© de la imagen La meva maleta

sábado, 29 de diciembre de 2012

De soledades

Soledad

Así, en frío, el término aboca a la tristeza. Las dobleces de la vida nos enfrentan a ella, a la soledad, a menudo. Otras veces, la buscamos como altavoz de nuestros propios pensamientos, que quedan ensordecidos en la vorágine del día a día. Uno puede sentirse solo en mitad de una multitud (A veces, ni siquiera estaba sola, soldedad, y te sentía, escribí hace una eternidad)

Sin embargo, hay quien la busca, como refugio de sí mismo, como lugar seguro en el que nadie puede molestar.

En cualquier caso, tanto si llega de forma deseada como inesperada, tanto si uno la siente estando acompañado, o en el vacío absoluto de la ausencia, sólo nos queda sentarnos con ella a escuchar el palpitar de nuestro corazón llenando nuestra piel, el eco de nuestro yo que nos habla y nos dice cuál es el camino. O simplemente, tararear una canción.


Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o, Principessa,
nella tua fredda stanza,
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no, sulla tua bocca lo dirò
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
che ti fa mia!
(Il nome suo nessun saprà!...
e noi dovrem, ahime, morir!)
Dilegua, o notte!
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!
All'alba vincerò!
vincerò, vincerò!


Al alba venceré. Buenas noches, visitantes del castillo. Se acaba el año, que nadie duerma. Shh, ¿escucháis el eco de vuestra voz?

jueves, 27 de diciembre de 2012

Pretéritos


Los encontré en una librería. Conservaban la etiqueta con su precio original, que me pareció caro... ¡35 pesetas! Mi paga de un domingo no habría bastado para comprarme uno de esos cuentos.

Lo más bonito de ellos es su tamaño, apenas 12 centímetros de altura y ternura para dar un par de bofetadas a las monsterhigh esas.

No creo que esos, nuestros tiempos, fueran mejores ni peores que los de mis hijos. Estuve observándoles estas Navidades. Mis crías y las de mis alrededores, correteando bajo las mesas, como antes, empezando a guardar secretos, como nosotros, escuchando tras los butacones de orejas, como hacíamos entonces. Estrenando juguetes nuevos y decepciones sospechadas.

Tanto se parecen las infancias entre generaciones que da un poquito de miedo, porque uno ya sabe cómo es de difícil lo que viene después, cuánta inseguridad promete la adolescencia, cuánto duele el primer amor, cuánto cuesta hacerse mayor y el valor de una despedida. Sí, lo sabes, como sabes cuánto dolerá tener una criatura desgarrando tu pecho, y nunca se lo acabas de contar a la que va a ser madre primeriza dentro de nada. Para qué, probablemente no te creería.

Guardaré para mi colección los cinco cuentos de mi niñez, quién sabe si ellos algún día los encuentren en un cajón y quieran asomarse al balcón de la infancia de su mamá. Si no es así, lo haré yo, únicamente para recordarme de vez en cuando que yo también fui pequeña y aprender de nuevo a ver el mundo desde el barullo de piernas de los que eran adultos entonces, en una larga sobremesa.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Aquella Navidad



Si pudiera ser la dueña de los tiempos, me iría con los míos a aquella Navidad. Mis abuelos habrían salido de la tienda a las tantas, así que nuestra Nochebuena habría empezado tarde, casi tanto, como la Misa del Gallo que siempre acabábamos por perdernos.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos les enseñaría a los niños el pesebre de figuritas de plástico, con el Rey que se sentaba de lado y el camello que tenía una rebabita de plástico en la pata y siempre acababa por volcar. Y el río de papel de aluminio y la nieve de harina con que mi madre espolvoreaba mi imaginación infantil.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, yo volvería a hacer cien viajes a buscar aquel cacharro misterioso al que mi abuela nunca atinaba a poner el nombre ni el lugar ("ve allí y trae aquello" decía como toda pista). Y nos sentaríamos alrededor de la mesa decorada con las mismas hojas secas, las mismas bolas, el espumillón de siempre, la seguridad del disco rayado de Villancicos y su chocolatero rin-rin.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, pondría a cada uno de mis hijos sobre las rodillas de sus bisabuelos. Mis cuatro abuelos se sentarían aquel día en la misma mesa, así que no cabría un centímetro cuadrado más de felicidad en mi corazón. Mi abuelo relojero le enseñaría al pequeño Bufón su calculadora sin pilas que yo nunca llegué a entender, y el otro yayo le contaría a los ojos abiertos de Marlin cómo había sido la Batalla del Ebro, o la alineación del Sabadell del 54. Y la bisabuela maestra les leería El Camello cojito.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, mis padres ayudarían a los niños con las dichosas arañas de mar, que esconden lo rico por dentro, y besarían sus dedos pringados de langostinos, y les contarían cómo era su Navidad sin bicicletas, y huirían a carcajadas de la amenaza de "¡Que vuelva Herodes y se los lleve a todos!" cuando le acariciaran la calva. Yo seguiría sentada "dejando correr el aire" entre mis tíos, como siempre. Y mis hermanos y  yo, volveríamos a ser libres por una noche, sin trabajos ni hipotecas, y él y yo volveríamos a vivir nuestra primera Nochebuena de novios, con todo el amor por estrenar. 

