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miércoles, 1 de abril de 2015

Lo que aparentas

Esta era una charla que tenía ganas de darte, desde que te veo tan mayor.Tan mayor... intuyo en el adolescente con voz de gallo Claudio que eres ahora una persona adulta con un perfil muy marcado.

Creo que aún soy la persona de este mundo que mejor te conoce, porque así debe de ser. Te conozco a pesar de tu voluntad, de tu timidez e inseguridad. Yo leo en tus ojos todo tu bien y tu pizca de maldad, esa que impide que nadie se atreva a decir de ti que eres tonto, por demasiado bueno. Y es en ese lugar sombrío de la noche de tu mirada donde a mí se me hiela la sangre por el miedo, porque no podré evitar que conozcas personas que, vestidas de corderito, escondan un lobo hambriento en sus entrañas. 

De eso era de lo que quería hablar contigo, del aspecto que se supone que uno debe de tener, pero desde ti. Bueno, me lío, como siempre. Te contaba, a mi manera, cómo resulta patético, casi siempre, querer aparentar lo que uno no es, y que, de alguna forma, nuestra condición física hará que se espere de nosotros que tengamos una personalidad u otra. Al fin y al cabo estamos en un mundo que siempre, siempre pone primero el precio a las personas por su aspecto físico, si acaso un poco más tarde le damos la segunda oportunidad.

Te decía que tú vas a ser un tipo alto y grande, como tu abuelo, como un árbol de grandes ramas protectoras y profundas raíces, que tu sola presencia hará que se espere de ti un aplomo y una seguridad. 



Te lo decía con la esperanza de que no hagas payasadas, porque tu cuerpo siempre ha crecido a la misma velocidad que tu desbocada imaginación. Te veo, con tu metro sesenta, jugando a tirarte sobre la montaña de ramas, a carreras de fórmula uno sobre patines, al teléfono de cordel y vasos de plástico, como si pesaras 30 kilos y fueras un crío de 8 años. Eso sí, el tipo más feliz del mundo, dando un poco -bastante- la espalda a las responsabilidades.

Y también sé que te tocará muchas veces hacer de tripas corazón y con ese valor ligeramente inconsciente que tienes decir un 'no' bien alto a todas las tentaciones que se te presenten. Porque sé que, como serás un grandullón, te van a ofrecer el mal en bandeja de plata cincuenta veces, y yo quiero que tú seas esa presencia digna que se atreva, que se atreva a decir que no. 

Qué vértigo me produce sólo de pensarlo. Porque detrás de ti empieza a recorrer el camino el fibroso de tu hermano, ese que primero actúa y luego piensa, ese que en el fondo es un caguetas y que para ser el gallo más gallo del corral hará cosas que están mal sólo para demostrarse que no tiene tanto miedo. Esto es la maternidad, supongo, ese secreto temblor que sólo aquí se atreve una a poner en voz alta. 

lunes, 27 de octubre de 2014

Príncipes, ladrones y difuntos.

De todo lo que concierne a la maternidad, lo que más disfruto es volver a ver, pero ahora no solo desde mis propios ojos sino también a través del prisma de los vuestros. 
Ha soportado muy bien el paso del tiempo la película de Kevin Costner, sobre Robin Hood. Lo vi en el brillo de vuestras miradas, ¡cómo aplaudísteis el primer beso!, cuántas carcajadas con el fraile beodo. 
Diría que valió la pena el poquito de miedo que descubrí en vuestras manos aferradas al cojín.


Y esa imagen, que hace más de veinte años fue espectacular, volvió a levantarnos a todos del sofá.
Y lo que representó ese mito del devolver a los pobres la dignidad arrebatada, hoy, en tiempos de estos nuevos nobles indignos de ser llamados así, de esa élite que son los políticos, que viven como reyes a costa del sacrificio de todos los demás. 

Pensaba hoy en esa película y los valores que quiero que aprendáis de ella, como el trato de Robin al viejo Duncan, la delicadeza con la que le aparta del peligro, el amor, la fidelidad, el valor, la capacidad de liderazgo, el esfuerzo y el trabajo.

