Durante muchísimo tiempo he rechazado cualquier libro que me obligara a pensar demasiado. Lo admito. Mi cabeza necesitaba lugar para escucharse a sí misma, para poner en orden todo su contenido, para poder observar todo lo que me rodeaba. Así que me he conformado con novelas fáciles de leer y, a poder ser, que me dejaran un sabor agradable al final.
Debió estar preparada mi alma cuando cayó en mis manos por casualidad, mientras hacía tiempo esperando a una buena amiga. Me quedé enganchada al subtítulo, supe que no podría renunciar: "Un testimonio sobre la vida, la amistad y el amor." Y no era un libro de autoayuda.
Tampoco es una novela, Mitch Albom explica cómo realiza el mayor aprendizaje de su vida de quien fue su profesor en la universidad, Morrie Schwartz, acompañándole en sus últimos días, pues tiene una enfermedad que le conducirá a la muerte en poco tiempo.
¿Os imagináis qué debe sentirse cuando toda la musculatura de tu cuerpo se atrofia por la ELA? Pues no, yo tampoco lo imagino. Lo que sí puedo imaginar es que una situación así te va mondando el cascarón de corteza que es el cuerpo y te deja en lo realmente importante, el alma. Lejos de autocompadecerse, el viejo profesor, el "entrenador" como le llama Mitch, le da algunas de las lecciones vitales que deberíamos aprender todos en el parvulario.
"Aprende a morir y aprenderás a vivir"
A cada tanto he ido leyendo frases que me hubiera gustado escribir en grande, enmarcar y colgar en algún lugar bien visible..
"Antes de morir perdónate a ti mismo. A continuación, perdona a los demás."
Me ha hecho reflexionar especialmente algo que sucede en este libro. El viejo profesor se está muriendo, su destino final se acerca de forma inexorable y su cuerpo cada vez funciona peor, lo cual le hace dependiente a grandes zancadas. Su forma tan inteligente de afrontar la dependencia es admirable. Admito que yo misma no sabría cómo aceptarla. Tengo en mi familia un caso parecido, de lejos, pero parecido. Alguien que ya es muy mayor está físicamente impedido, y eso le causa un gran tormento espiritual, como si hubiera sido sometido a alguna clase de condena. No sé si en su mente percibe la proximidad de la muerte como sucede en el libro, pero albergo la esperanza de que su camino hacia el otro lado del puente sea tan ligero.
" -¿Por qué crees que es tan importante para mí oír los problemas de otras personas? ¿Acaso no tengo bastante dolor y sufrimiento propios?
Claro que los tengo. Pero lo que me hace sentirme vivo es dar a los demás. No es mi coche ni mi casa. No es mi aspecto cuando me miro al espejo. Cuando doy mi tiempo, cuando puedo hacer sonreír a alguien que se sentía triste, me siento todo lo sano que puedo sentirme.
Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará."
Tal como se dice en el libro, no nos creemos de verdad que vayamos a morir. Y lo único que tenemos por seguro en esta vida es que nacemos, y morimos.