© de la imagen La meva maleta

viernes, 31 de diciembre de 2010

y 20.


Cuando tú llegaste a mi vida yo era una pequeña ave herida. Con tu paciencia, tu bondad y tu amor, sacaste de mí la esencia, y me convertí, por ti, en lo que soy.
Contigo todo es más fácil, no tengo miedo, no tengo prisa. Dejo que las horas de la vida marchiten mi piel al mismo ritmo que la tuya, y espero que estos 20 sólo sean el principio de los próximos.






Y el resto de lo que te tengo que decir... no te lo puedo decir,
"porque tenemos juguetes preescolares delante"

jueves, 30 de diciembre de 2010

19...


1. Tu fiesta de cumpleaños en la bodega de mis padres
2. Las cartas con regalitos que me mandabas a Pamplona
3. El R5 rojo que me compraste para salir del apuro
4. El jardín de flores que plantaste para mí en la ventana de nuestra primera casa
5. Las tardes de siesta compartida
6. Aquella noche en el apartamento en la playa
7. El primer viaje a París
8. Nuestras lágrimas fundidas en aquel ambulatorio
9. Tu beso en mi cicatriz
10. Tus manos construyendo nuestro hogar
11. El rostro de nuestro bebé dibujado en tus pupilas
12. La luna llena reflejada en nuestra piel en las noches de verano
13. El miedo que tuviste de perderme
14. El jardín que creaste para que tuviésemos un lugar para soñar
15. Nuestro bebé-dos que nació después de aquella mañana traviesa
16. La reconciliación de aquel tiempo vacío
17. La rosa que dejas en mi mesa
18. La cena de nuestro aniversario en el hotel
19. Lisboa de tu mano


... continuará

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Orden

Abrir cajones, sacar todo lo de dentro. Tirar lo que ya no sirve, a saber, rencores, malos recuerdos, amargura, malestar, dolores antiguos.

Colocar lo bueno en preciosas cajas decoradas para que no quiera marcharse. Abrir la puerta del armario, y mirar hacia adentro, poner en orden sentimientos, pensamientos, ideas y proyectos.

Cerrar la puerta con cuidado, y no olvidarse de mirar lo que hay de vez en cuando.

Acaba un año, y empieza, por fortuna, otro.



martes, 28 de diciembre de 2010

Estaciones

No soy una amante del frío, pero admito que me encanta oír cómo cruje el aire cuando las temperaturas son bajas. Este año el cielo me ha regalado un invierno sin niebla, al menos, de momento. Y este frío seco, me gusta. Porque no se cala en los huesos. Uno puede sentir cómo se congela el aliento como una bocanada de humo de un buen cigarrillo. Y las orejas parece que van a quebrarse en cientos de pedacitos colorados.
Es tiempo de abrigos largos, de conjuntitos de bufanda y guantes, de manoplas y gorros para los niños. Y de largas tardes agazapados en nuestro castillo, con la labor en la mano, y bailando sobre las alfombras (y sobre las camas, muy a mi pesar).





¿Os habéis fijado? En los blogs siempre hay alguien que se queja del tiempo. En algunos blogs, he descubierto a ese alguien (o esa "alguiena") se ha quejado de: la astenia primaveral, del exceso de calor del verano, de la depresión otoñal, ¡y ahora se queja del frío! Y yo, que siempre veo el vaso medio lleno, le encuentro ventajas a todas las épocas del año. Tampoco tengo remedio.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La lavandera



Feliz domingo a todas las personas que, como yo, hoy van a pasar el día como la lavandera del pesebre...

