© de la imagen La meva maleta

miércoles, 7 de agosto de 2013

Porque era justo


Te fastidias. Sí, lo montaron todo a tus espaldas. Sabían exactamente las personas que querríamos darte ese homenaje (sí, sí, no pudieron estar todos los que son, pero los que estuvimos lo hicimos entregados a tu persona), el regalo que te gustaría más, el vestido que llevaría tu hija y cómo sustraerlo de tu armario con premeditación, alevosía y agravante de vacaciones.Y todo eso, sin que tú supieras nada, toma ya. Primera lección: no es necesario tenerlo todo controlado, relájate.

Era justo que todos los que nos sentimos amparados por tu generosidad, tu dulzura, tu energía (de sargento chusquero, sí), tu forma categórica de convertirte en hermana mayor de todos nosotros, incluyendo a tus padres, tratásemos de hacerte infinitamente feliz. Así te queremos siempre, en el centro de nuestra vida. Segunda lección: deja que te queramos, relájate.

Cómo nos rompimos todos cuando la pequeña se emocionó contigo, por ti. Esa prolongación de tu cuerpo que te trae de cabeza... El sentimiento de esa criatura es el reflejo de la estricta verdad de tu trabajo y esfuerzo. Tercera lección: lo estás haciendo bien, muy bien, con ella. Suelta un par de metros esa cuerda, relájate.

Y tu madre... sabes, porque lo sabes ya, cómo duelen en la propia piel las heridas de los hijos, y ella mejor que nadie ha sentido el palpitar de tu dolor, así que necesitaba por ti y por ella misma, hacer lo que hizo: remover Roma con Santiago para que todo saliera perfecto. Lo vi en cada una de las fotos escogidas para el resumen de tu vida que nos puso la piel de gallina a todos. Ver bailar a tu padre grabado en vídeo me hizo entender por qué eres así.  Dios mío, ese padrazo como una catedral atrapando partículas de sus hijos en una foto cada segundo, para no perderse nada, ellos saben ya cómo pasa de deprisa la vida. Pasa muy deprisa, demasiado. Cuarta lección: el tiempo pasa y no vuelve, no parpadees, pero relájate.

Y la niña atrapada en cuerpo de adulta que es tu hermana, flor de cristal valiente.



Ella le hubiera dado la vuelta al mundo como si de un calcetín se tratara sólo por verte como te vimos ayer. Su ilusión tenía brillo de purpurina, su tarta hecha con delicadeza y buen gusto, a cuatro manos con la mujer de tu hermano. Ese secreto guardado con tanta prudencia por tu sobrina, tan pequeña... Quinta lección: ellos sí saben qué es lo que necesitas, relájate.

No pude conocer bien a todos tus amigos, pero supongo que sus sentimientos se parecían mucho a los míos. Qué bien supiste repartirte un poquito entre todos, qué ilusión me hizo que ella viniera desde Barcelona para ser un regalo más para ti. Espero que tuviéseis tiempo suficiente para poneros al día. Tras su fachada valiente intuyo un corazón frágil, pero esa ya es otra historia. Esta lección ya te la sabes, los amigos son lo segundo más importante del mundo, después de la familia. Tienes muchos y buenos amigos, relájate.

Hoy cumples cuarenta años y un día. Terminó tu condena de estar sufriendo y preocupándote siempre por todos. Puedes relajarte. En serio. Yo velaré por ti, lo haremos todos, porque te queremos mucho.


lunes, 5 de agosto de 2013

Por fuera... y tras la fachada.



Estoy acostumbrada a mirar debajo. Lo hago de forma inconsciente, sin más intención que saciar esa curiosidad que me produce el ser humano en todas sus dimensiones. En las circunstancias que rodearon esa comida nuestra, con tantos niños gritando y con esos pobres cuatro maridos sufridores, fue más difícil, pero lo hice igual.

Supongo que mi chicaespejo se dio cuenta, ella es también analítica y está acostumbrada a hacer radiografías del alma tanto com yo. En fin, bastante tenía ella con explicar ante los ojos de las que llevaba tantísimos años sin ver, una historia suavizada de esa vida que ha dejado tantas huellas en su piel, y que la convierte en el ser precioso que es.

