© de la imagen La meva maleta

domingo, 10 de agosto de 2014

Espectadora

No todos los momentos vividos te tienen como protagonista absoluto. En determinadas ocasiones, uno deja de ser protagonista, ejecutor, actor en su propia vida y se convierte en espectador. Las decisiones no son propias, sino de los demás, a pesar de que te atañen con rigor. Y te ves comprando cosas que no te gustan tanto, postergando actividades que realmente te apetecerían y quisieras estar con gente que no está.

Y vas acumulando resignaciones, porque no queda otra. Porque ellos crecen, porque los afectos de los demás no dependen de ti, porque hay cosas que son inevitables. Y porque muchas veces, tú mismo has colocado en el escenario todos los ingredientes que terminan por apartarte de él, y entonces hay que sentarse en el patio de butacas y aguardar al desarrollo de la función, esperando, al menos, que no sea un drama, sino una comedia ligera.

Y no hay programa de mano.


7 comentarios:

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

Cierto es, Princesa. Lo he hecho en muchas ocasiones, casi siempre por mi hija, por mi madre, por personas que me importan mucho y las que quería complacer. Creo que es algo que hacemos por no ser egoístas y que unas veces hacemos con más gusto que otras. No lo llamaría siempre resignación, sino devoción. A veces renuncio a cosas que quiero por ver feliz a quienes quiero. Besos.

tomae dijo...

Yo suelo ocupar la misma butaca cuando voy al cine; Fila 5 pasillo (derecho). Para eso que dices de "acumular resignaciones" creo que es pronto llamarles así mientras se desarrolla la escena; solo el tiempo o esos caprichos del destino nos dirán cómo esta el almacén...

Eso, o cambio de butaca.

¿Puedeo?, Lisset!!! Ha sido un gustazo enorme verte!! Besos Guapa!!!

Tu también PrincesaDel ;)

Ana, princesa del guisante dijo...

Lisset, gracias por venir y dejar tu comentario. Para mí sí es una cierta forma de rsignación, de conformismo, aceptar que muchas veces rte pinchas con las espinas de las rosas,
Besazo.


Tomae, la suerte es que el espectáculo suele ofrecer tantas sorpresas positivas que camuflan un poco las negativas.
El cambio de butaca siempre es positivo, da una nueva perspectiva.Besos

Anónimo dijo...

De cualquier forma, siempre es bueno quedarse con un poquito de hambre tras la comida. Ayuda, genera personalidad. Y si se hace por y con amor...

Ana, princesa del guisante dijo...

Anónimo, en estos casos es mejor pecar de prudente que meter baza. No, a mí tampoco me gusta que entren en mi jardín e intervengan obviándome.

Anónimo dijo...

Probablemente no me expresé correctamente. Seguro. Quise decir que es preferible hacerlo con y por amor que no hacerlo, quedarme con hambre, vamos, hambre propia, nunca ajena. Un saludo

Ana, princesa del guisante dijo...

Es que no estoy tan de acuerdo, anónimo... Yo pienso que la maestría a veces consiste en saber cuándo quedar sin actuar. El amor debe ser tan generoso como para respetar la necesidad del otro.gracias por tu punto de vista, me ha hecho reflexionar.

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