ser su hermana. 
La chica dormida en el pecho de un chico, que va acariciando su cara, yo voy dirección a la salida. 
La señora japonesa descalza entre dos vagones haciendo gimnasia agarrada a la barra de la puerta.
Salimos apenas a unos centímetros de la salida de la estación. 
Semáforo en rojo.
Apago la radio para escuchar mi pensamiento.
Llego a casa famélica, un bocadillo a la una no ha sido suficiente. 
Me emociono con la foto de las hijas de Marta.
Preparo huevos duros y brócoli.
Blog terminado. 
Ducha.
Princesa en modo off hasta mañana. 
No, llega el peque de inglés. Llegará marido, hay que preparar la cena. 
Ya descansaré cuando me muera. 

viernes, 9 de enero de 2015

Una idea que me ronda...

Voy a poner por escrito una teoría bastante absurda (o no) acerca del silencio de los blogs, que están, en su mayoría en fase latente.
Si a todos nos pasa parecido, redactar una entrada desde las tablets se hace muy difícil. Cuesta teclear, cuesta acceder al formato, cuesta colgar fotos... Y dado que las tablets son tan cómodas, tan accesibles, tan de utilizar desde el sofá mientras el señor marido está en el otro sofá y la tele nos ilumina a todos predicando desde su desierto sus miserias... Pues nada, los ordenadores dormitan en la habitación de al lado y los blogs agonizan lentamente.


Yo me he descargado la aplicación de Blogger de la App Store y he mejorado mucho mi accesibilidad. Y por el lento despertar de algunos de los blogs que sigo, parece que no soy la única. ¿Volverá esto a ser lo que fue, o tendremos que cantar aquello de "Tablet killed the blogger stars"?



Quién sabe si éste será el año en que todo vuelva a su lugar.

Por cierto, no quiero dejar de gritar contra quienes atentan contra la libertad de expresión. Nada, nunca justifica el asesinato de otra persona. 


jueves, 1 de enero de 2015

Por estrenar

Me encanta la forma que tiene la Vida de ponernos en nuestro sitio. Repaso los propósitos del 14 y me troncho de la risa, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Me deseaba en la felicitación de Navidad el jefe supremo de mi empresa (a todo el personal, nada íntimo ni afectuoso, no vayan a creer) un año cargado de amor, salud y trabajo. Resistí la tentación de decirle que no, gracias, que salud y amor sí, pero que mejor pedirle al año dinero, que de trabajo voy sobradísima.

Sabiendo cómo se las gasta esto del destino, creo que tengo dos opciones. Que me toque la lotería (improbable) y que me dé cuenta de lo poco importante que es tener dinero o que siga con lo mismo. O peor aún, que gane menos dinero o que me quede sin trabajo. O peor aún, sin salud o sin amor. Así que, como decía el chiste, "Virgencita, que me quede como estoy".

En el 14 ha habido mucho de todo, así que el balance es de cero, y eso no estoy segura de que sea bueno. Sea como sea, página en blanco o ...continuará, como dicen las series flojas. Porque, como todos ustedes saben, el año empieza en septiembre, así que los grandes cambios no se producen apartir de hoy, sino que se supone que vienen cambiando desde hace tres meses (¿en serio?).


Feliz 2015, venga como venga. Les deseo lo mejor.

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Cuándo perdemos nuestro valor como ser humano?

Mi abuelabesitos temía que el personal sanitario que la atendía, al ver su avanzada edad -90 años- en su historial clínico, dejara de prestarle el interés debido. Lo contaba aquí

Por lo que leo en la prensa  (también aquí) los temores de mi abuela podrían convertirse en realidad. Un sindicato de médicos se ha quejado de la pregunta que les obligan a responder desde el Departament de Salut de la Generalitat: "¿Le sorprendería que este paciente muriera en los próximos 12 meses?". Ante la respuesta, Sí/No, los recursos destinados a su tratamiento podrían verse limitados.