A ratos se palpaba el "¿Y ahora de qué hablamos?" entre las más tímidas. A ella, la más reservada, la vi demasiado delgada, tanto que me preocupó, aunque no se lo dije. Su criatura de mofletes mordibles y mirada curiosa me cautivó por su autonomía, por esa belleza de los bebés que todavía lo son. No pude, no supe rascar en las fisuras de esa coraza, ha pasado demasiado tiempo para recuperar la confianza que pudimos haber tenido en el pasado. Y lo cierto es que nunca fui buena en lo que a relaciones sociales se refiere, a mí se me dan mejor las distancias cortas y la paciencia. Me manejo mal en grupos, así que esa adolescencia que compartí con vosotras fue... bastante convulsa (como todas, claro).

De hecho, no fue en aquel tiempo cuando conocí mejor a la más sonriente y sorprendida del grupo. Fueron los tiempos de compartir universidad y luego los encuentros que nos han ido poniendo al día de lo que somos cada una. Yo no sé si tú me ves cambiada a mí, después de tantos años, pero tú sigues siendo tú. Todas te reconocimos tal cual eres, así que nos resultó fácil ubicarnos contigo.

En cambio, con la que terminó encontrando el local me costó mucho más, porque la conocí menos en aquel entrañable BUP que compartimos. La recuerdo inteligente y dulce, y así volví a percibirla, y no entiendo por qué, de forma involuntaria, levanté un muro invisible ante ella para resguardarme tras él. Supongo que si pudiésemos haber hablado desde más cerca, quiero decir, desde ese lugar íntimo en el que yo me siento más cómoda...

Pero aún así no reniego de nuestro encuentro en grupo. Lo cierto es que ellas, las gemelas revoltosas que tuvieron la deferencia de venir desde Madrid para reunir a nuestro grupo de cuarentonas, lo hicieron todo fácil. Ellas siguen siendo como siempre, casi. Casi, casi, la niña azul, sigue siendo observadora y perspicaz, sigue siendo la que tiene los pies en el suelo, la que es el norte de la de rojo. No, a ti no te he reconocido, porque no te había visto nunca sufrir y ahora se intuyen cientos de lágrimas encerradas en la trastienda de tus ojos cristalinos. No quise que me contaras nada ante tanta gente, pero lamento profundamente no tenerte más cerca para arrancarte cada una de tus espinas y besar tus heridas frente a un café dulce y largo.

A sus "ellos" no pude conocerles apenas, y a sus hijos, poco. Los niños suelen ser la manifestación clínica, el síntoma, de lo que nos sucede a los padres. Me quedé con ganas de sentarme también un poquito en la mesa de los chavales, que, siendo niños y revoltosos, aguantaron más que bien.

No deberían pasar tantos años sin vernos, pero pasará demasiado tiempo, por más que digamos que tenemos que repetir. Porque nos da pánico a todas que salga de nuestro interior la niña insegura que se esconde tras el maquillaje y nuestro aspecto de madurita bien conservada. ¿Lo veis? con lo mal que se me da hablar cuando os tengo a todas delante, y lo mucho que me fijé en todas vosotras. Gracias por haber hecho el esfuerzo, gracias por haber tenido la idea, gracias por haber reservado el local perfecto, gracias por la magnífica sobremesa, gracias, gracias.

domingo, 28 de julio de 2013

¿Me guiarás?

Cuando nada se parezca a lo que soñé, 
cuando no recuerde por qué decidí, 
cuando titubee, cuando el miedo me invada,
cuando nadie me comprenda y eso siembre
la duda en mí y Te pierda de vista,
¿Tú me guiarás, tomarás las riendas por mí?






Tom Chamber

jueves, 25 de julio de 2013

A mi querida fauna del AVE

Desde el año pasado me he convertido en pasajera frecuente del tren de Alta Velocidad, aunque mi destino jamás ha sido en tierras gallegas. 

Esta mañana mi primer pensamiento (y mi primera conversación) ha viajado con las personas que volverían a subir a un AVE. He pensado en sus miradas perdidas, en los saludos tristes a los empleados de RENFE, en los nudos en las gargantas al conocer la noticia, el número alto, altísimo de fallecidos.