En fin, dentro de nada llega la mamarrachada de la fiesta esa americana que tanto dinero genera. Yo, como siempre, a lo mío, a recordar a nuestros difuntos, a rendirles el homenaje que merecen y enseñaros a respetar la vida porque tiene ese fin inevitable de la muerte. 


domingo, 31 de agosto de 2014

De puntillas

Termina agosto tal como llegó, como quien entra de puntillas en la habitación de alguien que está dormido. De puntillas paso por las emociones ya conocidas, las ausencias, las discrepancias, que se me hacen tan mayores los niños y se acaba el verano y no tuve tiempo de ir a verla, y que empiezo la última semana de vacaciones y no tendré tiempo de sentarme, así que no hago planes para no tener que comérmelos con patatas. De puntillas afronto mis decepciones, las tormentas en vasos de agua, de puntillas, que empieza nueva vida y estamos navegando entre la ansiedad por que llegue ya y la nostalgia de lo que queda atrás, de puntillas miro a mi niño milagro y sé que a él también le cambiará la vida. Y siento tremenda tristeza por él, porque siempre será una maravillosa pieza cuadrada en un mundo redondo. 
Y paso aquí a contar todo esto de puntillas porque me antes me resultaba mucho más fácil. 

domingo, 3 de agosto de 2014

Tu sombra

Trato de luchar contra el tiempo para que no corra todo tanto, tantísimo. Hace apenas nada eras un bebé, luego un niño muy pequeño, luego pintabas caracolillos con tus manos regordetas. Luego empezaste a leer, tan pronto, y a utilizar el mundo con la misma facilidad con la que respirabas. 

Y yo no puedo hacer más que atrapar tu pequeña sombra de Peter Pan por ti, porque tú sí quieres crecer, niño. 



Y yo quiero que lo hagas, pero a veces necesito atar tus pies, como si eso sirviera para evitar que todo vaya tan deprisa. 


domingo, 29 de junio de 2014

Vuestro tiempo

Acaba de empezar el verano y siento que se os esfuma la infancia a grandes zancadas. Sin embargo, vosotros vivís a lo grande. Entre partidos de baloncesto en el jardín, de vuestro deporte inventado en el garaje. El campeonato mundial en el cual os alternáis para ser el equipo visitante contra España. Lecturas libres -cuánto me alegra que me hayáis salido ratitas de biblioteca-. Juegos de mesa desperdigados por doquier. Cartas y videojuegos, piscina y carreras. Y peleas. Sanas y con palabrotas... cada insulto merece una reprimenda, cada falta de respeto un pedir perdón. 

Hoy he capturado uno de esos rincones en los que improvisáis vuestro juego, un mercado en el que los billetes son auténticos trozos de papel con unos euros dibujados y la balanza lleva lustros estropeada en el almacén. 


Cuatro patatas maltrechas y unas judías que quedaron en el fondo de una bolsa, la materia prima, unas cajas de madera hacen de mostrador. Bendita sea vuestra niñez. 

lunes, 5 de mayo de 2014

De amores y suertes II

Las cosas buenas llegan así como sin que uno las espere.

Como estas cerezas, que ha dejado en mi cocina para nosotros alguien que hace todos los días mucho más por nosotros de lo que jamás hubiera podido esperar.




Bueno, no pensaba en las cerezas, precisamente, de camino a mi casa este mediodía, ya he dicho que han sido una sorpresa. Pensaba en contaros algo que pasó en el castillo, en una cena cualquiera de un día cualquiera. 

Descubrió mi niño grande, que cada día lo es más, que la mejor parte de la lechuga es el centro, el pequeño cogollito de hojas tiernas y blancas, que ofrecen al morder una resistencia suave. Él, reservado y tímido, sonreía agradecido cuando se lo servía (sí, ya saben, las madres solemos comer las hojas más feas y verdes). La otra noche le enseñó a su hermano su descubrimiento. 

-Bufón, mira, si te toca esta parte de la lechuga, es lo más rico.

Entonces, dividió en dos su codiciado corazón de la ensalada y le dio un trocito a su hermano pequeño. 

