© de la imagen La meva maleta

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domingo, 26 de abril de 2015

El boli azul



Debió empezar como un juego. Se te cayó el boli al suelo y alguien lo hizo correr con una patadita hasta que desapareció de tu alcance y de tu vista. La profesora, quién sabe si harta ya de bromas de adolescentes,  te ordenó que te sentaras y tú te apañaste con un cacharro que soltaba tinta a ratos para terminar la clase.

Perdiste por siempre el bolígrafo por no desobedecer a la maestra, y por falta de picardía no le pediste el boli a la chica que hizo que tú perdieras el tuyo. El boli... El que tú te habías comprado con tu dinerito con tu paga para caprichos, en lugar de pedírmelo a mí. ¡Ah, amigo! Eso te dolió más aún, era TU boli, nuevo de hacía dos días.

Te pedí que la próxima vez te enfrentaras a la situación con agallas. Si tú considerabas que la profesora debería haber resuelto el problema de otra forma, deberías haberle planteado la cuestión de forma educada. Está bien la resiliencia, pero no dejes que abusen de ti.  Porque al final, resulta que a los que son buena gente que nunca se quejan de nada, todos le pueden hacer de todo. Y los que son unos bichos, para que no se reboten, a esos no les toca nadie. 

Porque no es la primera vez. Te bajaron tres puntos de un trabajo en el que tenías un merecido 10 porque alguien te rompió la estructura de madera. Y los autores del estropicio quedaron impunes. En cambio, te culparon a ti por no cuidar tu material, en eso estuve de acuerdo. Pero no proporcionan taquillas ni armarios suficientes a los alumnos. Ni siquiera las aulas se encuentran cerradas fuera de las horas de clase. Era difícil que tú pudieras hacerlo, aun así, aceptamos y aprendimos.

Yo voy a apoyarte de forma incondicional si tú te defiendes con inteligencia y sensatez. Porque creo que en la escuela uno no debe de aprender sólo matemáticas y ciencia. La forma de enseñar a los niños conceptos como la justicia, la lealtad, la honestidad, la ecuanimidad y el respeto es poniéndolos en práctica. 

Además, sé que sabes hacerlo. Lo demostraste el otro día. Me dijiste que te habían pedido  aprender de memoria un himno para cantarlo, y te contaron una patraña politizada sobre su origen. Por esa razón te negabas a cantar. Te dije que era tu decisión, que íbamos a apoyarte escogieras lo que escogieras. Sin embargo, si tú tomas el himno sin la cuestión política, te expliqué, no pondrás en riesgo tus notas (y no te lo dije, pero pensé también que evitabas enemistarte con la profesora). Estoy de acuerdo hagas lo que hagas, te aseguré. Porque sabía que no me fallarías. 

Sacaste la nota más alta de la clase, a pesar de la maestra, que sospechaba de tu intención por razones que no vienen al caso. La dejaste con la boca abierta. Y me dejaste muy clarito que sabes donde pisas. Me dijiste que te sentías orgulloso de lo que habias hecho, porque si el himno que hubieran pedido aprender fuera el del "equipo contrario" vamos a decirlo así, habrían habido pitos y abucheos. En cambio tú les habías dado en toda la boca callándoles con tu nota. 

Tu compañera de clase te debe un boli nuevo, no tengas miedo de exigírselo. Yo te apoyo. Soy tu fan n#1.

miércoles, 1 de abril de 2015

Lo que aparentas

Esta era una charla que tenía ganas de darte, desde que te veo tan mayor.Tan mayor... intuyo en el adolescente con voz de gallo Claudio que eres ahora una persona adulta con un perfil muy marcado.

Creo que aún soy la persona de este mundo que mejor te conoce, porque así debe de ser. Te conozco a pesar de tu voluntad, de tu timidez e inseguridad. Yo leo en tus ojos todo tu bien y tu pizca de maldad, esa que impide que nadie se atreva a decir de ti que eres tonto, por demasiado bueno. Y es en ese lugar sombrío de la noche de tu mirada donde a mí se me hiela la sangre por el miedo, porque no podré evitar que conozcas personas que, vestidas de corderito, escondan un lobo hambriento en sus entrañas. 

De eso era de lo que quería hablar contigo, del aspecto que se supone que uno debe de tener, pero desde ti. Bueno, me lío, como siempre. Te contaba, a mi manera, cómo resulta patético, casi siempre, querer aparentar lo que uno no es, y que, de alguna forma, nuestra condición física hará que se espere de nosotros que tengamos una personalidad u otra. Al fin y al cabo estamos en un mundo que siempre, siempre pone primero el precio a las personas por su aspecto físico, si acaso un poco más tarde le damos la segunda oportunidad.

Te decía que tú vas a ser un tipo alto y grande, como tu abuelo, como un árbol de grandes ramas protectoras y profundas raíces, que tu sola presencia hará que se espere de ti un aplomo y una seguridad. 



