© de la imagen La meva maleta

lunes, 11 de marzo de 2013

No está todo resuelto


¿Quién ordenó los atentados del 11M y por qué?

¿Por qué no se quiso investigar más?

¿Por qué?

Estas preguntas probablemente jamás obtengan respuesta. Seguramente la vileza que se oculta tras los atentados de Madrid es demasiado comprometedora como para salir a la luz, con total seguridad salpica a los que mandaron después, y a los que mandaban entonces, a los que mandan ahora. De no ser así, no se habrían negado a investigar más, no se habrían desmantelado los trenes a toda velocidad, no se habría condenado al ejecutor sin conocer al cerebro. Es más, hace un año se descubrió un tren en un almacén y se negaron a investigarlo también.

En cualquier país decente no se habrían  celebrado unas elecciones democráticas dos días después de un atentado como el del 11M, se habría cercado todo Madrid y no habría quedado piedra sobre piedra por averiguar cómo y por qué se había vulnerado el derecho a la vida y a la seguridad de todas las personas que viajaban en esos trenes y no se habría dado tregua hasta dar con la verdad.

Señores, hoy se conmemora un día triste, hoy hace 9 años que somos menos libres.

Mi abrazo a los que lo vivieron y a los que lloran las ausencias. Y también a los que no podemos hacer más que apretar los puños y lamentar pertenecer a un país tan corrupto como éste.

viernes, 8 de marzo de 2013

Superpoderes

Queridos hijos,
Quiero confesaros algo: yo no soy como la madre esa del anuncio de atún. No tengo superoído ni telepatía. No puedo crear un escudo protector contra los virus  ni contra la ignorancia. No puedo evitar vuestro sufrimiento ni preveniros contra aquello que será vuestra experiencia. No puedo acolchar el mundo para que no os lastiméis.

Yo pertenezco a una generación curiosa en la que las mujeres nos pasamos la vida luchando por ser totalmente perfectas en todo. No basta con hacer magdalenas, hay que ser unas expertas en cupcakes, fondant y galletas glaseadas. No nos conformamos en bajar dobladillos y coser rodilleras, sino que tenemos que ser doctas en patchwork, bordado lagarterano y encaje de bolillos.

No es suficiente con trabajar una jornada laboral fuera de casa y cuidar de vosotros. Nosotras tenemos que supervisar vuestros deberes y controlar absolutamente todos los aspectos de vuestras vidas 
Y además tener un blog, tener buenas relaciones sociales, saber bailar, aguantar las juergas como si el mañana no existiera, vestir de forma estupenda, con cuatro perras, que la vida está muy dura, pero estar al día de las últimas novedades de la moda y de la decoración de las más exquisitas revistas de actualidad.



Ingerir y preparar en casa (¡faltaría!) variadísima comida saludable basada en la dieta mediterránea y hacer nuestro propio pan. Tener en la despensa cantidades ingentes de productos de delicatessen que no podemos ni probar, porque la operación bikini acecha a la vuelta de la esquina.

Como no, tenemos que estar al tanto de todas las novedades literarias del momento, haber leído las Sombras del señor Grey ese que arrasa en las librerías y en las boutiques eróticas y a ser posible querer ponerlas en práctica. También conocer a todos los que salen en las noticias, el desarrollo de todas las series y haber visto los últimos estrenos del cine y ser habilidosas con todas las nuevas tecnologías.

Las mujeres tenemos que ser dialogantes pero convincentes, sinceras pero discretas, saber escuchar siempre y expeler palabras en la precisa medida, ser dulces pero no pacatas, ser valientes pero no marimachos, maquillarnos como si no estuvieramos maquilladas y envejecer sin que se note.
Y todo ello, hacerlo de forma estoica, sin mostrarnos cansadas. Y ser humildes, asumir que todo eso ya lo hacían nuestras madres. Porque ellas también lo hacían. Y lo harán vuestras hijas.