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, entre los cardos y el ternasco nos habríamos dado cuenta de que había nacido ya el Niño, y brindaríamos por él. Y la abuela volvería a amenazar a su yerno con pintar el techo si descorchaba el champagne a lo bestia. "Si ya tenía razón mi madre -diría- Yerno yerno, sol de invierno". Y beberíamos en las copas Pompadour que tanto gustaban a la abuela. Y Cantaríamos "Les dotze van tocant, ja és nat el Déu Infant, fill de Mariiiiiiiii iiiii iiia", mientras alguien empezaría a cambiar platos cargados de premios para el viejo perro dogo, por bandejas de turrones.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, habría ponche, y abriríamos los regalos fingiendo que no conocíamos la letra de mamá, y  serían muñecas con olor a nuevo atadas a sus cajas, y Barriguitas, y un juego de mesa, y el Monopoly. Y se harían los corrillos de siempre: los del café y la eterna sobremesa, los primos que juegan a la butifarra, los niños que estrenan juguetes nerviosos, las de siempre, recogiendo un poco la mesa. La abuela murmurando mientras sacaba los platos sucios del lavavajillas para fregarlos a mano. Y luego mi tío, agotado de hacer enfadar a su suegra roncaría en el sofá sin inmutarse por las risas y las imitaciones de los niños, que sonarían como gruñidos de cerdito glotón.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos volvería a estar deseando todos los días de mi vida que llegara por fin la Navidad, que era, sin duda alguna, el mejor día del año después de mi cumpleaños. Pero sólo soy dueña de mis recuerdos, que dejo escritos aquí para que despierten los vuestros. Bienvenidos a mi mesa.

Feliz Navidad

viernes, 21 de diciembre de 2012

Detrás de un corazón

Se han hecho populares las campañas de recogida de tapones de plástico en beneficio de criaturas que necesitan medios económicos para tratamientos médicos.

Yo no sabía muy bien para qué, ni entendía muy bien qué había detrás. Pero a ti te conozco.



Laura, recuerdo aquel dia, cuando fui a recoger a mi hijo pequeño a la "Escola Bressol". Maria y yo llorábamos emocionadas porque tú, después de pelear toda la mañana y toda la tarde, conseguiste interactuar con un juguete. Y recuerdo que hablamos aquel día de tu madre, de cómo se desvive por ti.

No, no lo he dicho bien. Tu madre VIVE por ti. Y tu padre.

Hace unos meses intercepté a tu mamá (y a ti, claro) en un paseo y yo, que soy prácticamente una desconocida para ella, a pesar de que vivimos a cincuenta metros de distancia, le recordé que tenía que vivir.

Casi la hago llorar. Porque ella ya ha tomado la decisión de llegar hasta donde sea para evitar que tú te quedes un centímetro por detrás del lugar al que puedas llegar, sea cual sea.

Ha renunciado a su tiempo por ti. Lo sé, porque me miró como si yo me hubiera tomado un par de copas cuando le pregunté si realmente ella, M.Àngels, tenía vida.
Tiene vida, claro.
Si hay que ir a Madrid, al mejor sitio, te lleva.
Si se tiene que montar un gimnasio en el pasillo y un juego de enganches en el techo para que tú puedas volar, se monta.
Si en Philadelphia hay una clínica donde harán lo que sea para que tú camines, pues recogemos tapones.

Tú eres la vida de tus padres. Dios les ha regalado el reto mayor de toda su existencia, y ellos han tomado las riendas de esa lucha. Ayer abrieron tu página en Facebook (Tots amb la Laura) y hoy ya tenías casi 500 seguidores.

Cada viaje a Philadelphia, -lo dijo en la entrevista que le hicieron en Lleida TV- cuesta unos 8000 €, y ya llevais dos años de tratamiento.

Espero que cada una de las personas que lean hoy este post, se vayan a la cajita de recogida de tapones más cercana y entreguen todo lo que tengan en su casa (tapones de productos de limpieza, dosificadores de jabón, pistolas de spray, de brik de leche -y el plastico que lo sujeta al cartón-, de bolígrafos, de tubos de dentífrico, de productos de cosmética, plásticos de huevos de chocolate,...). Porque detrás de cada caja hay un niño con problemas y unos padres que necesitan desesperadamente que alguien les eche una mano. Y se necesita una tonelada de tapones para recoger 200€.