Te lo decía con la esperanza de que no hagas payasadas, porque tu cuerpo siempre ha crecido a la misma velocidad que tu desbocada imaginación. Te veo, con tu metro sesenta, jugando a tirarte sobre la montaña de ramas, a carreras de fórmula uno sobre patines, al teléfono de cordel y vasos de plástico, como si pesaras 30 kilos y fueras un crío de 8 años. Eso sí, el tipo más feliz del mundo, dando un poco -bastante- la espalda a las responsabilidades.

Y también sé que te tocará muchas veces hacer de tripas corazón y con ese valor ligeramente inconsciente que tienes decir un 'no' bien alto a todas las tentaciones que se te presenten. Porque sé que, como serás un grandullón, te van a ofrecer el mal en bandeja de plata cincuenta veces, y yo quiero que tú seas esa presencia digna que se atreva, que se atreva a decir que no. 

Qué vértigo me produce sólo de pensarlo. Porque detrás de ti empieza a recorrer el camino el fibroso de tu hermano, ese que primero actúa y luego piensa, ese que en el fondo es un caguetas y que para ser el gallo más gallo del corral hará cosas que están mal sólo para demostrarse que no tiene tanto miedo. Esto es la maternidad, supongo, ese secreto temblor que sólo aquí se atreve una a poner en voz alta. 

miércoles, 28 de enero de 2015

El lado "chungo"

Hemos trazado juntos la línea que separa lo bueno de "lo chungo". Claro que, para ello, has tenido que asomarte a ese lado y sentirte despreciable por un momento. 

Has aprendido que la fábula de la liebre y la tortuga no era tan absurda como creías, que el mal sabe disfrazarse de bien, que un buen amigo no es el que se mete en un lío por sacarte a ti de él, sino el que te evita meterte en problemas. 
Que el camino más corto entre dos puntos es la recta y que los atajos suelen ser peligrosos. Y que las mentiras se convierten en bolas pegajosas de las que uno no consigue librarse más que con la verdad y que sólo el perdón te quita el sabor amargo de la boca. 
Nosotros hemos logrado no perder los nervios, sin olvidar imponerte un castigo justo. También nos hemos dado cuenta de que ha acabado nuestra luna de miel: tu infancia ha muerto. Bienvenido al mundo, querido adolescente. Primera tormenta superada, nos agarraremos con fuerza al timón y seguiremos navegando en las aguas bravas de tu juventud. 

domingo, 2 de marzo de 2014

Pasos firmes



Así de feliz estabas cuando diste tus primeros pasos. Estabas feliz porque eras libre, porque tú ya podías caminar solo. 

Hoy hemos visto la escuela a la que vas a ir a cursar la secundaria. Vas a cambiar de compañeros, de maestros, de estilo de estudio, incluso de ciudad. Vas a tomar todos los días el transporte hacia tu destino, tendrás que afrontar la soledad, exámenes, planes de estudios que van más allá, comerás fuera de casa, abandonando el privilegio de comer todos los días con tu familia del que has disfrutado doce años.

Escuchábamos a tus nuevos profesores, y tú estabas muy contento, porque vas a dar tus primeros pasos en tu vida. Todo te ha gustado mucho, un montón de promesas por estrenar, tanto que aprender, tanta vida por delante. 


Yo te miro y me siento feliz y aliviada. Ya, ya sé que te espera una lucha titánica, pero yo sé que tú serás valiente, mi niño. Sigues teniendo la mirada de la luna en el negro oscuro de tus ojos, a pesar del vértigo de mirar hacia abajo desde el nido. 

Venga, que sabrás volar, lo sé. Sólo tienes que recordar quién eres. 

martes, 26 de noviembre de 2013

El último mordisco

Te observo jugando de rodillas, corriendo coches, soñando que eres piloto de Fórmula 1, que el Lamborghini que rueda por tu habitación termina cruzando la línea de meta dejando goma en un asfalto de verdad.



Mientras, los de tu clase _los mayores de todo el colegio_ juegan a ser adultos, a poner morritos en el Facebook, a mandarse whatssaps, a salir, supongo, a probar el sabor de la recién inaugurada juventud,  y los primeros besos.

