© de la imagen La meva maleta

viernes, 26 de diciembre de 2014

Una luz encendida


Nochebuena en el castillo. En la mesa, una vela encendida por cada uno de los que echamos de menos anoche, muchas luces prendidas entre nosotros. Una por ti, querida hermana de vida. Estoy segura de que al final lograste mantener el tipo viendo la ilusión en los ojitos brillantes de tus niños, aunque te retiraras un momento a ahogar una lágrima cuando ellos no podían verte.
Quién sabe si será el último año en que mi pequeño guisante (ya no tan pequeño) crea en la Magia, o el primero en que tu hijo abra ya los regalos sabiendo de quién vienen. 
Ayer, mi otro niño, el príncipe, se nos hizo grande, probó el ponche por primera vez, comprendió por qué a los mayores a veces nos nubla la mirada en estas fechas. 
Y al final, todo fue sorprendentemente sencillo. Ellos disfrutaron, a nosotras se nos hizo corto. Cuando apagué la luz de la cocina, con todo recogido, pensé que mereció la pena, que el nacimiento del Niño Dios genera una fuerza especial, una Luz. Tal vez la suma de muchas velas encendidas en muchas mesas, como,la tuya y la mía. Un beso, hermana. Feliz Navidad, Blanche.



sábado, 13 de diciembre de 2014

Lo necesario

Hay algo en tu mirada que me recuerda constantemente al mar. No es su color, es más a la forma de observar, como si estuvieras todo el tiempo aguardando la llegada de nuevos mundos, de playas más bellas, del azul más puro para dar felicidad a todos los que te rodean, a cambio de nada más que su compañía. 



Imagen de aquí 

Tal vez tus ojos, acostumbrados a dejarse llevar más allá del horizonte, escondan en su trastienda la bitácora de una vida de entrega y regalo constante.
En tu barco, el de tierra, descubro los tics de alguien que está acostumbrado a empaquetar cuatro cosas, las necesarias; a bordo, lo imprescindible, ni una silla de más, ni un descuido, nada fuera de sitio. La vista puede perderse en la luz que titila sobre tus cosas, como lo haría en el gran azul, y en cada una de las estancias se cierra el círculo alrededor de lo que de verdad importa: las personas. 
Tu potente sentido de la estética, el equilibrio en cada detalle, tu generosidad y amabilidad, las palabras dulces que se escapan directamente desde tu bondad me llevan con tozudez a mirarte más por dentro.
Y leo entre las líneas, que de vez en cuando se hace la tormenta en ti, que sientes demasiados vacíos, a pesar de tantos peces en el mar. Que te falta, en tanto espacio, encontrar el hueco desde el cual puedas volar, como aquella sirenita que soñaba en un mundo distinto. Pensaba que tal vez te gustaría probar el vuelo libre de una gaviota. 

Me enamoré de tu casa y sus espacios, de tu gusto exquisito, de tu saber hacer, del café con vidrieras, del encuentro con nuestra amiga y de vuestro abrazo. Y de tu familia. Lo que se respira entre vosotros habla de todo lo que has hecho bien. Me parecieron preciosos y educadísimos. 
Me quedé con ganas de que me contaras más cosas de tus orígenes, que al final se nos quedó esa charla a medias. Todas las historias que nos preceden son maravillosas, a pesar de que ellos debían pensar, como nosotras, que sólo salían adelante como podian. 
Cuando llegue el buen tiempo nos buscamos una excusa para repetir y continuamos con lo nuestro. Gracias por dejarme pasar contigo ese día precioso.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Para mi colección

Guardaré tu llamada de hoy en mi carpeta de relatos de amor.
Te enfadabas conmigo cuando te manifestaba mis dudas razonadas sobre tu matrimonio.
Lo cierto es que no lo veía nada claro porque cuando te rompías por él , yo me dolía contigo.
Sin embargo, a pesar de las pocas esperanzas que guardaba de que pudieras curar tus heridas, me alegra comprobar que el aire, la luz y el amor han curtido vuestras cicatrices.
Mis dudas han sido grandes, lo admito. 
Hoy me postro ante tu tesón, tus ganas de amarle a pesar de todo, y siempre, siempre, querida amiga, te repetiré aquello de que mereces ser amada.
Y creo que por fin te lo has creído, ahora sí. 



Cuando me has contado el reencuentro de vuestros cuerpos, he vencido mi pudor y he entrado de puntillas en vuestro cuarto. Os he visto, estrenando de nuevo vuestras pieles, volviendo a aprender el sabor del otro, llenando vuestras almohadas de promesas que esta vez sí debéis cumplir y se me ha llenado el corazón de vuestro purito deseo. 

Amainó la tormenta, desde esta orilla se refleja la luna sobre la mar salada... Quién sabe hasta qué puerto llegará vuestro barco. 

Nunca me supo tan bien equivocarme.



lunes, 27 de octubre de 2014

Príncipes, ladrones y difuntos.

De todo lo que concierne a la maternidad, lo que más disfruto es volver a ver, pero ahora no solo desde mis propios ojos sino también a través del prisma de los vuestros. 
Ha soportado muy bien el paso del tiempo la película de Kevin Costner, sobre Robin Hood. Lo vi en el brillo de vuestras miradas, ¡cómo aplaudísteis el primer beso!, cuántas carcajadas con el fraile beodo. 
Diría que valió la pena el poquito de miedo que descubrí en vuestras manos aferradas al cojín.


Y esa imagen, que hace más de veinte años fue espectacular, volvió a levantarnos a todos del sofá.
Y lo que representó ese mito del devolver a los pobres la dignidad arrebatada, hoy, en tiempos de estos nuevos nobles indignos de ser llamados así, de esa élite que son los políticos, que viven como reyes a costa del sacrificio de todos los demás. 

Pensaba hoy en esa película y los valores que quiero que aprendáis de ella, como el trato de Robin al viejo Duncan, la delicadeza con la que le aparta del peligro, el amor, la fidelidad, el valor, la capacidad de liderazgo, el esfuerzo y el trabajo.

En fin, dentro de nada llega la mamarrachada de la fiesta esa americana que tanto dinero genera. Yo, como siempre, a lo mío, a recordar a nuestros difuntos, a rendirles el homenaje que merecen y enseñaros a respetar la vida porque tiene ese fin inevitable de la muerte. 


jueves, 9 de octubre de 2014

A esa madre

No sabría decir cómo, cuándo, aquel niño travieso empezó a destruir el proyecto de vida que se esperaba para él. Nada que no soñemos todos para nuestros hijos, estudios, trabajo decente, pareja, familia, comidas de Navidad, un piso arregladito.
No, ella no supo del primer porro, que  llevó al segundo, la primera raya, que le llevó a mentir, el dinero, eso sí se notó. La ropa que compraba y desaparecía.
Y la mirada perdida.
Esa madre supo. Y no pudo creer, no quería creer, y se decía, no puede ser, si él es bueno, si mi niño, el que yo tuve en mis entrañas, el que acariciaba mi pelo entre sus dedos, 
Y como entonces pensó que había sido culpa suya, de ella y de su marido, trató de ayudarle, y le compraba la ropa, le limpiaba el apartamento de vez en cuando, pensaba que se resolvería, a pesar del pánico que le apretaba las sienes y la desvelaba de forma perenne.
Pero no contaba con el daño irreversible en el cerebro de su niño bueno, que empezó a ser un niño bueno enfermo. Y seguía habiendo demasiado polvo, demasiadas cervezas. E hizo daño a otros y tuvo que dejar el coche, y no  se podía pagar lo que se debió, y rompió con todo y con todos, excepto con los malos. 
Y ella ya no sabía dónde acudir, rezaba por que no perdiera ese buen trabajo que su niño bueno había conseguido (ella hizo de él un buen estudiante, a pesar de todo, ese mérito sí fue suyo). 
Y a día cinco del mes ya no le quedaba sueldo. Esa madre se desesperaba, no quería creer lo que en realidad sabía a ciencia cierta, lo supo cuando él se vendió todo, incluso los zapatos que le compró, que no pierda el trabajo. 
 Pienso en esta madre que no sabe dónde encontrar a su hijo, que ya no tiene ni móvil, que no sabe dónde duerme, que tiembla cuando suena el teléfono o ve un coche de la policía cerca de casa.  

