© de la imagen La meva maleta

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domingo, 29 de junio de 2014

Vuestro tiempo

Acaba de empezar el verano y siento que se os esfuma la infancia a grandes zancadas. Sin embargo, vosotros vivís a lo grande. Entre partidos de baloncesto en el jardín, de vuestro deporte inventado en el garaje. El campeonato mundial en el cual os alternáis para ser el equipo visitante contra España. Lecturas libres -cuánto me alegra que me hayáis salido ratitas de biblioteca-. Juegos de mesa desperdigados por doquier. Cartas y videojuegos, piscina y carreras. Y peleas. Sanas y con palabrotas... cada insulto merece una reprimenda, cada falta de respeto un pedir perdón. 

Hoy he capturado uno de esos rincones en los que improvisáis vuestro juego, un mercado en el que los billetes son auténticos trozos de papel con unos euros dibujados y la balanza lleva lustros estropeada en el almacén. 


Cuatro patatas maltrechas y unas judías que quedaron en el fondo de una bolsa, la materia prima, unas cajas de madera hacen de mostrador. Bendita sea vuestra niñez. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Desandando nuestro camino

Sé que me leen muchas madres. Apuesto que un buen número de nosotras echamos de menos nuestras figuras preembarazos. Muchas de nosotras engordamos un número considerable de kilos que, en el mejor de los casos se esfumaron después de la lactancia y de las noches sin dormir y que en el peor, se nos quedaron enroscados en la barriga acompañándonos en forma de alegres buñuelos.

También sé con certeza que ni una sola de nosotras renunciaría a la maternidad por volver a tener el cuerpo de antes. Es más, muchas de las madres tienen cuerpos esculturales. Siguen siendo mujeres bellas, que saben vestir bien, profesionales que compaginan los viajes hacia las extraescolares de sus hijos con la compra y hacen hueco entre dos reuniones para llevarles al dentista y renuncian a ir al gimnasio para poder pagarles mejores clases de inglés. Bueno, hablo en tercera persona, pero yo soy una de ellas, no tan bella y escultural, pero mi marido sigue mirándome con lujuria de vez en cuando. 

Una de las cosas que te enseña la maternidad, como el viento que doblega con firmeza pero suave a las cañas de bambú, es a ser respetuosa. Cuando habías juzgado con severidad a aquellos padres que no sabían controlar a su prole maleducada, te encuentras con la cara colorada en la cola de un supermercado porque tu hijo quiere un chupachup, y vive Dios que no se lo piensas comprar. Respetas a aquellos que prefieren el colecho, aunque tú pienses que es peligroso para el niño, y jamás lo hayas practicado. Porque cuando tú recorriste los diezmil metros pasillo tres noches seguidas le habrías vendido tu hijo a un mercader turco. Respetas, incluso a aquellos que deciden no tener hijos porque se les estropea la figura y la libertad. 

En cambio, es una práctica que ya he visto algunas veces por parte de los ahora llamados Sinhijos, la de insultar, tratar de ofender y despreciar a aquellos que apostamos por seguir el mandado más noble de la naturaleza, que es el de continuar la especie. De hecho, es el segundo nivel, el primero, preservar la propia vida. 

Dejo aquí el enlace de alguien a quien no puedo desear más que tener que tragarse sus palabras cuando tenga sus propios hijos, si es que algún día decide reproducirse. 

Miren, no sólo es algo natural, intrínseco en la esencia de cualquier ser vivo, animal o vegetal, incluso los protozoos y las amebas existen sólo para multiplicarse. Además es el acto más noble que cualquier mujer puede realizar en toda su puñetera existencia. El colmo de la generosidad, dar su cuerpo, ceder su belleza al ser que lleva dentro. Dejar de dormir, alimentarse para que él reciba los mejores nutrientes, cambiar de talla, padecer achaques nada agradables, como hemorroides, mareos, ciática, contracciones. En el momento del parto se produce un nivel de dolor intolerable en cualquier otra situación. Y todo eso no es más que ser un animal que se reproduce. Claro, que qué vais a saber tú y tu envidia cochina, de lo que supone el amor de una madre hacia esa criatura. 

