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domingo, 26 de abril de 2015

El boli azul



Debió empezar como un juego. Se te cayó el boli al suelo y alguien lo hizo correr con una patadita hasta que desapareció de tu alcance y de tu vista. La profesora, quién sabe si harta ya de bromas de adolescentes,  te ordenó que te sentaras y tú te apañaste con un cacharro que soltaba tinta a ratos para terminar la clase.

Perdiste por siempre el bolígrafo por no desobedecer a la maestra, y por falta de picardía no le pediste el boli a la chica que hizo que tú perdieras el tuyo. El boli... El que tú te habías comprado con tu dinerito con tu paga para caprichos, en lugar de pedírmelo a mí. ¡Ah, amigo! Eso te dolió más aún, era TU boli, nuevo de hacía dos días.

Te pedí que la próxima vez te enfrentaras a la situación con agallas. Si tú considerabas que la profesora debería haber resuelto el problema de otra forma, deberías haberle planteado la cuestión de forma educada. Está bien la resiliencia, pero no dejes que abusen de ti.  Porque al final, resulta que a los que son buena gente que nunca se quejan de nada, todos le pueden hacer de todo. Y los que son unos bichos, para que no se reboten, a esos no les toca nadie. 

Porque no es la primera vez. Te bajaron tres puntos de un trabajo en el que tenías un merecido 10 porque alguien te rompió la estructura de madera. Y los autores del estropicio quedaron impunes. En cambio, te culparon a ti por no cuidar tu material, en eso estuve de acuerdo. Pero no proporcionan taquillas ni armarios suficientes a los alumnos. Ni siquiera las aulas se encuentran cerradas fuera de las horas de clase. Era difícil que tú pudieras hacerlo, aun así, aceptamos y aprendimos.

Yo voy a apoyarte de forma incondicional si tú te defiendes con inteligencia y sensatez. Porque creo que en la escuela uno no debe de aprender sólo matemáticas y ciencia. La forma de enseñar a los niños conceptos como la justicia, la lealtad, la honestidad, la ecuanimidad y el respeto es poniéndolos en práctica. 

Además, sé que sabes hacerlo. Lo demostraste el otro día. Me dijiste que te habían pedido  aprender de memoria un himno para cantarlo, y te contaron una patraña politizada sobre su origen. Por esa razón te negabas a cantar. Te dije que era tu decisión, que íbamos a apoyarte escogieras lo que escogieras. Sin embargo, si tú tomas el himno sin la cuestión política, te expliqué, no pondrás en riesgo tus notas (y no te lo dije, pero pensé también que evitabas enemistarte con la profesora). Estoy de acuerdo hagas lo que hagas, te aseguré. Porque sabía que no me fallarías. 

Sacaste la nota más alta de la clase, a pesar de la maestra, que sospechaba de tu intención por razones que no vienen al caso. La dejaste con la boca abierta. Y me dejaste muy clarito que sabes donde pisas. Me dijiste que te sentías orgulloso de lo que habias hecho, porque si el himno que hubieran pedido aprender fuera el del "equipo contrario" vamos a decirlo así, habrían habido pitos y abucheos. En cambio tú les habías dado en toda la boca callándoles con tu nota. 

Tu compañera de clase te debe un boli nuevo, no tengas miedo de exigírselo. Yo te apoyo. Soy tu fan n#1.

jueves, 23 de abril de 2015

Mi día del libro

Después de cuatro Sant Jordis frenéticos, incluso después de haber pedido fiesta en mi trabajo, este año decliné cualquier invitación, cité a varias personas durante la mañana para vencer la tentación del paseo eterno por las avenidas llenas de paradas de libros, rosas y reivindicadores varios.
He celebrado mi día del libro de la mejor manera que se me ha ocurrido, escogiendo libros para mis chicos y leyendo de un tirón el libro que me compré el...¿lunes?
He tomado el sol a la hora de mi siesta con él entre mis manos, he terminado un capítulo en un semáforo en rojo, he dejado olvidada la comida de mañana por no perderme el final, aunque luego me ha tocado correr. Incluso he tenido que ponerme una alarma para que no se me pasara la hora de recoger a mi hijo en el colegio.
Me he tomado una tarde medio libre, aunque he hecho pasta, he recogido a los chicos y los he llevado a sus actividades, he recogido los zapatos que tenía poniendo tapas en el zapatero, he buscado una tienda en la que encontrar una funda para mi tablet, he puesto una lavadora y recogido el detergente que se me ha caído, en fin, unas pinceladas de mi propia vida intercaladas entre uno y otro ambiente de mi novela.
Y he sido feliz, que ya es mucho. Porque normalmente no suelo tener tiempo ni para sentarme, y miro a mis otras aficiones de placer, como la costura, la lectura, la decoración, mi jardín, mis gatitos, con verdadera nostalgia.
Si hoy pudiera pedir un deseo es pasar el próximo Sant Jordi firmando algo nuevo en una mesa con mucha gente esperando al otro lado. Pero si no llega ese momento me pido tener un libro que me guste en mis manos, como El lenguaje de las flores, de Vanessa Diffenbaugh, que os recomiendo con cariño.