Ah, y para que no quede pobre, voy a hacer un resumen de las últimas 36 horas, nada, algo rapidito:

Feliz Navidad
Beso-beso
Vino
Cuchara
Comer
Niño no corras
Turrón
Comer
Brindis
Achuchar niños
Comer
Dormir
Café

Feliz Navidad
Beso-beso
Vino
Cuchara
Comer
Niño no corras
Turrón
Comer
Brindis
Achuchar niños
Comer
Dormir
Lavar
Planchar
Doblar



viernes, 24 de diciembre de 2010

La tristeza de Navidad

Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.(Lc 2, 6-7)


Tres líneas en total. Para narrarnos el acontecimiento más solemne de la historia del mundo, el evangelista Lucas escribe solamente tres líneas. Todo un Dios que viene a «plantar su propia tienda entre nosotros». Y con tres líneas hay más que suficiente para decirlo. Con seguridad, la pluma habrá luchado entre las manos para resistir a la dura tentación de decir muchas cosas más.


Tres líneas tan sólo en la parte de arriba. Luego, toda una página en blanco. Y aquí estamos nosotros dispuestos a embadurnarla con nuestras pobres palabras.

Parecerá tal vez una simpleza comenzar la serie de«evangelios molestos» con la narración de la navidad; con una página que parece hablarnos exclusivamente de ternura, que evoca los más dulces y suaves pensamientos.

Y sin embargo, precisamente estas tres líneas de Lucas, si atinamos a disipar la tupida niebla de un necio sentimentalismo, son terriblemente molestas. Molestísimas. Porque constituyen la condenación más despiadada de esta nuestra navidad, hinchada de retórica, atiborrada de una poesía vulgar dulzarrona, llena de miriñaques multicolores y de conmociones baratas.

Tres líneas. Nosotros en cambio hemos ido añadiendo renglones y renglones hasta hacer una obra mastodóntica e interminable, cursi y ficticia. Después hemos volcado sobre ella toneladas de sentimentalismo, de folklore, de pacotilla variada y de mal gusto. Y así nos ha salido una navidad, que más que nada es unpretexto. Pretexto para dar rienda suelta a nuestra vena poética, más bien pobre; para bruñir un poquito el metal enmohecido de lo que llamamos nuestra religiosidad; para cepillar el polvo caído sobre nuestro uniforme de cristianos; para hacer alguna obra de caridad, sirviendo tal vez la comida a algún pobre... Y con ello quedamos convencidos de que somos unas personas colosales.

Pretexto para subir al escenario de la vida y representar una vez al año el papel del bueno. Porque hasta nos gastamos el lujo de creernos buenos. Una vez al año.

Francamente, hemos deshecho la navidad. Hemos saboteado la pura sencillez de esas tres líneas. 


Texto extraido del libro: Evangelios Molestos, de Alessandro Pronzato. Ed. Sígueme. Gracias, Javier. Feliz Navidad. Vívela en la sencillez. 


Feliz Navidad a todos vosotros.
Ana

jueves, 23 de diciembre de 2010

Ser tú por un instante

Furtivamente amplio al tamaño deseado tu dibujo, sin permiso, porque es un regalo para ti... para tus hijas, en cualquier caso.

Compro una camiseta lisa de la talla de la joven implicada, y según su color, escojo las telas.

Calco el dibujo en la fliselina, y plancho las piezas, las recorto, las aplico a la camiseta, y empiezo a festonear el contorno.

Al final, sólo al final, la duda me paraliza... no sabré ser tú, no podré dar la expresión que tú viste a esa cara, ni delinear el mechón rebelde tras la oreja. ¿Me habré confundido de color? ¿Les gustará?

No, no sabré ser tú. Asumida la realidad y convencida de que lo he hecho lo mejor que se me ha ocurrido, aquí estan...




Confirmada la recepción del envío, y captada la gratitud de las beneficiarias,  me alegra haber corrido el riesgo.

Diseño de los dibujos lamevamaleta.blogspot.com

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Llovía a cántaros

Llegaste con tu sonrisa de siempre, la misma mirada y la carga de los años pasados recostada en tu espalda.

El cielo eligió un día lluvioso para nuestro reencuentro. Quise pensar que era la emoción de tu madre al ver, desde allí, que nos abrazábamos después de tanto tiempo.