Si algo lamento especialmente de tener hijos varones es que ellos estarán privados de esa maravilla tan grande que nunca seré capaz de explicar, aunque aquí lo intenté

La herida

Y entre el mar de besos supe que quería ser nosotros, y te lo dije, y tú también querías.
Y aquel deseo se nos resistió, con la tozudez de la mano que te corrige una y otra vez la caligrafía. Y ya estaba herida.
Y cuando se hizo burbuja, hubo más besos, y luz de luna redondeando mis curvas bajo tus caricias.
Y una tímida ala de golondrina tocó por primera vez mi vientre y quedé herida por siempre. Aquella herida del alma, herida de amor, herida de madre, herida de vida.
Y el día que mi cuerpo se rompió por él, y olí por primera vez a mar y a sangre, el día que conté por primera vez sus dedos perfectos y temí por su fragilidad, sentí palpitar el dolor, el dolor de la herida.
Mis senos alimentaron sus sonrisas y mis manos acariciaban sus minutos, y entendí que ya nunca cicatrizaría, que llegarían las noches de desvelo, los dientes, el olor a galleta, los virus malditos, las zapatillas diminutas, los niños que pegan, la lluvia y la niebla.
Y mientras, volví a empezar a sentir una nueva ala de mariposa, y llegó una herida nueva, y seguía con la antigua, y las fotos, los abuelos que besan, los celos, el amor por dos, amor al cuadrado hasta el infinito y más allá, la herida sobre la herida. Y más desvelos.
Y sin cerrar del todo, llega la primera excursión con el colegio, los compañeros que les dan la espalda, la primera vez que se quedan en casa solos, se ha roto su mochila, se han quedado cortos los pantalones casi nuevos. Y sentirían la ilusión inmensa de ver nacer gatitos, y el primer rosal pinchará su dedos por querer hacerme otro regalo y, a cada paso, un escozor en la herida.
Y lloraré con su dolor cuando les llegue el mal de amor y una  puñetera les rompa el corazón, y moriré de orgullo cuando les gradúe la vida para ser importantes para alguien, y sufriré cuando el trabajo les preocupe, cuando les acompañe en su dolor de barriga junto a un altar.
Y mi herida se hará infinita cuando ellos sean padres y les haga la primera fotografía con un retoño que ya no se parecerá tanto a nosotros, y besaré a la madre de esa criatura y le contaré que estará herida para siempre, y sabré que no podrá volver a dormir tranquila. Y me veré en la vejez de mi abuela, que siendo anciana, sigue herida por la herida de mi madre y ella, por mi vida.




lunes, 7 de octubre de 2013

Dieta y manualidades

Le quería contar a una amiga, que necesita ocupar sus manos en una labor para evitar la tentación de fumar, que yo utilizo las manualidades para tratar de ayudar a las personas que están haciendo dieta. Mejor se lo explico desde aquí, así os lo explico también a vosotros.

Empiezo. Muchas veces Casi siempre las conductas alimentarias que nos llevan a comer demasiado tienen origen en los problemas del alma. ¿No? Os invito, a todos los que queráis perder peso, a que digáis, en menos de diez segundos, tres cosas o cuatro que son necesarias para perder peso: tic tac tic tac

Comer menos grasa
Comer menos azúcares
Hacer ejercicio físico
Comer vegetales.

Más aún, os sugiero, para drama de todos los profesionales que nos ganamos honradamente la vida, a que escojáis la dieta de 1200 o 1500 calorías que encontréis por ahí y que la hagáis, y perderéis peso.

No funciona tan fácilmente.

Lo sabemos vosotros y nosotros los dietistas. Comer tiene relación con muchísimos otros factores emocionales, culturales y sociales.

No puedo hacer aquí un resumen de muchos años de carrera profesional ni de mi experiencia, porque cada caso es incomparable con cualquier otro. Os recomiendo algunos de los libros de Pilar Senpau: Aprender a adelgazar, Cuando la vida pesa, por ejemplo, y comprenderéis mucho mejor lo que os digo.

Sí puedo explicaros las dos razones principales por las que parte del tratamiento dietéico que recomiendo es realizar labores, las que más os gusten. La primera, porque mientras se tienen las manos y la mente ocupadas, no se puede comer. Básico. La segunda, porque cuando se termina una labor se genera una gran dosis de serotonina que es el mismo neurotransmisor que se produce cuando uno termina de comer y da sensación de saciedad. Pues eso.



¿Qué tipo de labor te recomiendo? Buf, soy mala consejera, me gustan casi todas. Para empezar, labores prefabricadas, tal vez, kits que vienen completos con telas, hilos, patrones, etc. Luego, pues si te gusta el ganchillo, te aconsejo directamente el trapillo, porque en muy poquito tiempo haces grandes labores, (¡más satisfacción!), y si te vas animando, te compras una máquina de coser sencillita para probar o una mejor si eres valiente.

Con todos mis pluriempleos no renuncio a realizar labores, para mí representan una terapia psicológica que realmente me funciona. Así que muchísimos ánimos, sigue tu corazonada y ponte manos a la obra.

jueves, 17 de mayo de 2012

Pues a mí se me ha encogido el alma

Una amiga lo ha colgado en su Facebook. A decir verdad, no somos amigas-amigas, nos conocemos a través de internet, pero nos tenemos aprecio por nuestra manera parecida de pensar. 

