© de la imagen La meva maleta

jueves, 23 de abril de 2015

Mi día del libro

Después de cuatro Sant Jordis frenéticos, incluso después de haber pedido fiesta en mi trabajo, este año decliné cualquier invitación, cité a varias personas durante la mañana para vencer la tentación del paseo eterno por las avenidas llenas de paradas de libros, rosas y reivindicadores varios.
He celebrado mi día del libro de la mejor manera que se me ha ocurrido, escogiendo libros para mis chicos y leyendo de un tirón el libro que me compré el...¿lunes?
He tomado el sol a la hora de mi siesta con él entre mis manos, he terminado un capítulo en un semáforo en rojo, he dejado olvidada la comida de mañana por no perderme el final, aunque luego me ha tocado correr. Incluso he tenido que ponerme una alarma para que no se me pasara la hora de recoger a mi hijo en el colegio.
Me he tomado una tarde medio libre, aunque he hecho pasta, he recogido a los chicos y los he llevado a sus actividades, he recogido los zapatos que tenía poniendo tapas en el zapatero, he buscado una tienda en la que encontrar una funda para mi tablet, he puesto una lavadora y recogido el detergente que se me ha caído, en fin, unas pinceladas de mi propia vida intercaladas entre uno y otro ambiente de mi novela.
Y he sido feliz, que ya es mucho. Porque normalmente no suelo tener tiempo ni para sentarme, y miro a mis otras aficiones de placer, como la costura, la lectura, la decoración, mi jardín, mis gatitos, con verdadera nostalgia.
Si hoy pudiera pedir un deseo es pasar el próximo Sant Jordi firmando algo nuevo en una mesa con mucha gente esperando al otro lado. Pero si no llega ese momento me pido tener un libro que me guste en mis manos, como El lenguaje de las flores, de Vanessa Diffenbaugh, que os recomiendo con cariño.

No dejéis de leer, y por favor, comprad vuestros libros, no los pirateéis. Los autores ganamos una miseria por cada ejemplar vendido, por cada ejemplar copiado de alguien que lo robó, los primeros en perder somos quienes amamos a la lectura. Nada es gratis, no robéis.

4 comentarios:

Enebea dijo...

Eso que has descrito es lo que tendrían que lograr todos los autores: sumergir al lector hasta sacarlo de su propia vida para zambullirlo en el libro.

No poder parar de leer, ni siquiera para hacer las cosas necesarias de la vida, esa necesidad adictiva es lo que me hace sentir viva cuando leo.

Me pasa a veces, no siempre. Pero otras (como cuento en mi blog), lo que ocurre es que grandes autores de la literatura universal me dejan colgada, más que una persiana veneciana.

Gracias por la recomendación, la tendré en cuenta.


Besotes.

Ana, princesa del guisante dijo...

Enebea, ayer me preguntaba mi hijo qué era lo que marcaba la diferencia entre un libro que engancha y otro que no. Para mí, primero, imprescindible que esté bien escrito, que no me tire constantemente una mala construcción de las frases, el exceso de tópicos... Y luego, ay, que ese sea el momento óptimo en mi vida para leerlo.
Un besazo y que te enamore lo próximo que leas.

tomae dijo...

Me parece estupendo PincesaDel. También tengo una forma particular de celebrar ese mangífico día. Suelo buscar algún ejemplar de un pariente mío AGC (EPD) que suelen estar en los puestos de los más anarquistas y "perroflautas", compro un ejemplar o dos ... y leo algo que cuesta entender, pero como además de familar es poeta, me encanta.


Compro, compro, compro ...y bss!!!

Y compro rosam rosarum rosis ... (la rosae es para ella)

Ana, princesa del guisante dijo...

Uy, yo ni me acerco a lo perrofláutico, mi religión me lo prohibe! Y me ha tocado una rosa de carne,y hueso, o de pétalos, mejor dicho y una de chuches que he repartido entre mis cachorrillos famèlicos.

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