Te he mirado a los ojos medio dormidos y te he pedido que no me hagas caso si te pido que dejes de jugar para ordenar tu cuarto. Te he pedido que juegues, que apures hasta el límite esa infancia que dentro de nada te avergonzará y que disfrutes de ella, porque nunca volverás a jugar como ahora. NUNCA volverás a ser lo que eres ahora. No, no te digo que este sea el mejor momento de tu vida. Pero cuando tengas catorce años no podrás jugar. No así. Detén el tiempo por siempre en este instante dentro de tu mente. Vive aquí y ahora, no tengas prisa, saborea el último mordisco de tu infancia finita. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Arquitectura efímera


Me has pedido que fotografíe tu construcción para poder tener un recuerdo de ella antes de desmontarla para tener tu habitación ordenada. En realidad, forma parte de tu proceso de aceptación ante las adversidades, de tu asertividad.
No deja de ser un pragmatismo radical: ya que no voy a poder evitar lo que no quiero, busco la forma de adaptarme a ello. 
No siempre somos los padres quienes enseñamos a los hijos, tengo mucho que aprender de ti. Así que atrapo en mis retinas los últimos coleteos de tu infancia, para que me consuelen cuando ésta se desvanezca. Quedas pues, niño, en mi recuerdo por siempre, en forma de arquitecto de estación de tren de madera.


martes, 7 de mayo de 2013

Paseo por mi infancia, tutorial


Las manos de los niños, en el lugar en el que me crié, estaban acostumbradas a tocar hierba, y tierra, mariquitas y lombrices, a oler a alfalfa recién segada y a verano. A calmar una picadura de avispa con barro, a llevar las uñas negras, a conjunto con las rodillas. No recuerdo haber llevado pañuelo, ni una bolsita con una botella de plástico con agua. En cambio, sí recuerdo haber bebido de un grifo y haberme lavado las manos en una acequia.

En nuestros paseos, humildes amapolas, como éstas, nos servían para jugar. ¿Cómo?



Pues aquí tenéis la solución:

CÓMO FABRICAR UN OBISPO (O CARDENAL) CON UNA AMAPOLA.


En realidad, necesitáis dos. Una de ellas nos servirá para la cabeza. 
Para ello eliminamos los pétalos rojos y nos quedamos con la parte central, la cápsula que contiene los óvulos. 
La otra flor deberá estar aún cerrada, como la que veis a la izquierda de la foto.


Os recomiendo que recurráis a la ayuda de las manos de alguien experto en manualidades, aquí, Marlin, con sus uñas ¡¡sin morder!! (lo está dejando, felicidades, hijo)
Bien, el colaborador, con muchísimo cuidado, separa los dos sépalos... 


y tira con cuidado de los pétalos que están escondidos en su interior, que van a ser los faldones de nuestro sufrido "obispo" o "cardenal".


Como podéis ver en la foto superior, los sépalos, que ahora están abiertos, conformarían la capa del prelado. Sólo nos falta darle una cabeza. Para ello, introducimos la pequeña porción de tallo que hemos dejado en el capullo de la amapola, en la parte inferior de la cápsula.


Esta acción requiere la habilidad y destreza de las manos de un chico grande, como mínimo de tercero, o cuarto. Pero para posar para la foto final, os sirven las manos de uno de primero, como éstas. 



Bueno, nuestro cardenal nos ha salido muy moderno y ha optado por la sotana en color magenta, en lugar de la clásica más oscura, pero no está nada mal. 

Feliz primavera, ¿os la estáis perdiendo?

viernes, 30 de noviembre de 2012

Se hizo solo

Sé que Marlin tiene muchos defensores en el castillo, así que voy a tratar de daros argumentos en su contra y pediros que me deis vuestra opinión sobre lo que pasó con el agujero que veis en el pantalón (bueno, bajo el bolsillo derecho hay otro agujero, pero "sólo" mide unos 5cm, vamos a referirnos al de la izquierda).




Él no puede defender aquí su versión. Creo que no os serviría de nada escucharle, porque yo traté ayer de sonsacarle durante toda la tarde, con la advertencia de que el castigo sería muchísimo peor por mentir que por decir la verdad dolorosa.

La única conclusión a la que llegó es que el agujero, que tiene el tamaño asi de un lápiz, SE HIZO SOLO. Máximo, máximo, admitimos que a lo mejor era pequeño y se ha hecho caminando. Así, sin intervención dactilar ni instrumental alguna.

Vale, los que automáticamente os colocáis de parte del pobre
ChicoNoTePasesQueSoloTieneDiezAñosYElPantalónEstabaGastado
deberíais saber que esta semana ha sido gloriosa: ha roto, además de éste, dos pantalones más, concretamente ha agujereado las rodillas de los dos pantalones del chándal que tiene. Y para rematar -y esto efectivamente no es culpa suya- otro pantalón, tipo chino superponible en beige, se le ha quedado corto. En resumen, cuatro pantalones a la basura en una semana, sólo de un niño.

Ahora, con toda la información que os he dado os hago la pregunta: Además de ir corriendo a comprar pantalones nuevos, que hace demasiado frío para hacerle shorts con los rotos, ¿qué hago con Marlin? (que sea legal, ético, educativo y práctico, a ser posible)


jueves, 15 de noviembre de 2012

Mimetismos

Llevaba un tiempo fijándome en el cambio que había sufrido su letra que, de repente, había adquirido unas dimensiones tan minúsculas que dificultaban la lectura. Me importa mucho que tengan buena letra porque para hacerse entender uno tiene que hablar alto y claro, tiene que escribir sin retorcimientos y con una letra clara para evitar confusiones. Ir de frente, vamos.

