Así ha estado mi cerebro esta noche.
Ayer tuvimos la reunión de inicio de curso en la escuela. Durante media hora estuvieron enumerando todas las actividades que se iban a hacer en lugar de dar clases, así como las fiestas que se iban a tomar (que el director de la escuela diga con sorna que es que no han hecho más puentes porque no han podido, es decir, porque no les caía ningún festivo bien, es de lo más denigrante para su profesión que yo haya podido escuchar jamás).
A mitad del curso pasado
me quejaba de cuántas horas de trabajo se habían escatimado y en la reunión de final de curso lo comenté con las profesoras de mis hijos. Parece que no ha servido de mucho.
Enumero las propuestas del Claustro, enclaustrado en su visión del profesorado como empleados:
Cinco festivos de libre disposición: El año pasado eran dos. Este año han quitado la Semana Blanca, pero hay tres días festivos más (¿dónde está la bolita?)
Todo el puente de la Inmaculada excepto un día (les debía dar un poco de bochorno hacer el acueducto)
El día de carnaval (en mi pueblo tenemos el des-honor de celebrarlo en mitad de la Cuaresma)
El 30 de abril (para celebrar a tono el día del Trabajo)
Otro día que ahora soy incapaz de recordar, probablemente alarguen un poquito más las vacaciones de Navidad, que saben a poco.
Además, una semanita para el proyecto interdisciplinar, que graciasadios este año no va del "Buen rollo" como el
año pasado sino del fomento de la lectura y las bibliotecas.
Luego tenemos cuatro excursiones, una por trimestre, excepto en el último que serán dos. Cada vez que hay una excursión, el rendimiento de los niños baja durante toda la semana, por la emoción que les causa.
Quiero recordar que este año hemos pasado también de 6 a 5 horas de clase al día. Está bien. Vamos a tener que luchar para que estos hijos nuestros puedan competir con sus coetáneos europeos con igualdad de condiciones, no podemos conformarnos con que sean la generación más ignorante (desde que se ha universalizado el derecho a recibir educación).
Comprenderéis que haya sido éste, mi desvelo. Y espero que nadie del gremio de la docencia intente justificarse aquí, porque le aseguro que va a ser recibido con las armas en alto. No es digno. No hay excusa. Ustedes son los trabajadores más privilegiados de España y será lícito-legal lo que hacen, pero es inmoral, porque tienen en sus manos la formación de nuestros hijos y no hacen más que escatimársela.