Y me pongo en la piel de esta madre, y no puedo ni imaginar la mirada de cristal en el rostro de uno de mis niños buenos. 

No puedo quitar el dolor de esa madre de mi garganta. 

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Cuándo perdemos nuestro valor como ser humano?

Mi abuelabesitos temía que el personal sanitario que la atendía, al ver su avanzada edad -90 años- en su historial clínico, dejara de prestarle el interés debido. Lo contaba aquí

Por lo que leo en la prensa  (también aquí) los temores de mi abuela podrían convertirse en realidad. Un sindicato de médicos se ha quejado de la pregunta que les obligan a responder desde el Departament de Salut de la Generalitat: "¿Le sorprendería que este paciente muriera en los próximos 12 meses?". Ante la respuesta, Sí/No, los recursos destinados a su tratamiento podrían verse limitados.

Por lo visto, invertir en una persona a la que le queda menos de un año de vista es poco... rentable. Somos, existimos, en términos de "validez". Esto podría llamarse algo tan horrible como exterminio, genocidio o clasismo puro y duro, pero le llaman política, política de austeridad. ¡Ja!

Los mismos políticos que no tienen límites a la hora de ponerse sueldos inmerecidos, que juegan a la democracia (eso sí, se llenan la boca con esa palabra, siempre que la ley se adapte a lo que les conviene, si no, exigen poder votar -democráticamente- hasta que salga una ley que les guste más), deciden a quién merece o no la pena dedicarle recursos sanitarios. Peor aún, exigen a los médicos que ellos pongan su espada de Damocles sobre la cabeza de sus pacientes.

Me pregunto si ellos mismos juegan con estas reglas. Supongo que no. Ellos no suelen ser usuarios de la Sanidad pública.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Pensar con lógica



Encontré esta postal en una tienda de estas chulas en las que se venden cómics y el propio dependiente esbozaba dibujos increíbles en una Moleskine mientras yo elegía mi compra.
Te dije ¿qué significa? No supiste explicarme, te conté lo que me pareció a mí.

Piensa con el corazón. 

Siempre.
Ese es el termostato que te dirá si haces bien o mal. Cuando el camino que tengas que elegir sea duro, pero tu relojito del pecho te diga que eso es lo que toca, tú de cabeza.
Cuando llegue la tarde antes de un examen tu mejor amigo hecho polvo porque ha tenido un problema, y el corazón te diga que te necesita, no te preocupes, tu examen saldrá bien, si tú has hecho lo que debías (por eso hay que llevar las asignaturas al día).
Escucha bien el tictac cálido que llena tu pecho, porque la lógica a menudo  no nos sirve a los humanos, no somos matemática pura sino sonrisas, vivencias, piel, atardeceres y una tarde entera viendo fotos viejas. 
Piensa con el corazón. Lo demás saldrá solo.

martes, 16 de septiembre de 2014

Mi cuaderno de leer

 
 
La imagen de arriba corresponde a mi cuaderno de releer. Me he acostumbrado a llevarlo pegadito al libro de turno para tomar nota cuando encuentro algo que sé que querré volver a leer. Me ayuda a ser consciente de las palabras, de su belleza, del sentimiento que dejan de cómo un autor sabe jugar con ellas y cómo es capaz de traspasar tu corazón o tu cerebro con su impacto.
Comparto una de mis citas favoritas, una reflexión que por varias razones ha aparecido en mi camino últimamente. La quiero dejar escrita en este lugar, que no deja de ser mi cuaderno de notas virtual.

                      Aunque nada ocurriese luego, aunque se demostrase su inocencia, (...) todo el pueblo envidiaría para siempre a Feng, y a los ojos de todos, los hechos habrían sucedido realmente, por lo que sería odiado y maldito. En ocasiones la maldición es hija del odio y la maledicencia casi siempre de la envidia. La mala gente critica al rico porque tiene lo que los demás no tienen, al honesto porque es lo que los demás no son y al sabio por lo que los demás desearían saber, sin reparar en que el trabajo, la virtud y el estudio, en definitiva el esfuerzo, es la forja en donde crecen los resultados, una forja abnegada y constante que se alimenta de perseverancia, empeño y sudor. Pero la mala gente siempre termina consturyendo verdad de la mentira, a base de repetirla (...)

                      Del libro Las lágrimas de Henan, de Antonio Gomez Rufo
Aquí la dejo para ti, no como verdad absoluta, sino como punto de partida para tu propia reflexión.
Por cierto, el libro es bueno, aunque me parece una historia tremenda.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Me ahogo

imagen de aquí

Cada vez que trato de entrar a contar algo, una gran bocanada de agua me llena la boca, la nariz, las orejas, se introduce a través de mi pelo y de los poros de mi piel dentro de mi alma, de mi mente. 

Paso las páginas de este blog como aquellos cuentos en los que las figuras están dibujadas de forma consecutiva y la imagen se vuelve acción. Así, leo las cosas que me han pasado durante cuatro años y medio, y os encuentro, acompañándome día tras día, post tras post, y entonces comprendo que me debo a alguien, al que me lee. Abro la boca y una gran masa de agua me atraganta una vez más. 

Veo el blog con su aspecto nuevecito, con su princesa preciosa, y entonces me recuerdo a mí misma que tengo que contar algo. Y entonces me siento leída, estudiada, conocida, desnuda, y no puedo afrontar el aire seco y punzante, no quiero, no me puedo permitir ser transparente como agua porque siempre hay alguien dispuesto a utilizarte, a lastimarte, a perjudicarte, a darte algo que no quieres porque sabes que tarde o temprano te pasará su factura. 

En otras batallas virtuales, en las que se discute sobre todo aquello que sea discutible, por mero deporte. Izquierdas y derechas, tetas y biberones, malas madres (¿?) contra apegadas, pro-animales que defienden que hay que tratar a los animales como personas y a las personas que las zurzan. Los Podemos contra todos, yo contra Podemos, y al final, lo de siempre, se apagan las luces de neón y quedamos los cuatro de pueblo levantándonos a las seis y media para seguir con el mazo dando. Y tú, yo, quiero decir, agotada por haber defendido la causa con la que crees. Creías. Bueno, ni sabes.

Libros (buenos, sé que son buenos) escritos por mí se me pudren en los cajones y en la autoestima porque en el fondo de mi ser me niego a creer que jamás se verán publicados. 

Me pregunto si alguna vez volveré a ser lo que era, o si me crecerán algas en las puntas de los dedos de las manos y quedaré atrapada en el fondo del mar. Quizá, si salgo, me convierta en una estatua de sal. Así que permaneceré rodeada del silencio, que al menos, no me ahoga. O sí. Maldita sea. 



domingo, 31 de agosto de 2014

De puntillas

Termina agosto tal como llegó, como quien entra de puntillas en la habitación de alguien que está dormido. De puntillas paso por las emociones ya conocidas, las ausencias, las discrepancias, que se me hacen tan mayores los niños y se acaba el verano y no tuve tiempo de ir a verla, y que empiezo la última semana de vacaciones y no tendré tiempo de sentarme, así que no hago planes para no tener que comérmelos con patatas. De puntillas afronto mis decepciones, las tormentas en vasos de agua, de puntillas, que empieza nueva vida y estamos navegando entre la ansiedad por que llegue ya y la nostalgia de lo que queda atrás, de puntillas miro a mi niño milagro y sé que a él también le cambiará la vida. Y siento tremenda tristeza por él, porque siempre será una maravillosa pieza cuadrada en un mundo redondo. 
Y paso aquí a contar todo esto de puntillas porque me antes me resultaba mucho más fácil. 

sábado, 23 de agosto de 2014

Un jarro de agua fría y mi corazón dividido


No sé si me gusta demasiado la moda de ducharse en cubitos de hielo y pasarle el encarguito a otro para que haga lo mismo. 