Esta vez me has tocado una fibra de las que te hacen saltar, porque en esos 90 segundos se ha pasado la vida de una criatura. De hecho, si nos ponemos a contar, si ese tiempo equivale a, pongamos, 20 años, la vida de mi hijo mayor ha pasado hasta el segundo 45, y sólo me quedan 45 más. No sé, querida, a lo mejor tener cuatro veces más hijos que yo, te da otra perspectiva de lo que son sus vidas, lo disfrutas todo x8, y yo apenas he dejado de cambiar pañales y ya estoy preparando su primera comunión. Y cuando prepare la del pequeño, el mayor estará ya en el instituto. Y yo, definitivamente, no estoy preparada para desprenderme en un minuto y treinta. Ni hablar. 



Ah, por cierto, gracias por compartirlo, que me haya descompuesto el corazón no quiere decir que no me alegre haberlo visto. Me ha parecido muy, muy bonito. Gracias, de verdad.

jueves, 9 de febrero de 2012

Llegó a mis manos en el momento justo



Durante muchísimo tiempo he rechazado cualquier libro que me obligara a pensar demasiado. Lo admito. Mi cabeza necesitaba lugar para escucharse a sí misma, para poner en orden todo su contenido, para poder observar todo lo que me rodeaba. Así que me he conformado con novelas fáciles de leer y, a poder ser, que me dejaran un sabor agradable al final.

Debió estar preparada mi alma cuando cayó en mis manos por casualidad, mientras hacía tiempo esperando a una buena amiga. Me quedé enganchada al subtítulo, supe que no podría renunciar: "Un testimonio sobre la vida, la amistad y el amor." Y no era un libro de autoayuda.

Tampoco es una novela, Mitch Albom explica cómo realiza el mayor aprendizaje de su vida de quien fue su profesor en la universidad, Morrie Schwartz, acompañándole en sus últimos días, pues tiene una enfermedad que le conducirá a la muerte en poco tiempo.

¿Os imagináis qué debe sentirse cuando toda la musculatura de tu cuerpo se atrofia por la ELA? Pues no, yo tampoco lo imagino. Lo que sí puedo imaginar es que una situación así te va mondando el cascarón de corteza que es el cuerpo y te deja en lo realmente importante, el alma. Lejos de autocompadecerse, el viejo profesor, el "entrenador" como le llama Mitch, le da algunas de las lecciones vitales que deberíamos aprender todos en el parvulario.

"Aprende a morir y aprenderás a vivir"

A cada tanto he ido leyendo frases que me hubiera gustado escribir en grande, enmarcar y colgar en algún lugar bien visible..

"Antes de morir perdónate a ti mismo. A continuación, perdona a los demás."

Me ha hecho reflexionar especialmente algo que sucede en este libro. El viejo profesor se está muriendo, su destino final se acerca de forma inexorable y su cuerpo cada vez funciona peor, lo cual le hace dependiente a grandes zancadas. Su forma tan inteligente de afrontar la dependencia es admirable. Admito que yo misma no sabría cómo aceptarla. Tengo en mi familia un caso parecido, de lejos, pero parecido. Alguien que ya es muy mayor está físicamente impedido, y eso le causa un gran tormento espiritual, como si hubiera sido sometido a alguna clase de condena. No sé si en su mente percibe la proximidad de la muerte como sucede en el libro, pero albergo la esperanza de que su camino hacia el otro lado del puente sea tan ligero.

" -¿Por qué crees que es tan importante para mí oír los problemas de otras personas? ¿Acaso no tengo bastante dolor y sufrimiento propios?
    Claro que los tengo. Pero lo que me hace sentirme vivo es dar a los demás. No es mi coche ni mi casa. No es mi aspecto cuando me miro al espejo. Cuando doy mi tiempo, cuando puedo hacer sonreír a alguien que se sentía triste, me siento todo lo sano que puedo sentirme.
    Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará."

Tal como se dice en el libro, no nos creemos de verdad que vayamos a morir. Y lo único que tenemos por seguro en esta vida es que nacemos, y morimos.

viernes, 18 de febrero de 2011

Hablar con los niños


A veces, en el ir y venir de nuestras vidas ajetreadas, muchas veces a causa del trabajo que nos dan los niños, se nos olvida, precisamente hablar con ellos. No me refiero a charlar sobre las comidas, el cole, los deberes, los amigos. Me refiero a escuchar lo que ellos creen que pasa a su alrededor. Ya os conté una vez que me sorprendió la visión de temas tan profundos como la religión que tenía mi hijo.

Ayer, día 17, en el periódico La Vanguardia, publicaron una entrevista que nos hicieron a Carme y a mí, y que giraba alrededor de este tema:  hablar a los niños de los temas más difíciles. Os dejo el enlace, que lo disfrutéis.

domingo, 9 de enero de 2011

La Selecciones

Cuando yo llegué, la Selecciones ya vivía en casa de mis abuelos. Todo el tiempo que vivimos en su casa, ejemplares de la revista estaban a mi alcance, aunque yo no sabía leerlos. Creo que cuando llegamos a nuestra primera casa, ella vino con nosotros de mano de una suscripción. Casi podría decir que aprendí a leer con las tiras de Mafalda y con la Selecciones del Reader's Digest.