Pensaba, mientras regresaba hoy del trabajo en contaros este retalito de amor, mi regalo por el día de la madre. Y resulta que mi suerte, mi verdadera suerte, está en que nosotros estamos rodeados de amor, así es tan fácil aprender... 

Las cerezas están deliciosas, parecen corazoncitos minúsculos. 

domingo, 2 de marzo de 2014

Pasos firmes



Así de feliz estabas cuando diste tus primeros pasos. Estabas feliz porque eras libre, porque tú ya podías caminar solo. 

Hoy hemos visto la escuela a la que vas a ir a cursar la secundaria. Vas a cambiar de compañeros, de maestros, de estilo de estudio, incluso de ciudad. Vas a tomar todos los días el transporte hacia tu destino, tendrás que afrontar la soledad, exámenes, planes de estudios que van más allá, comerás fuera de casa, abandonando el privilegio de comer todos los días con tu familia del que has disfrutado doce años.

Escuchábamos a tus nuevos profesores, y tú estabas muy contento, porque vas a dar tus primeros pasos en tu vida. Todo te ha gustado mucho, un montón de promesas por estrenar, tanto que aprender, tanta vida por delante. 


Yo te miro y me siento feliz y aliviada. Ya, ya sé que te espera una lucha titánica, pero yo sé que tú serás valiente, mi niño. Sigues teniendo la mirada de la luna en el negro oscuro de tus ojos, a pesar del vértigo de mirar hacia abajo desde el nido. 

Venga, que sabrás volar, lo sé. Sólo tienes que recordar quién eres. 

domingo, 2 de febrero de 2014

Flexibilidad







Hay que ver cómo la gente de Pixar sabe sacarle la punta a esto de la psicología. ¿No? ¿Les parece una coincidencia que hayan elegido en el papel de madre a Elastigirl?

Ya no lo digo únicamente por su habilidad para convertirse en paracaídas cuando sus hijos corren peligro, 





para protegerles y arroparles,


No, no es eso.
Cualquiera de vosotras, que tenéis hijos, tenéis un par de ojos en el cogote, un pabellón auricular extraplástico que se estira por las noches. Sois capaces de cargar con un rorro a horcajadas sobre vuestra cadera, tres bolsas de la compra en la mano y buscar las llaves en el bolso con la otra. Si tenéis más de un hijo, bueno, entonces los pies cobran una capacidad de manipulación que parecen manos, se lo aseguro.

Y voy más allá
Cualquier madre de las aquí presentes puede confirmar cuántas veces ha tenido que morder su lengua, que hacer malabarismos con horarios y con sobras de nevera, que ingeniar fantásticos vericuetos para hacer que se cumpliera una promesa hecha firmemente, o simplemente, cambiar un poco la literatura de esa promesa que no se pudo cumplir para no echar a perder su honorabilidad.

Esa flexibilidad debe ser aplicada necesariamente a la toma de decisiones. Para que las leyes que rigen el matriarcado o, por extensión, cualquier familia en el que uno de sus miembros asuma el rol materno, deben ser por fuerza flexibles, reversibles, tener un amplio margen de error, que nos permita recular cada vez que se produzca un cambio.
Porque la realidad, es que la vida de nuestros hijos cambia constantemente. Sus necesidades intelectuales, afectivas, de educación, físicas, sensoriales, de comunicación, de movimiento, de percepción, cambian a gran velocidad a lo largo de sus vidas. No sólo eso. Cuando tienes más de un hijo, sus cambios no se producen al unísono.
Y para mayor alegría, no hay una ley válida, única, indiscutible. No nos sirve la experiencia de nuestros padres ni la de nuestros abuelos, no hay libros que te digan cómo, hacia dónde se dirige la persona libre, independiente y única que es tu hijo.
Así que lo único que nos queda es ser flexibles y moldeables. Y cuanto mejor sepamos amoldar nuestro cuerpo a la forma que tome el suyo, más sabremos amarles.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Te pedí perdón

Tengo por costumbre presumir de vosotros. De lo buenos que sois, aunque peleáis como todos los cachorros del mundo. De vuestro esfuerzo en el cole, que os da un fruto en forma de buenas notas. De cómo habéis aprendido a comer como personas mayores y que vuestros modales en la mesa dan ejemplo a otros niños. De lo guapos que me habéis salido (y lo digo desde la objetividad absoluta que me da ser vuestra madre jaja). Me da lo mismo que me digan que soy una presuntuosa, me siento orgullosa de vosotros por quiénes sois y por cómo os desenvolveis en este mundo. 