Así que si alguien tuviera para ti algo que pueda ayudarte (desde una buena oferta en el vuelo hasta ayuda para el alojamiento o lo que sea.) también será bien recibida, que no sólo de tapones vive el hombre.

Y tú tienes que decirle a tu madre que en uno de esos paseos que tanto os convienen a las dos, llame a la puerta de mi casa, que nosotras nos tomamos un café, y charlamos de algo que no sean problemas, y a ti te dejaré tocar el pelo suave de Brownie, nuestra gata color chocolate, y cuando haga bueno, caminaremos descalzas sobre la hierba del jardín.

Feliz Navidad, Laura.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

En un paseo por donde siempre,

mis ojos tropezaron con un escaparate con libros infantiles bonitos, de los que cuesta de encontrar. No conocía la tienda en su antigua ubicación, así que, para mí, El genet blau es una librería nueva.


Es una librería anticuaria que también tiene libros infantiles preciosos, láminas y postales antiguas, pequeños tesoros de los que el otro día hice acopio para regalarnos a todos.

Entré haciendo lo de siempre, preguntar por mis libros y recomendarlos encarecidamente (qué queréis que haga, soy la madre). Me alegró saber que habían tenido (y vendido ya),  el de la abuelita.
Fue un placer charlar con la propietaria un buen rato. La invité a pasar por aquí. Según me dijo Roser, se quedó bastante abrumada por mi ritmo acelerado y mi verborrea. Sí, debía ir a la velocidad habitual, porque fue entonces cuando me di cuenta de que ella era una mujer calmada y tranquila.

En vísperas de Navidad, su encantador local bullía más a mi velocidad que la suya. Estoy segura de que voy a volver, con calma, cuando mis ojos necesiten reposar en la serenidad de las palabras que otros dejaron escritas para ser leídas. Seguro que ellos ni siquiera sospechaban que podrían ser leídos tantos años después.

Bienvenido al castillo, Jinete azul.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

A mi última víctima.

Volví a leer el último mensaje que te mandé, aquel en el que, sin querer, te despaché con cajas destempladas, pidiéndote que dejaras de darle vueltas a mis problemas, que yo ya pasé página.

Créeme, es así. Pasé página. Porque cada día amanece. Amanece cada día para cada uno de nosotros. Hoy mi amanecer era para contemplarlo abrazado a un gran amor: una neblina delicada se escarchaba sobre la tierra y recortaba frágiles encajes sobre los esqueletos de los árboles en un horizonte completamente rosa. Mañana quizá sea un amanecer sin luz por la invasión total de la niebla que empañará mis ojos y me obligará a mirar hacia dentro. Y dentro de nada, amanecerá con los primeros almendros floreciendo... dentro de nada, nada, que ya sabemos cómo pasa el tiempo.

¿Sigues sin entender por qué te contesté así? No puedes. Y mucho menos si sólo conoces de mí lo que yo digo en este blog, o lo que escribo. No conoces aquello que también forma parte de mí, y que yo omito, ¡y es mucho!

Incluso a mí misma me ha costado darme cuenta de por qué te contesté de aquella forma. Ha sido esta madrugada, en aquella hora del duermevela, cuando se me presenta la realidad de lo que fue, antes de embriagarme de la luz del nuevo día, del amanecer del que te hablaba.


Foto de aquí

No me dejo. No sé dejarme arrullar por el cariño porquesí, el que tú me regalabas cuando me dijiste:
"Es tiempo de anarquistas. Ni Dios, ni patria ni ley. Da la mano de los pocos iguales que encuentres. A su calor. A su cobijo. Dando calor. Dando cobijo. Es lo que ofreces sin darte cuenta. Y lo que, poquísimas veces, encuentras."

Lo encuentro, sí. Y entonces no sé que hacer con él y huyo corriendo hacia el refugio de mi caracola. Soy un ave herida, ahora diréis que un Ave Fénix. Probablemente resurjo de las cenizas por la mañana, cuando abandono las sábanas templadas compartidas con el único ser que entra en ese lugar tan seguro en el que recibo amor sin tener miedo.

Hubo un día, supongo, en que alguien me debió de prender fuego, alguien que se acercó a mí con la promesa de un afecto que no lo fue, que nunca fue gratuito, que nunca se regaló con la pureza con la que yo aprendí a querer. Y entregada a ese fuego fatuo, me morí.

Con este post te pido perdón por mi huída, sin poder prometerte ser más receptiva. Pido perdón a todos aquellos a quienes repudié sólo por darme algo que nunca creí merecer: su afecto sincero.

Mañana volverá a amanecer. Inevitablemente seguiré sembrando mis semillitas de cariño, espero haber aprendido a no pisotear las flores que nazcan de ellas.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Tensión

¿Es un buen momento para estropearse la lavadora un sábado festivo, seguido de un domingo, que, como sabemos, es festivo?