Me sentí tan cómoda en tu presencia como si nunca hubiera pasado nada sin ti. Hablamos durante horas, aunque sospecho que de haber tenido a tu mujer con nosotros, habríamos hablado muchas horas más. Porque había mucho que decir. No era tiempo de reproches, porque, al fin y al cabo, nosotros no fuimos culpables de nada. Era el momento de la comprensión, del recuerdo, de desatar las cuerdas del rencor inútil, del redescubrimiento. Me gustó conocer a tu ser adulto, como me gustaba ya tu ser de niño. Y comprobar cuánto tenemos en común, ese optimismo patológico, las ganas de vivir, el amor por la familia. La mía te adoptó de inmediato. Los niños siguen jugando de vez en cuando a vuestro juego de la piscina de muñecos, y el peque preguntó hace poco por ti.

Espero que volvamos a vernos pronto (tú pones la fecha y el lugar). Hoy brindo por el primer aniversario de esa cita, y te invito a seguir compartiendo nuestros vasos medio llenos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Tengo el poder

Después de lamentarme en algunas ocasiones de mi emotividad incorregible, y de comprender el carácter terapéutico de una buena llantina, ahora he conseguido el efecto contrario: no puedo llorar.
Empezó la semana pasada. Sin querer, removí la memoria de una etapa muy muy triste y dolorosa de mi vida, un recuerdo. En el primer momento lloré por aquél dolor. Pero al cabo de un rato logré hacer lo que siempre había soñado: sentir el nudo en la garganta, notar las lágrimas invadiendo mi mirada y, de repente, tragar, y continuar sin llorar como si nada hubiera pasado.

Desde aquel momento me he sentido con el nudo atravesado varias veces, en las que en otro momento hubiera llorado de forma desconsolada, pero no he llegado a soltar ni una.


Me siento poderosa. Ya no me vencerán las situaciones, ahora que sé cómo hacerlo.

Sólo tengo una duda: esa sensación de haber tragado ácido, ¿desaparece?

lunes, 20 de diciembre de 2010

El tiempo que se esfuma

Cuando escuchaba a mi madre hablando de lo rápida que le había pasado mi vida, siendo pequeña, no entendía nada. Era aquel tiempo en que pasar de lunes a miércoles costaba un horror. Y llegar a viernes era, prácticamente, una odisea. Una tenía tiempo de aburrirse en fin de semana. Las vacaciones de Navidad eran eternas, y en un verano te pasaba media vida.

Los primeros años de mi matrimonio, sin niños, pasaron más o menos tranquilos, a pesar de las obras de nuestra casa, y otras cuestiones familiares que nos tuvieron ocupados. Pero aún entonces, un fin de semana era un tiempo decentemente aprovechable, las vacaciones daban tanto de sí como para tomárselas en dos periodos, y llegar a jueves suponía darse cuenta de qué poquito faltaba para llegar al fin de semana.




Ahora nada dura nada. Hace un suspiro yo tenía un bebé, hace casi nada, tenía un niño pequeño, y un bebé. Hace tres minutos fue lunes, y ahora, repetimos, sólo que ya cambió la semana. Estamos ya en diciembre, pero no a día uno, sino a 20. Acaba el 2010 y yo justo he podido acostumbrarme a decir que tengo treinta y siete. Y el pequeño cursa P4, y dentro de diez días cumpliré 20 años de noviazgo eterno con Marido.

Esto es una estafa. Alguien roba mi tiempo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un clásico actualizado

Está de estreno la película Los viajes de Gulliver.
Y yo tengo esta historia anclada a mi memoria por el film de animación de Dave Fleischer de 1939.



Os dejo aquí la versión en inglés, para que disfrutéis de una gran película. La he encontrado en español, pero está fraccionada.



Me planteo la posibilidad de llevar a los niños a una sala a ver la versión actual, pero no voy a perder la ocasión de compartir una tarde de sofá y palomitas junto a mis hijos y escuchar la emocionante canción del final... ¡Que la disfrutéis!

viernes, 17 de diciembre de 2010

La mazorca

Trabajaba todo el otoño en el campo, y cuando empezaban a asomar las primeras nieblas y heladas, la mayor parte de su trabajo consistía en cuidar de su familia, llenando infatigable la caldera de cáscara de almendra.