Nada, que erre que erre con escribir así de pequeñito. Cada vez que se lo veía se lo corregía. No entiendo mucho de grafología, pero siempre me ha gustado saber cuáles son los entresijos de la letra de cada cual.
El otro día entendí el origen último del minusculismo de mi hijo: la imitación.
Había faltado a clase por anginas, y su compañero de pupitre me pasó una nota con los deberes pendientes. La nota estaba escrita con una caligrafía bonita, pero pequeña, letra de niño inteligente, ordenado y exigente (¿demasiado?). Y muy pequeña.

En fin, no puedo culpar a Marlin por ello.
Yo, que tampoco tenía buena letra, ni una letra personalísima de aquellas que causan tanta envidia, quise imitar la de mi compañera de clase. Ella, Dolores, tenía una letra feita, pero era peculiar, porque apretaba mucho y se leía en cada renglón su personalida luchadora causada por una luxación congénita de cadera. El conjunto eran páginas y páginas de deberes hechos, no como los míos, que siempre quedaban a medias.
Luego traté de imitar la de Maribel, que era una letra redonda y generosa, como lo era ella misma. E inteligente. Si copiaba su letra, quién sabe si adquiriera sus virtudes.
Y también la de la profesora de química. Bueno, esa la imitábamos varias, recuerdo, por ejemplo a Sonia, que la hacía prácticamente igual que ella.
Tengo que tener una conversación con mi niño grande. Tengo que decirle que no trate de imitar, que se fije en lo que él tiene de bueno dentro de sí, que su creatividad infinita hará que salga de sus manos una letra personal y bonita. Que, seguro, no va a ser muy ordenada, pero chico, ¡la arruga es bella!





lunes, 12 de noviembre de 2012

Hijos y refranes



Una se da cuenta a veces que la sabiduría popular es, precisamente eso, sabiduría.

¿No estáis de acuerdo?

Pues yo sí, ¿cómo, si no, dos refranes fueron creados hace un montón de tiempo, específicamente para mis hijos que ni siquiera habían sido un deseo en la pupila de la pupila de su tatarabuela?

A mi pequeño Pez payaso le escribieron aquel de
"No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".
Sí, lo hicieron para él. Se lo tiene que empapar, memorizar, aprender y aprehender. Todo ello, y tiene que hacerlo hoy, no dentro de un rato, ni el domingo por la tarde, ni al salir de clase, después de comer. Ahora. El momento, querido hijo primogénito, es AHORA.Ya.

A su hermano menor, que, como el sol reside en las antípodas de la luna de su predecesor, le hicieron otro refrán a medida, sin siquiera haber sido un proyecto de ser humano...
"No por mucho madrugar, amanece más temprano".
Lo sé, no sabías leer en mi seno, antes de nacer, así que no es culpa tuya que, por tener prisa, fueras prematuro, de casi un mes. Cagaprisas, hijo, lo que eres tú eres un cagaprisas. Y te lo digo muy en serio: la vida tiene una forma un poco brusca de frenarte, así que te lo voy diciendo desde ya, ten más PACIENCIA. Lo sé, es un tostón, pero tienes que aprender a esperar, porque lo suyo es amanecer a la hora de amanecer, no a las tres de la mañana. No, ni en junio, que las noches son tan cortitas (aunque, conociéndote, serías capaz de levantarte un día antes para que amaneciera antes).

En fin, dándole aquel puntito que nuestros mayores supieron darle al refranero, no olvidéis,

"Quien a buen árbol se arrima...



... va un perro y se le orina".

Feliz lunes.


Y Marlin, insisto, ahora, es ahora. Venga, que hoy son veinte verbos irregulares en inglés, que se suman a los veinte que te tocaban el lunes anterior, y a los otros veinte del otro lunes...( ¡¡¡nopuedomás!!!)

martes, 9 de octubre de 2012

Abandonado...

Antes de que nadie se me escandalice, voy a explicarlo bien, porque los criterios de autosuficiencia respecto a los niños levantan casi tanto las hachas como los partidarios y detractores de Estevill y González.

Introducción.

Vivo en un pueblo muy pequeño. En una calle céntrica, bien iluminada. En frente, cruzando los escasos 10 m. de asfalto de una calle con poquísimo tráfico, mi vecino está sentado a la puerta toda la tarde. A 50 m. de mi casa está la casa de los tíos de mi marido. Con asomarse un poco, está la panadería, con padre de la panadera también sentado a la puerta todo el día. Al otro lado, está la peluquería, y antes hay un bar.

Las clases de inglés de mis hijos me suponen un desplazamiento por carretera. Ida+aparcar+ descarga de niño+compra de huevos (se habían acabado)+vuelta, con entrada al garaje incluida, tiempo máximo estimado, 45 minutos.