No, hijos, no soy perfecta. Me equivoco cada día cien veces. No puedo evitar mirar como se me escapa vuestro tiempo de las manos, y asumir que dentro de nada abandonaréis el cobijo de mi ala y dejaréis de verme como MAMÁ y empezaré a ser gran parte de vuestros problemas, la que pone límites, la que no os comprende, quien os ate a esa infancia que necesitáis abandonar. Mientras, me comprometo a seguir haciéndolo tan bien como pueda, a darme todos los días a vosotros y a vuestro padre, porque con cada fragmento que entrego, recibo una montaña. Doy gracias a Dios por haberme hecho mujer, aunque eso suponga esfuerzo y sacrificio.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Pálpito

La emisora que suelo escuchar de camino al trabajo no funcionaba, he accionado el buscador automático y me ha conducido a una emisora de música clásica.



Una suite para violonchelo me ha acompañado el resto del trayecto. Estaba lloviendo desde un cielo pesado y plomizo. Me he dado cuenta de que todo se viste de invierno aún, a pesar de la promesa de la primavera que está a la vuelta de la esquina, de las rebajas que amenazan con acabarse desde hace un mes y medio.

Mi falda gris, mis botas negras, las fachadas empapadas, el andar apresurado por la calle. Todo se presta a la melancolía y, sin embargo, ese violonchelo me ha hecho feliz.

R. Doisneau

miércoles, 27 de febrero de 2013

Feliz

Quienes me conocéis, sabéis que no suelo seguir las cadenas, como ésta que me pasan, desde el blog, Crecidas y afluentes. Esta vez he tenido que claudicar, porque Sunsi ha empezado pidiendo perdón...(te perdono, pero poquito). Sunsi recoge el testigo de Tomae, que andaba desvelando días felices. No dices cuánto tiene que durar el relato, creo, pero seré breve.

Un momento feliz. Ahora.

¿El más feliz? La suma de los ahoras. ¿O acaso cree alguien que se puede elegir entre el primer beso de amor o el saber que se espera un bebé? ¿entre una tarde de primavera sentado en la hierba y una noche de invierno bajo una manta con una buena compañía?

¿Fue mejor aquella comida en casa de unos amigos, o la fiesta del cumpleaños en que le regalamos la bicicleta? ¿El viaje a Lisboa o la primera vez que vio el mar y gritó "¡¡ABA!!"?

Me temo que no se puede cuantificar, ni medir, ni comparar. Y, mientras perdemos el tiempo buscando  felicidades pasadas, se nos escapan las presentes.

No voy a pasar el testigo, Sunsi, ya me disculparás, si alguien desea contar su momento feliz, los comentarios de este blog estarán encantados de acogerlos. Apuesto a que os salen muchos.


martes, 26 de febrero de 2013

Los padres necesitan su espacio

Cuando Bufón me preguntó que por qué no nos los llevábamos a Valencia de fin de semana, le expliqué que los padres necesitan su espacio, necesitan estar un tiempo sin niños para poder hablar de sus cosas, y pasar tiempo juntos, y también para hablar de sus hijos.

Esta frase, tal cual, se la repitió a mi suegra, que tuvo que retirarse disimuladamente a partirse de la risa. Bueno, qué quieren, es lo que pasa cuando tienes un hijo con memoria fotográfica.




Como decía, hemos estado en Valencia. No conocía la ciudad y, como siempre, me enamoré. Cada lugar del mundo tiene algo que lo hace especial y yo, que debo de ser una ilusa, me dejo conquistar.  Recorrimos un par de veces el centro, la Plaza de la Reina, la Catedral, la Plaza del Ayuntamiento, el Mercado Central, las torres Serranos.

Recorrimos la Ciudad de las Artes y las Ciencias, a pesar del frío.