Por lo visto, invertir en una persona a la que le queda menos de un año de vista es poco... rentable. Somos, existimos, en términos de "validez". Esto podría llamarse algo tan horrible como exterminio, genocidio o clasismo puro y duro, pero le llaman política, política de austeridad. ¡Ja!

Los mismos políticos que no tienen límites a la hora de ponerse sueldos inmerecidos, que juegan a la democracia (eso sí, se llenan la boca con esa palabra, siempre que la ley se adapte a lo que les conviene, si no, exigen poder votar -democráticamente- hasta que salga una ley que les guste más), deciden a quién merece o no la pena dedicarle recursos sanitarios. Peor aún, exigen a los médicos que ellos pongan su espada de Damocles sobre la cabeza de sus pacientes.

Me pregunto si ellos mismos juegan con estas reglas. Supongo que no. Ellos no suelen ser usuarios de la Sanidad pública.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Me ahogo

imagen de aquí

Cada vez que trato de entrar a contar algo, una gran bocanada de agua me llena la boca, la nariz, las orejas, se introduce a través de mi pelo y de los poros de mi piel dentro de mi alma, de mi mente. 

Paso las páginas de este blog como aquellos cuentos en los que las figuras están dibujadas de forma consecutiva y la imagen se vuelve acción. Así, leo las cosas que me han pasado durante cuatro años y medio, y os encuentro, acompañándome día tras día, post tras post, y entonces comprendo que me debo a alguien, al que me lee. Abro la boca y una gran masa de agua me atraganta una vez más. 

Veo el blog con su aspecto nuevecito, con su princesa preciosa, y entonces me recuerdo a mí misma que tengo que contar algo. Y entonces me siento leída, estudiada, conocida, desnuda, y no puedo afrontar el aire seco y punzante, no quiero, no me puedo permitir ser transparente como agua porque siempre hay alguien dispuesto a utilizarte, a lastimarte, a perjudicarte, a darte algo que no quieres porque sabes que tarde o temprano te pasará su factura. 

En otras batallas virtuales, en las que se discute sobre todo aquello que sea discutible, por mero deporte. Izquierdas y derechas, tetas y biberones, malas madres (¿?) contra apegadas, pro-animales que defienden que hay que tratar a los animales como personas y a las personas que las zurzan. Los Podemos contra todos, yo contra Podemos, y al final, lo de siempre, se apagan las luces de neón y quedamos los cuatro de pueblo levantándonos a las seis y media para seguir con el mazo dando. Y tú, yo, quiero decir, agotada por haber defendido la causa con la que crees. Creías. Bueno, ni sabes.

Libros (buenos, sé que son buenos) escritos por mí se me pudren en los cajones y en la autoestima porque en el fondo de mi ser me niego a creer que jamás se verán publicados. 

Me pregunto si alguna vez volveré a ser lo que era, o si me crecerán algas en las puntas de los dedos de las manos y quedaré atrapada en el fondo del mar. Quizá, si salgo, me convierta en una estatua de sal. Así que permaneceré rodeada del silencio, que al menos, no me ahoga. O sí. Maldita sea. 



domingo, 13 de julio de 2014

Comunicación no verbal


El lenguaje corporal no es una ciencia exacta, pero da muchas pistas de lo que en realidad se está pensando, mucho más que las palabras que nacen de los labios. No pude resistir la tentación de fotografiar a estos dos señores que hablaban en una terraza. Les observaba desde un segundo piso.

Mirad, sino, el señor del traje. Él casi no quiere ni mirar a su interlocutor. Su cuerpo se dirige hacia un ángulo muy distinto al del hombre que tienen enfrente. Su mano levanta una barrera psicológica porque ni siquiera quiere verle. Su otra mano, agarrada con firmeza al tobillo dice que ni por cochino asomo piensa cambiar de parecer.

Su compañero de mesa muestra una actitud activa hacia el primer hombre. No salta sobre él porque hay una mesa ente los dos. Por una parte. Porque, por otra, tiene actitud de huída. Su pie libre y su mano sobre la rodilla nos dan a entender que puede salir corriendo a la de tres.