Así que, cuando comenté con tu abuela uno de tus defectos, ¡que gracias a Dios los tienes!, y vi cómo en tu miraba se fraguaba una pequeña sensación de fracaso irreversible, comprendí que me estaba equivocando. Al llegar a casa te pedí perdón y te prometí que me esforzaría en no volver a humillarte ante nadie, porque no tengo razones para hacerlo y porque yo sé que lo que se siente cuando quien más te quiere habla mal de ti. Me dijiste que no te habías dado cuenta, y que no pasaba nada, así que supongo que sí que te dolió y que agradeciste que te pidiera perdón, porque te hizo recuperar el respeto que te arrebaté. 

No dejéis que nadie os lastime, ni siquiera vuestra madre. Mucho menos vuestra madre. Estoy aprendiendo.

martes, 26 de noviembre de 2013

El último mordisco

Te observo jugando de rodillas, corriendo coches, soñando que eres piloto de Fórmula 1, que el Lamborghini que rueda por tu habitación termina cruzando la línea de meta dejando goma en un asfalto de verdad.



Mientras, los de tu clase _los mayores de todo el colegio_ juegan a ser adultos, a poner morritos en el Facebook, a mandarse whatssaps, a salir, supongo, a probar el sabor de la recién inaugurada juventud,  y los primeros besos.

Te he mirado a los ojos medio dormidos y te he pedido que no me hagas caso si te pido que dejes de jugar para ordenar tu cuarto. Te he pedido que juegues, que apures hasta el límite esa infancia que dentro de nada te avergonzará y que disfrutes de ella, porque nunca volverás a jugar como ahora. NUNCA volverás a ser lo que eres ahora. No, no te digo que este sea el mejor momento de tu vida. Pero cuando tengas catorce años no podrás jugar. No así. Detén el tiempo por siempre en este instante dentro de tu mente. Vive aquí y ahora, no tengas prisa, saborea el último mordisco de tu infancia finita. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Arquitectura efímera


Me has pedido que fotografíe tu construcción para poder tener un recuerdo de ella antes de desmontarla para tener tu habitación ordenada. En realidad, forma parte de tu proceso de aceptación ante las adversidades, de tu asertividad.
No deja de ser un pragmatismo radical: ya que no voy a poder evitar lo que no quiero, busco la forma de adaptarme a ello. 
No siempre somos los padres quienes enseñamos a los hijos, tengo mucho que aprender de ti. Así que atrapo en mis retinas los últimos coleteos de tu infancia, para que me consuelen cuando ésta se desvanezca. Quedas pues, niño, en mi recuerdo por siempre, en forma de arquitecto de estación de tren de madera.


jueves, 27 de junio de 2013

Verano entretenido

Basta comparar un poco. Cuando eramos pequeños no teníamos Campus deportivos, ni piscinas en el jardín, ni ganas de cuadernos de vacaciones (ventajas de sacar buenas notas, oiga). No teníamos a los papás toda la tarde dándonos la vara. Ni la Wii, ni la XBox, ni el ordenador. Ni siquiera tres canales de televisión, ni programación infantil mañana tarde y noche.

Asaltábamos a las abuelas en la cocina para confiscar una rebanada de pan que ya estaba seco, con un trozo de chocolate duro, o una loncha de queso de bola. O pan con vino y azúcar, una sofisticación no apta para las actuales mentes estrechas.

Las tardes de verano se hacían eternas, había que improvisar. El campo nos lo ponía fácil: higos y ramas, hojas y piedras, acequias y calles sin coches.