La cáscara de almendra se guardaba en el almacén, formando una montaña que los niños usábamos como tobogán, y escrutábamos en busca de algún cachito de fruta olvidada. Mi abuelo la cargaba con un sonido casi musical, en grandes palazos en su carretilla, y luego, repetía el movimiento rápido y seguro para llenar el pequeño infierno de la caldera, que calentaba toda la casa.

Toda la casa, no. En el segundo piso no vivía nadie. Allí ponía mi abuelo el tronco que nos regalaría a los niños los dulces que nos hacían tanta ilusión.

-Anem, fillet.

Yo le daba la manita y le acompañaba con una seriedad casi ritual, a alimentar al tronco, la soca o tió, como le llamábamos nosotros.

Mi abuelo cargaba con un cubo lleno de mazorcas de maíz, todavía con su cáscara de piel ya seca, y le poníamos un abrevadero de barro cocido, de los que él usaba para los conejitos.


Las tardes empezaban a acortarse vertiginosamente, y una oscuridad temible se colaba por los cristales sin persiana, y una miserable bombilla colgando de un casquillo antiguo nos albergaba con una luz parca que poblaba de sombras la estancia. Pero yo no tenía miedo. La seguridad de la presencia de mi abuelo me acompañaba.

El tronco, que en casa de mi abuelo era un trozo de viga de madera, como de 70 cm de largo, estaba tapado con una vieja manta de cuadros,(había que protegerle del frío)descansaba sobre el suelo. Allí le dejábamos los manjares, consistentes en un par de mazorcas de maíz, tal vez unas patatas, agua, casi como si de un cerdito se tratara.

Después del acto solemne, bajábamos al calor de la casa, tal vez fuera ya la hora de la cena.

Con paciencia de pescador, a la mañana siguiente volvíamos a cerciorarnos de que el ¿estómago? del tronco se hubiera llenado. Y de forma mágica descubría atónita como aquél tronco había bebido todo el agua y había dejado la piña desgranada, y las mondas de las patatas... definitivamente ¡cagaría muchísimo!.

La víspera de Navidad, por la tarde, los niños de la casa, armados con cañas, y con un rollo de papel higiénico "Elefante" (¿lo recordáis? )


Le atizábamos sin piedad, cantándole el manido

Caga tió
Tió de Nadal
No caguis arengades, que són salades
Caga torrons, que són molt bons.

Repetíamos varias veces, entre las cuales nos mandaban a limpiar los palos o a rezar, y cuando volvíamos, más chucherías: cigarrillos de chocolate, duros de chocolate, piruletas y chicles Cheiw, a los que, sin duda, debo la cuadrada forma de mis mandíbulas.

Al final, por supuesto, lo más asqueroso: limpiar el trasero del tronco, que por aquél entonces había perdido todo su encanto de los días previos. Luego los niños corríamos a repartirnos el dulce botín, y los mayores sonreían complacidos por el ratito de felicidad que habían vivido.

Ya de mayor, acompañaba con la misma ilusión a mi abuelo, aunque ya había pillado el truco del asunto, y dejaba que siguiera alimentando el tronco para mí, y compartir las sombras de esa habitación en su compañía.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Besos que curan

La contraportada de nuestro libro, que la editorial escribió para describirlo, dice:



Pues mi hijo pequeño se ha tomado al pie de la letra estas palabras, así que le dice a su hermano todo serio y convencido:

- Tuz bezitoz no curan. Loz bezitoz de mamá, curan. ¿A que sí, mami? ¿A que tuz bezitoz curan?