No dejéis de leer, y por favor, comprad vuestros libros, no los pirateéis. Los autores ganamos una miseria por cada ejemplar vendido, por cada ejemplar copiado de alguien que lo robó, los primeros en perder somos quienes amamos a la lectura. Nada es gratis, no robéis.

miércoles, 1 de abril de 2015

Lo que aparentas

Esta era una charla que tenía ganas de darte, desde que te veo tan mayor.Tan mayor... intuyo en el adolescente con voz de gallo Claudio que eres ahora una persona adulta con un perfil muy marcado.

Creo que aún soy la persona de este mundo que mejor te conoce, porque así debe de ser. Te conozco a pesar de tu voluntad, de tu timidez e inseguridad. Yo leo en tus ojos todo tu bien y tu pizca de maldad, esa que impide que nadie se atreva a decir de ti que eres tonto, por demasiado bueno. Y es en ese lugar sombrío de la noche de tu mirada donde a mí se me hiela la sangre por el miedo, porque no podré evitar que conozcas personas que, vestidas de corderito, escondan un lobo hambriento en sus entrañas. 

De eso era de lo que quería hablar contigo, del aspecto que se supone que uno debe de tener, pero desde ti. Bueno, me lío, como siempre. Te contaba, a mi manera, cómo resulta patético, casi siempre, querer aparentar lo que uno no es, y que, de alguna forma, nuestra condición física hará que se espere de nosotros que tengamos una personalidad u otra. Al fin y al cabo estamos en un mundo que siempre, siempre pone primero el precio a las personas por su aspecto físico, si acaso un poco más tarde le damos la segunda oportunidad.

Te decía que tú vas a ser un tipo alto y grande, como tu abuelo, como un árbol de grandes ramas protectoras y profundas raíces, que tu sola presencia hará que se espere de ti un aplomo y una seguridad. 



Te lo decía con la esperanza de que no hagas payasadas, porque tu cuerpo siempre ha crecido a la misma velocidad que tu desbocada imaginación. Te veo, con tu metro sesenta, jugando a tirarte sobre la montaña de ramas, a carreras de fórmula uno sobre patines, al teléfono de cordel y vasos de plástico, como si pesaras 30 kilos y fueras un crío de 8 años. Eso sí, el tipo más feliz del mundo, dando un poco -bastante- la espalda a las responsabilidades.

Y también sé que te tocará muchas veces hacer de tripas corazón y con ese valor ligeramente inconsciente que tienes decir un 'no' bien alto a todas las tentaciones que se te presenten. Porque sé que, como serás un grandullón, te van a ofrecer el mal en bandeja de plata cincuenta veces, y yo quiero que tú seas esa presencia digna que se atreva, que se atreva a decir que no. 

Qué vértigo me produce sólo de pensarlo. Porque detrás de ti empieza a recorrer el camino el fibroso de tu hermano, ese que primero actúa y luego piensa, ese que en el fondo es un caguetas y que para ser el gallo más gallo del corral hará cosas que están mal sólo para demostrarse que no tiene tanto miedo. Esto es la maternidad, supongo, ese secreto temblor que sólo aquí se atreve una a poner en voz alta. 

miércoles, 28 de enero de 2015

El lado "chungo"

Hemos trazado juntos la línea que separa lo bueno de "lo chungo". Claro que, para ello, has tenido que asomarte a ese lado y sentirte despreciable por un momento. 