No, ciertamente no tengo ni idea de lo que ellos hablaban, pero tengo claro que esa no era una charla amigable.

domingo, 22 de junio de 2014

Cada vez menos

 Empecé en este mundo virtual hace ya 15 años. Lo que se estilaba, por aquel entonces eran los chats, en los que personas con afinidades comunes nos encontrábamos y manteníamos diálogos de besugos en un muro público, pero las buenas conversaciones se encontraban en los privados que mandabas y recibías. Recuerdo aquella época divertida y libre, no tenía aún hijos. Conocí a algunas personas en la llamada vida real, pero nada permaneció en la posteridad.
De repente, la gente empezó a desaparecer de mi círculo habitual: todo "el mundo" estaba metido  en los foros, lugares en los que uno podía dejar algo escrito sin la necesidad de coincidir en el tiempo y en el espacio con las otras personas con quienes tenías alguna clase de afición compartida. Los foros dejaron de ser lo que eran allá por el 2004, año que recuerdo con dolor porque fue uno de los años negros en mi vida. Como había pasado con los chats, la gente se esfumó, como por arte de ensalmo. Bien, me hice lectora ávida de blogs, hasta que, en el 2010 creé el mío, éste. Desde el año pasado, sin embargo, "la gente" parece haberse mudado a Facebook -participo en algún grupo de forma activa- y a Twitter. Ya me disculparán, pero el minimalismo de los 140 caracteres es demasiado escueto para mi locuacidad.
No me parece mal, en serio, la interacción por las redes sociales, como en su tiempo los chats, los foros, el blog, me han regalado buenas amistades y me han devuelto algunas que tenía alejadas. Pero me disgustaría que los blogs terminaran desapareciendo, como pasó con las otras dimensiones del gran Matrix que, lo creamos o no, ya es una realidad paralela.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Marcando tendencias

No me lo puedo creer, ¡¡he acuñado un neologismo!! 

Hoy en su post, Gema Lendoiro vuelve a hablar de la Corrala 2.0.  que presenté aquí.

¿La razón? Pues otro parto de famosa a la cual ni siquiera le dieron la oportunidad de esperarse a ver si le hacían la cesárea o no para criticarla. 

Me pregunto si es que estas mujeres no tienen nada mejor que hacer con sus vidas. El otro día una me  decía en una conversación de Facebook que si se ponía como una hidra en favor del parto vaginal y prolactancia o no sé qué era en defensa de mis partos y de mis lactancias. Os juro que no daba crédito. No sabía yo que algo que mis senos y mi útero hicieron por su cuenta fantásticamente programados por la Madre Naturaleza, necesitara abogados. 

No me atreví a decirle a esa amazona, a esa Juana de Arco, que, salvo sorpresas de última hora, no tengo intención de procrear más.

En fin. Me pregunto si no sería un acierto contratar a estas graciosas Cheerleaders de la teta para causas tan saludables como exigir que se reduzcan los contenidos de sal, azúcares y grasas de los alimentos, o que se prohíba la exhibición de cuerpos enfermos a las pasarelas. Eso también es defender la salud.  

jueves, 3 de abril de 2014

Negocios de familia

Este post no habla de nada que tenga que ver con empresas ni dinero. 
Otros negocios subyacen en el seno de cada una de las familias del mundo, de las parejas, en las relaciones  entre padres e hijos, nietos y abuelos, incluso en las amistades
He tenido la oportunidad de pasar largos espacios de tiempo en hogares que no eran el mío propio: en casa de mis abuelos, de cada uno de mis tíos, de amigos de los de verdad. Curiosa desde siempre por todo aquello que define a las personas, por conocer cómo vencen sus dificultades y superan sus diferencias, curiosa a secas, me fijaba en cuáles de las relaciones no cabian en el mapa de lo que para mí hubiera sido deseable, aceptable, tolerable, acaso. 
Y entonces me planteaba si esas dos personas entre las que había algo que a mí no me cuadraba, desde la libertad para entrar en la intimidad, hasta el reparto de las tareas domésticas, pasando por quedarse en la cama holgazaneando mientras el otro madrugaba para ir a trabajar, estaban aceptando  su parte del negocio. 
Cuando desde nuestro palco de espectadores de la realidad de los demás algo no nos convence, creemos que uno de los dos miembros de una relación se aprovecha o abusa de su posición respecto del otro; tendríamos que plantearnos si ese es su negocio, el que ellos tienen entre manos. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Como nunca antes