Después de semejante declaración de amor, ¿quién necesita alcohol para embriagarse.?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Agua que se desliza

Las horas del día parecen estar todas colgadas de mi ropa, así que me desprendo de ella. Contemplo mi cuerpo desnudo en el espejo, sin juzgarlo. Hace algunos años que soy benevolente conmigo misma. De hecho, no lo fui hasta que supe que lo mejor era, sin duda, estar viva, la forma del recipiente importa poco. Tampoco hay tanto que lamentar, porque el paso del tiempo es implacable, pero yo me cuido para que no sea tan malo. Acaricio mis cicatrices como en un pequeño ritual, y tomo algo de calor antes de abrir el grifo. El suave estruendo del choque de la lluvia de la ducha contra las paredes del baño me aísla del resto del mundo por un momento, y me sumerjo.




Dejo que el agua se deslice por mi piel y arrastre consigo las cargas de la vida. Me siento purificada, como por la Palabra de Dios, como después del perdón, como por el abrazo de un niño, o por el amor. Agua

martes, 14 de diciembre de 2010

Me siento orgullosa

Los muebles de IKEA son socorridos, baratos y prácticamente indestructibles. Pero te cansas de verlos. Yo tengo una banqueta (yo, y unos cinco millones de humanos más) en el cuarto de baño, y no encontraba un cojín con el tamaño exacto (78x35cm).
Decidí que tendría que hacerlo yo misma. El problema es encontrar la espuma del relleno, pero me comentaron de una tienda en la que tienen ese tipo de producto. En mi caso, la compré de 3 cm de grosor.

Corté unas cuantas tiras de 5 cm de ancho x 37 de largo, las cosí entre sí. Acolché la parte superior con guata, y el resultado es este (se admiten aplausos, vítores y olés, que hoy ando con el narcisista subido)


lunes, 13 de diciembre de 2010

De familia y Navidad

Resuena en mi corazón la presencia de las personas a quienes quiero, que han compartido mesa con nosotros, el pequeño clan de los Guisantes. Ha venido a ser un anticipo amable de la temida Navidad.



Yo fui durante algunos años, el mismísimo Espíritu de la Navidad. Preparaba el Belén  (el de la foto es una curiosa forma de presentarlo que hallé en Lisboa) y el árbol con mucha antelación, y ponía de música de fondo el White Christmas de Bing Crosby



Pero yo tengo un sentimiento de la familia y de la amistad casi siciliano, y me cuesta mucho el desinterés de mi propia gente por vivir juntos esos días. Los primeros años algunos se sentían obligados a venir, y en cuanto el primer  desertor reunió el valor suficiente para escaquearse, yo moría un poco por dentro. Al primero, le siguió el segundo, y el tercero. Como los abuelos se hacen mayores, y no pueden estar, por motivos de salud en la fiesta, los que quedan no tienen ánimo para reunirse. Yo me uniré al pelotón de mi familia adoptiva (me niego a utilizar la palabra política), y me colgaré del teléfono para vencer la nostalgia.

Me ata ya únicamente la ilusión de mis hijos. Ellos son la niña que fui, que cantaba villancicos con la firme convicción de que la Nochebuena era el mejor día del año, y que miraba con respetuosa incredulidad a aquellos que detestaban las Fiestas. 

Mientras espero con ansias las liberadoras rebajas de enero que marcan el fin de la supercomercial Navidad, jugueteo con el nudo que tengo instalado en mi garganta desde hace algunos días. Y recito por lo bajinis El Camello cojito, para no olvidar lo bonito que era.



EL CAMELLO COJITO 
(AUTO DE LOS REYES MAGOS)


El camello se pinchó
Con un cardo en el camino
Y el mecánico Melchor
Le dio vino.

Baltasar fue a repostar
Más allá del quinto pino....
E intranquilo el gran Melchor
Consultaba su "Longinos".

-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!

-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
Más medio muerto que vivo
Va espeluchando su felpa
Entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
Al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
A lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
Cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
Le hace cosquillas al Niño.


sábado, 11 de diciembre de 2010

Tu padre, mis amigos.


Llegó a casa con su sonrisa más amplia, dispuesto a regalarnos su mejor comida. Entró por el jardín,colocó el fogón de butano, y cocinó para nosotros, para nuestra familia, y para mis amigos, un delicioso plato de "cassola de tros", plato campesino, compuesto de espinacas, patata, tocino, caracoles, longaniza, costilla de cerdo, y una buena dosis de cariño.