En cuanto desembalé mis nuevas butacas de la Maison sueca por excelencia, me vestí de niña por un segundo y supe que iban a ser diversión para toda la tarde, para toda la semana, seguro. Ellos, hijos de su generación, me miraron atónitos... ¿Y qué hacemos con ellas? Lo que queráis: una granja, una casa, un sofá, un avión... ¡lo que sea excepto bajar las escaleras con ellas!

Ganó el avión por unanimidad. Les pedí que se organizaran, el compañerismo era condición sine qua non...


... y la cumplieron a rajatabla: uno diseñaba y el otro aplicaba el diseño. 


Tijeras, cola, pinzas de al ropa, rotuladores, bisturí...


...y ya solo les quedaba disfrutar de su viaje con Aerolíneas BB.




jueves, 13 de junio de 2013

Parece que lo tiene bastante claro...

Se le nota a mi primogénito que viene de una familia con muchos maestros, porque sabe explicarse muy bien. Toda la paciencia que le falta en los exámenes para completar las preguntas de forma detallada (¡es el rey de la síntesis y de los textos comprimidos!), se le multiplica para explicarle a su hermano lo que sea, desde cómo hacer una media con la nota de los dos exámenes, como qué hacen los anfibios para respirar... lo que sea, le basta con saber un poco de algo, y hace la magia.

Esta imagen es de: aquí


El otro día estaba oyéndole explicarse con entonación de profesor, y me salió del alma:

-Marlin, hijo, ¡podrías llegar a ser un buen maestro!

Ni corto ni perezoso, su pupilo, el pequeño ratasabia de la familia saltó:

-Pues yo también seré maestro.
-¿Ah sí? -pregunté, porque os aseguro que será muy listo, pero tendrá que aprender a tener paciencia y a explicarse mucho mejor.
-Sí, -aseguró- cuando acabe mi carrera deportiva con 26 años.

¿Alguien lo duda?

sábado, 18 de mayo de 2013

Palabras prohibidas

Hoy he tenido contigo la sensación del peso de la responsabilidad hacia tu educación. Porque estás tomándote medidas y lo que hagamos mal ahora va a lastrar tus alas el resto de tu vida.

Estabas haciendo tus deberes, nunca eres perezoso, te gustan los retos, eres muy inteligente. Pero detestas dibujar, odias que te hagan pensar de forma creativa. El trabajo para hoy consistía en hacer un dibujo inspirado en la lectura de un libro que ya tenía sus propios dibujos. Suficiente para que te bloquearas y te negaras.

Como la negativa no te ha servido, has dicho que no sabías hacerlo.

Como no saber hacerlo sólo sirve como punto de partida para intentarlo, has pronunciado la frase prohibida: NO PUEDO.

Nunca, jamás, digas esa frase sin intentarlo hasta desgañitarte.

He comprendido que debía explicarte ya que creer que puedes hacerlo es el primer paso para conseguirlo. Espero que hayas comprendido, pero, por si acaso, te observaré de cerca, los gallitos de casi siete años como tú también son los primeros en esconder la cabeza bajo el ala cuando aparecen las primeras sombras.

martes, 7 de mayo de 2013

Paseo por mi infancia, tutorial


Las manos de los niños, en el lugar en el que me crié, estaban acostumbradas a tocar hierba, y tierra, mariquitas y lombrices, a oler a alfalfa recién segada y a verano. A calmar una picadura de avispa con barro, a llevar las uñas negras, a conjunto con las rodillas. No recuerdo haber llevado pañuelo, ni una bolsita con una botella de plástico con agua. En cambio, sí recuerdo haber bebido de un grifo y haberme lavado las manos en una acequia.

En nuestros paseos, humildes amapolas, como éstas, nos servían para jugar. ¿Cómo?



Pues aquí tenéis la solución:

CÓMO FABRICAR UN OBISPO (O CARDENAL) CON UNA AMAPOLA.


En realidad, necesitáis dos. Una de ellas nos servirá para la cabeza. 
Para ello eliminamos los pétalos rojos y nos quedamos con la parte central, la cápsula que contiene los óvulos. 
La otra flor deberá estar aún cerrada, como la que veis a la izquierda de la foto.