Has aprendido que la fábula de la liebre y la tortuga no era tan absurda como creías, que el mal sabe disfrazarse de bien, que un buen amigo no es el que se mete en un lío por sacarte a ti de él, sino el que te evita meterte en problemas. 
Que el camino más corto entre dos puntos es la recta y que los atajos suelen ser peligrosos. Y que las mentiras se convierten en bolas pegajosas de las que uno no consigue librarse más que con la verdad y que sólo el perdón te quita el sabor amargo de la boca. 
Nosotros hemos logrado no perder los nervios, sin olvidar imponerte un castigo justo. También nos hemos dado cuenta de que ha acabado nuestra luna de miel: tu infancia ha muerto. Bienvenido al mundo, querido adolescente. Primera tormenta superada, nos agarraremos con fuerza al timón y seguiremos navegando en las aguas bravas de tu juventud. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Para mi colección

Guardaré tu llamada de hoy en mi carpeta de relatos de amor.
Te enfadabas conmigo cuando te manifestaba mis dudas razonadas sobre tu matrimonio.
Lo cierto es que no lo veía nada claro porque cuando te rompías por él , yo me dolía contigo.
Sin embargo, a pesar de las pocas esperanzas que guardaba de que pudieras curar tus heridas, me alegra comprobar que el aire, la luz y el amor han curtido vuestras cicatrices.
Mis dudas han sido grandes, lo admito. 
Hoy me postro ante tu tesón, tus ganas de amarle a pesar de todo, y siempre, siempre, querida amiga, te repetiré aquello de que mereces ser amada.
Y creo que por fin te lo has creído, ahora sí. 



Cuando me has contado el reencuentro de vuestros cuerpos, he vencido mi pudor y he entrado de puntillas en vuestro cuarto. Os he visto, estrenando de nuevo vuestras pieles, volviendo a aprender el sabor del otro, llenando vuestras almohadas de promesas que esta vez sí debéis cumplir y se me ha llenado el corazón de vuestro purito deseo. 

Amainó la tormenta, desde esta orilla se refleja la luna sobre la mar salada... Quién sabe hasta qué puerto llegará vuestro barco. 

Nunca me supo tan bien equivocarme.



martes, 25 de marzo de 2014

De energía


Me sorprendes por la enorme fragilidad que encierra ese verbo rápido y elegante en el que te envuelves. Sin embargo, a pesar de tu admirable capacidad de autogestionar tu vida, tu forma de contactar con los demás, tu magnetismo, tu poder, llega él y te rompe en mil pedazos de un soplido.

Te quebranta, y no te das cuenta, porque se introduce en las más diminutas fisuras de tu alma y, como agua que se hiela, rompe la piedra más dura. Porque no te dice que no te quiere, sino lo contrario. Con esa suavidad logra llegar a lo más profundo de tu ser; y allí siembra su indiferencia y te fractura, de la forma más dolorosa y terrible.

Por eso te insisto tanto en que interpongas una distancia entre vosotros, para que no pueda herirte más. Así, rota, no puedes ver con claridad. Si cruzaras a este lado, lo verías nítido y cristalino.

Parece una simple cuestión de energía. Bien sabes que la energía no se crea de la nada. Digamos que tu fuente de energía sería esa fractura del alma que él te ha causado ya –dices que sin querer, y yo te creo-. Al principio no era más que dolor, tristeza, un sufrimiento profundo e inconsolable que te bloqueaba. Ahora esa energía es rabia, fuerza incontrolada que, lejos de servir para nada, te desgasta y te deja el corazón en carne viva, que, sin querer, hiere al pobre que pasa por allí (un hijo, un buen amigo).

¿Imaginas poder transformar toda esa energía en luz, en movimiento, en impulso? Tal vez en lugar de quedarte firme, de pie, esperando a que él vuelva o cambie –y no cambiará porque no admite ser el problema- deberías dejar que la energía fluya a través de ti y se transforme. Debes hacerte porosa a aquellos que de verdad quieren, queremos lo mejor para ti; relájate y disfruta del vaivén suave, como quien se mece en un columpio. Ninguna sensación se puede comparar a la brisa que se enreda en el pelo cuando vuelas impulsado por alguien que sólo quiere verte feliz. Venga, sube, ahora doy yo.



Foto de aquí

domingo, 2 de marzo de 2014

Pasos firmes



Así de feliz estabas cuando diste tus primeros pasos. Estabas feliz porque eras libre, porque tú ya podías caminar solo. 

