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viernes, 5 de julio de 2024

Feliz cumpleaños, Niña

 La niña sobre la vía del tren


   "Se podría pensar que esta historia empieza con el llanto desesperado de un bebé en la madrugada, pero no es del todo verdad. 

    Aunque sería una buena forma de empezar, porque casi le da un infarto al pobre paisano que se había levantado antes del alba para empezar su turno de riego, cuando descubrió que el gemido que acababa de quebrar la noche procedía de una criatura envuelta en pañales que había sido depositada sobre la vía. La habían dejado sobre el paso a nivel que cruzaba el camino de su casa hacia el pueblo. "

Así empieza el preámbulo de La niña sobre la vía del tren. Hace justo un año me senté ante mi ordenador para dar a conocer el libro que había estado gestando desde finales del 2018. Sí, cinco años tardé en dar a cada palabra el lugar y la forma que necesitaba para poder dar a conocer esta historia. 

Porque lo que cuenta este libro no es nada sencillo. Alguien, en un momento muy desesperado, deja a una criatura de meses abandonada en la vía del tren. El origen de esa desesperación y las consecuencias que trae este acto tan terrible es lo que se cuenta en sus 240 páginas. La mala noticia es que lo que sucede está basado en hechos reales. 

La niña sobre la vía del tren habla de muchas más cosas. Con el telón de fondo de la sociedad catalana rural a lo largo del siglo XX, se desgrana una historia familiar con un alto contenido de relato psicológico. Aborda cuestiones emocionales tan graves como el narcisismo, la depresión posparto, la soledad, la inadaptación, la infidelidad. 

Como decía Tita en Como agua para chocolate, "lo malo que tiene el hecho de llorar cuando uno está picando cebolla, no es el simple hecho de llorar, sino que, como quién dice, uno se pica y ya no puede parar." En La niña sobre la vía del tren, uno le pega el primer bocado al preámbulo y ya no puede parar de sentir ese nudo en la garganta, no se puede dejar de leer. ¿Quién, por qué? 

El relato tiene lugar en un domingo de cocina y plancha, de esos que vivimos en todas las familias. Marisol y Sara, madre e hija se cuentan entre cafés y en tiempo presente la historia de Carmen, la abuela de Sara, que acaba de fallecer. La novela contiene otra novela insertada, en pasado, que nos transporta a la época de la infancia y nos conduce al complicado devenir de la historia de esa familia. 
La niña sobre la vía del tren es, en el fondo una historia de perdón, si es que eso es posible. 

El libro está disponible en Amazon, comprar aquí Me siento muy orgullosa de poder decir que durante todo este año ha estado casi siempre en el top ten de la categoría "Ficción sobre madres e hijos", con muy buena crítica por parte de los lectores, aunque por cuestiones técnicas, tuve que cambiar la primera portada por la que veis arriba.

Sea como sea, para mí el libro es, ante todo, un gran logro personal. He dado a conocer la terrible historia de esa niña que fue abandonada en la vía del tren, he puesto voz a la historia que mi abuela siempre habría querido contar, la muerte de su padre. Y a la niña que siempre creyó que las cosas buenas les pasaban a los demás, le ha devuelto el lugar que le correspondía en el mundo. 

Gracias a todos y cada uno de los que habéis dedicado tiempo a leer esta historia, mi historia, que ahora es vuestra. 

viernes, 10 de mayo de 2024

Remendar las entretelas

Los abrazos necesitan empatía, comprensión, dedicación plena, concentración, amor. Algunos son peligrosos, porque la entrega es verdadera y las intenciones no siempre son recíprocas. Algunas personas quieren controlarte y su abrazo se convierte en un atraco a mano armada. El cuerpo lo sabe y, en lugar de sentir placer, responde emitiendo señales de alarma que recorren la columna vertebral y te congelan.

A veces nos vemos obligados a abrazar sin ganas, por compromiso, a personas cuyo afecto hacia uno es nulo. Seguramente el sentimiento sea recíproco y bueno, ahí estamos, entre los brazos de alguien con quien sabemos que no encajamos, contando cuantas milésimas de segundo son necesarias para soltar al otro sin parecer maleducado. Ese pan sin sal de los abrazos deja el cuerpo tibio. 

Los adultos cambiamos los abrazos escurridizos de la adolescencia por abrazos verdaderos, de aquellos en los que te entregas en el otro y abres el alma para que el otro descanse en ti. De los que te tienen meciéndote algunos segundos que quieres que no terminen. Se aprende a abrazar. La parte sencilla es la de dar el abrazo. Bien, pero lo de recibirlo, eso no es tan sencillo. Dejarse querer, aceptar el regalo del abrazo de alguien, bajar la guardia y dejar que el otro te remiende las entretelas, para eso hay que romper el caparazón y aceptar ese momento en el que el otro se regala y te quiere porque sí. 