Os recomiendo que recurráis a la ayuda de las manos de alguien experto en manualidades, aquí, Marlin, con sus uñas ¡¡sin morder!! (lo está dejando, felicidades, hijo)
Bien, el colaborador, con muchísimo cuidado, separa los dos sépalos... 


y tira con cuidado de los pétalos que están escondidos en su interior, que van a ser los faldones de nuestro sufrido "obispo" o "cardenal".


Como podéis ver en la foto superior, los sépalos, que ahora están abiertos, conformarían la capa del prelado. Sólo nos falta darle una cabeza. Para ello, introducimos la pequeña porción de tallo que hemos dejado en el capullo de la amapola, en la parte inferior de la cápsula.


Esta acción requiere la habilidad y destreza de las manos de un chico grande, como mínimo de tercero, o cuarto. Pero para posar para la foto final, os sirven las manos de uno de primero, como éstas. 



Bueno, nuestro cardenal nos ha salido muy moderno y ha optado por la sotana en color magenta, en lugar de la clásica más oscura, pero no está nada mal. 

Feliz primavera, ¿os la estáis perdiendo?

lunes, 28 de enero de 2013

Una fiesta

Estás pendiente todo el tiempo del marcador y mientras los demás hablamos tú lo sigues con paciencia...

29798

29799


- ¡¡¡Bieeeen!!! ¡¡Papi, mami, 29800 Kilómetros!!


Cada cien kilómetros quieres que celebremos que ha habido un número bonito. Teniendo en cuenta que eso sucede más o menos cada día y medio, no está mal. "¿Viste el 29.900?" me preguntas. Y miento un poco, para hacerte feliz, y te cuento que fue cuando volvía a casa del trabajo. Tu hermano sonríe al ver tu ilusión, tu padre menea la cabeza, apuesto que piensa "Éste se parece a su madre".

Estamos a punto de llegar a 30.000, he decidido que voy a hacer algo para celebrarlo.

Y a mí me alegra tu ilusión, me gusta que celebres la vida, que te admires con lo pequeño, que le saques partido a algo tan insignificante. Así, seguramente sabrás ser feliz y vencerás las adversidades, porque siempre te darás cuenta de que sale el sol todas las mañanas. Que tu vida sea una fiesta, pequeño.



*Esta es la entrada 650, hay refrescos y tarta, que alguien ponga música, el salón de baile está recién encerado

sábado, 22 de diciembre de 2012

Aquella Navidad



Si pudiera ser la dueña de los tiempos, me iría con los míos a aquella Navidad. Mis abuelos habrían salido de la tienda a las tantas, así que nuestra Nochebuena habría empezado tarde, casi tanto, como la Misa del Gallo que siempre acabábamos por perdernos.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos les enseñaría a los niños el pesebre de figuritas de plástico, con el Rey que se sentaba de lado y el camello que tenía una rebabita de plástico en la pata y siempre acababa por volcar. Y el río de papel de aluminio y la nieve de harina con que mi madre espolvoreaba mi imaginación infantil.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, yo volvería a hacer cien viajes a buscar aquel cacharro misterioso al que mi abuela nunca atinaba a poner el nombre ni el lugar ("ve allí y trae aquello" decía como toda pista). Y nos sentaríamos alrededor de la mesa decorada con las mismas hojas secas, las mismas bolas, el espumillón de siempre, la seguridad del disco rayado de Villancicos y su chocolatero rin-rin.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, pondría a cada uno de mis hijos sobre las rodillas de sus bisabuelos. Mis cuatro abuelos se sentarían aquel día en la misma mesa, así que no cabría un centímetro cuadrado más de felicidad en mi corazón. Mi abuelo relojero le enseñaría al pequeño Bufón su calculadora sin pilas que yo nunca llegué a entender, y el otro yayo le contaría a los ojos abiertos de Marlin cómo había sido la Batalla del Ebro, o la alineación del Sabadell del 54. Y la bisabuela maestra les leería El Camello cojito.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, mis padres ayudarían a los niños con las dichosas arañas de mar, que esconden lo rico por dentro, y besarían sus dedos pringados de langostinos, y les contarían cómo era su Navidad sin bicicletas, y huirían a carcajadas de la amenaza de "¡Que vuelva Herodes y se los lleve a todos!" cuando le acariciaran la calva. Yo seguiría sentada "dejando correr el aire" entre mis tíos, como siempre. Y mis hermanos y  yo, volveríamos a ser libres por una noche, sin trabajos ni hipotecas, y él y yo volveríamos a vivir nuestra primera Nochebuena de novios, con todo el amor por estrenar. 