Y las bandas de música (era el dia de la Cridá), y su cielo azul, y las casas ostentosas (como dice mi compañera de trabajo, que es valenciana, "pa pegá el tro"), la gente en la calle. Y su ritmo. La cadencia del caminar de sus gentes, su estar.

No hizo un día espléndido, pero en mitad de la ola de frío estuvimos a 12 grados, eso sí con viento. Sin embargo, el cielo azul nos cobijaba insultantemente bello.  Me sorprendió ver a muchísima gente con guantes, gorros y bufanda, a pesar de no hacer un frío excesivo, será cuestión de modas.

E hicimos todo aquello que habíamos explicado a nuestra prole que íbamos a hacer (bueno, y otras cosas que obviamente no les contamos). Nos dimos la mano paseando por la Malva-rosa y nos comimos un arroz, como está mandado.


Y yo, que detesto los ruidos estruendosos, asistí a mi primera Mascletá, la primera de las Fallas. Y me volví a enamorar.


viernes, 22 de febrero de 2013

Cuando la encontré

Hoy Anna Pujabet me ha dado una gran alegría: me ha concedido un premio, el Best Blog. Ya sabéis, quienes merodeáis por mi castillo, que siempre agradezco los premios pero que nunca continúo las cadenas, hay algo de pudor en mi decisión, algo de pereza, algo de tozudez. 

Pero quería dedicarle un post a Anna, y ésta me parece una buena excusa.


Ella dice de sí misma que la peculiaridad de su persona es que ha sido madre de gemelos (mellizos) dos veces. No sé si fue esa la cualidad que me llevó a encontrarme con ella. De hecho, siempre me ha atraído el fenómeno que supone un parto gemelar, siempre he tenido gemelos cerca, estoy casada con el hijo de una gemela, así que la posibilidad de engendrar a pares ha planeado alguna vez sobre mi cabeza.

El caso es que, como sea, leí su blog, y me enganché. Me quedé prendada de su naturalidad. Por primera vez encontraba un blog en el que una madre normal admitía que para ella la maternidad había supuesto un reto, una dificultad. Multiplicada por dos, y al cuadrado. Sí, claro, me fascinó su historia, dos partos gemelares con diez años de diferencia, no es algo que haya pasado a nadie más que yo conozca. 

Pero no fue solo eso. Encuentro en Anna Pujabet un espejo en el que quiero mirarme. Ella posee un equilibrio interior grande, se le palpa esa inteligencia emocional a la que muchos aspiramos y que algunos rozan con la punta de sus dedos. No, claro, no coincido en todo lo que ella dice, pero sí en la mayoría de las cosas, sí. 

Y admiro cómo las dice, cómo es capaz de traspasar la pantalla e incrustarse bajo mi piel, puedo sentir su aliento pronunciando las palabras y tocar lo que ella toca. Me hace gracia, que ella dice cosas muy bonitas sobre mi forma de escribir, y yo, la envidio a ella... 

Por todo ello, cuando he recibido su premio, me ha sabido a gloria. Y me he sentido en deuda. 

Un abrazo grande y gracias por ser así.

martes, 19 de febrero de 2013

La mesa coja

Era muy pequeña cuando vi unos dibujos animados en los que el protagonista tenía una mesa que tenía una pata más corta que las demás. Armado con un serrucho, recortó las otras tres para ponerlas a medida. Pero una pata le había quedado corta, así que serró las otras tres patas, para que quedaran a la altura... pero una de ellas había quedado demasiado corta, así que se vio obligado a recortar las otras tres. Huelga decir que el tablero acabó apoyado en el suelo directamente.

Yo tenía un resto de coco, con el que había hecho bolitas de coco hacía unos días.



Compré una bolsa nueva de coco rallado.

Con el que ya tenía juntaban 150 gramos.

Reservé unos 30 gramos de coco, que mezclé con azúcar, para rebozar las bolitas, que hice con media lata de leche condensada.

Con la media lata de leche condensada que me sobró, hice una docena de magdalenas.