Conozco la gran obra de caridad que se esconde detrás de esta chorrada: dar visibilidad a una enfermedad tan dura como la ELA a partir de una iniciativa solidaria. Eso es lo que divide mi corazón. 

Porque si bien es cierto que muchos de los que se han grabado en vídeo en semejante tesitura, antes o después habrán realizado el ingreso en la cuenta bancaria (ES09 - 2038 - 1923 - 156200003135), parece que la mayoría de los que se han prestado a aceptar la cadena que circula con fuerza por la red, no han aportado dinero, que es lo que puede ayudar.

Voy a abstenerme aquí de decir qué es lo que pienso de la mayoría de políticuchos que ganan sueldos que ruborizarían a cualquier persona decente por ejercer un trabajo bastante mediocre, algunos de ellos sin formación académica siquiera, mientras que nuestros mejores cerebros tienen que ir al extranjero a ganar el dinero que debieran. 

El dinero que los sucesivos gobiernos se ahorran en investigación es el que los enfermos de ELA (et al.) y sus familiares necesitan, no el mío. Bueno, si después de que los politicuchos dejaran de robarse lo que se pueda faltara más dinero, yo pondría todo lo que estuviera en mis manos, lo que quedara después de la siega de Hacienda-somos-todos-menos-ellos. 

En fin, yo venía aquí a dar un jarro de agua fría a los que se pasean por la Plaza Mayor Internet para que todos les vean el gesto sin dejar su dinerico. 

Y, de paso, recordarles el Evangelio de San Mateo (6:3-13)

3 Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará 5 Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. 6 Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 7 Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. 8 Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, orad de esta manera: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. 11 "Danos hoy el pan nuestro de cada día. 12 "Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. 13 "Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén."

Imagen Vermeer,  Mujer con una jarra de agua

jueves, 14 de agosto de 2014

El libro que te acompañe

"Aquella era una mañana como otras y sin embargo perfecta entre todas. Oyó el leve crujir de las cuerdas al sacar Juana a Coyotito de su cuna, lavarlo y envolverlo con su chal de modo que quedara muy cerca de su seno. Kino podía ver todo esto sin mirarlo. Juana cantaba en voz baja una vieja canción que sólo tenía tres notas y, no obstante, interminable variedad de pausas. Esto también fromaba parte de la Canción Familiar, como todo. A veces llegaba a ser un acorde doloroso que ponía nudos en la garganta, musitando: "esto es certeza, esto es calor, esto es lo TODO".

Imagen de aquí

Después del paso de media vida por mis entrañas, del amor, de las lágrimas más duras, del aprendizaje, del trabajo, de los premios, del esfuerzo, de comprender que el Equilibrio Universal termina por llegar y por romperse con la misma facilidad, releo La Perla, (John Steinbeck, 1945).

Probablemente esta obra debería ser incluida en el kit de supervivencia del ser humano en distintas etapas de la vida. Se me ocurre que, ahora que mi hijo mayor empieza a comprender, sea ya un buen momento para prestárselo. Así que junto con sus libros de secundaria, debería incluirlo. Luego, cuando tenga ya su formación, y se dirija con energía al camino que él haya elegido para su vida, entonces, entre sus toallas y sábanas del ajuar por estrenar, entonces debería volver a "dejar olvidado" el libro, como quien no quiere la cosa. Y cuando junte con su mujer la canastilla de su primer hijo, entonces será otra ocasión perfecta para traspapelar el libro para que lo lean ambos, arrullados por el respirar tranquilo de su bebé en la cuna. Y luego, cuando ya su camino esté mediado, entonces será otra vez momento de leer La perla, para comprobar que siguen caminando por el buen sendero. No creo que sea necesario esta vez que yo me ocupe de prestarles el libro, ellos mismos lo guardarán envuelto entre terciopelos en un lugar privilegiado de su biblioteca.

Dejo un par de citas más para terminar, después de todo, si no has leído esta obra, creo que sus propias palabras pueden convencerte mejor que yo de que corras a hacerte con un ejemplar.

"Pero ahora, al anunciar como sería su futuro, lo había creado. Un proyecto es algo real, y las cosas proyectadas son como experimentadas ya. Un proyecto, una vez ideado y trazado se hace realidad, indestructible pero propicia a ser atacada."

"Juana, desde el interior de su alma de mujer, sabía que la montaña resitiría impávida mientras el hombre acabaría quebrantado, que el mar seguiría su incansable oscilar y el hombre podía perecer ahogado. Y sin embargo, todo esto es lo que hacía de él un hombre, medio loco y medio dios, (...)"




domingo, 10 de agosto de 2014

Espectadora

No todos los momentos vividos te tienen como protagonista absoluto. En determinadas ocasiones, uno deja de ser protagonista, ejecutor, actor en su propia vida y se convierte en espectador. Las decisiones no son propias, sino de los demás, a pesar de que te atañen con rigor. Y te ves comprando cosas que no te gustan tanto, postergando actividades que realmente te apetecerían y quisieras estar con gente que no está.

Y vas acumulando resignaciones, porque no queda otra. Porque ellos crecen, porque los afectos de los demás no dependen de ti, porque hay cosas que son inevitables. Y porque muchas veces, tú mismo has colocado en el escenario todos los ingredientes que terminan por apartarte de él, y entonces hay que sentarse en el patio de butacas y aguardar al desarrollo de la función, esperando, al menos, que no sea un drama, sino una comedia ligera.

Y no hay programa de mano.


domingo, 3 de agosto de 2014

Tu sombra

Trato de luchar contra el tiempo para que no corra todo tanto, tantísimo. Hace apenas nada eras un bebé, luego un niño muy pequeño, luego pintabas caracolillos con tus manos regordetas. Luego empezaste a leer, tan pronto, y a utilizar el mundo con la misma facilidad con la que respirabas. 

Y yo no puedo hacer más que atrapar tu pequeña sombra de Peter Pan por ti, porque tú sí quieres crecer, niño. 



Y yo quiero que lo hagas, pero a veces necesito atar tus pies, como si eso sirviera para evitar que todo vaya tan deprisa. 


domingo, 27 de julio de 2014

La memoria

No hace mucho me encontré con alguien a quien conocí en la infancia, y con quien perdí el contacto en los primeros años de la adolescencia. Me sorprendió saber que recordaba de mí algo que yo habría jurado sobre la misma Biblia no haber dicho. 
Pero, pensándolo bien, los recuerdos, lo que la memoria de cada uno de nosotros guarda de lo que vivió, no responde a la realidad. La realidad es poliédrica, subjetiva, se mezclan nuestras vivencias en nuestra mente. ¿Acaso no nos pasa a las madres que, a pesar de desvivirnos por nuestros hijos y pensar que jamás olvidaremos cómo fueron, empezamos por confundir qué niño hizo qué cosa, cuándo empezamos a darle fruta o cereales, o dónde les hicimos aquella foto? 
Pues, si con algo que se vive de forma tan intensa como la maternidad, nuestra memoria puede mostrarse imprecisa, con el resto de lo vivido, muchísimo más. Conozco de cerca a dos personas que aseguran con absoluta convicción que un hecho pasó de formas diametralmente opuestas. Una de las dos está mintiendo, podréis pensar. Yo he llegado a comprender que, simplemente, cada una lo vivió desde su punto de vista, o bien una de ellas, no fue capaz de asumir una verdad que le resultó muy dolorosa y no pudo hacer más que guardar en su memoria una versión que le resultara mínimamente aceptable. 

martes, 15 de julio de 2014

Como si hubieses estado hoy conmigo

Llevaba unos días buscando zapatillas sin que me gustara ninguna demasiado. En fin, quería zapatillas, abiertas, con suela de goma, un poquito de tacón, en tela y estampado más o menos decente, sin que fueran de señora mayor. Sin embargo, me he enamorado de éstas, de precio razonable -de rebajas-, color monísimo, a la vista está, y muy confortables.