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, entre los cardos y el ternasco nos habríamos dado cuenta de que había nacido ya el Niño, y brindaríamos por él. Y la abuela volvería a amenazar a su yerno con pintar el techo si descorchaba el champagne a lo bestia. "Si ya tenía razón mi madre -diría- Yerno yerno, sol de invierno". Y beberíamos en las copas Pompadour que tanto gustaban a la abuela. Y Cantaríamos "Les dotze van tocant, ja és nat el Déu Infant, fill de Mariiiiiiiii iiiii iiia", mientras alguien empezaría a cambiar platos cargados de premios para el viejo perro dogo, por bandejas de turrones.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, habría ponche, y abriríamos los regalos fingiendo que no conocíamos la letra de mamá, y  serían muñecas con olor a nuevo atadas a sus cajas, y Barriguitas, y un juego de mesa, y el Monopoly. Y se harían los corrillos de siempre: los del café y la eterna sobremesa, los primos que juegan a la butifarra, los niños que estrenan juguetes nerviosos, las de siempre, recogiendo un poco la mesa. La abuela murmurando mientras sacaba los platos sucios del lavavajillas para fregarlos a mano. Y luego mi tío, agotado de hacer enfadar a su suegra roncaría en el sofá sin inmutarse por las risas y las imitaciones de los niños, que sonarían como gruñidos de cerdito glotón.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos volvería a estar deseando todos los días de mi vida que llegara por fin la Navidad, que era, sin duda alguna, el mejor día del año después de mi cumpleaños. Pero sólo soy dueña de mis recuerdos, que dejo escritos aquí para que despierten los vuestros. Bienvenidos a mi mesa.

Feliz Navidad

viernes, 30 de noviembre de 2012

Se hizo solo

Sé que Marlin tiene muchos defensores en el castillo, así que voy a tratar de daros argumentos en su contra y pediros que me deis vuestra opinión sobre lo que pasó con el agujero que veis en el pantalón (bueno, bajo el bolsillo derecho hay otro agujero, pero "sólo" mide unos 5cm, vamos a referirnos al de la izquierda).




Él no puede defender aquí su versión. Creo que no os serviría de nada escucharle, porque yo traté ayer de sonsacarle durante toda la tarde, con la advertencia de que el castigo sería muchísimo peor por mentir que por decir la verdad dolorosa.

La única conclusión a la que llegó es que el agujero, que tiene el tamaño asi de un lápiz, SE HIZO SOLO. Máximo, máximo, admitimos que a lo mejor era pequeño y se ha hecho caminando. Así, sin intervención dactilar ni instrumental alguna.

Vale, los que automáticamente os colocáis de parte del pobre
ChicoNoTePasesQueSoloTieneDiezAñosYElPantalónEstabaGastado
deberíais saber que esta semana ha sido gloriosa: ha roto, además de éste, dos pantalones más, concretamente ha agujereado las rodillas de los dos pantalones del chándal que tiene. Y para rematar -y esto efectivamente no es culpa suya- otro pantalón, tipo chino superponible en beige, se le ha quedado corto. En resumen, cuatro pantalones a la basura en una semana, sólo de un niño.

Ahora, con toda la información que os he dado os hago la pregunta: Además de ir corriendo a comprar pantalones nuevos, que hace demasiado frío para hacerle shorts con los rotos, ¿qué hago con Marlin? (que sea legal, ético, educativo y práctico, a ser posible)


martes, 20 de noviembre de 2012

Color de infancia


Quise llevaros por los benditos caminos que nos rodean para poder compartir con vosotros la paleta que Dios creó para nosotros en otoño. Salimos bajo aquel cielo amenazante que nos regaló nubes preciosas: altas, bajas, medias, grises, casi negras, blancas, perlas salvajes, densas y claras, aquella cortina de lluvia a lo lejos y el rayo tenue que se coló casi al final.