Con el coco con azúcar de rebozar, hice unas rocas de chocolate. Sobró media tableta de chocolate. Con la media tableta de chocolate que sobró, hice unos muffins...


viernes, 15 de febrero de 2013

Profesionalidad


“La enfermera es temporalmente, la conciencia para el inconsciente; el apego a la vida para el suicida, la pierna para el amputado; los ojos para quien acaba de perder la vista; un medio de locomoción para el recién nacido; el conocimiento y la confianza para la joven madre; la voz de los que están demasiado débiles para hablar o se niegan a hacerlo”
Virginia Henderson.

Recuerdo perfectamente el día que oí por primera vez la frase de la Henderson, de la boca de una de las mejores profesoras que he tenido. Recuerdo que de repente sentí la responsabilidad sobre mis hombros, pero, a la vez, supe que esa era la única forma de ejercer una profesión como la de enfermera. 



Esta semana mi abuelabesitos ha estado en el hospital. Tiene un problema crónico que necesitaba una prueba que tardaron media hora en realizarle. Se decidió ingresarla para evitar la larguísima espera ambulatoria que estaba contraindicada por unos vómitos incoercibles. 

No voy a detallar aquí las múltiples incomodidades que suponen estar en un hospital, para quien está enfermo y para el que acompaña, y que son inevitables. 

Sobre lo que se podría mejorar, los profesionales que la atendieron, ciertamente lo hicieron tan bien como sabían, como les dictaba el protocolo. Ni una sola vez se desviaron de él. Pero debió de haber algo que se hizo mal, muy mal. A lo mejor el protocolo no es lo suficientemente amplio para atender a una anciana de 90 años igual que a un chaval de 35 o a un señor de 55. Seguro que no.

Porque mi abuela, en un momento en le recordé su longevidad me confesó:

-Yo no me creo que tenga 90 años...
-¿No?, -le dije, sonriendo por su coquetería- ¿y cuántos diría que tiene?
-Pues... no sé, 78. 78 está bien. Además, cuando los médicos ven mis papeles, y un "90", dejan de hacerme caso.

Me conmovió.

No voy a detallar aquí su peregrinación que ha acabado con un conato de úlcera por presión, sobreinfectada con una candidasis, en apenas tres días. Ha sido una pesadilla en toda regla.

Y lo único que puedo decir a mis compañeras de profesión es que siguieron a la perfección su protocolo, pero que no deben olvidar jamás que ellas también pueden tomar decisiones. Deben tomarlas, teniendo en cuenta que la persona que tienen delante es única, y su circunstancia, también. Un anciano de 90 años es un ser frágil y delicado.

Tres días sin comer, sin beber, sin más líquido que dos botellas de suero en 24 horas, no son suficientes. Un anciano se queda sin masa muscular en muy poquito tiempo. Y a lo mejor consideráis que ya ha vivido bastante, que su vida llega a su fin, pero no por ello debemos dejar de atenderle y acompañarle. 
La familia hicimos cuanto supimos y pudimos. Hasta donde alcanzábamos, aplicamos crema hidratante, pusimos protecciones en los tobillos, besamos y abrazamos, dimos palabras de consuelo, y contamos las horas que faltaban para el alta.

Acabamos comprando un flan en la cafetería porque la ambulancia que se la tenía que llevar llevaba dos horas de retraso.

Ya en casa, el personal que la atiende la alimentó, la hidrató, la lavó, peinó, maquilló y la trataron como un ser humano.

Tengo un nudo en el estómago. Nunca me había sentido tan impotente, porque de sus ojos había desaparecido toda la esperanza. No habría muerto de su enfermedad, pero no creo que hubiera sobrevivido dos días más al hospital. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Días de vino y rosas



Brindo por nuestros días de vino y rosas desde las esquinas de la rutina.

Brindo por nuestro anodino sanvalentín, abonado con hay que llevar a los niños a inglés, espera que tengo que tender la ropa y mañana, garbanzos para comer.

