© de la imagen La meva maleta

martes, 18 de mayo de 2010

Acompañar

Me decía un día la Mater que la palabra acompañar es una de las más hermosas del diccionario. Y ¡qué difícil es estar ahí!.

Lo normal es que la gente no esté dispuesta a compartir tu dolor. Yo recuerdo hace algunos años, estaba convalesciente de una intervención; hablaba con personas cercanas y me decían "Qué, ya estás bien, ¿no?". Ni siquiera lo preguntaban. No querían escuchar que no, que no estaba bien, que me sentía como si me hubiesen arrancado algo de dentro, y que sólo tenía ganas de llorar. Ellos querían callar su conciencia: si ya estaba bien (ellos mismos lo habían dicho) ya no había de qué preocuparse. A otra cosa mariposa.

Creo que entonces aprendí a acompañar. O no. Tal vez ya había sabido hacerlo desde siempre. Estar al lado de quien sufre. Escucharle, decirle que no está solo, ofrecerle tanta ayuda como necesite, y mirar junto a esa persona hacia el horizonte, que sin duda, ofrece visos de esperanza. Aunque no pueda cambiar su situación, ni la mía. Llorar con alguien, y sonreírle para que sepa que no está solo. Ser palillo. Sea cual sea la magnitud del problema, porque aunque a mí pueda parecerme una chorrada, para la otra persona es fuente de angustia.

Ciertamente, no puedo evitar el mal. No puedo evitar la enfermedad a mi alrededor. Tampoco puedo ahuyentar a mis propios fantasmas, ni a los de aquellos a quienes quiero. Me llevo el sufrimiento en la mochila del silencio. Hace apenas dos días hablaba de ese silencio como algo reparador, que necesito vivir intensamente.

Hasta que me acuesto.
Es entonces, cuando se apagan definitivamente las luces, cuando el silencio se convierte en guisante. Se abre la mochila del dolor propio y del ajeno, y una desazón se apodera de mi seguridad. Ya no hay nadie que me acompañe. Quedamos ese silencio y yo, mano a mano, hechos una maraña en la que se enredan los problemas, y casi nunca, sus soluciones.



Suele vencer el cansancio el pulso desigual entre la vida y mi mente. No puedo solucionarlo, no puedo comprar aquello que olvidé, no puedo adelantar el trabajo del día agotador que será mañana. No puedo curar el cáncer. No puedo agitar la varita mágica y darle sentido común a quienes me lastiman. No puedo pestañear y que mi amiga no sufra esa temporada complicada.

No. Lo único que puedo hacer es dejarme vencer por el sueño. Con un poco de suerte, despertaré diez minutitos antes de que suene el despertador. Y es en ese duermevela cuando mi cabeza suele funcionar mejor. Cargo las pilas. Resuelvo los flecos de lo que sí tiene solución. Y empieza un nuevo día.

Quién sabe qué traerá. Compañía, seguro.

14 comentarios:

Mónica dijo...

Buenos dias, aqui estoy :) te acompaño con cada letra. besitos

Ana del guisante dijo...

*Mónica: este mundo extraño de la blogosfera, que perfectos desconocidos te ayudan a cargar con tus mochilas... Gracias por estar, y acompañar. Besos

La meva maleta dijo...

Nada acompaña más, que sentirse escuchado. Comprendido.
Compartidos, los problemas, pesan un poco menos.

Desde aquí yo también te acompaño y sé que tú a mi.
;-)

Ana del guisante dijo...

*Mevamaleta: tú me ayudas con mi saco de guisantes, y yo con tu maleta. Besos grandes

Mariapi dijo...

Acompañar: hacerte sentir que me importas, tu, todo lo que te pasa, y que estoy aquí. Si, es muy difícil. Pero es tan necesario...me ha encantado. gracias, Ana.

ana dijo...

EEEEEEEEOOOOOOOOO!!!!
EEEEEEEEOOOOOOOOO!!!

eeeoooo eeeeoooo eeeeeoooo!

Yo también estoy.

Un besote.

Ana del guisante dijo...

*Mariapi: yo creo que es casi un arte. Saber escucharte, y hacerte saber que estoy a tu lado. Cuando te encuentras una persona que sabe hacer todo eso... menudo alivio. Gracias a ti, por acompañar.

*Ana: sí, ya lo sé. Mi mochila es más ligera gracias a ti también. Vales un Potosí. Besos grandes llenos de jarabe para la tos.


Y a las dos: ¡¡ qué es eso de hablar de mí a mis espaldas!! la próxima, llamada a tres, por favor :-))

MadreYMas dijo...

Jo, Ana... qué bonito lo que dices.
Yo ahora estoy en etapa de "acompañar" a mi papi... y su maleta es pesada, muy pesada.
Le acompaño a la estación, porque lamentablemente emprenderá un viaje largo... lo malo es que en el tren no me puedo subir yo también. Es un viaje que tendrá que hacer solo.
Gracias por este post.
Me ha emocionado.

Ana del guisante dijo...

*Madreymás: Bueno, ahora haces real tu nombre. Mucho más que madre, también eres hija. Y estás a la altura, porque cargas una maleta pesadísima, durísima y que te dejará huellas en el alma. Pero cuando apagues las luces y el silencio se apodere de tus noches, te quedará el buen sabor de haber acompañado. Me has emocionado tú también. Bienvenida al castillo, y gracias a ti por tu compañía.

monty dijo...

Difícil tarea, Ana.
Más fácil es estar que saber estar, mejor estar que no estar si es de corazón.
Tú estas cuando tienes que estar. Te mereces que te acompañe. Un beso.

Ana del guisante dijo...

*Monty: sí es difícil estar. A veces tienes que estar, a pesar de ti misma... Ais... qué vida más complicada. Besos, y gracias por la mano.
No te pregunto por aquello, porque estoy segura de que You can you can you can yes youuuu can.

Monty dijo...

Ana, I can, he canido 96horas y candré 96 más. Gracias, gracias.

meloenvuelvepararegalo dijo...

Sí, una palabra hermosa y difícil de llevar a cabo. No siempre nos sentimos acompañados por los que están a nuestro lado.
Así que hay que agradecer a quienes lo logran.
Un besazo,

Ana del guisante dijo...

*Meloenvuelve: a veces estamos acompañados y seguimos sintiéndonos "solos ante el peligro". Complicado, complicado... Besos

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