No.

¿Es un buen momento para estropearse la lavadora cuando está llena de ropa, tienes el cubo lleno de "tareas pendientes" y acabas de cambiar las sábanas y las fundas nórdicas?

No.


Pues nada, ese, ese exactamente fue el momento elegido por mi lavadora vintage (con ocho años de edad, cualquier electrodoméstico que funciona varias veces todos los días, puede considerarse una reliquia de museo). No es un buen momento. El lunes nos trajeron la nueva campana extractora que también se había roto. Además, no está el horno para bollos ni la cuenta corriente para gastos extras. 

Mañana vamos a ir a recoger nuestra nueva lavadora. Tengo que admitir que miro a mi vieja compañera de fatigas con nostalgia. A mí no me parecía tan vieja así que me ha costado un esfuerzo admitir que sólo llevarla a repara me costaba demasiado dinero para que valiera la pena. Dichosa obsolescencia... 

martes, 4 de diciembre de 2012

Luego te extrañas...

Cuando este lugar dejó de ser un refugio para mí, cuando dejé de ser anónima ante tus ojos, me planteé seriamente cerrar el blog. Lo que más miedo me daba era, precisamente, lo que ha terminado por pasar. 
Lo cierto es que cada vez que alguien te lee, lo hace desde su punto de vista, con sus ojos, con su mente, con su corazón. Desde el momento que tú lanzas tu pensamiento al mundo, tus palabras no son tuyas, son de quien las tiene en su poder. Pero nunca nadie había utilizado mi blog para manipular mis palabras para lastimar a otra persona deliberadamente, sin razón y sin permiso.

Sólo tú, desde tu egoísmo centrípeto que da por bueno únicamente tu punto de vista, podrías haber sacado mis palabras de contexto para herir a alguien en un momento de fragilidad grande.

Yo me reafirmo en lo que hice porque sé que hice lo que debía, y si volviera a empezar, haría lo mismo, porque esa fue mi decisión, porque la tomé pensando en el beneficio de quien tenía prioridad absoluta y nunca, jamás, con la intención de perjudicar a nadie, y mucho menos en beneficiarme a mí misma 

Y podría estar equivocada (que no lo estoy). En ese caso, una persona con dos dedos de frente, en lugar de sembrar el mal sacando una oscuridad desconocida de mis palabras, como has hecho tú, habría intentado enmendar la plana. O a lo mejor habría bastado con que preguntaras por qué hice lo que hice.

Claro, es que olvidé algo que tengo que tener presente siempre contigo: Cualquier cosa que diga puedes utilizarla en mi contra (sí, incluso esto que digo ahora puede tener consecuencias)
Luego te extrañas de que te pongamos barreras. En la mía acabo de poner otra piedra.



viernes, 30 de noviembre de 2012

Se hizo solo

Sé que Marlin tiene muchos defensores en el castillo, así que voy a tratar de daros argumentos en su contra y pediros que me deis vuestra opinión sobre lo que pasó con el agujero que veis en el pantalón (bueno, bajo el bolsillo derecho hay otro agujero, pero "sólo" mide unos 5cm, vamos a referirnos al de la izquierda).




Él no puede defender aquí su versión. Creo que no os serviría de nada escucharle, porque yo traté ayer de sonsacarle durante toda la tarde, con la advertencia de que el castigo sería muchísimo peor por mentir que por decir la verdad dolorosa.

La única conclusión a la que llegó es que el agujero, que tiene el tamaño asi de un lápiz, SE HIZO SOLO. Máximo, máximo, admitimos que a lo mejor era pequeño y se ha hecho caminando. Así, sin intervención dactilar ni instrumental alguna.

Vale, los que automáticamente os colocáis de parte del pobre
ChicoNoTePasesQueSoloTieneDiezAñosYElPantalónEstabaGastado
deberíais saber que esta semana ha sido gloriosa: ha roto, además de éste, dos pantalones más, concretamente ha agujereado las rodillas de los dos pantalones del chándal que tiene. Y para rematar -y esto efectivamente no es culpa suya- otro pantalón, tipo chino superponible en beige, se le ha quedado corto. En resumen, cuatro pantalones a la basura en una semana, sólo de un niño.

Ahora, con toda la información que os he dado os hago la pregunta: Además de ir corriendo a comprar pantalones nuevos, que hace demasiado frío para hacerle shorts con los rotos, ¿qué hago con Marlin? (que sea legal, ético, educativo y práctico, a ser posible)


jueves, 29 de noviembre de 2012

El pan nuestro de cada día



Las fotos de la luna nunca me quedan como yo quisiera, y menos, hechas con el móvil. Me resulta muy difícil llegar al trabajo estos días porque me rindo ante la belleza de la inmensidad. Durante la semana pasada hubo niebla o lluvia casi todas las mañanas. En cambio, hoy el viento se ha llevado cualquier resto de nube y me ha regalado un amanecer que me ha llegado a emocionar. Claro, sin cámara, sin tiempo para parar, sin lugar seguro donde hacerlo. Así que tendréis que confiar en mis palabras.