Fue bonito distinguir los naranjas de los calabazas, en los mismos árboles que peinaban los campos que en primavera se vestían con tutús. Del naranja al ámbar, del amarillo paja al burdeos, del rojo más vivo al marrón más pobre, granates, púrpuras y tostados, el verde de los campos de trigo que empiezan a nacer, con la energía viva a pesar de la niebla que día tras día nos apaga el corazón, brotando entre el verde oliva, que salpicaba los montes de encinas de verde oscuro como aquellas nubes que los protegían. ¿Por qué siempre olvidamos nuestra cámara de fotos cuando más la necesitamos?

Vuestros ojos descubrieron los tesoros del paisaje con avidez, vuestros pies treparon ágiles por las ruinas del antiguo castillo, y aprendisteis con interés la historia que albergó en el tiempo remoto. En vuestra imaginación fuisteis soldados apostados tras las almenas tirando flechas, vigilando desde los minaretes si llegaba alguien por el mismo camino que nos había dejado allí.

Durante nuestro regreso el destino nos llevó a una granja de cabras; allí tuvimos la suerte de presenciar el nacimiento de una vida. No me extraña que aplaudiérais al final del esfuerzo, es un momento emocionante el principio de un pequeño ser, además tan suave y bonito. ¡Cómo se parece el llanto de un cabrito al de un niño pequeño!

Ya de vuelta a casa conocimos la noticia de la muerte de Miliki, así que estuvimos cantando todas sus canciones, y fuisteis gallinas turulecas y me llamásteis "chinita de amol".

Hoy es el dia internacional de la Infancia. Ojalá recordéis alguna vez cuántas cosas bonitas habéis visto y que, cuando tengáis vuestros propios hijos, les llevéis a ver algún día los colores del otoño. Yo procuraré seguir llenando vuestra niñez de instantes inolvidables.




lunes, 12 de noviembre de 2012

Hijos y refranes



Una se da cuenta a veces que la sabiduría popular es, precisamente eso, sabiduría.

¿No estáis de acuerdo?

Pues yo sí, ¿cómo, si no, dos refranes fueron creados hace un montón de tiempo, específicamente para mis hijos que ni siquiera habían sido un deseo en la pupila de la pupila de su tatarabuela?

A mi pequeño Pez payaso le escribieron aquel de
"No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".
Sí, lo hicieron para él. Se lo tiene que empapar, memorizar, aprender y aprehender. Todo ello, y tiene que hacerlo hoy, no dentro de un rato, ni el domingo por la tarde, ni al salir de clase, después de comer. Ahora. El momento, querido hijo primogénito, es AHORA.Ya.

A su hermano menor, que, como el sol reside en las antípodas de la luna de su predecesor, le hicieron otro refrán a medida, sin siquiera haber sido un proyecto de ser humano...
"No por mucho madrugar, amanece más temprano".
Lo sé, no sabías leer en mi seno, antes de nacer, así que no es culpa tuya que, por tener prisa, fueras prematuro, de casi un mes. Cagaprisas, hijo, lo que eres tú eres un cagaprisas. Y te lo digo muy en serio: la vida tiene una forma un poco brusca de frenarte, así que te lo voy diciendo desde ya, ten más PACIENCIA. Lo sé, es un tostón, pero tienes que aprender a esperar, porque lo suyo es amanecer a la hora de amanecer, no a las tres de la mañana. No, ni en junio, que las noches son tan cortitas (aunque, conociéndote, serías capaz de levantarte un día antes para que amaneciera antes).

En fin, dándole aquel puntito que nuestros mayores supieron darle al refranero, no olvidéis,

"Quien a buen árbol se arrima...



... va un perro y se le orina".

Feliz lunes.


Y Marlin, insisto, ahora, es ahora. Venga, que hoy son veinte verbos irregulares en inglés, que se suman a los veinte que te tocaban el lunes anterior, y a los otros veinte del otro lunes...( ¡¡¡nopuedomás!!!)

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Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.