Imagen de AQUÍ

He recordado con angustia todas las veces que he deseado que el maquinista apretara el botón para correr más los días que llegábamos con retraso. He visualizado mentalmente los ojos de las personas a las que he observado con codicia para escribir algo de ellas en el blog. He imaginado a mis compañeros de viaje habituales sentados en esos vagones, incluso he tenido la osadía de valorar cuáles serían para nosotros los vagones más seguros y he pensado que siempre nos sentamos bastante cerca, así que de haber sufrido un accidente como ese, habríamos volado todos por los aires. 

Y me he acordado del personal amable y sencillo que atiende a diario esos trenes. En su mayoría personas jóvenes con jornadas laborales duras, que tienen una sonrisa y un gesto de ayuda para todo el mundo, que nos permiten, a los que repetimos, hacer alguna que otra trampa para llegar a tiempo a nuestros propios puestos de trabajo. 

No conozco los nombres de todos vosotros, los de mis mañanas de buenosdías ojerosos y los de mis mediodías con demasiadas ganas de volver a casa. Pero os he visto trabajar helados de frío en una estación diseñada pensando más en trenes que en personas, e incluso a alguna aguantar en su puesto con lágrimas en los ojos por una lumbalgia. Os dejo aquí mi abrazo y mi recuerdo para esos compañeros vuestros que han perdido sus vidas y para los que hayan sobrevivido que tendrán que afrontar su futuro después de un trago tan amargo. 


martes, 23 de julio de 2013

En silencio

Desde el silencio todo es distinto. No he dicho mejor, he dicho distinto. Les oyes discutir, incluso se están tirando cacharros, te preguntas si habrán llegado a las manos. Abres la puerta de su habitación y les miras desde ese silencio que te ha estado protegiendo todo el verano. Se acusan mutuamente, te piden de forma descarada que castigues al otro -el que lo pide, obviamente, nunca ha hecho nada- y se quedan desconcertados ante tu silencio. Pides en voz firme pero queda que pongan orden, que cuando hayan resuelto sus problemas que vengan a hablar contigo.
Sientes ese calorcillo en la boca del estómago y te preguntas si acabará convirtiéndose en una úlcera.




Las aguas vuelven a su cauce, las lesiones, como esperabas, no fueron tan graves, no habrá que amputar nada. Si acaso, algún orgullo desmedido.

Este silencio lo pone en jaque casi todo. Lo usas en la escucha del otro y se van destapando sus miserias, las contradicciones que acaban por desenmascarar las trampas que el pasado había envuelto entre gasas y tules, que tal vez se construyeron sin maldad, pero que acaban por decepcionarte. En realidad, mientras el otro parlotea, te recuerdas que ya sabías que no puedes confiar en casi nadie.

Mientras callas, les dejas seguir pensando que eres medio lerda y que no te enteras de nada. Las personas muy inteligentes suelen suelen olvidar que ellos son muy listos, pero eso no nos convierte a los demás en tontos. Así, dejas que hagan lo que quieran, que manipulen y manejen, que campen a sus anchas por la codicia disfrazada de apego emocional, porque ya nada necesitas. 

A veces el silencio se disfraza de verborrea. Y si tienes un poco de paciencia y sabes leer, sueles encontrar debajo del palabrerío miedo o dolor. Pocos se molestan en preguntarse si el silencio oculta algo, y si se lo preguntan, lo hacen desde la presunción de saber qué piensa el que calla a gritos. Cuesta soltar los lastres de los prismas por los que estamos acostumbrados a mirar, los lugares comunes que nos hemos hecho a partir de lo de siempre. Y los tiempos cambian, las personas cambian, lo que nos pasa nos transforma. Sigues observando desde la puerta, porque sabes que todo volverá a su sitio sin tu intervención, aunque quedes mascando el recuerdo agrio que te ha quedado en la garganta. 