Brindo por el nacimento de cada una de nuestras sonrisas.

Brindo para que haya un mañana, por lo menos, tan bonito como hoy.

Brindo por nosotros.

Aunque a veces el camino recorrido no nos haga creer que no quedan ya vino ni rosas, lo tenemos todo: el mundo a nuestra merced. Basta con no olvidarlo.

Te quiero.

sábado, 9 de febrero de 2013

¿Que no ha servido para nada?

MadreYMas, sí ha servido. No voy a decir el qué, ni cómo, ni dónde, ni quién, que muera aquí la historia. Me he dado cuenta de cuánto valoras mi amistad, ya sabes que puedes contar conmigo.

Y darle un beso grande a Mariapi, porque ha sufrido mucho por todo lo que ha pasado, espero haber ayudado de verdad y no haber causado más daño del que he intentado evitar.

A las dos,


Os quiero mucho, gracias por haber entrado en mi vida.

martes, 5 de febrero de 2013

Por experiencia, supongo



Íbamos en coche los dos, tú sentado atrás, en tu sillita, con tu soniquete inagotable, añadiendo muescas a mi dolor de cabeza. Te dejaba hablar, contestándote con frases escuetas.

-Mami ¿Venecia es una ciudad que está sobre un canal verdad? -me preguntaste sin esperar respuesta-Y no tiene calles y hay que ir con góndolas.

Estuviste parloteando durante un par de minutos sobre todo lo que sabías o te imaginabas de Venecia y pensé en voz alta:

-Me gustaría ver Venecia, voy a tener que llevarme a papá a conocerla (antes de que termine de hundirse, pensé para mí).
-Y con nosotros...
-No, sólo para padres, Venecia es la ciudad más romántica del mundo...
-¡No! ¡Es París!


... ¿quién dijo que el Amor tenía que tener edad?

jueves, 31 de enero de 2013

De aquí al cielo

Me enteré de su enfermedad hace apenas un mes. Mal nombre, mal apellido, mal pronóstico. Una flor de cristal más, maldita sea la Enfermedad maldita.

En sus clases aprendí a hacer bordado con cintas de seda, hace casi 12 años. Fue responsable de que yo cayera de cuatro patas en el mundo del patchwork, aunque yo no sabía que iba a gustarme y me negaba a introducirme en estas labores (-las agujas pinchan, tengo pesadillas- le decía).

Ayer se fue, después de un proceso duro y doloroso. Hoy, muchas personas en Lleida la lloramos. Quede aquí mi recuerdo para M.Ángeles, de aquí, al cielo.



lunes, 28 de enero de 2013

Una fiesta

Estás pendiente todo el tiempo del marcador y mientras los demás hablamos tú lo sigues con paciencia...

29798

29799


- ¡¡¡Bieeeen!!! ¡¡Papi, mami, 29800 Kilómetros!!


Cada cien kilómetros quieres que celebremos que ha habido un número bonito. Teniendo en cuenta que eso sucede más o menos cada día y medio, no está mal. "¿Viste el 29.900?" me preguntas. Y miento un poco, para hacerte feliz, y te cuento que fue cuando volvía a casa del trabajo. Tu hermano sonríe al ver tu ilusión, tu padre menea la cabeza, apuesto que piensa "Éste se parece a su madre".

Estamos a punto de llegar a 30.000, he decidido que voy a hacer algo para celebrarlo.

Y a mí me alegra tu ilusión, me gusta que celebres la vida, que te admires con lo pequeño, que le saques partido a algo tan insignificante. Así, seguramente sabrás ser feliz y vencerás las adversidades, porque siempre te darás cuenta de que sale el sol todas las mañanas. Que tu vida sea una fiesta, pequeño.