Ni siquiera recuerdo si tú tenías unas como estas, pero en cuanto he calzado mis pies en ellas he pensado en ti, en tu coquetería, he sabido a ciegas que te habrían gustado ¿acaso no tenías unas parecidas? No puedo recordarlo, porque hace casi veinte años desde la última vez que te vi. Pero al ponerme las chanclas que no se parecen en nada a lo que yo pretendía, con las uñitas pintadas de rojo y, a pesar de que mis pies no se parecen a los tuyos (o si, tampoco sabría decirlo con seguridad), tu ausencia ha palpitado en mi memoria. 

Me arrebataron poder despedirme de ti. Nadie, nunca, podrá devolverme ese momento. 

domingo, 13 de julio de 2014

Comunicación no verbal


El lenguaje corporal no es una ciencia exacta, pero da muchas pistas de lo que en realidad se está pensando, mucho más que las palabras que nacen de los labios. No pude resistir la tentación de fotografiar a estos dos señores que hablaban en una terraza. Les observaba desde un segundo piso.

Mirad, sino, el señor del traje. Él casi no quiere ni mirar a su interlocutor. Su cuerpo se dirige hacia un ángulo muy distinto al del hombre que tienen enfrente. Su mano levanta una barrera psicológica porque ni siquiera quiere verle. Su otra mano, agarrada con firmeza al tobillo dice que ni por cochino asomo piensa cambiar de parecer.

Su compañero de mesa muestra una actitud activa hacia el primer hombre. No salta sobre él porque hay una mesa ente los dos. Por una parte. Porque, por otra, tiene actitud de huída. Su pie libre y su mano sobre la rodilla nos dan a entender que puede salir corriendo a la de tres.

No, ciertamente no tengo ni idea de lo que ellos hablaban, pero tengo claro que esa no era una charla amigable.

viernes, 11 de julio de 2014

Seda

Imagen de aquí


Vino a casa a pedirme ayuda con unos papeles, y se ofreció para echarme una mano con lo suyo. Ella siempre ha bordado a máquina, ha cosido y hecho arreglos, ha sido habilidosa con la aguja. Ha cosido ajuares y vestidos, cortinas y sábanas. Y yo... bueno, yo siempre he tenido mejores intenciones que manos.

Con la idea de coserme algo, compré un metro de una seda monísima, con un estampado delicioso. La inversión fue mínima, bajé patrones de internet, corté a la buena de Dios, empecé a coser con una facilidad asombrosa y me di cuenta de que había cortado con demasiado ímpetu. Así que, como quien sabe qué está haciendo, hice un parche que yo pensaba que sabría arreglar si algún día tenía tiempo. El tiempo no llega (dichoso final de curso) y sólo con ver la bolsa de la seda me entraban sudores fríos. Así que dado el ofrecimiento de mi anciana vecina, le pregunté a ella si tenía remedio.

Se lo llevó con entusiasmo de saberse útil y necesaria. Pero la seda no es nada fácil de coser, y menos, cuando lo que tienes que hacer es un apaño de una chapuza de medidas importantes. Ella se vio abrumada por la situación, vino, con los ojos llorosos a enseñarme la labor más difícil que hizo en su juventud para decirse a sí misma que no siempre había sido incapaz de coser. Traté de consolarla, le dije mil veces que no se preocupara, que no me había fallado, que, en realidad, yo le había pedido algo realmente complicado.

Lamento profundamente haberle causado esa tristeza, debería haber sido consciente de que lo que le pedía quedaba muy por encima de sus posibilidades. Le repetí cincuenta veces que no se preocupara, que no había sido culpa suya, sino de mis tijeretazos alegres, que la tela era bonita pero sencilla, y que la tiré a la basura. No iba a permitir que un metro de seda empañara el recuerdo de una vida dedicada a la costura. Espero que pueda, que podamos olvidarlo pronto.


domingo, 6 de julio de 2014

Te lo dejaré escrito aquí

A pesar de que sabes que puedes llamarme cada vez que necesites consuelo, yo quiero que te grabes esta entrada y que no se te olvide nunca lo que te repito, básicamente porque son verdades irrefutables.

- No has hecho nada malo. ¿Te equivocaste? Puede ¿Le pediste disculpas? Mil veces ¿No puede aparcar su rencor? Ese es SU problema, no el tuyo. 

- Tienes derecho a ser amada. Con tu metro setenta y cinco y tu pelo, con tu tozudez, con tu empuje, con tu risa contagiosa, con tus altibajos, con tus gritos (que aprenderás a controlar en la medida de lo posible), con tu mente clara, con tu facilidad para conocer gente. Si yo, que soy tu amiga, te quiero conociendo todas esas cosas, la persona que se casó contigo te tiene que amar así. Y si no puede quererte aceptándote es que no te quiere, por más que se empeñe en decirte lo contrario.

- No tienes que suplicarle un beso. Los besos nacen del afecto, de la ternura, del deseo. Negarte el contacto físico es una forma de desprecio vil y miserable por su parte. No le des la oportunidad de volver a hacerlo. No te lo hagas a ti misma. 

- Que vuestra relación no haya salido bien no significa el fin del mundo aunque ahora no te lo parezca. La soledad te asusta y te hace mucho daño, pero ahora, al fin y al cabo, también estás sola, a pesar de él. Suelta el lastre de sus promesas vacías, de sus traumas no resueltos, de sus reproches, de su ni-contigo-ni-sin-ti, y administra tu tiempo y tu espacio. Estarás igual de sola pero podrás respirar. 

- Cuanto antes empieces a reconstruir tu interior, mejor para ti. No dejes que la pena se te coma la energía, no vuelques en él la esperanza de que vuelva, porque no te conviene. Ya nada podrá a ser lo que fue antes. No debes dejar que él ignore tus sentimientos, ridiculice tus problemas, te aparte de su vida social, priorice a sus padres y hermana frente a su familia, que eres tú, que te desacredite, que te margine, que te menoscabe. 

Voy a estar a tu lado y te voy a repetir todas estas cosas hasta la saciedad, hasta que tú comprendas que mereces un hombre que te quiera de verdad, que te haga brillar, que te haga el amor, para quien tú seas la mañana y la noche, que trabaje para su familia, que sea un hombre-hombre, que sabe manejar las cosas que pasen en vuestro hogar. Que sea el lugar al que puedas volver cuando termine tu día. Y si no es éste, que tengas libertad para llegar a conocer a uno que sea todas esas cosas. 

jueves, 3 de julio de 2014

Las esquinas de la memoria

En realidad este es un post interruptus. El título no corresponde al contenido de esta entrada. Iba a escribir sobre algo que viví, pero al final no pude. O mejor, creí que mejor que no lo contara, quién sabe si un día puedo escribir un libro sobre esa historia que ahora quedará encallada justo ahí, en las esquinas de mi memoria.

Son muchas las razones que llevan a los posts a quedar dormidos hasta la eternidad en la carpeta de borradores, o de morir bajo el poderoso efecto del SUPRIMIR (y recuerda que esta opción no puede deshacerse... el día que lees la frasecita te arrepientes fijo, hay que suprimir sin mirar hacia atrás, ni de reojo).

A veces sientes que no puedes profundizar en esa idea, porque duele o porque te hace sentir mal. O por pudor, o porque crees que no es lo suficientemente buena. Otras, sientes la presión del juicio de alguien que sabes que te lee, como un aliento en tu nuca que te hace estremecer.

imagen de aquí


A veces, como una pompa de jabón demasiado frágil, se rompe antes de tiempo entre tus manos, no cristaliza nítida y fuerte, sino que le falta empuje para subir, y cae como un suflé mal preparado.
Y otras, como esta, el post toma vida propia, las palabras se suceden entre tus dedos alentadas por el piqueteo de tus dedos sobre el teclado y escribes el punto final sin tener que corregir ni una frase.