Como nunca antes me dedico a la nada. A ver series de televisión, a leer, con calma, antes de acostarme, a escribir, a pensar. A escuchar el silencio, a tomar el sol encerrada en mi habitación, a pasear por el jardín, a observarles, a fotografiar atardeceres y bancos bajo el sauce. Ando a caballo entre rendirme ante la evidencia de que no puedo llegar más arriba, de que ya toqué el techo, y seguir luchando por conseguir seguir subiendo.
Mientras, la primavera anticipada me envuelve entre flores y palabras. Y yo, sigo soñando que tanto esfuerzo mereció la pena. 

domingo, 16 de febrero de 2014

Fábulas y palabras

Tiene mi lengua materna, el catalán, una expresión intraducible, al menos en español, que encierra, en sus modestas dos palabras y cinco letras, el paradigma de lo que está sucediendo en este país.

¡TÚ RAI!

En realidad, el tú se escribe sin tilde, pero se la he puesto para que sea más comprensible su función de pronombre personal en la frase. Vendría  resumirse, en pocas palabras, en algo así como: tú no puedes quejarte porque tú sí que tienes suerte (obviamente, más que yo, que mira qué desgraciadico soy). Sí, es tan difícil de traducir como parece.

Para poder explicar su significado, voy a utilizar la fábula de la cigarra y la hormiga. La conocen, ¿verdad?

Bien, la hormiga pasa afanosa el verano, trabajando como una burra, para que cuando llegue el invierno no le falten reservas, y cuando la cigarra, que se la había pasado tocándose las puntas de las alas todo el tiempo, a ver si las bendiciones le caían del cielo, se da cuenta de todo lo que tiene la hormiga, y meneando la cabeza, 

-Hola, Hormiga, ¿qué tal te va?
-Bien, aquí, descansando en mi casita, como una reina. 
-¡Tú rai!

"Tú rai" encierra la envidia y el desprecio por lo que el otro ha trabajado, lo que ha hecho para lograr conseguir su objetivo, su estatus actual. A la vez, confiere a quien la pronuncia una palmadita en el hombro de la autocompasión (tú rai, pero yo, no) y le niega a su interlocutor, la posibilidad de réplica: tu rai, yo no, así que no puedes quejarte, porque tú rai, como si la suerte se hubiera cebado en él. 

"Tú rai", que tienes tiempo para todo... Claro, levántate, como yo, antes de las siete todos los días, y verás como también tú tienes tiempo.

"Vosaltres rai", que sois jóvenes. Sí, claro, es una gran ventaja, pero tú también tuviste tu juventud y, por lo que dices, no la aprovechaste tan bien como era esperable.

"Tú rai", que tienes trabajo... Sí, claro. Tengo dos carreras y un contrato eventual desde hace quince años, y un puesto de trabajo a extinguir, que igual me dejan en la calle con 45 años, y entonces, vaya usted a saber. Claro que los habrán en paro, pero los hay, también, que ganan tres veces más que yo. ¡Ellos rai! Mira, visto así, los banqueros y los políticos, RAI. Pues, qué quieren que les diga, tal vez sea por mi educación y por mi forma de ver la justicia, que no siento envidia de estos dos gremios. Ellos rai, sí, son afortunados porque ganan mucho dinero, pero lo que ellos hacen para ganarlo no creo que yo estuviera dispuesta a hacerlo. (yo rai, que tengo principios).