Presentas tu silencio en forma de asentimiento amable, pero sigue siendo silencio, porque crees que es la única forma de hacer ruido. 


lunes, 8 de julio de 2013

Implosión



Estoy instalada en la comodidad del silencio. He tenido que regresar a mis adentros, a poner orden en las estanterías del almario. Esta vez, por fuerza: una sobrecarga en mi mano derecha me ha tenido muda de palabras escritas y ha proscrito también todas mis actividades laborales y lúdicas, así que me he dedicado a contemplar mis adentros. 

Y me ha gustado no contar nada, el regreso a la intimidad que desnudé aquí. He podido soportar con estoicismo la caída en picado de lectores de este blog. He disfrutado ese retorno a mí misma, a la seguridad de mi pensamiento. Así que, con vuestro permiso, quedo un poco más callada, desde aquí se ve todo precioso. 

jueves, 27 de junio de 2013

Verano entretenido

Basta comparar un poco. Cuando eramos pequeños no teníamos Campus deportivos, ni piscinas en el jardín, ni ganas de cuadernos de vacaciones (ventajas de sacar buenas notas, oiga). No teníamos a los papás toda la tarde dándonos la vara. Ni la Wii, ni la XBox, ni el ordenador. Ni siquiera tres canales de televisión, ni programación infantil mañana tarde y noche.

Asaltábamos a las abuelas en la cocina para confiscar una rebanada de pan que ya estaba seco, con un trozo de chocolate duro, o una loncha de queso de bola. O pan con vino y azúcar, una sofisticación no apta para las actuales mentes estrechas.

Las tardes de verano se hacían eternas, había que improvisar. El campo nos lo ponía fácil: higos y ramas, hojas y piedras, acequias y calles sin coches.

En cuanto desembalé mis nuevas butacas de la Maison sueca por excelencia, me vestí de niña por un segundo y supe que iban a ser diversión para toda la tarde, para toda la semana, seguro. Ellos, hijos de su generación, me miraron atónitos... ¿Y qué hacemos con ellas? Lo que queráis: una granja, una casa, un sofá, un avión... ¡lo que sea excepto bajar las escaleras con ellas!

Ganó el avión por unanimidad. Les pedí que se organizaran, el compañerismo era condición sine qua non...


... y la cumplieron a rajatabla: uno diseñaba y el otro aplicaba el diseño. 


Tijeras, cola, pinzas de al ropa, rotuladores, bisturí...


...y ya solo les quedaba disfrutar de su viaje con Aerolíneas BB.




lunes, 17 de junio de 2013

Ahora va en serio

Imagen de aquí 


... os dejo unos días. No quiero que nadie se preocupe, no me pasa nada, más que un mes de junio lleno de trabajo que me obliga a priorizar. El blog deberá esperar, no alcanzo con todo, no puedo dejar comentarios en los blogs que me apetecen, no puedo escribir cuando quiero ni como quiero. Tengo que tomarme un tiempo para terminar todo lo que tengo empezado, aunque volveré. 

Gracias por vuestra comprensión, ya sabéis dónde guardo las bebidas y lo de picar, he llenado la despensa antes de irme. 

Hasta pronto.

jueves, 13 de junio de 2013

Parece que lo tiene bastante claro...

Se le nota a mi primogénito que viene de una familia con muchos maestros, porque sabe explicarse muy bien. Toda la paciencia que le falta en los exámenes para completar las preguntas de forma detallada (¡es el rey de la síntesis y de los textos comprimidos!), se le multiplica para explicarle a su hermano lo que sea, desde cómo hacer una media con la nota de los dos exámenes, como qué hacen los anfibios para respirar... lo que sea, le basta con saber un poco de algo, y hace la magia.

Esta imagen es de: aquí


El otro día estaba oyéndole explicarse con entonación de profesor, y me salió del alma:

-Marlin, hijo, ¡podrías llegar a ser un buen maestro!

Ni corto ni perezoso, su pupilo, el pequeño ratasabia de la familia saltó:

-Pues yo también seré maestro.
-¿Ah sí? -pregunté, porque os aseguro que será muy listo, pero tendrá que aprender a tener paciencia y a explicarse mucho mejor.
-Sí, -aseguró- cuando acabe mi carrera deportiva con 26 años.