No, no insistas, ese recuerdo permanecerá allí. Por muchas razones que me costaría mucho explicarte.


domingo, 29 de junio de 2014

Vuestro tiempo

Acaba de empezar el verano y siento que se os esfuma la infancia a grandes zancadas. Sin embargo, vosotros vivís a lo grande. Entre partidos de baloncesto en el jardín, de vuestro deporte inventado en el garaje. El campeonato mundial en el cual os alternáis para ser el equipo visitante contra España. Lecturas libres -cuánto me alegra que me hayáis salido ratitas de biblioteca-. Juegos de mesa desperdigados por doquier. Cartas y videojuegos, piscina y carreras. Y peleas. Sanas y con palabrotas... cada insulto merece una reprimenda, cada falta de respeto un pedir perdón. 

Hoy he capturado uno de esos rincones en los que improvisáis vuestro juego, un mercado en el que los billetes son auténticos trozos de papel con unos euros dibujados y la balanza lleva lustros estropeada en el almacén. 


Cuatro patatas maltrechas y unas judías que quedaron en el fondo de una bolsa, la materia prima, unas cajas de madera hacen de mostrador. Bendita sea vuestra niñez. 

domingo, 22 de junio de 2014

Cada vez menos

 Empecé en este mundo virtual hace ya 15 años. Lo que se estilaba, por aquel entonces eran los chats, en los que personas con afinidades comunes nos encontrábamos y manteníamos diálogos de besugos en un muro público, pero las buenas conversaciones se encontraban en los privados que mandabas y recibías. Recuerdo aquella época divertida y libre, no tenía aún hijos. Conocí a algunas personas en la llamada vida real, pero nada permaneció en la posteridad.
De repente, la gente empezó a desaparecer de mi círculo habitual: todo "el mundo" estaba metido  en los foros, lugares en los que uno podía dejar algo escrito sin la necesidad de coincidir en el tiempo y en el espacio con las otras personas con quienes tenías alguna clase de afición compartida. Los foros dejaron de ser lo que eran allá por el 2004, año que recuerdo con dolor porque fue uno de los años negros en mi vida. Como había pasado con los chats, la gente se esfumó, como por arte de ensalmo. Bien, me hice lectora ávida de blogs, hasta que, en el 2010 creé el mío, éste. Desde el año pasado, sin embargo, "la gente" parece haberse mudado a Facebook -participo en algún grupo de forma activa- y a Twitter. Ya me disculparán, pero el minimalismo de los 140 caracteres es demasiado escueto para mi locuacidad.
No me parece mal, en serio, la interacción por las redes sociales, como en su tiempo los chats, los foros, el blog, me han regalado buenas amistades y me han devuelto algunas que tenía alejadas. Pero me disgustaría que los blogs terminaran desapareciendo, como pasó con las otras dimensiones del gran Matrix que, lo creamos o no, ya es una realidad paralela.

martes, 17 de junio de 2014

Lectores y lecturas


Se podría decir que existen tantos tipos de lectores como de personas. Tengo en mis genes la sangre de dos ávidos devoradores de libros. Cada uno de ellos lo es de una forma distinta. Mi padre tiene predilección por grandes autores de la novela negra, por la novela histórica y todo lo que tenga la estructura, se podría decir que más habitual y ordenada. Casi me atrevería a decir que su forma de lectura es muy masculina, es cuadrada, su biblioteca tiene colecciones de determinados autores y se enfada si le hacen perder el tiempo con un mal libro, una mala encuadernación o un lenguaje vulgar. Mi madre es una lectora compulsiva. Lo lee todo, desde la lista de ingredientes del champú hasta las encíclicas papales. Todos los libros del mundo, si cayeran entre sus manos, serían devorados con glotonería por ella. Su forma de leer sería, por contraposición, femenina, flexible, redonda, amplia, generosa.

En el término medio estaría yo (mis hermanos no han heredado la misma pasión por leer). No soy capaz de leer un libro que me tira constantemente de sus páginas con expresiones como “María, tú ya sabes cuánto adoro las obras de pintura clásicas”, o que presentan incongruencias o anacronismos, como mujeres en el siglo XIII con actitudes feministas al gusto actual, por decir algo. Como mi tiempo es el que es, es decir, escaso o muchísimo, cuando tengo que leer a ratitos robados me pone muy nerviosa que los nombres de los personajes se parezcan porque tengo que hacer un esfuerzo enorme en saber quién era quién. Si hay demasiado personaje me pierdo y me aturullo. Así que este tipo de novelas quedan reservadas para las vacaciones. Y cuando tengo tiempo, me convierto en una máquina tragalibros, tres de una sentada en una semana. Pim pam pum. Se podría decir que en cuanto al tipo de libros que escojo soy bastante ecléctica. Me gusta tanto la novela de cualquier tipo, las biografías, los relatos intimistas afrancesados, los best Sellers, los cuentos infantiles. No soy demasiado sibarita, lo admito. Sin embargo, lo que pido yo al libro que leo es que esté bien escrito, que acaricie mi corazón, que me arranque una sonrisa, o una lágrima, que no me deje indiferente, que no me haga perder el tiempo.

Mis hijos tienen, a pesar de ser muy pequeños, formas de leer muy definidas. El mayor, a pesar de ser sensible y creativo como mi madre, tiene una forma de leer parecida a la de mi padre: misterio, novela negra, ordenado y cuadriculado. En cambio, el pequeño, que es calcadito a su abuelo hasta en los andares, matemática y lógica pura, es un lector de prospectos de medicamentos, es decir, se parece más a mi madre, que lo lee todo todito, aunque no sea “de su estilo”.

Bien, y para los más curiosos, todos nosotros tenemos algunas manías más. Mi padre le pone nota numérica, mi madre los reparte por doquier, con dedicatoria de regalo, y yo, antes firmaba los libros y les ponía la fecha de compra. Ahora utilizo este precioso ex libris que me regaló Carme Sala (do-it-herself).

Y por último, una intimidad muy íntima: si el libro que he terminado me ha gustado mucho muchísimo le doy un besito al cerrar la última página y me abrazo a él unos segundos, y siempre, siempre, me da un poquito de tristeza despedirme de él cuando me lo he pasado bien.

Ah, sí, éste es el libro que estoy leyendo ahora, y me gusta mucho, de momento, porque está bien escrito y porque me gusta lo que dice.

miércoles, 11 de junio de 2014

De besos y celos


Te acuesto. Buenas noches cariño, buenas noches mami.

Recuerdo que te pones rojo hasta las orejas cuando tu padre y yo nos damos un piquito (¡¡se están morreando, puaj!!). Pienso cómo reaccionarás si te beso en los labios...

Te beso, sonríes.

- Shh, Bufón, nos hemos dado un morreo...

-¡No se lo digas a papá! -Exclamas con gravedad y cara de pillastre.

Encantada con la sensación de "traición", repito el besito y en cuanto puedo parar de reír, me voy a chivarme a tu padre (¡que sufra jajaja!)

Esta mañana, beso a tu padre, te escondes de nuevo muerto de vergüenza. Papá te dice:

-Oye, tú. Estoy muy celoso...
- (silencio y cara de póker)
-...le diste un "morreo" a mamá.
- (sonrisa de oreja a oreja) Uno no, ¡DOS!


Lo escribo, convencida de que no te va a gustar que comparta este momento. No lo hago por fastidiarte, ni por presumir. Lo escribo en ésta, mi ventana, sólo para que no se me olvide nunca este momento. Te quiero, niño.

jueves, 5 de junio de 2014

Aunque ya sabía que tenía que llegar este momento

Escribo hoy el Punto final de esta despedida que llevo temiendo desde hace ya mucho. Ahora ya sé que no va a consolarme el hecho de que fueras tan anciano, de que llevaras tanto tiempo enfermo, de que es ley de vida, de que te tocaba a ti antes que a nadie más. 

