© de la imagen La meva maleta

Mostrando entradas con la etiqueta Leer entre líneas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leer entre líneas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Formas de decir adiós

En mi paseo por mis camposantos me rompe el corazón ver las lápidas de ese matrimonio que tuvo 12 hijos y ninguno de ellos, ni sus nietos, han sido capaces de dejar una una flor.




En el mismo cementerio, en el otro extremo, observo el duelo impúdico del pueblo gitano, que llora a demasiada gente joven. Sus sepulturas se distinguen a kilómetros de las demás por sus caballitos y sus flores blancas y azules y sus ángeles (qué dolor tan terrible la muerte de un niño) y las fotos de gente tan joven y sus mujeres de luto, ellos con la vara, todos con pañuelo negro. Familias enteras que lloran, que pasan horas honrando a los suyos. 

Me gustaría sentirme libre y llorar así, sin pudor, por mi padre, por mis abuelos, por la amiga de la que no pude despedirme. Ella, de mi edad. Los últimos años pasaba junto al nicho de su madre y le pedía que cuidara de ella. Hoy, cuando he visto sus fotos juntas se me ha roto otra vez el alma. 

Hoy me acuerdo de mi nueva amiga que justito estaba recuperándose un poco tras la muerte de su padre hace un año y ahora acaba de enterrar a su madre y quisiera dejar una flor para ellos. La dejo aquí, en su honor 💐

#cementerios #todoslossantos #sobrelamuerte #formasdeduelo

lunes, 1 de junio de 2015

Chicas,

os echo de menos. 

Llevo unos cuantos días medio ñoña, agazapada entre libros. El penúltimo Música para feos, de Lorenzo Silva. Qué suerte que esté bien escrito, porque es un libro sin el que podría haber vivido. Excepto por una coma. En serio...
-Para eso, no te habría acompañado hasta aquí.

Claro, si hubiera dicho " -Para eso no te habría acompañado hasta aquí. " así, sin coma, esa expresión no habría resultado tan seductora... 

Bueno, me resulta difícil de explicar así en frío. Igual no era para tanto, pero habría matado por tomarme un café largo y poder contároslo. Y para tener tiempo de miraros a los ojos y mojarme en esas lagrimas no derramadas, o para quitarme las telarañas con el tintineo de vuestra risa. 

No, no, no me falta ruido ni gente, creedme, una comida de Comunión, con primer plato, entreacto y postre dan mucho de sí. Pero mi lengua recién afilada os habría contado de aquella invitada pariente de otro niño, que llevaba un vestido de ganchillo blanco, forrado de un rosa raro, con unos flecos en negro (¡lo juro!). Todas las mujeres presentes apostamos por llamarle el modelo lámpara, pero mi agudísimo marido lo recalificó como lámpara de puticlub de película del oeste. Grande...

Ahora estoy leyendo una de una fugitiva de la cárcel. No está nada, nada mal. Me la pedí por el título, que me resultó irresistible: Los límites de nuestro infinito. 

No me siento con derecho a robaros ni un ápice de tiempo. De hecho, no os siento lejos gracias al trasto este que tengo entre manos. Viajo de acá para allá colgada de vuestro brazo con vuestras fotos, achucho a vuestros niños virtualmente, me emociono con vuestros logros y me preocupo del bienestar de vuestros corazones cuando a pesar de la distancia os leo entre líneas.

Que no cunda el pánico, no me pasa nada raro. Sólo que mayo y junio se me visten de negro y de fin de curso, y las cosas que terminan siempre se me han dado mal. 

Ahora que ya os lo he contado me siento ya un poquito mejor. 

Un besazo, nos llamamos.


domingo, 13 de julio de 2014

Comunicación no verbal


El lenguaje corporal no es una ciencia exacta, pero da muchas pistas de lo que en realidad se está pensando, mucho más que las palabras que nacen de los labios. No pude resistir la tentación de fotografiar a estos dos señores que hablaban en una terraza. Les observaba desde un segundo piso.

Mirad, sino, el señor del traje. Él casi no quiere ni mirar a su interlocutor. Su cuerpo se dirige hacia un ángulo muy distinto al del hombre que tienen enfrente. Su mano levanta una barrera psicológica porque ni siquiera quiere verle. Su otra mano, agarrada con firmeza al tobillo dice que ni por cochino asomo piensa cambiar de parecer.

Su compañero de mesa muestra una actitud activa hacia el primer hombre. No salta sobre él porque hay una mesa ente los dos. Por una parte. Porque, por otra, tiene actitud de huída. Su pie libre y su mano sobre la rodilla nos dan a entender que puede salir corriendo a la de tres.

No, ciertamente no tengo ni idea de lo que ellos hablaban, pero tengo claro que esa no era una charla amigable.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.