Su cuerpo grande, su pelo blanco, su bondad, hacen que no pase inadvertido. Todos los que acampamos a su vera nos sentimos protegidos al abrigo de su amor por su familia. Ha sido un placer hacerle de pinche de cocina, y mucho más, disfrutar de ese plato tan rico.

No ha sido lo único maravilloso de este día, porque entre los comensales, se hallaban mi compañera de fatigas, Carme Sala, y su familia. Ella tiene suerte de que vivamos algo lejos, porque si llega a estar aquí al ladito, no me iba a mover de su casa. Cuánto disfruto con sus palabras, con sus ideas, con su presencia.

Ahora que está todo recogido, y el silencio y la calma retoman posiciones, echo de menos los gritos de los niños en el garaje, y vuestra mirada de complicidad cuando nos observabais cuchicheando tras la pantalla del ordenador. Y no puedo dejar de contemplar los regalos que ellos  han dejado, como siempre cuidadosamente estudiados, y preciosos, y su generosidad con la cámara de fotos. ¡Qué buena gente!

No me olvido la prudencia de tus tíos, y de tu madre, que se han ido sin hacer ruido cuando se han dado cuenta de que nos poníamos a trabajar. No se puede pedir más. Esto ha sido felicidad. Lo hemos vivido.


jueves, 9 de diciembre de 2010

Pequeña confesión


Gané mi viaje a Lisboa escribiendo una carta de amor. 

Sí, eso existe. Soy una fiel seguidora de un programa de radio llamado Es Amor, de la emisora Es Radio. Este programa, en la actualidad dura 2 horas, de lunes a jueves de 0 a 2 de la madrugada. El núcleo del programa es una carta de amor, y yo participé varias veces, hasta que gané.

No, no fue una carta de amor  a Marido, que lo merece, francamente, sino a mis abuelos
Podéis escucharla en el link


El premio consiste en un viaje de fin de semana a una ciudad europea a elegir, y yo, dadas las fechas, opté por la que estaba más al sur. 

La gente mayor, mi gente mayor, me está dando muchas satisfacciones literarias. Ellos, mis abuelos, desgranan sus últimos años cerca de mí. Sus vidas han sido un ejemplo para nosotros, y su afecto, valiosísimo. Me siento en deuda, y escribo sobre ellos. Y este círculo de amor está dando fruto. 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Desde lejos, desde cerca y ...

Algunas veces, siguiendo blogs, al llegar al punto en que me cuentan los viajes, siento siempre cierto tedio. Me gusta que la gente lo pase bien en sus viajes, pero que me lo cuenten, no tiene mucha gracia...

Llegué anoche de Lisboa, ciudad en la que he pasado tres días. No quiero aburrir a nadie, así que no se me ocurre mejor forma de describir esta ciudad que mostrándola de cerca,












De lejos...







Y también en muchas partes a media distancia.




Lisboa descansa sobre 7 colinas que ascendí y descendí constantemente durante tres días, dicho lo cual, sólo puedo añadir, que tengo agujetas hasta en las pestañas.

sábado, 4 de diciembre de 2010

¡Vendidas!

Hace algunos días una amiga me preguntó si podría hacerle unas camisetas para regalar a sus sobrinos. Tres niños de 4 a 8 años, dos hermanos y un primo suyo. Tenía estos monstruos de un panel que compré el año pasado.



Más cerca:



Como podéis ver, arriba y abajo de este texto, a las camisetas de los pequeños les añadí un pequeño pompón hecho con hilo de algodón, del de bordar tapicerías, con los colores combinados con el dibujo.