Si algo aprendí de su partida, del adiós de mi abuelabesitos, fue que no importa la edad que tenga la persona que se te muere, porque siempre vas a pensar que era demasiado pronto. 

Te guardaré en mi corazón con tu estar discreto, tus silencios, la firmeza de tus decisiones, la lealtad desmedida hacia los tuyos, tu mesa generosa, tus nietos sentados en tus rodillas, a veces a pares. 


Defenderé ante todos tu carácter severo, tan necesario. Te buscaré en mi forma de trabajar, en la mente de mi hijo menor, en la introversión del mayor, guardaré tu nombre como un regalo y el recuerdo de tu hogar como el que fue el mío, aquél en que nací. 

En nuestras últimas visitas te he repetido como un mantra que vamos a estar bien, te he agradecido que hayas hecho de nuestra familia un lugar seguro, te he dicho cuánto te quiero. Os quiero, a los dos. Hoy os reuniréis hasta el fin de la eternidad. Doy gracias a Dios por haberme permitido disfrutar de vosotros. 


https://www.youtube.com/watch?v=sAChzSnPbBA

viernes, 30 de mayo de 2014

Curando

Quisiera poder aliviarte el dolor que late con arrogancia bajo tus sienes, pero poco puedo hacer, más que sentarme al otro lado a poner por escrito algunas de las cosas que el teléfono me ha impedido decirte.

Se asemejan las heridas del alma a las de la piel. Cuando una herida no se cierra, después de tanto tiempo de haberse producido, probablemente se limpió  mal. Los bordes quedaron mal delimitados, nadie supo qué debía hacer, proliferaron las malas palabras como si fueran microbios y gérmenes. No te estoy diciendo que sea imposible volver a conseguir una piel sana, pero requiere varias cosas de las que no sé si dispones.

En primer lugar, necesitarías una buena encarnadura. Una buena alimentación y una hidratación adecuada harán que tu piel cierre mejor. Así, una relación que se nutre de lo básico, de lo realmente importante, afrontará mejor la recuperación cuando las cosas van mal. 

Luego, como te decía, en caso de haberse lastimado (¡nos pasa a todos!), habría que haber limpiado  bien la lesión: resolver el bache antes de acostarse si es posible, y muchísimo mejor un polvo de aquellos que te reconcilian con la vida misma (perdón por la imagen gráfica, pero ya no estamos en horario infantil). Claro, eso se hizo mal. Así que quedó suciedad que hace que supure la herida cada dos por tres. Se acumularon capas y capas de reproches sobre los que el perdón encontraba una costra purulenta que no hacía más que crecer y crecer.

Así no hay manera de curar nada. La única opción que se me ocurre es una  cura radical, de quirófano. Primero, dejar que corra el aire sobre esa herida, poner distancia y dejar que el flujo sanguíneo  deje que vaya muriendo el rencor. Y luego viene la parte más dura, la que tenéis que saber que duele más, desbridar la herida, es decir, recortar el tejido muerto y cuidar mucho la carne nueva que nacerá en su lugar.

No hay garantía alguna de que la infección no haya pasado al torrente sanguíneo, de hecho, lloramos porque tememos que tendremos que dar sepultura a ese amor que agoniza en vuestras manos. Y, si se pudiera desechar ese rencor, el agujero que hay que cerrar es grande y dejará una cicatriz tremenda, que quizá vuelva a infectarse. Sólo tú sabes, bueno, vosotros sabéis, si la piel, vuestro tejido será capaz de superar la cirugía y si sereis lo suficientemente fuertes como para dar un buen tijeretazo a lo que la infecta. 


Sea lo que sea, estoy aquí para aguantar tu mano mientras corra el bisturí, mientras te pongan los puntos de sutura  y para acompañarte en el duelo si finalmente no lograrais superarlo. Va a doler, pero debes ser muy valiente, porque ahora el mal ya está hecho, hay que curar, sí o sí.


domingo, 25 de mayo de 2014

Tres aniversarios

La semana que acaba de pasar ha sido intensa en emociones. Después del regreso del viaje a Gran Canaria, se ha cumplido el primer aniversario del adiós de la abuelabesitos. Se supone que uno se prepara toda la vida para despedir a los que le preceden, más cuando éstos superan los noventa. Sin embargo, yo sigo echándola tanto de menos... Extraño su mirada, sus manos, su compañía, su cariño. 

Claro, que la vida sigue para los que nos quedamos aquí. A lo mejor es una tontería, pero me gusta celebrar el aniversario de la casa en la que vivo, que fue el día 21, aunque, en realidad, lo recuerdo sólo porque es un par de días antes de nuestro aniversario de boda. Las celebraciones este año se limitaron a comprar un par de cosas bonitas para nuestro nido y en irnos al cine. Lo sé, no tiene ningún mérito, pero créanme, cumplir 16 años de matrimonio y seguir queriéndose sí lo tiene.  

El castillo vuelve a estar plagado de gatitos, de rosas, de rincones por ordenar. Mi máquina de coser aguarda muda a que yo vuelva a tener algo de tiempo. Los pucheros cambian sus caldos por comidas frías, la primavera se esconde tras las cortinas. Los niños se hacen mayores y afrontarán este final de curso que se presenta cuesta arriba. O cuesta abajo, porque ya sabemos cómo pasa el tiempo. Así es.


lunes, 19 de mayo de 2014

Es tan fácil ser tu amiga...

Le dijo Meredith Grey a su amiga Cristina que era su persona. Y yo te lo dije a ti: eres mi persona. No, no olvido que él llegó antes, pero su lugar es otro, él es mi pilar. 
Nuestra amistad es otra cosa. Allí donde no llega mi escasa capacidad de ver en tres dimensiones el mundo, llegas tú con tu magia y haces que yo comprenda. Cuando no sabes como arrancar, suelto mi retahíla que te inspira. Cuando estás triste, lloro un poco contigo. Cuando me hago pequeña a tu lado, tú acaricias mi pelo y me haces sentir acompañada. Cuando trabajamos en común, las ideas brillan, queremos ser perfectas, y sabemos hacer que todo salga bien. Me desespero cuando fotografías cosas que yo ni siquiera he sido capaz de ver, y me empapo de la belleza que eres capaz de detectar donde mis ojos ni siquiera han llegado. Me entregas tu confianza para ayudarte resolver tus dudas. 
Las fisuras de nuestras almas tienen las mismas cicatrices. La fuerza que nos mueve, es la misma. 
Juntas somos capaces de hacer cosas bonitas, de hacer el bien, de repartir cariño, de reír, de interpretar papeles, de anticiparnos a la sonrisa ajena, de ser payasas, valientes, ingeniosas y grandes. Nuestros hemisferios cerebrales se complementan cuando nos encontramos. Incluso nuestros "ellos" han aprendido que es un poco inevitable. 
Me lo he pasado muy bien contigo, ha sido como volver a los juegos de la infancia, aquellos que nos alborotaban el corazón y nos pintaban las mejillas de verano. Sí, ya sé que nos conocimos hace apenas cuatro años, pero las niñas que fuimos se parecían muchísimo. 
Espero que el futuro nos permita disfrutar de nuestra compañía mutua para que podamos dejar nacer de nuestra manos más proyectos emocionantes. Gracias, Mevamaleta., eres muy grande.
http://grooveshark.com/#!/now_playing/Hawaiian+Guitar/2QUFiv

miércoles, 7 de mayo de 2014

Marcando tendencias

No me lo puedo creer, ¡¡he acuñado un neologismo!! 

Hoy en su post, Gema Lendoiro vuelve a hablar de la Corrala 2.0.  que presenté aquí.

¿La razón? Pues otro parto de famosa a la cual ni siquiera le dieron la oportunidad de esperarse a ver si le hacían la cesárea o no para criticarla. 