Hoy hemos visto la escuela a la que vas a ir a cursar la secundaria. Vas a cambiar de compañeros, de maestros, de estilo de estudio, incluso de ciudad. Vas a tomar todos los días el transporte hacia tu destino, tendrás que afrontar la soledad, exámenes, planes de estudios que van más allá, comerás fuera de casa, abandonando el privilegio de comer todos los días con tu familia del que has disfrutado doce años.

Escuchábamos a tus nuevos profesores, y tú estabas muy contento, porque vas a dar tus primeros pasos en tu vida. Todo te ha gustado mucho, un montón de promesas por estrenar, tanto que aprender, tanta vida por delante. 


Yo te miro y me siento feliz y aliviada. Ya, ya sé que te espera una lucha titánica, pero yo sé que tú serás valiente, mi niño. Sigues teniendo la mirada de la luna en el negro oscuro de tus ojos, a pesar del vértigo de mirar hacia abajo desde el nido. 

Venga, que sabrás volar, lo sé. Sólo tienes que recordar quién eres. 

domingo, 2 de febrero de 2014

Flexibilidad







Hay que ver cómo la gente de Pixar sabe sacarle la punta a esto de la psicología. ¿No? ¿Les parece una coincidencia que hayan elegido en el papel de madre a Elastigirl?

Ya no lo digo únicamente por su habilidad para convertirse en paracaídas cuando sus hijos corren peligro, 





para protegerles y arroparles,


No, no es eso.
Cualquiera de vosotras, que tenéis hijos, tenéis un par de ojos en el cogote, un pabellón auricular extraplástico que se estira por las noches. Sois capaces de cargar con un rorro a horcajadas sobre vuestra cadera, tres bolsas de la compra en la mano y buscar las llaves en el bolso con la otra. Si tenéis más de un hijo, bueno, entonces los pies cobran una capacidad de manipulación que parecen manos, se lo aseguro.

Y voy más allá
Cualquier madre de las aquí presentes puede confirmar cuántas veces ha tenido que morder su lengua, que hacer malabarismos con horarios y con sobras de nevera, que ingeniar fantásticos vericuetos para hacer que se cumpliera una promesa hecha firmemente, o simplemente, cambiar un poco la literatura de esa promesa que no se pudo cumplir para no echar a perder su honorabilidad.

Esa flexibilidad debe ser aplicada necesariamente a la toma de decisiones. Para que las leyes que rigen el matriarcado o, por extensión, cualquier familia en el que uno de sus miembros asuma el rol materno, deben ser por fuerza flexibles, reversibles, tener un amplio margen de error, que nos permita recular cada vez que se produzca un cambio.
Porque la realidad, es que la vida de nuestros hijos cambia constantemente. Sus necesidades intelectuales, afectivas, de educación, físicas, sensoriales, de comunicación, de movimiento, de percepción, cambian a gran velocidad a lo largo de sus vidas. No sólo eso. Cuando tienes más de un hijo, sus cambios no se producen al unísono.
Y para mayor alegría, no hay una ley válida, única, indiscutible. No nos sirve la experiencia de nuestros padres ni la de nuestros abuelos, no hay libros que te digan cómo, hacia dónde se dirige la persona libre, independiente y única que es tu hijo.
Así que lo único que nos queda es ser flexibles y moldeables. Y cuanto mejor sepamos amoldar nuestro cuerpo a la forma que tome el suyo, más sabremos amarles.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Te pedí perdón

Tengo por costumbre presumir de vosotros. De lo buenos que sois, aunque peleáis como todos los cachorros del mundo. De vuestro esfuerzo en el cole, que os da un fruto en forma de buenas notas. De cómo habéis aprendido a comer como personas mayores y que vuestros modales en la mesa dan ejemplo a otros niños. De lo guapos que me habéis salido (y lo digo desde la objetividad absoluta que me da ser vuestra madre jaja). Me da lo mismo que me digan que soy una presuntuosa, me siento orgullosa de vosotros por quiénes sois y por cómo os desenvolveis en este mundo. 