¿Alguien lo duda?

domingo, 9 de junio de 2013

Desamor

Desde hace más de veinte años una asociación de vecinos de Lleida, ORVEPARD, propone un concurso de cartas de desamor. Me presenté por primera vez este año, junto con 115 personas más.

Y gané. Con una carta en catalán, titulada Michael.

La he traducido para vosotros,

Michael,
Hoy he abierto los ojos y he rodado con pereza hacia mi lado de la cama . Me he estirado, como lo hacen mis gatas atigradas cuando se sienten mimosas. Me he levantado y me he asomado a la ventana: hacía aquel sol de primera hora que lo viste todo de una luz tierna y pinta el cielo de un azul radiante.

Me he mirado en el espejo y no he encontrado ni rastro de lágrimas, ni siquiera unas ojeras pardas que hicieran de notario de mi tristeza. De hecho, no estaba triste, así que he abierto el armario y he cogido aquel vestido que me convierte en princesa y me he puesto los escarpines que me conducirían por el camino de losas doradas hacia tierras de Oz. De tanta paz no he necesitado ni maquillaje, con pellizcar un poquito mis mejillas y ya me he sentido bonita.

He celebrado la salida del café con unas palmaditas, y he desayunado mojando mis dedos en la leche acompañando las galletas, así que me han parecido deliciosas.

He pisado el suelo con firmeza para sentir el trote alegre de mis pies sobre el mundo. He descubierto lugares fantásticos en mi paseo de siempre, no entiendo cómo no los había visto antes: el pequeño jardín en la entrada de la cada de la puerta de madera labrada, la capillita en la fachada de la farmacia, aquel chico del violín. Hoy le he dado los buenos días y me he quedado a escuchar el vals jovial que tocaba, ¡incluso me he puesto a bailar! Le he dado un par de monedas y he seguido mi camino con sus acordes acariciando mi corazón con ternura.

No esperaba que la libertad fuera tan agradable. He mirado mis manos liberadas y he jugado con ellas como lo hacen los bebés al descubrírselas. He formado una mariposa, una paloma, un perrito, con su sombra. He cruzado los dedos como hacen los señores importantes y la he puesto en forma de nido, como las de las madres. 
Me las he lavado un par de veces, me he puesto crema y me he arreglado las uñas. 
Y con las manos nuevas, recién estrenadas, me he puesto a escribir estas palabras para ti.

Michael, me hiciste mucho daño cuando te fuiste. Me dejaste vacía y exhausta. Te llevaste una parte de mí que creía que era mi alma y mi felicidad. Me hiciste daño, dejándome un agujero negro en mitad del espíritu, la cara ahogada en tristeza y la mente enturbiada por aquel tú que se había hecho noche dentro de mí.

Hoy, en cambio, me he sentido feliz, con ganas de saltar sobre los charcos, de reír y bailar,  de besar a un desconocido. De vestir con colores alegres,  de ponerme flores en el pelo, de lavarme la cara y de ponerme colonia. De quedarme despierta a esperar la salida del sol, de ponerme bajo  una cortina de lluvia, de esconderme bajo el mantel, como hacía en casa de mi abuela cuando era pequeña. De bajar la cuesta con la bicicleta a toda pastilla y de comerme un polo de limón.

Sí, me heriste, pero sabes qué, me parece que ya estoy curada.

Aurora

miércoles, 5 de junio de 2013

No me sorprendió nada que me gustaras


La verdad rotunda de tus ojos verdes mirando de frente a los míos me convenció de que no me había equivocado al esperar de ti. 
Supiste, por conocimiento y costumbre, dónde estaban todas las fisuras de mi alma y, sin embargo, callaste las tuyas escondiendo los gestos de tus manos bajo la mesa del café. Pero, como tú, puedo detectar el mínimo quiebro en la voz, el gesto debajo del gesto, la frase no pronunciada, aunque la disfracen de valentía. Y, también como tú, entiendo, respeto, no juzgo, no cuestiono, así que te guardo ese silencio para la próxima vez, si esa es la buena. 
Porque necesitaremos más tiempo para construir esa amistad que está en pañales y que estoy convencida que nos traerá felicidad. 