Cada una de las decisiones que tomamos en la vida comporta una consecuencia. ¿La suerte? Pasa, pero para que te toque, tienes que ponerte en primera fila. Y entonces, sí, tú rai, que te ha tocado.


LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Cantando la cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno.
Los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Vióse desproveída
del precioso sustento,
sin moscas, sin gusanos,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
le dijo: “Doña Hormiga,
pues que en vuestros graneros
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
¡TÚ RAI!

prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste cigarra
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo.”
La codiciosa hormiga
respondió con denuedo.
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
“¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana:
¿Que has hecho en el buen tiempo?”
“Yo -dijo la cigarra-.
A todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento."
"¡Hola! ¿Con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
¡Pues ahora que yo como,
baila, pese a tu cuerpo!"
Samaniego

domingo, 19 de enero de 2014

A ver cómo lo diría

Cuesta escribir sobre la suerte sin parecer una presuntuosa o una desagradecida. Vayamos primero a dar gracias, a Dios. Todos los días de la vida de mis hijos conmigo son un regalo. Desde el día bendito que supe que existían hasta ahora mismo, que están jugando en su habitación. Le doy gracias por haberme dado dos  niños tan. Tan. Todo lo que son es maravilloso, y no exagero: su salud, su temperamento, su fuerza su belleza, sus cabellos y sus dientes. Su tozudez y sus ganas de jugar, su desorden y su apetito. Todo. Son inteligentes y buenos. Y guapos. Y todo. 

En lo que a ser su madre se refiere, no me han dado demasiado trabajo extra. Lo hice tan bien como supe: orden en horarios y sensatez en casi todo. El sentido común ha sido la moneda de cambio corriente en el castillo. No obstante no todas mis decisiones han sido aplaudidas por los aledaños de quienes también quieren a mis hijos. Siempre hay alguien dispuesto a poner en jaque tus habilidades como madre contradiciendo tus órdenes, metiendo la nariz en tus decisiones, juzgando y cuestionando.

Tiene, sin embargo, el tiempo la manía de poner a todo el mundo en su sitio, y hasta ahora, la mayor parte de las cosas que he hecho para y por mis hijos están dando unos frutos estupendos y magníficos. Insisto en lo de dar gracias a Dios, porque sembrar en la tierra fértil que son mis hijos es lo más gratificante que haya hecho jamás. Pero ya saben como funciona, ser padre se parece un poco a disfrazarse de sargento. Se pasa uno el día dando órdenes e instrucciones: recoge los zapatos, límpiate la  nariz, termina tus deberes, te he dicho que recojas los zapatos, lee cada día, no te quedes hasta las tantas a leer, son las tantas y no has terminado tus deberes, son las tantas y estás todavía sin acostarte,... 

Cierto es que a lo mejor también saldría de su instinto todo lo que rezo yo durante el día. El caso es que, como sea, me hace mucha gracia cuando algunas veces -suele coincidir que quienes te lo dicen son los mismos que te critican por mandar tanto- te dicen:

- ¡Qué suerte tienes de que te hayan SALIDO unos niños tan educados!

Cualquiera argumenta que no ha sido cuestión de suerte, porque, efectivamente, he tenido toda la suerte del mundo con ellos. 

domingo, 5 de enero de 2014

Corrala 2.0.

Parece ser que en esta, nuestra España profunda, el papel que los balcones de las corralas tradicionales tenían en el entretenimiento de la gente, lo ha asumido internet. 

¿No os habéis enterado? Una conocidísima periodista emparejada con un todavía más conocido futbolista ha dado a luz en un portal de internet en una archiconocida clínica del Madriz de las corralas.

Por esa razón, los mentideros virtuales se han creído con derecho a valorar la oportunidad del método por el que esa afortunada criatura (¡mi reino entero por esos genes!) ha llegado a este mundo, a saber, una cesárea. 