*Esta es la entrada 650, hay refrescos y tarta, que alguien ponga música, el salón de baile está recién encerado

viernes, 25 de enero de 2013

Lo veo diferente

Ayer terminé de recibir un curso de Competencia Emocional. Me ha costado mucho escribir sobre ello. El primer día me gustó. El segundo me encantó. El tercero supe que nunca volvería a ser la misma persona.

Básicamente abrí mi mente, comprendí que el cerebro tiene una plasticidad que nunca había sabido ver como tal. Ser más tolerante y respetuosa con los demás, y generosa conmigo misma.

Ya conocía la Programación Neurolingüística, la descubrí de la mano de mi madre hace más de 20 años. Sin  haber sido demasiado consciente de ella, soy gran parte de quien soy por los mensajes que aprendí a darme.  Durante este curso recordé muchas de las cosas de aquel inicio, y aprendí muchísimas otras más.

Y quiero agradecer a mi profesora durante estos tres días su buen hacer, su dicción, su cariño, y su infinita capacidad de escucha, y el amor tan grande que tiene por su profesión, que, sin duda supo transmitirnos.

El cerebro humano es fantástico, conocer un poco más sobre él me ha encantado.





viernes, 18 de enero de 2013

Apuesto que os costará creerme

Hace un montón de años fui a visitar a una amiga. En su pueblo organizaban un mercadillo solidario. Por llevarme algo que me pareciera útil compré un libro. El único del que me sonaba el título era El Padrino, de Mario Puzo. Me lo llevé por una miseria y lo dejé en una estantería, con otros libros, para rellenar.





Por aquel entonces, -estoy hablando del siglo pasado, del milenio pasado-, no recordaba haber visto la película entera. Por supuesto, sabía que era una de las grandes, que Marlon Brando estaba estupendo, y Al Pacino y blabla. Pero distaba mucho de ser una de mis favoritas.

En fin. Años después, niños después, incluso, vi la película completa, y me pareció muy buena, a pesar de que los gángsters me parecían terribles bestias, que los asesinatos no son para nada mi fuerte, y que todo  me parecía una historia sórdida aunque muy bien fotografiada, muy bien interpretada y adiósmuybuenas, e incluso si prestaba atención podia seguir bastante el hilo.

El otro día aparté el libro de El Padrino para mirar si encontraba detrás algo decente para leer. Ese no me interesaba lo más mínimo.

Pero leí la primera página y algo me llamó la atención. Concretamente una frase:
"El juez, un hombre de formidable aspecto físico, se echó para arriba las mangas de su toga, como si se dispusiera a castigar físicamenta a los dos jóvenes que permanecían de pie delante del tribunal. Su cara era fría y majestuosa. Pero Amerigo Bonasera tneía la sensación de que en todo aquello había algo de falso, si bien no podía precisar el que."

Demonios, pude ver la escena, incluso oler el ambiente a tabaco y madera que se respiraba en aquel tribunal (no, no lo dice el libro, me lo imagino yo) así que seguí leyendo, en la página siguiente "En la llamativamente decorada suite de un hotel de Los Angeles, Johnny Fontane estaba tan borracho como pudiera estarlo cualquier marido celoso."  y entonces supe que ya no podría dejar de leer. Hasta el final y casi de un tirón sus 528 páginas.

Deben creerme, llegué a respetar al Don. No, no me gustaban sus asesinatos, pero en su lugar, los entendía. Comprendí que en ese, su mundo, era justificable todo lo que pasaba, las decisiones que se tomaban. Por supuesto ninguna de las acciones ilegales me parecen bien, ni los sobornos, ni los jueces corruptos, ni la trama de juego, ni el alcohol, ni nada de nada, y mucho menos el papel de la mujer en esa época.

Pero es un libro bien escrito del que nacen unas películas estupendas, y por ello, me he convertido en fan (fanS, que dice mi M&M). Es uno de los libros que me han gustado de verdad, aunque a muchos de vosotros pueda sorprenderos.