Así que, cuando comenté con tu abuela uno de tus defectos, ¡que gracias a Dios los tienes!, y vi cómo en tu miraba se fraguaba una pequeña sensación de fracaso irreversible, comprendí que me estaba equivocando. Al llegar a casa te pedí perdón y te prometí que me esforzaría en no volver a humillarte ante nadie, porque no tengo razones para hacerlo y porque yo sé que lo que se siente cuando quien más te quiere habla mal de ti. Me dijiste que no te habías dado cuenta, y que no pasaba nada, así que supongo que sí que te dolió y que agradeciste que te pidiera perdón, porque te hizo recuperar el respeto que te arrebaté. 

No dejéis que nadie os lastime, ni siquiera vuestra madre. Mucho menos vuestra madre. Estoy aprendiendo.

lunes, 28 de octubre de 2013

La pregunta que te he hecho



Me hace ilusión que hayas empezado esa relación. Te mereces sentirte amada, después de todo lo que te pasó. Nunca me libraré de esa sensación de angustia por no haberme enterado de lo que te pasó cuando aquel inmaduro te dejó de aquella forma. En fin. No, no puedo cambiar el pasado, y me guardaré mucho de interferir en tu futuro. Así que me gusta saber cómo te vas abriendo a él, me emociona ver cómo te libras de esas barreras de gata escaldada. Bien, lo haces muy bien. Has logrado alguien que te quiere y respeta, que quiere y comprende a tu hija, que es bueno para ambas.

Así que observo con avidez el nacimiento de vuestra historia, desde la comodidad y la rutina y toda mi experiencia de 22 años de monotonía, y te hago la pregunta que a estas alturas me parece básica: ¿te llena?

Y has dicho que sí.

Y yo he medido el tiempo que tus ojos han tardado en encontrar la respuesta.

Volveré a preguntarte. Esta vez no pienso fallarte.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Se necesita



No sé si tiene sentido embarcarme en nuevas labores justo en estos días de mucho, muchísimo trabajo.
Ni siquiera puedo preguntármelo, ando demasiado ocupada con los desplazamientos, preparar comida todos los días, varias veces al día. Planchar los atrasos, los presentes y lavar los futuros planchados. Llenar la nevera, volver a llenar la nevera, llenar la despensa y comprar más leche (hemos decidido que mantener una vaca en el jardín no nos saldría a cuenta). Jornadas de trabajo intensas y agotadoras. Viajes de trabajo que no compensan. Madrugones día sí día también. Encargos en las horas libres. Llevar a los niños a clases de todas las tardes de la semana. Leer.

Y arañar los minutos libres que me quedan en la semana para dedicarme a lo que me hace más feliz, que es coser. Empezar una labor, terminarla. Buscar ideas, patrones, comprar telas. Y cuando no tengo algo entre manos, me siento como si me faltara el amor. Una desazón extraña recorre mis brazos hasta las puntas de los dedos y ensombrece mi humor. Es mi terapia contra la rutina y mi válvula de escape. Lo necesito, como si de una fuente de energía interior se tratara. Me resigno a no tratar de comprender por qué cuanto más trabajo tengo, más trabajo me busco.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El pan nuestro de cada día



Las fotos de la luna nunca me quedan como yo quisiera, y menos, hechas con el móvil. Me resulta muy difícil llegar al trabajo estos días porque me rindo ante la belleza de la inmensidad. Durante la semana pasada hubo niebla o lluvia casi todas las mañanas. En cambio, hoy el viento se ha llevado cualquier resto de nube y me ha regalado un amanecer que me ha llegado a emocionar. Claro, sin cámara, sin tiempo para parar, sin lugar seguro donde hacerlo. Así que tendréis que confiar en mis palabras.

Seguía despierta la luna llena, centinela de la noche, y ya ha vuelto a amanecer nuestro pan de cada día, el sol que despega entre un halo dorado, bordado de encajes de árboles desnudos ya de otoño, que se irisa en los azules del alba reflejada en una nube de aire frío teñida en naranja.

Vuelve a amanecer, como cada día. No puedo despegar mi mirada de esa belleza que soy incapaz de describir con palabras, porque todas se quedan pequeñas y vacías.