El cielo se debe parecer a estar en un abrazo permanente.



domingo, 31 de marzo de 2024

Entre hilos

 Bordar tiene algo hipnótico. Se parece a pintar: plasmar una idea en un lienzo, pero con hilos de colores en lugar de pinturas.

El proceso creativo de una labor bordada es fascinante. Escoger un diseño, plasmarlo en la tela, elegir la gama cromática, el hilo adecuado, colocar la pieza en el bastidor y tensar. Cortar el hilo de la longitud precisa, esconder la hebra —no, no se debe anudar jamás en el revés del bordado— y el pequeño vuelco en el estómago de dar la primera puntada, que no es como el primer beso, pero casi. 

Y entonces se apaga el mundo y el tiempo fluye entre tus dedos igual que el pensamiento discurre por tus nudos internos y tus problemas. El bordado es altamente terapéutico y sanador. 


No siempre escojo el bordado para sanar mi alma. Cuando tengo un trago complicado opto por el ganchillo porque ahí todo pasa con otra cadencia, mucho más rápida y mucho menos comprometida, porque si te hartas, tiras del hilo y el trabajo o el problema desparecen con arte de prestidigitador. Deshacer un trozo de bordado requiere mucha prudencia y tijera,mejor pensarlo bien. 

A mí se me da fatal pintar, voy mal de habilidad y regular de paciencia, a pesar de sus trazos rápidos o tal vez por ellos. 



Tradicionalmente las mujeres se sentaban con las piezas de sus ajuares en el regazo y mientras sus manos creaban labores maravillosas, compartían confidencias y chismes y se acompañaban en sus dificultades. 

Mi bordado es, en cambio, solitario me obliga a detener la mente. Cada pincelada es apenas un tramo de hilo, apenas unos milímetros, a veces, ni eso. Me amarra las riendas del alma y me redibuja los bordes, me reafirma, me acompaña y me conforta. Me dice que al final, todo saldrá bien. 


miércoles, 1 de noviembre de 2023

Formas de decir adiós

En mi paseo por mis camposantos me rompe el corazón ver las lápidas de ese matrimonio que tuvo 12 hijos y ninguno de ellos, ni sus nietos, han sido capaces de dejar una una flor.




En el mismo cementerio, en el otro extremo, observo el duelo impúdico del pueblo gitano, que llora a demasiada gente joven. Sus sepulturas se distinguen a kilómetros de las demás por sus caballitos y sus flores blancas y azules y sus ángeles (qué dolor tan terrible la muerte de un niño) y las fotos de gente tan joven y sus mujeres de luto, ellos con la vara, todos con pañuelo negro. Familias enteras que lloran, que pasan horas honrando a los suyos. 

Me gustaría sentirme libre y llorar así, sin pudor, por mi padre, por mis abuelos, por la amiga de la que no pude despedirme. Ella, de mi edad. Los últimos años pasaba junto al nicho de su madre y le pedía que cuidara de ella. Hoy, cuando he visto sus fotos juntas se me ha roto otra vez el alma. 

Hoy me acuerdo de mi nueva amiga que justito estaba recuperándose un poco tras la muerte de su padre hace un año y ahora acaba de enterrar a su madre y quisiera dejar una flor para ellos. La dejo aquí, en su honor 💐

#cementerios #todoslossantos #sobrelamuerte #formasdeduelo

lunes, 12 de enero de 2015

Cinco años aquí



No recuerdo ya quién era yo antes de ti. Creo que era mucho más frágil e insegura. No sabía que necesitaba tanto escribir. No sabía que casi todo se puede describir con palabras, excepto el amor por un hijo, el dolor por la muerte de alguien a quién amas, o cuánta es la amistad que sale de la nada. 
A ti te debo nada más y nada menos que el gran salto al vacío de escribir un libro que ha hecho llorar de emoción y que ha ayudado y confortado, y del que le siguió. 
Te debo la compañía de las casi 500.000 visitas que han venido a mi humilde castillo a leer con paciencia cómo me estuve a punto de rendir mil veces. 
No puedo prometer ya nada, he aprendido que hay demasiado cariño en juego. Así que me limitaré a repartir tarta entre todos y a invitar a quién te visite hoy a leer alguna de las viejas entradas de este blog; en cada una de ellas hay algo de mí. 
Gracias, Princesa del Guisante, alter ego de mis entretelas. 

domingo, 31 de agosto de 2014

De puntillas

Termina agosto tal como llegó, como quien entra de puntillas en la habitación de alguien que está dormido. De puntillas paso por las emociones ya conocidas, las ausencias, las discrepancias, que se me hacen tan mayores los niños y se acaba el verano y no tuve tiempo de ir a verla, y que empiezo la última semana de vacaciones y no tendré tiempo de sentarme, así que no hago planes para no tener que comérmelos con patatas. De puntillas afronto mis decepciones, las tormentas en vasos de agua, de puntillas, que empieza nueva vida y estamos navegando entre la ansiedad por que llegue ya y la nostalgia de lo que queda atrás, de puntillas miro a mi niño milagro y sé que a él también le cambiará la vida. Y siento tremenda tristeza por él, porque siempre será una maravillosa pieza cuadrada en un mundo redondo. 
Y paso aquí a contar todo esto de puntillas porque me antes me resultaba mucho más fácil. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Espectadora