Hale, ahora a desmontar el mito. El que tenían sobre mí, quiero decir. Y si no han leído el libro, les recomiendo que lo hagan. Eso sí, no esperen florecillas ni debilidades, porque ni media.

lunes, 14 de enero de 2013

Pasó uno más...

... y volví a saltarme su aniversario.
Este lugar cumple tres años. Tres, como las gracias de Rubens


Bueno, vale, con menos lorzas, y con algo más de ropa. Buscando la imagen para el número tres me he dado cuenta del valor que se atribuye a este número (para los más capciosos, olvídenlo, el castillo está fenomenal con DOS niños). 
Vayamos a poner ejemplos: 
los tres cerditos
las tres mellizas
los tres mosqueteros (que al final fueron cuatro, ya ven)
los tres tenores
y érase un rey que tenía tres hijas, las metió en tres botijas y las tapó con pez.
Y si nos ponemos en plan teológico, tres son las formas de Dios, tres las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad).

Tres años ya. Muchas veces tengo la sensación de que lo he dicho todo ya, no es una casualidad que cada vez haya menos entradas, como si de una llama extinguiéndose se tratara. Quién sabe si la apagaré definitivamente.

No, no me siento tan cómoda aquí ahora, y permítanme que admita que estoy manteniendo el blog por la lealtad a la que me obligan las innumerables muestras de cariño recibidas durante todo este tiempo. Pero no quiero repetirme, no quiero tener que censurarme, no quiero cansarme más. Así que, no puedo garantizar a estas alturas, que éste no sea el último aniversario de la Princesa del Guisante. 

Por mi parte, quiero agradecer a este lugar todo lo que me ha mostrado de mí misma, las amistades incondicionales que me ha regalado, y el espejo que ha plantado ante mis ojos. 



martes, 8 de enero de 2013

Ahora que ya no están ellos por todas partes

Está bien.
Si alguien está leyendo este post con un niño pequeño delante, le recomiendo que cambie de pantalla por un momento y que lea un poco más tarde.

No quisiera yo que por mi culpa se desvelara el secreto mejor guardado de estas fechas, ese, que nos trae de cabeza a todos, que nos obliga a salir de casa en momentos extraños, a esconder papeles, cajas, en bolsas de basura en el maletero. Ese, por el cual nos comemos galletas dejando migas en el plato, para que se note. Ese, por el que nos tomamos esa copita de champagne a escondidas en el recibidor, sin ser alcohólicos.

El año pasado nos juramos y rejuramos que no se iba a repetir, que con la cuarta parte de los juguetes nuestros hijos tenían más que suficiente. Que tendrían que vivir cinco vidas para poder jugar con todo ello y que, total, al día siguiente empiezan el cole y ya no tienen tiempo de jugar. Que le iban a pedir a sus suegros-tíos-cuñados-hermanos-vecinos, que no, que no es necesario tanto regalo, que se guarden el dinero.

Y ¿qué pasó en realidad? Pues lo de siempre.


Que uno acaba por tener que tragarse sus palabras con la misma resignación que las galletas del recibidor. Hay que mantener la ilusión de un macaco que ya tiene cuenta de Facebook (no, los míos no la tienen, pero compañeros de la clase de primero de primaria de mi hijo, sí). Para ello, acabas gastando más dinero del que deberías, evitas enfrentarte a toda tu familia -y mucho menos a tu suegra, ¡tu religión te prohibe semejante cosa!- y tu hijo acaba sepultado entre cajas de decepciones, juegos de mesa que le ilusionan en el camino entre salir de la caja y llegar al armario.