Buenos días.

lunes, 1 de octubre de 2012

Subir el listón



La educación de mis hijos se está conduciendo de forma prácticamente automática, pero va por ciertos caminos que yo no esperaba encontrar. 
Solemos obligarnos a ofrecer las mejores posibilidades a cada uno de nuestros hijos sin olvidar que son esencialmente distintas personas con distintas capacidades y necesidades educativas. Tenemos algunos criterios que nos hemos fijado como esenciales: que estudien idiomas, que hagan alguna actividad que les suponga cierto esfuerzo, para que su vida no sea un "sopa, pégame a la boca" y siempre valoramos su trabajo y no sus notas finales. 
Sin embargo y por esas diferencias conocidas que acabo de señalar, nos está sucediendo que la alta capacidad del pequeño Bufón le ha llevado a adelantar curso en algunas asignaturas, de forma que tiene que esforzarse el doble. Está aprendiendo a escribir a marchas forzadas para igualar sus fuerzas con los compañeros del curso siguiente y asimilando vocabulario a toda velocidad.
Su hermano, sin embargo, ha sido más protegido al respecto. Su circunstancia personal le llevó a una vida más cómoda (las maestras que tuvo se conformaban con su mínimo, jamás le exigieron el máximo) y lo único que no se ha ahorrado es cuatro años de música en el conservatorio tras los cuales sabe mucha teoría pero no sabe tocar la guitarra. 
Hoy le he advertido de que se le acabó el chollo. Ha estado haciendo un trabajo en el ordenador y me he dado cuenta que no puede escribir nada porque no sabe siquiera dónde están las letras más usadas del teclado. 
Así que habrá subida de listón este año para los dos. Uno, porque lo necesita, y el otro, por lo mismo. Y a mí, que Dios me coja confesada, porque las peleas diarias están servidas.  

lunes, 28 de mayo de 2012

Me suele pasar

Los que venís a menudo por el castillo ya sabéis que aquí las cosas no suceden nunca de una en una, sino que la vida misma tiende a agruparse en torno a una semana. Todo, prácticamente todo lo que me podía pasar en esta primavera está planificado para la semana pasada y la que acabamos de empezar. 



Intentaré no perderme nada para venir a esta ventana a contaros lo que ven mis ojos y lo que late en mi corazón. 

lunes, 23 de abril de 2012

Biblioteca


Hoy he tenido el honor de ser invitada a la inauguración de la escuela de mis hijos, en la que La abuela necesita besitos tiene el Registro número 1. Tenía que decir unas palabras, y elegí estas. Carme Sala me regaló la composición de este póster, que he donado a la biblioteca para adornar sus paredes.


BIBLIOTECA
En este santuario aprenderás
que érase una vez un hada,
un dragón mágico,
un niño que no tenía miedo,
un caballero que tenía un sueño, 
una princesa que tenía un guisante.


Aprenderás cómo se vivía hace mil años, cómo funcionan las máquinas, a construir un globo que suba al cielo. Que las nubes son agua y que provocarán una tormenta si hablan todas a la vez. Podrás viajar en el tiempo y en el espacio, por todo el mundo y el universo, porque aquí no tendrás más límites que los de tu propia imaginación.


Podrás saber qué significan palabras como honestidad, justicia, valor y fidelidad. Que el mal sólo puede vencerse con el bien. Que quererse a uno mismo es necesario para poder querer a los demás y dejarse querer por ellos. Y que los besos lo curan casi todo.


Incluso el espíritu más solitario puede encontrar aquí la compañía y la amistad si se refugia entre las páginas de un libro y se deja mecer por el consuelo de sus palabras.

Es un día bonito para asistir a un nacimiento, hay esperanza si siguen abriéndose bibliotecas. Feliz día del libro.


jueves, 1 de marzo de 2012

Exceso de cargas




Llevo algunos días escuchando, observando a mi alrededor, incluso midiéndome a mí misma como viéndome desde fuera.

Y he llegado a la conclusión que nos está ganando el pulso el desánimo. Así, en general. La esperanza se disuelve como un azucarillo, la fatiga se levanta antes que tú, incluso los niños se quejan por lo deprisa que les pasa el tiempo, que no pueden, apenas, jugar.

Mis amigas pasan por momentos duros, mi familia también, la vejez de los míos muestra su poder implacable sin piedad. Está la vida estancada en un sinsabor.

Mi optimismo incombustible está siendo doblegado hasta su punto de máxima tensión. A ratos, solo siento el peso de la carga que llevamos todos a cuestas. Y eso que no me falta salud, ni trabajo (de momento), ni amor. Así que imagino cómo se sienten todos los que carecen de algo de eso.