Seguía despierta la luna llena, centinela de la noche, y ya ha vuelto a amanecer nuestro pan de cada día, el sol que despega entre un halo dorado, bordado de encajes de árboles desnudos ya de otoño, que se irisa en los azules del alba reflejada en una nube de aire frío teñida en naranja.

Vuelve a amanecer, como cada día. No puedo despegar mi mirada de esa belleza que soy incapaz de describir con palabras, porque todas se quedan pequeñas y vacías.

Buenos días.

martes, 27 de noviembre de 2012

La maestra que más recuerdo

(imagen sacada de aquí)

Si tengo que decir la verdad, recuerdo muchos de los maestros que he tenido, los recuerdo a casi todos: las de los pocos años que estuve en el colegio de monjas, todos los de mi tiempo de escuela primaria, las de BUP y COU, los que me impartieron las 76 asignaturas  (¡!) que estudié en la universidad.

Los hubo estrictos, buenos, malos y regulares, organizados y caóticos, apasionados, inteligentes pero incapaces de transmitir, empáticos, distantes, profesionales y entregados. Además, vengo de una familia de maestros, conozco bien la profesión, y yo debería de haber sido maestra, si hubiese sido un poco más lista... y entre todos los que recuerdo y admiro, la mejor maestra que he tenido es mi abuela.

Mi abuela materna fue maestra, es maestra. Ella tiene la capacidad de transmitir su conocimiento a la mente más dura, a la capacidad más limitada. Su asignatura fetiche, Lengua Castellana. Con su preciosa letra redonda te enseñaba la gramática, la ortografía, la sintaxis. Con su voz aterciopelada me dicta aún sus poesías, marcando las pausas como si estuviera en su aula, tanto, que estoy por escribir Dictado al principio.

Sus alumnos siempre hemos sacado las mejores notas en el instituto y en la selectividad (yo tuve un 10 en su asignatura). De ella aprendí aquello de "La H de ayer guárdala para hoy" y el "Ande yo caliente, ríase la gente". A ella le debo cada una de las palabras que nacen de mis dedos y viven en vuestros ojos. Así que hoy, el día de los Maestros, quiero recordar a mi primera maestra, mi abuela, la yaya, y a todos los demás.



jueves, 22 de noviembre de 2012

Olor a nuevo



Querías vivir tu momento a solas, sin más distracción que el de las contracciones que te avisaban de la llegada del pequeño. Tanto tiempo aguardando, tanta impaciencia en los últimos días y así, por las buenas, con el cambio de luna y de signo zodiacal por medio que me hicieron ganar dos apuestas, el gran momento llegó.

Así que asumí con mucha emoción el cargo de prima mayor que me hizo custodia de tu secreto. No, no se lo dije a nadie. Tuve que recordarme varias veces que estás muy lejos para ir a verte media horita para no molestar, y sólo te mandé mensajes cuando veía que tú estabas conectada, para no interrumpir ningún momento precioso. Porque tú quisiste pasarlo en la intimidad, con tu hombre y nadie más, y ese era vuestro tiempo, tuyo, suyo y del bebé.

No podía hacer nada más que esperar, así que encendí una vela a la Virgen de nuestra familia para que ella sí estuviera con vosotros, para que os diese la mano por mí.

Comprendo que quisieras hacerlo tú sola, tú y tu hijo abriéndoos al mundo. Porque no necesitabas a nadie más, y menos, a tu madre. Ella te habría convertido de nuevo en hija, y ahora necesitabas ser tú la madre, y asumir con decisión tu papel y tu responsabilidad.

Pasada la media noche me levanté a apagar la vela, algo me dijo que ya no la necesitabas. Me ha hecho reír saber que a esa hora nacía tu bebé, mediante cesárea, por fin.

He imaginado su olor a nuevo. Te he visto con la emoción en los ojos al descubrir su carita preciosa. He pensado que quizá al padre se le doblaban las rodillas cuando dejó tu mano camino del quirófano y cuando le pusieron a su hijo en brazos se le desbocó el corazón, quebrando toda su flema británica en un llanto. Luego, te he sabido acostada en la cama, dolorida, acariciando sus manitas mientras le amamantabas, asumiendo que estáis aprendiendo, mirándole y queriéndole y quedando herida por siempre.