Dada la profesión del padre, y sus oportunas fechas de vacaciones, se ha dado por supuesto, por supuestísimo, que el nasciturus fue arrancado antes de tiempo, de forma programada, de las entrañas de su madre, por un equipo médico que, de forma totalmente inconsciente y por cochino dinero (no lo digo yo, conste, sino los expertos en el tema que han salido como setas estos días en la red) y con el método cafre de abrir el vientre con un cuchillo cebollero.

Exagero, sí, pero os prometo que he leído barbaridades de semejante tamaño desde que nació el niño Martín, nombre que, desde ya, va a ser el más puesto para varoncitos nacidos en la España cañí.

Si se abre en este blog el debate de si cesáreas excesivas, o convenientes, o la necesidad de que se respeten los partos o de las bañeras para dar a luz, borraré automáticamente los comentarios. Por favor, os lo suplico, necesito una terapia de choque desde que lo leí. 

¿Que por qué escribo este post entonces? Porque si algo me llama la curiosidad es la forma en que nos relacionamos en todos los ámbitos de la vida, tanto real como virtual. Uno se pone a hablar, pongamos de que ha pasado una noche de perros porque el niño tiene tos. Al minuto, se abre un debate con la interlocutora, en la que durante un tiempo comprendido entre diez minutos (si cambias de tema) o cinco horas (si tienes ganas de discutir), cada una de las dos partes defenderá su postura sin escuchar a la otra.  Una postulará en pro del colecho y la otra del método Estevill (HE NOMBRADO A HERODES, ya veréis como tengo que borrar comentarios, apuesto medio Roscón). Ninguna de las dos cambiará su método y ninguna de las dos entenderá cómo la otra madre puede estar tan desquiciada como para aplicar su sistema. Y continuará con una infinitud de terapias para paliar la tos, que pasará desde el jarabe, al supositorio Pilka, a la cebolla en la mesilla y al Vicksvaporup en la planta de los pies (sí, funcionan, todas ellas, a alguien, en algún momento. Me imagino cuan desesperada estaba la madre que le puso el vicks a su hijo en el pie, y su cara de pasmo cuando vio que le funcionó)

Así sucede en Internet, hasta el infinito y más allá, con TODOS los temas que tengan que ver con la crianza, el colecho, la alimentación, el porteo/cochecito,  el aborto, los sistemas educativos, y podría seguir un buen rato nombrándolos.

En este blog nunca he defendido otra postura que no sea la que sea válida para cada cual. Nadie debería de dar explicaciones de por qué toma sus decisiones con sus hijos. Señoras (sí, esto sólo pasa con mujeres), son ustedes aquellas suegras de antes, que no se callaban ni debajo del agua, todo el día metiendo la nariz en el puchero de sus nueras… Se debería tratar de compartir experiencias, y no de juzgarlas, cuestionarlas, criticarlas y mucho menos, de crucificar y tratar con desprecio a los que, valoradas todas las opciones, decidimos la que vamos a elegir. Y si nos equivocamos, lo hacemos nosotros con NUESTROS hijos, así que bastante tendremos con cargar con ello como para ver sus miradas despectivas. 

Qué a gustico me he quedado.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Sin conexión

Un cambio de compañía telefónica me ha dejado prácticamente desconectada por unos días. Vuelvo con las manos llenas de palabras que parecen no atreverse a asomar después de tantos días de silencio. Tantos, como la niebla que ha envuelto en humedad y frío el lugar en que vivo y que nos ha dado apenas un respiro hoy, no me he podido resistir a tomar una foto del cielo.