Mi hijo mayor tiene 10 años y ya va por el pueblo sólo a algunos sitios en concreto, ir y volver a algún recado.

El pequeño tiene clase de inglés, el mayor un porrón de deberes (redacción de lengua, matemáticas, inglés y no sé qué mas). Le propongo quedarse esos 45 minutos sólo en casa señalándole claramente el reloj para que sepa cuánto es ese tiempo.

Accede sin NINGÚN problema.

Normas:
- No abras a nadie. Bueno, puedes mirar por la ventana de tu cuarto y si es tu padre, tu tío/a, tu abuelo/a, sí puedes abrir.
- Si no pasa nada, trabajas y punto
- Si te pasa algo necesario pero no urgente te vas a casa de tu tía (50m) o a la de tu abuela (100m)
- Si te pasa algo urgente, cruzas la calle y le pides ayuda a la vecina.

¿Entendido? Sí
¿Seguro? Sí (que sí pesada)
¿Quieres venir? Noooo
A las 6 estoy en casa, ¿vale? Vale


Hechos:
Le dejo haciendo la redacción. Llamo al padre, está de acuerdo y alerta, por si ve humo o ambulancias. Salgo de casa, dejo al niño, compro huevos, vuelvo. Treinta y ocho minutos después, a las 17:53 estoy en casa.

REDACCIÓN (en realidad, una carta a una compañera de pupitre)

Querida Pepa Pérez,
Estoy aquí sólo en mi casa porque mi madre se ha ido a comprar y está tardando mucho. Yo me he quedado haciendo deberes (bla bla bla tres líneas más)

Bueno y ya me despido porque mi madre está tardando mucho.
Marlin, pez payaso.





lunes, 1 de octubre de 2012

Subir el listón



La educación de mis hijos se está conduciendo de forma prácticamente automática, pero va por ciertos caminos que yo no esperaba encontrar. 
Solemos obligarnos a ofrecer las mejores posibilidades a cada uno de nuestros hijos sin olvidar que son esencialmente distintas personas con distintas capacidades y necesidades educativas. Tenemos algunos criterios que nos hemos fijado como esenciales: que estudien idiomas, que hagan alguna actividad que les suponga cierto esfuerzo, para que su vida no sea un "sopa, pégame a la boca" y siempre valoramos su trabajo y no sus notas finales. 
Sin embargo y por esas diferencias conocidas que acabo de señalar, nos está sucediendo que la alta capacidad del pequeño Bufón le ha llevado a adelantar curso en algunas asignaturas, de forma que tiene que esforzarse el doble. Está aprendiendo a escribir a marchas forzadas para igualar sus fuerzas con los compañeros del curso siguiente y asimilando vocabulario a toda velocidad.
Su hermano, sin embargo, ha sido más protegido al respecto. Su circunstancia personal le llevó a una vida más cómoda (las maestras que tuvo se conformaban con su mínimo, jamás le exigieron el máximo) y lo único que no se ha ahorrado es cuatro años de música en el conservatorio tras los cuales sabe mucha teoría pero no sabe tocar la guitarra. 
Hoy le he advertido de que se le acabó el chollo. Ha estado haciendo un trabajo en el ordenador y me he dado cuenta que no puede escribir nada porque no sabe siquiera dónde están las letras más usadas del teclado. 
Así que habrá subida de listón este año para los dos. Uno, porque lo necesita, y el otro, por lo mismo. Y a mí, que Dios me coja confesada, porque las peleas diarias están servidas.  

domingo, 3 de junio de 2012

Cuando tú viniste




Hoy es tu gran dia, hijo.
Déjate llevar por la ilusión de participar en la Mesa de Cristo
con la misma alegría que nosotros sentimos el día que tú naciste.

Cuando tú llegaste a nuestro hogar nos hiciste padres.
Y los padres fueron abuelos.
Los hermanos fueron tíos, y los abuelos, bisabuelos.
Los tíos fueron ayuda y compañía
y tu luz llenó todos los rincones.

Cuando tú viniste no sabíamos, aún,
que tú ibas a ser una persona tan especial.
Ningún otro niño habría podido ser nuestro primer hijo,
ni nuestro primer nieto, ni nuestro primer sobrino. 
Ningún otro niño tiene el corazón como tú,
ni tu capacidad de observar el mundo.

Y después te llegaron los primos y tu hermano.
Tu hermano que es tu equilibrio, tu amigo,
la otra cara de aquello que tú eres.

Y tú, a veces, querrías ser pequeño como todos ellos, 
y ellos te admiran y sueñan cada día en ser como tú, 
que eres tan grande. 

Marlin, nuestro pequeño pez payaso. 

miércoles, 21 de marzo de 2012

De cómo pasé de ser simplemente mamá...

... a ser la mejor madre del mundo.


Tendrás que reconocer que te liaste, que no supiste reconocer tus propios límites, a pesar de que todos te recordábamos que había algo en tu plan que no podía funcionar bien.