He tenido que convencerte de que contaras tu secreto a tu madre cuanto antes, aunque yo comprendo que no quisieras romper jamás ese instante, esa burbuja en que tu bebé es solo tuyo por última vez, pero era ya hora de mostrárselo al mundo.

Ahora imagino a tu madre en un coche, recién estrenada como abuela, llorando a mares lágrimas de emoción, maldiciendo los doscientos kilómetros que os separan, maldiciendo al médico que te ha hecho la cesárea sin haberle pedido permiso a ella, tu madre. Y cuando sepa que yo sabía desde ayer que estabas ingresada, dejará de hablarme por los restos.

Esta mañana ha empezado a florecer el jacinto, que, como tú, estrena belleza.Todo huele a nuevo hoy, cuántas ganas tengo de conocer a tu hijo y abrazarte, niña.

martes, 20 de noviembre de 2012

Color de infancia


Quise llevaros por los benditos caminos que nos rodean para poder compartir con vosotros la paleta que Dios creó para nosotros en otoño. Salimos bajo aquel cielo amenazante que nos regaló nubes preciosas: altas, bajas, medias, grises, casi negras, blancas, perlas salvajes, densas y claras, aquella cortina de lluvia a lo lejos y el rayo tenue que se coló casi al final.

Fue bonito distinguir los naranjas de los calabazas, en los mismos árboles que peinaban los campos que en primavera se vestían con tutús. Del naranja al ámbar, del amarillo paja al burdeos, del rojo más vivo al marrón más pobre, granates, púrpuras y tostados, el verde de los campos de trigo que empiezan a nacer, con la energía viva a pesar de la niebla que día tras día nos apaga el corazón, brotando entre el verde oliva, que salpicaba los montes de encinas de verde oscuro como aquellas nubes que los protegían. ¿Por qué siempre olvidamos nuestra cámara de fotos cuando más la necesitamos?

Vuestros ojos descubrieron los tesoros del paisaje con avidez, vuestros pies treparon ágiles por las ruinas del antiguo castillo, y aprendisteis con interés la historia que albergó en el tiempo remoto. En vuestra imaginación fuisteis soldados apostados tras las almenas tirando flechas, vigilando desde los minaretes si llegaba alguien por el mismo camino que nos había dejado allí.

Durante nuestro regreso el destino nos llevó a una granja de cabras; allí tuvimos la suerte de presenciar el nacimiento de una vida. No me extraña que aplaudiérais al final del esfuerzo, es un momento emocionante el principio de un pequeño ser, además tan suave y bonito. ¡Cómo se parece el llanto de un cabrito al de un niño pequeño!

Ya de vuelta a casa conocimos la noticia de la muerte de Miliki, así que estuvimos cantando todas sus canciones, y fuisteis gallinas turulecas y me llamásteis "chinita de amol".

Hoy es el dia internacional de la Infancia. Ojalá recordéis alguna vez cuántas cosas bonitas habéis visto y que, cuando tengáis vuestros propios hijos, les llevéis a ver algún día los colores del otoño. Yo procuraré seguir llenando vuestra niñez de instantes inolvidables.




jueves, 15 de noviembre de 2012

Mimetismos

Llevaba un tiempo fijándome en el cambio que había sufrido su letra que, de repente, había adquirido unas dimensiones tan minúsculas que dificultaban la lectura. Me importa mucho que tengan buena letra porque para hacerse entender uno tiene que hablar alto y claro, tiene que escribir sin retorcimientos y con una letra clara para evitar confusiones. Ir de frente, vamos.

Nada, que erre que erre con escribir así de pequeñito. Cada vez que se lo veía se lo corregía. No entiendo mucho de grafología, pero siempre me ha gustado saber cuáles son los entresijos de la letra de cada cual.
El otro día entendí el origen último del minusculismo de mi hijo: la imitación.
Había faltado a clase por anginas, y su compañero de pupitre me pasó una nota con los deberes pendientes. La nota estaba escrita con una caligrafía bonita, pero pequeña, letra de niño inteligente, ordenado y exigente (¿demasiado?). Y muy pequeña.

En fin, no puedo culpar a Marlin por ello.
Yo, que tampoco tenía buena letra, ni una letra personalísima de aquellas que causan tanta envidia, quise imitar la de mi compañera de clase. Ella, Dolores, tenía una letra feita, pero era peculiar, porque apretaba mucho y se leía en cada renglón su personalida luchadora causada por una luxación congénita de cadera. El conjunto eran páginas y páginas de deberes hechos, no como los míos, que siempre quedaban a medias.
Luego traté de imitar la de Maribel, que era una letra redonda y generosa, como lo era ella misma. E inteligente. Si copiaba su letra, quién sabe si adquiriera sus virtudes.
Y también la de la profesora de química. Bueno, esa la imitábamos varias, recuerdo, por ejemplo a Sonia, que la hacía prácticamente igual que ella.
Tengo que tener una conversación con mi niño grande. Tengo que decirle que no trate de imitar, que se fije en lo que él tiene de bueno dentro de sí, que su creatividad infinita hará que salga de sus manos una letra personal y bonita. Que, seguro, no va a ser muy ordenada, pero chico, ¡la arruga es bella!





lunes, 12 de noviembre de 2012

Hijos y refranes



Una se da cuenta a veces que la sabiduría popular es, precisamente eso, sabiduría.