Me pregunto si es que estas mujeres no tienen nada mejor que hacer con sus vidas. El otro día una me  decía en una conversación de Facebook que si se ponía como una hidra en favor del parto vaginal y prolactancia o no sé qué era en defensa de mis partos y de mis lactancias. Os juro que no daba crédito. No sabía yo que algo que mis senos y mi útero hicieron por su cuenta fantásticamente programados por la Madre Naturaleza, necesitara abogados. 

No me atreví a decirle a esa amazona, a esa Juana de Arco, que, salvo sorpresas de última hora, no tengo intención de procrear más.

En fin. Me pregunto si no sería un acierto contratar a estas graciosas Cheerleaders de la teta para causas tan saludables como exigir que se reduzcan los contenidos de sal, azúcares y grasas de los alimentos, o que se prohíba la exhibición de cuerpos enfermos a las pasarelas. Eso también es defender la salud.  

lunes, 5 de mayo de 2014

De amores y suertes II

Las cosas buenas llegan así como sin que uno las espere.

Como estas cerezas, que ha dejado en mi cocina para nosotros alguien que hace todos los días mucho más por nosotros de lo que jamás hubiera podido esperar.




Bueno, no pensaba en las cerezas, precisamente, de camino a mi casa este mediodía, ya he dicho que han sido una sorpresa. Pensaba en contaros algo que pasó en el castillo, en una cena cualquiera de un día cualquiera. 

Descubrió mi niño grande, que cada día lo es más, que la mejor parte de la lechuga es el centro, el pequeño cogollito de hojas tiernas y blancas, que ofrecen al morder una resistencia suave. Él, reservado y tímido, sonreía agradecido cuando se lo servía (sí, ya saben, las madres solemos comer las hojas más feas y verdes). La otra noche le enseñó a su hermano su descubrimiento. 

-Bufón, mira, si te toca esta parte de la lechuga, es lo más rico.

Entonces, dividió en dos su codiciado corazón de la ensalada y le dio un trocito a su hermano pequeño. 

Pensaba, mientras regresaba hoy del trabajo en contaros este retalito de amor, mi regalo por el día de la madre. Y resulta que mi suerte, mi verdadera suerte, está en que nosotros estamos rodeados de amor, así es tan fácil aprender... 

Las cerezas están deliciosas, parecen corazoncitos minúsculos. 

martes, 29 de abril de 2014

De amores y suertes

A veces pienso que tuve suerte de encontrarte en mi camino. Y te lo digo, y me miras desde el otro lado de tu muralla sin agujeros y me dices que es verdad, que tuvimos suerte los dos. Y yo sé que yo tengo más suerte, que yo sin ti...
Y entonces entro al lugar ese tan secreto de tu coraza, donde estás desnudo y sin huesos, y nos hacemos un ovillo como dos gatitos recién nacidos, y pienso que los dos, los dos tuvimos suerte. 

Alguien se preguntaba, en qué nos basamos para elegir al padre de nuestros hijos. 
Yo te encontré con la adolescencia a medio construir, la mía y la tuya. Recuerdo cuánto me resistía a aquello que me empujaba a no poder no amarte. No quería saber con tanta certeza que tú eras mi yo. Pero era una verdad que echaba raíces sobre mis pies en ti. Y me resigné a ese amor inevitable porque, sencillamente, era perfecto.

Si tú eras todo aquello que me faltaba, sólo podríamos crecer hacia otros, hacia esos hijos que tendíamos que tener. Y cuando los niños no llegaban, o llegaban y se iban, y cuando llegaron y por fin se quedaron para siempre, nunca dudé de que nadie podría ser el padre de mis hijos si no eras tú. 

Así que tengo la respuesta a la pregunta: te elegí como padre de mis hijos, porque eras perfecto para mí, para nosotros. Además, ¿les ves? son todo lo mejor de ti y de mi. Y saben que nos queremos y que, en el fondo, ellos son lo primero pero se irán y nos quedaremos queriéndonos cuando ellos encuentren a sus ellas.

No me hagas mucho caso, estoy tonta, te veo enamorándote de mi, y de repente me acuerdo de cómo era al principio, se me para a ratos el corazón.
Me voy a hacer la cena.

jueves, 24 de abril de 2014

De cómo os imagino

Hoy la  hemos despedido, tu amiga, tu amiga del alma, ha aguantado casi un año más que tú, a pesar de que su salud siempre fue mucho más delicada que la tuya. Yo siempre la conocí mayor, pero las fotos que he visto suyas me hablan de una mujer de una belleza digna de formar parte del elenco de una película de Mastroianni.
No sé cuándo os conocisteis exactamente, pero viendo vuestras fotos de juventud os imagino con los vestidos de corte perfecto, las faldas al bies, los bolsitos de piel, los zapatos de salón, el pelo impecable, como recién sacadas de un episodio de Velvet, sentadas junto a ellos, vuestros guapísimos maridos que os trataron  como reinas toda su vida. 
Hoy imagino vuestro reencuentro, en el más allá, despojadas de vuestros achaques de ancianas, de vuestras arrugas, de la tristeza que produce hacerse mayor y perder a quienes amas. Habéis colgado vuestro envoltorio nonagenario para regresar a lo más amable de la larga vida que compartisteis puerta con puerta. Imagino las confidencias en voz queda ante una taza de Nescafé, las carcajadas producidas por esa capacidad tan valiosa de reírse de vuestras propias penas, que sólo vosotras dos teníais. Cuánto bien nos hizo a todos vuestra amistad, vuestra compañía y vuestro apoyo mutuo. 
Sí, es cierto, seguramente para ella el reencuentro con su amor, que se marchó hace ya cuatro años, ha sido muchísimo más esperado y emocionante. Pero a ti te necesitará para compartir aquellas confidencias que uno sólo puede decir a un amigo de verdad: los miedos, las tristezas, lo que acarició su corazón, decirte cuánto echó de menos tu presencia, cuánto le habría gustado pasar sus últimos años junto a ti. 

Cada vez queda menos para que os podáis reunir los cuatro y reír juntos como siempre. Estoy segura de que cuando le llegue el momento al abuelo, se cerrará para vosotros el círculo de amor. Regresaréis al inicio de vuestro tiempo, a las pequeñas casas de la carretera que albergaron el nacimiento de vuestras familias. Fuisteis irrepetibles, os echo mucho de menos.



miércoles, 16 de abril de 2014

Érase una vez,

Si te cuentan alguna vez la historia de la Princesa del guisante, te hablarán de reinos, de una princesa que se perdió. Bueno, te explico, por lo visto, encontró un hogar humilde y como estaba desaliñada y harapienta, no podían comprobar si pertenecía o no a la realeza (no se fiaban un pelo, la verdad). Para poder constatarlo, la pusieron a dormir sobre una pila de colchones enorme, bajo la cual dejaron un guisante. La princesa no pudo pegar ojo en toda la noche, tan delicado era su dormir. 

Ya he contado alguna vez que yo no soy exactamente la mismísima princesa del guisante, sin embargo, soy COMO ella, con un dormir delicado y la necesidad constante de demostrar a todos quién soy yo (aunque tal vez sólo tenga que demostrármelo a mí misma). 

Desde hace más de cuatro años comparto desvelos con una buena amiga, Carme Sala. No, no es solo una amiga más. Ella es mi media-yo, la comadre de nuestros dos libros, mi confidente y mi consuelo. Y yo espero que ella sepa -creo que así es- que yo estoy siempre preparada para escuchar, para ayudar, para reír y para llorar con ella cuando lo necesite. Carme tiene algo que sabe que envidio desde lo más verde y profundo del guisante del colchón: la capacidad de convertir el mundo en dibujos. Eso, y un gusto finísimo que convierte el mundo en un lugar plagado de delicatessen para los sentidos. A ella debemos la imagen hasta hoy, de este blog. Y hoy me ha hecho el regalo más bonito y delicioso que me han hecho en muchísimo tiempo. 