Dios me libre de cortar tus alas o de crearte falsos techos, pero cuando nos dijiste que pensabas vender accesorios y complementos hechos con cápsulas de café recicladas y te preguntamos si sabías cómo ibas a hacerlo, tuve muchas dudas. Porque, en realidad yo sabía que tú nunca habías hecho algo parecido.

Tú no. Tú tenías claro que querías venderlas y trazaste tu plan como en el cuento de La lechera. Aseguraste que en la escuela aprendiste a hacer cosas con las cápsulas y dijiste que harías unos collares, unos clips y no sé cuántas cosas más. Vale, vale, está bien, te dijimos mientras pensábamos que ya se te pasaría. 

Pero apareciste al día siguiente con una larga lista de solicitudes de tus compañeras de clase. A pesar de los precios que tú mismo habías decidido poner a tus creaciones, las debiste convencer bien de tus capacidades: 2 euros el clip, 6 euros el collar, no sé cuántos la diadema. Ah,. y para su desgracia, tenías intención de cobrar por adelantado, no fuera  a estropeársete el negocio. 

Es verdad que yo ya me veía cosiendo y pegando y comprando cosas para ti. Lo tuve aún más claro, como el agua que viene lloviendo todo el día, que ibas en serio cuando te vi salir del cole removiendo monedas en tu bolsillo.

Tu padre te sugirió que bajaras los precios un poco, y dos niñas te confiaron su dinero. A la hora de la comida, tras un intento fracasado de hacer un collar, supongo que te diste cuenta que te metiste en un lío. 

Al salir de clase, pregunté a las mamás de tus compañeras si alguna sabía algo de unas compras y nos estuvimos riendo de tu picardía al pedir dinero por adelantado... y de paso, me comprometí a hacer que la inversión de sus hijas no fuera dinero perdido.

Bien, al llegar a casa y verte con el fracaso de no saber cómo salir adelante, te eché una mano. Le hice un buen lavado de cara al proyecto que habíais empezado papá y tú a mediodía, y con un poco de pegamento de contacto, unos cierres que tenía, unos cordoncitos para hacer collares y mucha paciencia, te saqué del fregado en que te metiste solito. 

No te salió gratis, te llevaste una lección de gestión de empresa: primero planificar, calcular los gastos, los beneficios esperados y, sobre todo, medir bien tus propias capacidades para fabricar por ti mismo el producto. 

Ambos aprendimos: tú a ser prudente, yo, que eres muy valiente y decidido. Te felicito por ello y te animo a continuar. Aunque ahora ya te han salido imitadores: charlatanes que venden dibujos a 60 céntimos y pulseras de cuentas con goma.

martes, 28 de febrero de 2012

Ayer


El mayor tesoro de la infancia es intangible. Sin ninguna clase de duda, lo mejor que te sucede cuando eres un niño es el descubrimiento. Escuchar por primera vez una historia, acariciar por primera vez el pelo suave de un gatito, sentir su arañazo. Esperar con paciencia a que pase algo, a que pase esa vida que luego resulta que se esfuma en un pispás



Lo mejor de ser un niño es la capacidad de recibir al mundo dentro de ti, nuevo sin estrenar. Sentir aburrimiento soberano un domingo por la tarde, enfadarte por la eterna, eternísima página de divisiones de dos cifras y darte cuenta -otra vez- de que si no apuntas la que te llevas tendrás que volver a empezar. Ver la nieve y sentirte un explorador del Polo Norte, leer un cuento y tener la certeza de que tú eres el protagonista. Estar nervioso la noche antes de una excursión. Descubrir que los dientes que hace nada eran fuertes ahora se mueven, que cuando se te caen tienes una sensación rara en la encía, que  a veces sangran (y nunca has podido imaginar que la sangre tendría ese sabor), que si dejas el diente bajo tu almohada, Ratoncito Pérez te dejará un regalito. Y descubrir quién está detrás de ese tal Pérez...

Mi hijo ha escuchado por primera vez Yesterday, de The Beatles. Se ha sorprendido de que una canción  fuera tan bonita.





martes, 14 de febrero de 2012

Reflexiones, galletas, recuerdos.


Hoy he podido comprobar que lo que realmente vale es el tiempo. El tiempo que nos tenemos los unos a los otros, de valor incalculable, de efectos insospechados.

Día de San Valentín. Amanecer con dolor de cabeza. De rutina, el beso tirado desde dentro del coche a ti, con cristal de por medio (malditos virus...). Me has llamado a mitad de mañana, en tu tiempo, "¿Estás bien, cariño?". Palabras que curan más que el ibuprofeno. 

Me ha recibido nuestro pequeño saltimbanqui enfermito. Ahora se dirige a mí llamándome "Amor", ejemplo:  "Amor, ¿me puedez traer un vazito de agua?". No le tomes tan en serio, ya sabes que yo soy el Amor-de-la-vida de vosotros tres a la vez.