Visitantes del castillo, mueran un poco de envidia: ayer la conocí.






miércoles, 29 de mayo de 2013

Libertad, versión 2013

Quino la dibujó sabiamente pequeña e inteligente. La llamó Libertad. Corria el año 1970, por aquel entonces nuestro 2013 sonaba a ciencia ficción.



No es una coincidencia que la dibujara la más pequeña de su grupo.

No, en aquel 1970 no existía demasiada libertad en su país de nacimiento, Argentina.


Pero lo que a mí me preocupa, me preocupa mucho, es que en España, en pleno siglo XXI, tengamos que seguir cuestionándonos cuánta libertad nos queda.




En España, año 2013, la Ley de Enjuiciamiento criminal, permitirá sancionar a aquellos medios de comunicación que se atrevan a informarnos de los saqueos realizados por los políticos. La excusa es que los jueces podrían ser imparciales al ser vulnerables al ser sometidos a la malvada y  perversa opinión pública.

Sólo espero que queden personajes pequeños pero valientes, como lo fueron en su tiempo Mafalda y Libertad.



jueves, 23 de mayo de 2013

Lluvia de pétalos y arroz





Sólo fue el principio.
Fuimos felices y dimos frutos.
Bebimos vientos,  enjuagamos lágrimas
y soplamos las velas.
Y hubo pétalos de rosas
y piedras escarpadas.
Creamos hogar
y dimos vida,
adoptamos aves y gatos,
reunimos almas en torno a nuestro fuego,
nuestra casa es hogar.

Ahora, futuro y esperanza,
dejaré un puñado de arroz bajo la almohada.


... te quiero, señor Marido.

Poquito,
poquito

Poquito.


lunes, 20 de mayo de 2013

Sin ella

Quedo huérfana de abuela.
Hace un año y dos meses que soy un poco consciente de que no iba a ser eterna.
Ayer pareció una tarde como tantas: qué guapa estás, tú más, guapa, cómo te encuentras, regular, pero qué te duele, nada. Sombra de ojos azul, a conjunto con su rebeca, sus manos nudosas en el regazo.



Le hice una foto que acredita esa belleza. La despedí, sin saber que sería para siempre, mirándola divertida, mientras se comía un plato de sopa a sorbitos, saludándonos como la Reina del guisante sentadita en su trono.
Con la elegancia de siempre entregó su larga vida a medianoche, dormida hasta la eternidad. 
Se ahorró la decadencia triste que produce la enfermedad en la vejez y tu vimos ocasión de compartir con ella lo más importante de nuestras vidas, la colmamos de besos, la cuidamos como la flor que parecía ser.
Le doy gracias a Dios por haberme permitido ser su nieta, por haberla podido tener casi 40 años y por haberle dado un final no solo digno, sino envidiable. 

Mi abuela Ana falleció anoche; ahora tendré que aprender a vivir sin ella. 


sábado, 18 de mayo de 2013

Palabras prohibidas

Hoy he tenido contigo la sensación del peso de la responsabilidad hacia tu educación. Porque estás tomándote medidas y lo que hagamos mal ahora va a lastrar tus alas el resto de tu vida.

Estabas haciendo tus deberes, nunca eres perezoso, te gustan los retos, eres muy inteligente. Pero detestas dibujar, odias que te hagan pensar de forma creativa. El trabajo para hoy consistía en hacer un dibujo inspirado en la lectura de un libro que ya tenía sus propios dibujos. Suficiente para que te bloquearas y te negaras.

Como la negativa no te ha servido, has dicho que no sabías hacerlo.

Como no saber hacerlo sólo sirve como punto de partida para intentarlo, has pronunciado la frase prohibida: NO PUEDO.

Nunca, jamás, digas esa frase sin intentarlo hasta desgañitarte.