Están hartos de todos. El Conector, por ejemplo. Es un juego de aprendizaje que tiene unos cables conectados a una pila, si aciertas se enciende la lucecita. Mis hijos tienen ¡¡8 modelos diferentes!! Y yo no he comprado ninguno. Tienen la Wii y la XBox, total si no les dejo jugar más de tres horas A LA SEMANA. Tienen un ordenador, el Trivial junior y el Trivial Disney, tienen tantos Playmobils que tuve que unir cuatro mesas Lack de la famosa tienda sueca de muebles para que acabaran guardados en cajas de plástico. Y los balones de los últimos mundiales, de la Eurocopa, de baloncesto, de plástico, de goma, de tenis, de playa. Y el domingo me tuve que pelear con ellos porque estaban jugando con un globo molestando a todo quisqui, con las cajas de los juguetes nuevos por abrir. E incluso a veces tienen la desvergüenza de decir que se aburren.

Y luego decimos que los Reyes son los padres... No, señores míos: aquí los Reyes son los hijos, no se equivoquen,.

lunes, 7 de enero de 2013

Pasó uno más.

Varios son los momentos en los que el año parece renacer. El primero, el que marca el inicio de curso, en septiembre. Se despereza el verano, se inauguran propósitos, se venden fascículos en los quioscos y se llenan los gimnasios y las academias de idiomas.

Luego nace el Niño, y con él, nace nuestro nuevo yo, se renuevan nuestras intenciones, miramos a esa Criatura recién estrenada, y vuelta a empezar, al son de las 12 campanadas.
Como si de un parto de primeriza se tratara, no llegamos a ver la luz hasta que recogemos los últimos trocitos de papel de regalo de la alfombra del comedor y nos desprendemos de las calorías de los turrones que siempre acaban sobrando (y ya has aprendido a no comprarlos, sólo tenías los que te regalaron)

Y vuelta a empezar. Escribes, por fin, los primeros renglones en tu agenda 2013, te acuerdas del gimnasio, del inglés, saludas al quiosquero que está sepultado entre los nuevos fascículos, y como si nada.

Esta es la buena, esta vez sí empieza de verdad.


Preparados

Listos

Ya



sábado, 5 de enero de 2013

Agua de azahar



Yo había oído decir que el roscón de Reyes era uno de los dulces más complicados de hacer. Bueno, pues se compra y punto. Sin embargo, por circunstancias complicadas de explicar, llevaba tres años sin comerlo. Y este año, tenía pintas de ser otro año sin poder degustarlo.

Pero el otro día, en I love you bugs, Paula mostraba la foto del que ella preparó... si ella puede, yo también, me dije.

Ah, amiga, hacer el roscón no es tan difícil... encontrar agua de azahar en la ciudad de Lleida, sí. Finalmente me hice con él, después de varias horas -sin exagerar- de búsqueda. Pero el azahar es lo que da a este postre-desayuno-merienda su sabor peculiar. 

Y éste es el roscón, que, como no, es uno de mis pasteles favoritos. No le he puesto haba, ni figurita de rey, ni corona. Así que acercarme vuestro platito, que os sirvo un trozo (creo que habrá suficiente, he hecho dos). Y así me contáis qué tal vuestros regalos y cómo han brillado los ojos de vuestros hijos. Viva la ilusión, viva el agua de azahar, viva el roscón. Y viva la madre que te crió, Paula. Mañana lo pruebo en el desayuno, algo me dice que voy a madrugar...

miércoles, 2 de enero de 2013

Feliz ahora



... y mientras esperamos que pase algo fabuloso durante el 2013 se nos olvida que sólo hoy, ahora, es lo que poseemos.

De nada nos sirve lamentarnos del ayer que no supimos aprovechar, del dinero que perdimos, del amanecer que no tuvimos tiempo de ver.

El ahora es nuestra posesión más grande, el momento que se vive: la canción que estás escuchando en la radio, el semáforo que te obliga a esperar, para que veas la mujer que cruza ante ti cargando con su vida, el compañero de trabajo al que acabas de preguntar, tus hijos en casa, de vacaciones con sus abuelos, tu marido que apura las compras para la próxima ilusión, la del día 5.

No formulamos propósitos para el próximo año, sino deseos.

Quién sabe. Feliz instante.

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Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.