Cuando ha llegado el otro niño-amor, he leído en sus ojos callados todo lo que no podía decir con palabras.

Debo contar lo que pasó en el castillo ayer. 

Conté que Moritz, el conejito Belier adoptado en casa Maleta, había sufrido un arañazo de gato en el ojo por causas... bueno, por exceso de lujuria.
Pues la herida se infectó de mala manera y, a pesar de los cuidados que supimos darle, anoche falleció.

Y, como no podría haberlo evitado, comprendí que había que sacar una lección sobre la muerte. Y como nuestros abuelos tienen mucha, mucha edad, es muy posible que pronto les vayamos a perder, y habrá que explicarles su pérdida.



Cuando le hemos dado la noticia esta mañana a Marlin ha luchado, sin éxito, por aguantarse las lágrimas. Le hemos dejado llorar y le hemos explicado que sus sentimientos tristes eran normales, pero no le ha bastado para sentirse mejor.

Esta tarde, antes de que llegaras a casa, los niños estaban conmigo en la cocina, merendando. La bola que se le hacía a Marlin en el bocadillo tenía una causa conocida, les he dicho que era normal que echaran de menos al conejito, pero que éste había sido muy feliz en casa, que se había sentido muy acompañado por ellos y que todos habíamos disfrutado de la compañía mutua.

Entonces he entrado en ese terreno pantanoso de la muerte de los que queremos, y les he recordado que sus bisabuelos son muy, muy ancianitos. Que su bisabuela de 97 años es posible que muera, quién sabe si en un mes, en dos, en seis, pero que está ciertamente cerca de la muerte y que tenemos que estar con ella y decirle que la queremos. Han dicho que lo comprendían, aunque yo sé que no, que hasta el día fatídico, no se pueden imaginar su vida sin ella.

Te habrías emocionado... como Marlin seguía triste por la realidad actual de haber perdido al conejito, les he dicho que podríamos decir cada uno algo que nos gustara de Moritz, para que no se nos olvide lo felices que hemos sido todos teniéndole. Entonces, ese hombre sabio que vive alojado en el cuerpo de niño de nuestro hijo mayor me ha dicho que él ya lo había hecho. Con aquella caja de cápsulas de café vacía que le guardaste, ha hecho la "Caja de Moritz". En ella había guardado un dibujo de él con el resto de sus animalitos: los dos gatos conejicidas y los dos periquitos. Sólo faltaba añadir nuestros pensamientos.

Me sorprende tanto su madurez emocional... En fin, el resto de la tarde ha sido un no parar. Que si buscamos la cámara para imprimir algunas fotos de Mauricio para decorar la caja. Que si mami, túmbate en la "Sala de relajación" (los sofás del comedor) "Tú, Amor, en el grande, yo en el pequeño" Que si mami, por qué no puedes imprimir ahora, que si os ayudo cuando acabe de hacer la comida, que si papi abre el regalo que te ha hecho mami, que si cuando acabe de planchar tengo que acercarme a la farmacia...

Tiempo. Todo mi tiempo para vosotros. Nada más de más valor para mí que llenar mi tiempo de vuestras vidas. 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Cálculos



No ha pasado tanto tiempo. Puedo recordar con precisión cada uno de mis sentimientos del primer día que le vi, ya fuera de mí. Tenía carita de muñeco, labios carnosos y ojos achinados. Tenía un pelo negro de indio, que yo peinaba y escondía bajo un gorrito de algodón, con la excusa de que por la cabeza perdían mucha temperatura. Ese pelo cayó en pocos meses... casi al mismo tiempo que ya se sostenía sentadito. No tardó en pronunciar sus primeras palabras, porque fue muy precoz. Le recuerdo contando un cuento con 18 meses recién cumplido, una lengua de trapo y una memoria asombrosa.

Nos costó aprender que se nos resfriaba mucho porque no sabíamos mantenerle en casa al primer síntoma de catarro, que muchas noches de desvelo se habían dado por otitis de repetición. Después de dos años y medio sin dormir una noche seguida, llegó la magia de tener un niño increíblemente guapo y que no daba jamás problemas.


Serio y dulce, más bien poco cariñoso, tozudo, bueno, paciente y comprensivo en exceso. Las maestras estaban encantadas con él, sacaba buenas notas y ¡gracias a Dios! tenía limitaciones, como la dificultad para tener los deberes limpios, la pereza para ponerse a trabajar y una escasa habilidad que compensaba con ingenio y creatividad.

Mi pequeño rey león creció al mismo ritmo que sus problemas. Ser hermano mayor le supuso un handicap, no debe ser fácil que te destronen con 4 años. Y para colmo, el segundo en la línea de sucesión es un tipo peculiar, inteligente, gracioso, bueno y cariñoso. Casi nada.