He comprendido que debía explicarte ya que creer que puedes hacerlo es el primer paso para conseguirlo. Espero que hayas comprendido, pero, por si acaso, te observaré de cerca, los gallitos de casi siete años como tú también son los primeros en esconder la cabeza bajo el ala cuando aparecen las primeras sombras.

lunes, 13 de mayo de 2013

Regreso a Tara


Leí la novela Lo que el viento se llevó cuando estudiaba la carrera. Se puso de moda, como lo hace de forma periódica. En esa ocasión por la salida de la mediocre segunda parte del culebrón, -más que novelón- que se esperaba.  La verdad es que, a la espera de encontrarme con un gran libro, me lo devoré en una noche, que pasé en vela intentando saber qué era lo que motivaba a Escarlata O'Hara, Scarlett.

Ese personaje aparentemente inmaduro y caprichoso escondía dentro de sí una mujer con la fuerza de un ciclón, fuerza que ella sacaba de las entrañas de la tierra en la que nació, más o menos como yo hago.

Ayer tomé la mano de los míos y me fui a dar un paseo por el campo, por la huerta que rodea mi pueblo. Respiré el aire tibio de la tarde de primavera rodeada por golondrinas atareadas a través de los caminos de piedras, engalanados de amapolas y custodiados por las afiladas agujas de cardos, entre los que empezaban a asomar las dimintutas flores del hinojo.


Y así, empapada de tierra y rodeada de verde, desterré todo lo que me angustiaba y me cargué de fuerzas como la O'Hara.




A Dios pongo por testigo,
A Dios pongo por testigo
de que jamás volveré a pasar hambre.
Aunque tenga que estafar, ser ladrona o asesina,
¡¡¡A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre!!!


Bueno, no tanto, pero aquí estoy, dispuesta a seguir el camino. Volví a Tara, estoy preparada.


sábado, 11 de mayo de 2013

Echo de menos...

...a mis abuelos, a lo que ellos fueron. Cada día que les veo me pregunto si va a ser la última vez.
...a mis amgos que están lejos. A todos y cada uno de ellos me gustaría tenerlos cerca de mí al menos una vez a la semana para estar con ellos, acompañarles y ver en sus ojos qué les ha dado la vida.
...a la hija que no tuve. De una forma extrañamente pulsátil y triste. E irracional: no se puede extrañar lo que no se ha tenido. O sí, no lo sé.
...a mi padre, a mi hermana, a mi madre, a mi prima, a mi tía, a mi tío, a mi primo, a mi hermano, a mi sobrina, a mi cuñada, a mi cuñado...
...las tardes de verano.
...a mis niños pequeños. No quiero renegar de lo que ellos son ahora, pero necesito tenerles un ratito en mi regazo como eran cuando les nací.
...mi vida antes de los últimos cambios laborales.
...dormir bien.
...poder volver a escribir.

¿Quién dijo que era necesario estar solo para sentir soledad?

Foto de aquí

Respiro, me concentro.
Ya.
Estaré bien, no te preocupes.


martes, 7 de mayo de 2013

Paseo por mi infancia, tutorial


Las manos de los niños, en el lugar en el que me crié, estaban acostumbradas a tocar hierba, y tierra, mariquitas y lombrices, a oler a alfalfa recién segada y a verano. A calmar una picadura de avispa con barro, a llevar las uñas negras, a conjunto con las rodillas. No recuerdo haber llevado pañuelo, ni una bolsita con una botella de plástico con agua. En cambio, sí recuerdo haber bebido de un grifo y haberme lavado las manos en una acequia.

En nuestros paseos, humildes amapolas, como éstas, nos servían para jugar. ¿Cómo?



Pues aquí tenéis la solución:

CÓMO FABRICAR UN OBISPO (O CARDENAL) CON UNA AMAPOLA.


En realidad, necesitáis dos. Una de ellas nos servirá para la cabeza. 
Para ello eliminamos los pétalos rojos y nos quedamos con la parte central, la cápsula que contiene los óvulos. 
La otra flor deberá estar aún cerrada, como la que veis a la izquierda de la foto.


Os recomiendo que recurráis a la ayuda de las manos de alguien experto en manualidades, aquí, Marlin, con sus uñas ¡¡sin morder!! (lo está dejando, felicidades, hijo)
Bien, el colaborador, con muchísimo cuidado, separa los dos sépalos... 


y tira con cuidado de los pétalos que están escondidos en su interior, que van a ser los faldones de nuestro sufrido "obispo" o "cardenal".