Necesitamos que nos pase algo bueno. Ya.

domingo, 15 de enero de 2012

Hoy es tu día



Tienes que dar el gran Sí
No volverás la vista atrás, nunca leerás estas palabras. 
Has tomado una decisión impactante, valiente, difícil, única.

Anoche hablé con tu madre y quise llorar con ella.
No sé explicarte qué se debe sentir cuando tu única hija toma los hábitos. Pero hoy me siento mucho más cercana a tu madre que a ti. Ojalá no viviésemos tan lejos, me gustaría poder acompañarte. 
Lo haré desde la oración. Pediré ayuda para poder comprenderte, para entender cómo se puede renunciar con 38 años a volver a ver el mar, a sentir las calles de la ciudad, a ver escaparates, a contemplar obras de arte, a leer una novela de amor. No tengo ni la más remota idea de cómo vivirás sin dar un paseo hasta perderte, sin poder dormir a pierna suelta hasta las tantas después de haber estado en una cena con amigos, sin sentir el calor de un beso. Ya, ya, ya me sé lo del Amor, lo de la Mano de Dios, lo de la Palabra. Pero no estoy segura de que todo eso pertenezca al mundo de los vivos. Porque tu cuerpo está aquí, y tú has decidido pasar el resto de tu vida encerrada en una cárcel por Él. Necesito más Luz, hoy no la tengo.

jueves, 5 de enero de 2012

Buena vista



Tú también tienes buena vista. Y no me refiero a que tengas o no miopía u otras alteraciones de percepción, eso lo corrigen las gafas.

Cuando hacemos divisiones entre las distintas formas de personas se acostumbra  a ser injusto o radical, o nos quedamos cortos al valorar las variedades.

Voy a jugármela, sin embargo, diciendo que el mundo se compone de personas que sólo ven, y de otras que miran, miran dentro, detrás del lugar de la piel, en dirección al corazón. Justo donde nacen nuestros porqués más profundos, a aquel lugar tan íntimo que nos hace iguales. Y si tú tienes las mismas dudas que yo, los mismos miedos, los mismos deseos, no puedo juzgarte. Y como no te juzgo, te observo, te aprendo y te acompaño.

Y no me dirás que todo eso no vas a ser capaz de escribirlo...

miércoles, 4 de enero de 2012

Apunta maneras

En la infancia tenía tendencia a ser algo supersticiosa. Si me había levantado con el pie izquierdo, todo lo que iba a suceder durante el día salía mal. Sufrí bastante a causa de eso. Rompí un espejo y durante siete años seguidos tuve bastante mala suerte. El sentido común me repetía que era una estupidez, pero no me convencí de ello hasta que dos o tres años después de escapar del maleficio, rompí otro. Entonces me negué rotundamente a pasar siete años malos otra vez


Hoy pensaba que si estos primeros días de 2012 van a ser una anticipo de lo que me espera, promete ser otro año de trabajo intenso.





Bien, si ese es el botón de muestra, estaré preparada, aquí, en la oficina. 


domingo, 1 de enero de 2012

Empieza, o continúa


Para los que tenemos hijos el año parece empezar en septiembre, con su curso escolar, así que el Año Nuevo es una fiesta que cambia poco el ritmo. 
Este año, que he estrenado haciendo lo de siempre (cocinar, planchar), será el año en que mi primer hijo cumpla 10 años y eso, en sí mismo, ya me parece bonito. Diez años del euro, diez años en la casa en que vivimos ahora. 

Vendrá, seguro, cargado a partes iguales de cosas buenas y menos buenas. De nosotros dependerá que veamos su vaso medio lleno o medio vacío. Los malos augurios económicos nublan el horizonte, pero nadie dijo que el dinero fuera el que da la felicidad. Así que no podemos permitir que eso nos amargue la vida.

Os agradezco hasta el infinito vuestra compañía y fidelidad, vuestras palabras libres y valientes. Si os apetece, seguimos caminando para llenar esta página en blanco.

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Por favor,

Si algo de lo que expongo aquí te molesta, te pertenece, o habla de ti y quieres que lo borre, tan solo tienes que pedírmelo. Nunca quise ofenderte, ni plagiarte, ni molestarte...
Este es un espacio de libertad y, sobre todo, de respeto.