Mientras empiezo a limpiar el polvo de los rincones y a empapelar la pared del fondo, podéis ir abriendo boca con esta delicia.



... permíteme felicitarte y agradecerte el regalazo de dos formas: La frase impagable de Dindón, el reloj de cuco rococó de La Bella y la Bestia de Disney: 
"Si no es barroco, es barraca" 
y con esta canción, que está para siempre ligada a la amistad. 


http://youtu.be/2YP9SwSX980

Y te lo digo otra vez: t'estimo molt, guapa.


domingo, 13 de abril de 2014

Fachadas e interiorismos? III

Ésta ha sido una entrada sorpresa. Será una entrada festiva, porque con ella recibiré al visitante número 400.000 al castillo. En realidad, ese es el número contabilizado, porque los primeros seis meses del blog, no existía el contador de visitas en Blogger. Sea como sea, tú, que me lees esta mañana de domingo, eres el afortunado que ganará un aplauso virtual (la crisis es tremenda, recuérdalo)

Bueno, el post, la sorpresa prometida. Me la dio ella, porque no esperaba encontrarla tan vital y lúcida. Hoy voy a permitirme la licencia de cambiar el símil de la casa por la de un coche. Su cuerpo es una vieja furgoneta familiar con demasiados baches por el camino. Aunque su chasis no tiene demasiados golpes, el eje de la distribución la obliga a caminar con andador. Sus faros apenas le muestran el camino. Le fallan el carburador, la culata, el ventilador y hay que andar rellenándole el depósito cada dos por tres,  porque es una golosa, no vayan a creer que pierde aceite. Pero, ah, su interior. Bellas incrustaciones de madera en el volante y en el salpicadero, asientos tapizados de piel, luces brillantes por todas partes, sin duda, que hacen que ovides que estás sentado en una máquina de 84 años. 

Ese portento de mujer es mi abuela, la que fue, la que es, maestra. Es una lástima que no la tenga más cerca, y que el teléfono me impida establecer una conversación civilizada, -tenemos que hablar a gritos- porque hablar con ella te obliga a desempolvar ese espíritu marcial que te inculcó cuando te enseñaba a tensar las sábanas y a frotarte detrás de las orejas cuando eras una cría.  

Está tan informada, que me preguntó sobre una noticia que todavía no había salido en mis últimas noticias de Facebook, no digo más. Admiradora ferviente del Papa Francisco, casi tanto como lo fue de Benedicto, preocupada por la política, indignada por la poca vergüenza de quienes nos gobiernan que tienen los bolsillos llenos de nuestro dinero. 

Salí de allí con una lista (literal) de encargos que tengo que hacer para ella: una copia de la foto de su Virgen (la otra la perdió, dice, creo que se la regaló a su amigo del alma), una funda para colgar su móvil, una cinta (otra) para las gafas de cerca, unas fotocopias de algo que tengo escrito, unos patucos para que ella pueda regalarle a la directora de su centro... Y para pagar lo que vale todo eso, una frase que ella entonó como quien eleva una oración: ¡qué suerte tenemos de tener esta vida interior tan grande! 


viernes, 11 de abril de 2014

Fachadas e interiorismos. II

La historia de hoy tiene también relación con el hogar que nos viste, aunque nada tiene que ver con la anciana que pintaba y repintaba su fachada.
A ella, le pareció que su casa necesitaba con urgencia una renovación. Fue hace muchos años, cuando liquidó la tienda y volvió a hacerse cargo de su familia. Desmanteló cada una de las habitaciones, lavó lámparas, colchones, cortinas, rincones, pintó paredes, cambió alfombras, cojines y cuadros. Nada estaba lo suficientemente limpio, pasó intendencia general sobre los servicios mínimos que había podido cumplir su madre, ya anciana, mientras ella trabajaba fuera de casa por primera vez en su vida.
Su madre falleció este verano, siendo muy muy viejita, casi centenaria. Durante los primeros meses la tristeza la mantuvo distraída, pero hace unas semanas empezó a encontrar la pintura de las paredes y techos sucias, las cortinas dejaron de gustarle buscó un armario nuevo para poder ordenar su interior de nuevo. 
En ninguna de las dos ocasiones la suciedad era tan importante como para organizar el zafarrancho general, pero en los dos casos, ella, sin duda, necesitaba acicalar y ordenar su corazón. Estoy segura que encontrar luz y belleza le hará bien, se encontrará a sí misma. 

jueves, 10 de abril de 2014

Fachadas e interiorismos. I

A todo el mundo le llama la atención que una persona tan mayor, 88 años, tenga la fachada de su casa tan limpia y cuidada. Dejó de pintarla personalmente cansada de que la gente hablara de si era capaz de hacerlo, porque si por ella fuera, seguiría ocupándose de esa tarea. A pesar de las habladurías, con el pincel pequeño sigue dando su toque impecable a la barandilla de su balcón y a la puerta de madera de la entrada. Cada año se ocupa de las pequeñas reformas de su casa, para que se vea bien.
Vive sola, su única hija le insiste en que deje el pueblo y se vaya con ella a la capital, en su cómodo duplex hay siempre lugar para su madre. Pero su yerno le gusta lo mínimo, seguramente percibe su hostilidad cuando la salud la obliga a hospedarse en su casa. 
Será por eso que ahora, más que nunca, dedica todo el esfuerzo en procurar que su aspecto exterior esté inmaculado. Y nadie se preocupa de ver que hay tras ese exterior impoluto. 

domingo, 6 de abril de 2014

Claro que voy a escribir sobre nuestro encuentro

Me resistía a acudir a la cita, porque me sentía totalmente incapaz de resumir los últimos 26 años de mi vida, el tiempo que había pasado desde la última vez que coincidía con vosotros. Me superaba la sensación de que, además, entre algunos de vosotros sí habíais mantenido un contacto habitual.

Pensé que poco quedaba en mí de la niña que fui, y a duras penas recordaba algo de quienes fuisteis vosotros, de algunos, ni el nombre (perdona, Ramón). Pero algo tras tu petición insistente me hizo aceptar.  

Me has preguntado qué ha sido exactamente lo que has dicho para convencerme. Y creo que ya sé. Has estado tan enferma, que ya no sólo te limitas a ir viviendo. Tú devoras la vida a grandes bocados, con la fruición del que sabe que hay que vivir cada día como si fuese el último. De lo que me has contado (un infarto a los 33, doce intervenciones quirúrgicas, cáncer de tiroides, el fallecimiento tristísimo de tu padre hace cinco años, embarazos ectópicos, como yo...) ciertamente se podría escribir un libro, como te he dicho. Pero a mí me gusta mirar más allá, y me ha divertido que todos vosotros, que me conocíais siendo una cría, ya os habíais dado cuenta de esta manía mía de observarlo todo.

Me ha llamado la atención que te preocupara tu cicatriz (te aseguro que no la he visto hasta que me la has señalado), porque yo miraba tus ojos, esos ojos, esa mirada de haberle mirado de frente a la muerte que disimulas con tanto desparpajo pero que a mí no se me escapa. Bueno, yo no sólo a los tuyos. He visto muchas cicatrices del alma entre nuestros compañeros, ¿sabes? Casi todas, heridas sanadas, porque estábamos alegres como aquellos cachorritos que jugaban en el pequeño patio del colegio. He visto miradas curiosas, divertidas, tímidas, la mirada desconfiada de aquel niño con el que discutía, la barriguita cervecera de nuestro espíritu rebelde, que aún lo es. Incluso he encontrado una mirada tan triste que ha arañado mi corazón. Esa la guardo para mi colección de momentos en los que he sido demasiado cobarde para preguntar, porque temía no estar a la altura con mi respuesta.  

Me he quedado con ganas de un café largo y tendido con cada uno de vosotros, para conoceros, para volveros a conocer, porque, en realidad, todos somos un poco aquello que fuimos. Brindo por el reencuentro, y brindo por ti, por haberme dado ese tironcito en el alma, niña valiente. 





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