En casa no notamos los efectos de la competencia surgida, pero este curso empezó a dar problemas y la maestra nos llamó la atención. No me sorprendió saber que actuaba de distinta forma en casa y en el colegio. Allí alternaba un comportamiento pueril y estúpido con otro, preadolescencte y contestatario. Cuando comprendí la naturaleza del problema (no es fácil ser hermano del ejemplar más excelente de la pequeña escuela), hablé con él y reaccionó como siempre, de forma inteligente y madura.

En una semana ha abandonado las tonterías y los ruiditos y se ha puesto a trabajar en serio. Nos han felicitado las maestras y la paz vuelve al castillo.



Este año cumplirá su primera década. Añadir un dígito a la edad es un pequeño hito en la vida de un niño, el primer escaloncito a hacerse mayor.

"¿Recuerdas a qué edad tuviste la primera novia?", le pregunté a mi marido. Saltó bruscamente, y me contestó "Ah, no, ¡eso no !", Se refería a que eso no se lo quería plantear, menudo vértigo. Yo di el primer beso poco antes de cumplir los 14 años, pensé, eso es dentro de nada...


No es de extrañar que algo dentro de mí se rebele y me pida, de vez en cuando, volver a empezar.

martes, 17 de enero de 2012

Dejà vu

Ayer tuvimos tutoría con la maestra de mi hijo mayor



Después de media hora de escuchar la realidad que sospechaba, que mi hijo no es el mismo en casa y en la escuela, que es inteligente pero que siempre busca alternativas para evadir el trabajo, que se esfuerza lo mínimo pero saca sobresalientes, que los deberes se hacen a medias, que...  no pude evitar sonreír.

Fue como escuchar todas las palabras que mi madre dijo que había pronunciado mi maestra de cuarto sobre mí misma. 

*Ay*

Me queda el consuelo de saber que al final no me ha ido tan mal. Aprendí a estudiar, soy muy trabajadora y polifacética.

Sólo me queda rezar que a él se le aparezca un ángel y decida ponerse cuanto antes... menudo bochorno.


jueves, 22 de diciembre de 2011

No sabes cuánto te agradezco

... que cantaras sólo para mí.



De camino al auditorio templabas tus nervios diciendo tonterías, me hacía gracia verte buscando puntos de control. El patio de butacas lleno a rebosar, veintitantos niños en el escenario, y para mí sólo una voz, la tuya.

De vuelta a casa la has cantado sólo para mí. Mi corazón ha envuelto en puntillas tu voz aún blanca, limpia y dulce.
Otro retal que querré conservar siempre.




(Que no, curiosillos, que no me ha tocado ni un miserable reintegro)

jueves, 24 de noviembre de 2011

La liguilla de fútbol

Hoy has salido del colegio llorando a mares, porque habíais perdido la liguilla de fútbol de tu clase por algo que ha hecho la maestra. Entre tus sollozos he tratado de descifrar lo sucedido.
Tu clase se dividió en tres equipos para hacer una liguilla de fútbol. A ti no te gusta el fútbol y, por primera vez, lograste divertirte jugando al deporte patrio. Todos estábamos felices. Además, tu equipo estaba clasificado para la final, no podías darnos mejor noticia.



Hoy has llegado a clase y la maestra ha anunciado un cambio: habría dos partidos más, alargando la liguilla. La decepción ha sido grande, tanto, que intuyo tu nerviosismo cuando se te han escapado dos balones y tus propios compañeros te han abucheado.
Habéis perdido. Os han perdido. 

A buenas, eres bueno, a malas, tienes genio (a Dios gracias), así que has intentado defenderte y entre lágrimas, las primeras de la tarde, has expuesto tu opinión a tu maestra. Ella ha actuado desde su punto de vista docente y, para rematar, os ha mandado una redacción: "Aprender a perder" 
Hay que jod.rse.

Venga, Marlin, yo te doy la idea, y tú se la dices con tus palabras. El resultado final, traducido:

A mi no me gusta perder, pero como soy muy malo no soy muy bueno en gimnasia, ya estoy acostumbrado.
Hoy lo que me ha enfadado ha sido la injusticia de cambiar las normas a mitad de juego. Nuestro equipo pasaba a la final, pero por esta liga "sorpresa" de entre medio, nos ha hecho perder.Yo me había enfadado, no por perder, sino por esta injusticia. Es posible que no lo haya entendido bien... Y luego, después de esto, de castigo, ¡una redacción!

Lecciones aprendidas:
-Aunque quien se equivoque sea un superior, hay que decírselo, con educación.
-Tienes que hacer valer tus derechos.
-No tienes que llorar cuando quieras hacer que te entiendan.
-No se pueden cambiar las normas a mitad del juego, no es justo.
-El equipo ganador, en justicia, para mí, es el tuyo, te felicito por haberlo hecho lo mejor que has podido. 

Eres grande, niño.

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