Y la de abajo es la del mayor, más "seria"


Hechas y entregadas, mi primer encargo.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Para emergencias

Cuando mi amiga Ana me regaló la tela, tuve bien claro qué iba a hacer con ella. En principio era para forrar la agenda que utilizo para mi trabajo, por eso la tela tiene motivos médicos. Ella todavía no lo sabe, pero ya he tenido otra idea (hija, lo siento, mi cerebro es un no parar) que le voy a contar en cuanto la vea. Pero tuve una visión. El retal era precioso, y enorme, así que iba a sobrarme tela. Y me puse manos a la obra.

Tenía que estar combinado en rojo, así que busqué una caja de cartón de ese color, y el resultado fue el que podéis ver....

jueves, 2 de diciembre de 2010

Vasos medio llenos



Conozco personas que justifican sus malos actos, o su falta de empuje, o su estado anímico triste por la mala vida que han tenido, por las desgracias que les han pasado, o por su mala suerte.

Yo no creo demasiado en el concepto suerte. Suelo decir que a todo el mundo le pasan cosas todo el tiempo, y que en función de cómo sean las personas capaces de reponerse ante las adversidades, con las mismas circunstancias una persona puede ser más o menos feliz o sentirse absolutamente desgraciada.

Del mismo modo, tampoco envidio la suerte ajena, porque mi propia experiencia me dice que detrás de las apariencias existe la realidad, y la realidad es dura.

Si bien es cierto que los clásicos salud, dinero y amor ayudan a encontrar más cerca la felicidad, estos términos también son relativos. A saber, y echando mano al refranero: "No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita" nos desmonta el concepto económico. El amor... ¿de qué clase de amor hablamos? Un puede no tener pareja y estar enamorado, qué sé yo, de la literatura. Eso es amor, y ese amor puede ser suficiente para aferrarse a la vida. Y la salud... Esa suerte es también cuestionable. Claro que hay que tener salud, sin ella, nada es importante. Mi amiga, la Flor de cristal, se siente afortunada porque tiene un cáncer, pero fue diagnosticado a tiempo, y el tratamiento le va estupendamente.

En fin, supongo que es cuestión de ver el vaso medio lleno, y rezarle novenas a la Virgen del Clavo ardiendo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Exposición de recuerdos

El grupo de los nacidos en 1960, que cumple este año los 50, preparó una exposición de cosas que a mí me quedan un poco más lejos, pero que he visto en casa de mis abuelos, y que, seguro que abre la caja de pandora de vuestros recuerdos más tiernos.

Que lo disfrutéis


Me quedan lejos, pero no todas. Yo había ido a la lechería con una lechera exactamente como esa. En la tienda de mis abuelos había un teléfono, que en la imagen no se aprecia, pero era de los de colgar. Y la huevera... No se ve muy bien, pero los libros negros eran la guía telefónica.



Recuerdos de la escuela. No hice bien la foto, pero muchos de esos libros perfectamente conservados eran libros de texto de la escuela.



Y los juegos reunidos, los comics del Capitán Trueno... No ha salido bien la foto que saqué de unos singles de vinilo, del tocadiscos.

Respecto al tocadiscos, le conté a Marlin que nosotros no teníamos CD, sino discos. Y me respondió que ya sabía, que los discos aquellos negros eran muy enormes y que se escuchaban con una especie de trompeta grande o algo así.... es decir, un gramófono ¡Mi hijo cree que soy del Pleistoceno!

martes, 30 de noviembre de 2010

No entiendo

No entiendo cómo una madre puede mirar a los ojos de su hijo mientras le ahoga en la bañera.
No entiendo cómo en el corazón de una persona pueda existir maldad suficiente como para trocear a ese niño y meterlo en una maleta, con parte de sus pertenencias más valiosas, a saber, un estuche, unos cómics.
No entiendo cómo un niño de 10 años puede desaparecer sin que nadie le eche de menos.
No entiendo cómo todo eso pueda ser hecho por amor, en teoría la madre desnaturalizada lo hizo por amor a su pareja.

No. Alguien así no es capaz de amar a nadie.

Tengo el alma descompuesta de pena. ¿Alguien se ha planteado la tremenda tristeza en la que ha vivido toda su vida ese hijo no deseado?
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