Los últimos ejemplares que yo recuerdo de esa revista me abandonaron en el tiempo en que yo fui a la universidad, y cambié la Selecciones por el Fotogramas, que desterré de mi vida también cuando me nacieron mis enanitos y dejé de estar al día de la actualidad cinematográfica.

La recuerdo como una revista entretenida, que podía saborearse a pequeños bocados. Lo primero que hacía era leer los chistes, que no tenían más que un par de líneas. Luego, pequeños artículos de hechos reales, que contenían proezas o supervivencias en accidentes o catástrofes (recuerdo con pavor la historia de un señor que se cayó sobre un hierro y quedó como una aceituna pinchada en un palillo y no se murió). Dejando de lado las cosas que no era capaz de comprender, como la política o la economía, acababa hojeando toda la revista. Desde los consejos de salud hasta la lista de las 30 cosas que uno no debía olvidar para mantener su hogar seguro si se iba de vacaciones. O los 10 secretos para mantener la relación de pareja en equilibrio (que yo no tenía pareja, pero por si acaso). Aunque también podías aprender de avances tecnológicos, de personajes admirables, o cuáles eran los deportes más difíciles del mundo.

Hoy, buscando la foto para el post, he descubierto que tienen su versión digital, para varios países, con los mismos chistes y listas. Para mi gusto, le falta el olor de tinta y la manejabilidad del formato de sus escasos 20 cm de página, y dudo que pudiera suplir lo que aprendo hoy en los blogs. Pero quería tener un pequeño recuerdo para esta entretenida revista que, quizá, me hizo ser quien soy.

jueves, 15 de julio de 2010

Una gran lección

Mi hermano y yo trapicheamos a menudo con películas. Yo, pésima pirata, le pido que me busque películas, y él me regala sorpresas, como programitas para hacer cosas que yo soy incapaz de comprender y manejar, y otras cosas, como estos vídeos, que hoy quiero compartir con vosotros.

En total duran más de una hora, así que este post es para una tarde de verano bajo un buen aparato de aire acondicionado. Recomiendo una libreta y un boli para tomar nota de lo que aprendéis.

Randy Pausch, profesor de ingeniería informática, y enfermo terminal de cáncer da su última lección. En ella habla de los sueños de la infancia y del camino para conseguirlos. La lección más grande de su vida, sin duda, su entereza. Se llaman The last lecture, los han traducido como "La última lección".

Tiene nueve partes, no puedo verlas con mi conexión a internet. Si veis algún fallo, espero sepáis disculparme. Espero que los disfrutéis.


















jueves, 3 de junio de 2010

Un pensamiento

Estaba dispuesta a no escribir hoy en el blog, porque no tenía nada que contar. Y de repente, la inspiración me llega de la mano de mi tía, por correo electrónico. Un beso para ella, y mi agradecimiento por el préstamo de palabras para esta entrada.



Pensamiento de A.Rogers (1931)


Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona debió haber trabajado para ello, pero sin recibirlo...

El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.

Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando la otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso... mi querido amigo...

...es el fin de cualquier Nación.

“No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.

Dr. Adrian Rogers, 1931

martes, 16 de marzo de 2010

No te detengas


NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Walt Whitman
(1819-1892)
Por casualidad tropecé un día con una exposición de cuadros que me sorprendió. Desde lejos, se apreciaba apenas una mancha, una textura sobre un fondo de color, y unas manchas que parecían letras, porque lo eran. De más cerca me llamó la atención este texto, que resultó ser una poesía de Walt Whitman. La artista que creó estas obras se llama Montse Farré, puedes visitar su blog. Tiene un gusto exquisito. Suele combinar textos de gran sensibilidad con una estética de delicada pureza.

martes, 16 de febrero de 2010

Para reflexionar

Estaba trabajando en mi entrada para hoy, buscando algo interesante que contaros, y de repente un amigo me manda esto por correo electrónico. Convencida de que no iba a mejorarlo, os lo transcribo tal cual.

El brillante Sir George Bernard Shaw escribió esta breve frase, llena de sabiduría. Shaw es la única persona que ha ganado un Premio Nobel (literatura, 1925) y también un Óscar (en la categoría de mejor guión), por "My Fair Lady", basada en la obra de Pigmalión.




"Los políticos y los pañales se han de cambiar frecuentemente... y por idénticos motivos."

Cuánta capacidad de síntesis!!!
 
NOTA: La foto no tiene nada que ver con la frase, pero me he negado a poner una foto de un pañal, o peor aún, de un político...
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Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.