Como podéis ver en la foto superior, los sépalos, que ahora están abiertos, conformarían la capa del prelado. Sólo nos falta darle una cabeza. Para ello, introducimos la pequeña porción de tallo que hemos dejado en el capullo de la amapola, en la parte inferior de la cápsula.


Esta acción requiere la habilidad y destreza de las manos de un chico grande, como mínimo de tercero, o cuarto. Pero para posar para la foto final, os sirven las manos de uno de primero, como éstas. 



Bueno, nuestro cardenal nos ha salido muy moderno y ha optado por la sotana en color magenta, en lugar de la clásica más oscura, pero no está nada mal. 

Feliz primavera, ¿os la estáis perdiendo?

domingo, 5 de mayo de 2013

Mi homenaje para ti

...que no recuerdas la última vez que dormiste una noche de un tirón.
...que eres ejemplo para tus hijos cuando cuidas de tus mayores.
...que no tuviste hijos, pero haces de madre con tus sobrinos.
...que te sometiste a toda clase de torturas médicas para lograr que ese ser minúsculo viviera en ti.
...que le quisiste aunque llegase de forma inesperada.
...que dijiste un sí alto y claro a su vida cuando todo el mundo pensaba que estabas arruinando la tuya.
...que tuviste que afrontar la maternidad sola, porque él era un inmaduro.
...que vives en una angustia constante por no poder estar todo el tiempo que quisieras con ellos.
...que ahora ya eres madre de madre, y eso es ser madre infinita.
...que tuviste que ver cómo se iban a vivir a sitios tan lejanos.
...que decidiste hacer de madre de un niño que no tenía a la suya.
...que peleaste como una jabata por no tener un hijo único.
...que eres capaz de inventar un cuento cada noche para ahuyentar al monstruo del armario.
...que eres anciana y sigues preocupada por tu hijo, un señor jubilado.
...que con un presupuesto pequeñito eres capaz de cocinar como un chef.
...que tienes el poder de sanar con un beso las heridas más profundas.


Feliz día.




lunes, 29 de abril de 2013

Charcos

Tenía unas botas de agua azul marino del número 37. Fueron las últimas que tuve. Las últimas con las que pude caminar arrastrando los pies por dentro del agua, durante tanto tiempo que siempre terminaba calándome los calcetines por algún poro de las gastadas suelas de goma.
No había charco demasiado grande. Si acaso, alguno con sorpresa bajo el agua, alguna piedra que ibas empujando hacia la orilla. Sobre su superficie sucia descubríamos los dibujos que las gotas dejaban inagotables.

la imagen estaba aquí


Cuando vives en un lugar en el que no sabe llover, porque no lo hace nunca y cuando lo hace llueve poquísimo o muchísimo, no sabes qué hacer cuando el cielo se desangra en torrentes, o cuando todo queda apenas salpicado por tortitas de agua manchadas de barro. Los primeros dos años de mi hijo mayor ni siquiera llovió. Guardé nuevo el impermeable que se le quedó pequeño, nunca tuvieron botas de agua. Siempre pienso en comprárselas, para no tenerles que pedir por favor que no esquiven los charcos. 

La infancia de ahora me parece triste, triste como las noticias que día y noche escupen los televisores, como la escasez de trabajo y el exceso de horas de ordenador, como los inagotables deberes, como las calles sin niños. Niños que no tienen ni siquiera unas botas de agua con las que saltar con alegría salpicándose unos a otros.

La lluvia multiplica esta sensación de tristeza. Ya me pasaba cuando era pequeña y al llegar a casa sentía mis pies mojados dentro de los calcetines también mojados. Sólo se me quitaba el frío cuando mi madre me llenaba la bañera con agua caliente que mojaba el agua que se me había quedado fría, pegada a la piel y a mi cabello. 

Luego viví tres años en Pamplona. Allí aprendí a llevar paraguas, a despreciar los zapatos castellanos con suela de cuero, inútil entre tanto aguacero. Y ya nunca la lluvia volvió a ser como entonces, hasta que volví a mi tierra, de lluvias locas. 


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Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.