Es antipático nuestro clima. Eso hablaba con una señora hace algunos días. La niebla nos vuelve huraños, nos recluye en nuestros hogares y enmudece las risas de los niños. La semana pasada el suelo llegó a estar completamente mojado, como si hubiera llovido, tanto, que las maestras de mis hijos optaron por no dejarles salir al patio dos días.
La buena mujer, algo mayor, me comentaba que ella tenía que huir todos los inviernos a su hogar en la montaña, en busca de un frío más seco que el de aquí.  Y sonrió cuando le dije que el clima del "Pla de Lleida" era tan inhóspito como sus habitantes. No, no se puede generalizar, pero es cierto que en esta lugar cuesta mucho traspasar el umbral de un hogar ajeno y sentirse como uno más. Las gentes de aquí hemos aprendido a aprovechar las oportunidades, como los escasos rayos de sol que nos corresponden en invierno y que únicamente se van del todo azuzadas por el cierzo que llega malhumorándonos a todos en febrero. Un horror, vamos. De hecho, a los dirigentes romanos a quienes se quería castigar lo destinaban aquí, y no me extraña nada. 

En fin, vuelvo. No creo que pueda comentar en vuestros blogs, aunque procuraré leeros. Dicen que volverá a estar cubierto de niebla mañana. No hay mal que cien años dure, pero algunos males se hacen bien pesados 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Retratos de noviembre

Estos días leía que, hasta hace no tanto tiempo, era bastante habitual hacer fotos a los difuntos. Para algunos de ellos, tal vez, el único testimonio gráfico de su agotada existencia. Bien, tentada he estado de colgar en este blog la foto de mi fallecido bisabuelo en el ataúd, junto a su mujer, con su luto envolviendo su cabello de plata en un pañuelo negro. 

Se acabó de nuevo el tiempo de los muertos. Regresan los cementerios a la tranquilidad que les es característica, sólo rota por los nuevos llegados a ese lugar, que se irán presentando con la realidad de la finitud humana bajo el brazo. Andan a todo gas recogiendo las últimas calabazas para enchufarnos a Santa Claus a tutiplén. En las lápidas permanecerán las flores marchitándose hasta la próxima visita al camposanto, y los retratos detenidos para siempre de aquellos que se fueron. Las fotografías no son más que los fotogramas de la película de nuestras vidas, así que, cuando veo las fotos de los que murieron demasiado jóvenes les imagino cambiando esa imagen detenida por una película, siendo adolescentes, y maridos y madres. 


Vuelvo a casa a abrazarme a la cotidianidad del día a día y sigo agradeciendo que el calendario nos obligue a fijarnos, al menos una vez al año, en que somos efímeros. 


martes, 22 de octubre de 2013

Recuerdos de esta semana

De forma inevitable asociamos las imágenes que han quedado atrapadas en nuestras cámaras de fotos con las cosas que nos han pasado cuando las hemos visto. A mí me pasa también con la música que escucho en la radio, cuando la oigo tiempo después me recuerda a aquello que sentí cuando la ponían a todas horas en la emisora de turno.

Esta semana (siento no poder actualizar el blog más a menudo) la guardaré asociada al libro infumable que me acabo de leer. Me pasa por terca, me dijo el señor librero de la estación de tren que ese no era tan bueno como aquel otro (que ya no recuerdo, pero me pareció demasiado triste). En fin, la peor novela romántica (¡¡¡ni siquiera me di cuenta que era una novela romántica hasta que la empecé a leer dos días después de comprarla!!!) que jamás haya leído. Mal escrita, con incoherencias, con escenas de sexo innecesarias. Me indignó que a esa cateta ignorante le publicaran un libro cuando hay gente que escribe MUY bien que no tiene la posibilidad de entrar en el mercado complejo de las editoriales.

Además de la novelota, me han pasado otras cosas. Como, por ejemplo, arrebatar al trabajo el tiempo suficiente para sentarme a coser, el último diente caído, la tristeza al no poder ayudar a una amiga que sufre al otro lado del teléfono.

Una iniciativa que leí no sé dónde hablaba de hacer una foto todos los días, un reto cuya finalidad soy incapaz de recordar. Lo llevo prácticamente a rajatabla, aunque un día no me acordé de sacar fotos, y otro hice cincuenta porque salimos de viaje y los niños estaban monísimos.

Aquí os dejo algunas escenas de esa semana mía. O de los últimos diez días, o más.




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