¿No estáis de acuerdo?

Pues yo sí, ¿cómo, si no, dos refranes fueron creados hace un montón de tiempo, específicamente para mis hijos que ni siquiera habían sido un deseo en la pupila de la pupila de su tatarabuela?

A mi pequeño Pez payaso le escribieron aquel de
"No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".
Sí, lo hicieron para él. Se lo tiene que empapar, memorizar, aprender y aprehender. Todo ello, y tiene que hacerlo hoy, no dentro de un rato, ni el domingo por la tarde, ni al salir de clase, después de comer. Ahora. El momento, querido hijo primogénito, es AHORA.Ya.

A su hermano menor, que, como el sol reside en las antípodas de la luna de su predecesor, le hicieron otro refrán a medida, sin siquiera haber sido un proyecto de ser humano...
"No por mucho madrugar, amanece más temprano".
Lo sé, no sabías leer en mi seno, antes de nacer, así que no es culpa tuya que, por tener prisa, fueras prematuro, de casi un mes. Cagaprisas, hijo, lo que eres tú eres un cagaprisas. Y te lo digo muy en serio: la vida tiene una forma un poco brusca de frenarte, así que te lo voy diciendo desde ya, ten más PACIENCIA. Lo sé, es un tostón, pero tienes que aprender a esperar, porque lo suyo es amanecer a la hora de amanecer, no a las tres de la mañana. No, ni en junio, que las noches son tan cortitas (aunque, conociéndote, serías capaz de levantarte un día antes para que amaneciera antes).

En fin, dándole aquel puntito que nuestros mayores supieron darle al refranero, no olvidéis,

"Quien a buen árbol se arrima...



... va un perro y se le orina".

Feliz lunes.


Y Marlin, insisto, ahora, es ahora. Venga, que hoy son veinte verbos irregulares en inglés, que se suman a los veinte que te tocaban el lunes anterior, y a los otros veinte del otro lunes...( ¡¡¡nopuedomás!!!)

jueves, 8 de noviembre de 2012

Bolso de invierno

Este año me ha dado por hacerme bolsos. Éste ha nacido de los retales de las telas que mi abuela utilizaba para hacer sus faldas y chaquetas.



Con una tela lisa en color granate hice unos broches, aquí sobre fondo oscuro,




Y aquí, prendido de un vestido blanco,


... bueno, las fotos no le hacen justicia, en vivo queda muy bonito.




Van a ser un buen regalo para Navidad.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Ha sido un día "de esos"

Las mujeres sabemos qué quiero decir. No, no tengo la regla, que ellos lo resumen todo en eso. Ha sido un día de los que se espesan solos, como la bechamel cuando se enfría. 
Ha empezado como algo amable, hasta que he salido de la oficina. He pasado por la frutería antes de comer, así que he llegado a casa un poco más tarde, y he comido. Antes de ir a recoger a los niños, he puesto una lavadora y he fregado la terraza, que los gatos han dejado asquerosa. Luego, corre que te corre, sin poder aclarar la terraza como Dios manda, he recogido a los niños al cole, y les he hecho la merienda. Mientras ellos comían, he hecho la comida de mañana, he tendido la ropa, he comprobado que la terraza seguía hecha una porquería.
Nada, así, con este baile un pasito p'alante, un pasito p'atrás, tres lavadoras después, supervisión de deberes, recogida de niños, bañeras, preparar cenas, recoger cocina, planchar lo de ayer, ya sabéis.

Ha habido muchas cosas buenas, también. Os regalo una de ella, otoño en su máxima expresión. No me he podido resistir a sus rojos y amarillos colgados de los árboles. 
Mañana será otro día. 





viernes, 2 de noviembre de 2012

Carnaza

Dedicado al gilipollas de turno que sacó la bengala.



Voy a relatarte alguna de las cosas que pasaron la noche de Halloween, aunque sé que tú no eres de los que leen blogs de marujas como yo, y mucho menos periódicos. Y si los lees, a tí que te importa, prototipo de necio de la generación nini.

La noche de Halloween los padres de muchos chicos jóvenes se quedaron viendo la tele hasta las tantas, esperando que el niño o la niña volviera a casa. Algunos de ellos no les volverán a esperar jamás. Porque un capullo como tú sacó una bengala que provocó una estampida.