No todos los momentos vividos te tienen como protagonista absoluto. En determinadas ocasiones, uno deja de ser protagonista, ejecutor, actor en su propia vida y se convierte en espectador. Las decisiones no son propias, sino de los demás, a pesar de que te atañen con rigor. Y te ves comprando cosas que no te gustan tanto, postergando actividades que realmente te apetecerían y quisieras estar con gente que no está.

Y vas acumulando resignaciones, porque no queda otra. Porque ellos crecen, porque los afectos de los demás no dependen de ti, porque hay cosas que son inevitables. Y porque muchas veces, tú mismo has colocado en el escenario todos los ingredientes que terminan por apartarte de él, y entonces hay que sentarse en el patio de butacas y aguardar al desarrollo de la función, esperando, al menos, que no sea un drama, sino una comedia ligera.

Y no hay programa de mano.


martes, 17 de junio de 2014

Lectores y lecturas


Se podría decir que existen tantos tipos de lectores como de personas. Tengo en mis genes la sangre de dos ávidos devoradores de libros. Cada uno de ellos lo es de una forma distinta. Mi padre tiene predilección por grandes autores de la novela negra, por la novela histórica y todo lo que tenga la estructura, se podría decir que más habitual y ordenada. Casi me atrevería a decir que su forma de lectura es muy masculina, es cuadrada, su biblioteca tiene colecciones de determinados autores y se enfada si le hacen perder el tiempo con un mal libro, una mala encuadernación o un lenguaje vulgar. Mi madre es una lectora compulsiva. Lo lee todo, desde la lista de ingredientes del champú hasta las encíclicas papales. Todos los libros del mundo, si cayeran entre sus manos, serían devorados con glotonería por ella. Su forma de leer sería, por contraposición, femenina, flexible, redonda, amplia, generosa.

En el término medio estaría yo (mis hermanos no han heredado la misma pasión por leer). No soy capaz de leer un libro que me tira constantemente de sus páginas con expresiones como “María, tú ya sabes cuánto adoro las obras de pintura clásicas”, o que presentan incongruencias o anacronismos, como mujeres en el siglo XIII con actitudes feministas al gusto actual, por decir algo. Como mi tiempo es el que es, es decir, escaso o muchísimo, cuando tengo que leer a ratitos robados me pone muy nerviosa que los nombres de los personajes se parezcan porque tengo que hacer un esfuerzo enorme en saber quién era quién. Si hay demasiado personaje me pierdo y me aturullo. Así que este tipo de novelas quedan reservadas para las vacaciones. Y cuando tengo tiempo, me convierto en una máquina tragalibros, tres de una sentada en una semana. Pim pam pum. Se podría decir que en cuanto al tipo de libros que escojo soy bastante ecléctica. Me gusta tanto la novela de cualquier tipo, las biografías, los relatos intimistas afrancesados, los best Sellers, los cuentos infantiles. No soy demasiado sibarita, lo admito. Sin embargo, lo que pido yo al libro que leo es que esté bien escrito, que acaricie mi corazón, que me arranque una sonrisa, o una lágrima, que no me deje indiferente, que no me haga perder el tiempo.

Mis hijos tienen, a pesar de ser muy pequeños, formas de leer muy definidas. El mayor, a pesar de ser sensible y creativo como mi madre, tiene una forma de leer parecida a la de mi padre: misterio, novela negra, ordenado y cuadriculado. En cambio, el pequeño, que es calcadito a su abuelo hasta en los andares, matemática y lógica pura, es un lector de prospectos de medicamentos, es decir, se parece más a mi madre, que lo lee todo todito, aunque no sea “de su estilo”.

Bien, y para los más curiosos, todos nosotros tenemos algunas manías más. Mi padre le pone nota numérica, mi madre los reparte por doquier, con dedicatoria de regalo, y yo, antes firmaba los libros y les ponía la fecha de compra. Ahora utilizo este precioso ex libris que me regaló Carme Sala (do-it-herself).

Y por último, una intimidad muy íntima: si el libro que he terminado me ha gustado mucho muchísimo le doy un besito al cerrar la última página y me abrazo a él unos segundos, y siempre, siempre, me da un poquito de tristeza despedirme de él cuando me lo he pasado bien.

Ah, sí, éste es el libro que estoy leyendo ahora, y me gusta mucho, de momento, porque está bien escrito y porque me gusta lo que dice.
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