La víspera de Todos los Santos, tres padres no sabían que pronto irían al cementerio a enterrar a sus hijas porque un capullo sacó una bengala.

El día 1 de noviembre, los periódicos de todos tipos y colores, la televisión, la radio, y todo aquello que da noticias explicaban que un capullo sacó una bengala.

Así, con el fuego fatuo de tu bengala, la que indirectamente segó la vida de tres niñas, como habrían podido ser treinta, en lugar de hablar de lo de cada día, de la crisis, de lo malo que es el gobierno, de lo ladrones que son todos los que roban pero que no se les obliga a devolver el dinero, de independencias dependientes de la pasta, de todo aquello que vomitan a diario. Bueno, sí, volverán a hablar de política.

Porque ahora toca la carnaza:

-Que por qué siguió la fiesta (¿nadie se ha imaginado la escena? Un DJ de esos diciendo por el altavoz: "Amosaver, chicos y chicas alterados, no os vayáis a poner nerviosos, ni a salir gritando ni nada, pero es que voy a parar la fiesta porque, por lo visto, ha habido una estampida, y ha habido muertos. Poneos en fila, dadle la mano al compañero de al lado e id saliendo de forma ordenada"). Y el periódico pedirá la cabeza de un político.

-Que por qué se permitió la entrada sin revisar mochilas (cómo se le ocurre a un CAPULLO llevar una bengala en una sala repleta). Y el noticiero pedirá la cabeza de un político.

-El chico que fue a la fiesta, que entró y pagó, que vio que estaba "petado de gente" -literal- pero que se quedó. Y pedirá la cabeza de un político.

-Que las puertas de salida estaban cerradas. Y la radio dirá que a ver si dimite el político.

-Que por qué se permitió aumentar el aforo. Y la televisión del político dirá que había la mitad de gente de la que dice la televisión contraria al político.

Y mañana los políticos con cara compungida pedirán la cabeza de los que organizan la fiesta.

Y nadie, salvo yo, pedirá tu cabeza, capullo, hijodeputa de la bengala.




miércoles, 31 de octubre de 2012

Anclajes

Escuchaba esta mañana la radio, hablaban de las canciones que nuestros padres llevaban en aquellos coches cargados de críos que se cruzaban las Españas en los tórridos veranos de la Piel de toro.
Como introducción, yo me mareaba mucho. Mucho quiere decir, que cerrando los ojos en un ascensor podía marearme un poco. Mi récord absoluto lo tengo por haber vomitado en un trayecto de... ¡¡un kilómetro!!
Para colmo de mis males, mi padre tenía un Citroën, no recuerdo bien si un GS o un CX como el de la foto,


Bueno, para los que saben más de coches, lo único que recuerdo con claridad es que al arrancar, el culo del coche subía un palmo y era lo más parecido a una barca sin agua que se puedan imaginar.

No me llevaban a muchos sitios, ciertamente era una tortura china para mí viajar. Pero ah, la playa, me encantaba, y la única forma de ir era en el cacharro ese del demonio, por la vieja N-240 que estaba aún peor que ahora. Mi padre se compadecía de mí e íbamos un trocito por autopista, pero el paso por Picamoixons no me lo quitaba nadie. Llegada a un punto concreto de esa carretera que sería capaz de señalar, no podía aguantar ni un segundo más, así que parada rigurosa a echar la papa y continuar. Después de correr y chapotear todo el día, cuando por fin se me había pasado un poquito el mareo, tocaba volver.

Nuestro compañero inevitable de viaje era Antonio Machín. Así que El manisero, Angelitos negros, Toda una vida, Ya doblan las campanas, eran las canciones que me acompañaban, de forma que, aunque no estuviera montada en un coche, escuchar el chaschás de las maracas y empezar a marearme era todo una.

Hasta que en segundo de carrera, me dio un ataque de Machín, que mi vecina Cristina aún recuerda, porque la despertaba muchos días con Dos gardenias... Ya me disculparán mis damnificados, pero hoy le he encontrado una lógica aplastante: con el dulce son de su voz encontraba la de mi padre cuando estaba lejos de casa.



domingo, 28 de octubre de 2012

Herencias



¿Se puede heredar la afición por hacer crucigramas? ¿Y la preferencia por los alimentos crujientes? No me refiero a aprendizaje, sino a transmisión genética. Además de heredar el color de los ojos, la longitud de las piernas, los andares, la tendencia a la introversión, o a la alegría, ¿es posible heredar de una tatarabuela que no ha conocido ni tu madre la forma de sacudir las migas del mantel? 
No deja de parecerme divertido buscar parecidos en todos esos rasgos aprehendidos y aprendidos que nos hacen pertenecer a los nuestros. Ya se sabe, quien a los suyos se parece, honra se merece. (Ha tocado repaso al refranero hoy también).

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