© de la imagen La meva maleta

lunes, 29 de abril de 2013

Charcos

Tenía unas botas de agua azul marino del número 37. Fueron las últimas que tuve. Las últimas con las que pude caminar arrastrando los pies por dentro del agua, durante tanto tiempo que siempre terminaba calándome los calcetines por algún poro de las gastadas suelas de goma.
No había charco demasiado grande. Si acaso, alguno con sorpresa bajo el agua, alguna piedra que ibas empujando hacia la orilla. Sobre su superficie sucia descubríamos los dibujos que las gotas dejaban inagotables.

la imagen estaba aquí


Cuando vives en un lugar en el que no sabe llover, porque no lo hace nunca y cuando lo hace llueve poquísimo o muchísimo, no sabes qué hacer cuando el cielo se desangra en torrentes, o cuando todo queda apenas salpicado por tortitas de agua manchadas de barro. Los primeros dos años de mi hijo mayor ni siquiera llovió. Guardé nuevo el impermeable que se le quedó pequeño, nunca tuvieron botas de agua. Siempre pienso en comprárselas, para no tenerles que pedir por favor que no esquiven los charcos. 

La infancia de ahora me parece triste, triste como las noticias que día y noche escupen los televisores, como la escasez de trabajo y el exceso de horas de ordenador, como los inagotables deberes, como las calles sin niños. Niños que no tienen ni siquiera unas botas de agua con las que saltar con alegría salpicándose unos a otros.

La lluvia multiplica esta sensación de tristeza. Ya me pasaba cuando era pequeña y al llegar a casa sentía mis pies mojados dentro de los calcetines también mojados. Sólo se me quitaba el frío cuando mi madre me llenaba la bañera con agua caliente que mojaba el agua que se me había quedado fría, pegada a la piel y a mi cabello. 

Luego viví tres años en Pamplona. Allí aprendí a llevar paraguas, a despreciar los zapatos castellanos con suela de cuero, inútil entre tanto aguacero. Y ya nunca la lluvia volvió a ser como entonces, hasta que volví a mi tierra, de lluvias locas. 


22 comentarios:

TC dijo...

Uff, yo tampoco ando muy familiarizada con la lluvia... y ahora que se llevan tanto las botas de agua, se me antoja comprame unas pero luego pienso ¿Para que? ¿Para ponermelas una vez en todo el invierno? La inversión no me merece la pena, y ya soy mayorcita para meterme a chapotear... así que lo voy dejando pasar... un año de estos me las compro!

aaana dijo...

Pocas cosa me gustan más que en cuanto veo charcos coger a la mayor (la pequeña es muy pequeña) y con sus botas, ssu impermeable y su paraguas de Hello Kitty, a saltar. .. recorrer toda la manzana buscando el charco más grande en el que poder chapotear. Sabe perfectamente que sin botas no se salta. Y es la viva imagen de la felicidad. Al llegar a casa, baño caliente, colacao y muchas fotos que enviar a los abuelos

aaana dijo...

Por cierto, supongo que tus hijos son muy mayores para Peppa Pig... a miss hijas (si, a la peque también) les chifla. Y el juego favorito de Peppa y su hermano George es. .. SALTAR EN LOS CHARCOS DE BARRO! !!

Mariapi dijo...

Las últimas que tuve eran amarillas. Aún las añoro. Porque me sigue gustando meterme en los charcos, creo que más que a mis hijos.
Hace unos años me agencie unos zapatos "goretex", pero no es lo mismo...son demasiado confortables y perfectos. Las botas de goma eran otra aventura. No te mojabas, pero dejaban un frío helador en todos los huesos, y , al menos a mi, el alma ensanchada de tanto saltar bajo la lluvia.
besos, y gracias por rescatar recuerdos.

Ana, princesa del guisante dijo...

Si te cuesta decidirte a comprarlas para ti, que no te crece el pie, imagínate para BB, que va a cambiar de número varias veces al año.

Pili dijo...

Ahir no ens haguessin anat gens malament unes bones botes, però com dius sap greu comprar-les per dos cops que plou a l'any.
Petons

Ana, princesa del guisante dijo...

Peppa Pig. Es rosa. Eso hace que mi pequeño pesoletti la rechace inmediatamente.

Ellos hacen también de las suyas, pero muchísimo mejor, sin licencia de los padres, ¡doble aventura!

Ana, princesa del guisante dijo...

Cierto, las botas de goma eran muchísimo mejores. Y la sensación, ¡incomparable!
Ahora te cambio las botas de agua por escuchar como cae el aguacero ante una tacita de café.
Besos, besos, gracias por la compañía.

Ana, princesa del guisante dijo...

Buf, ahir van dir que avui faria el temps igual de dolent, ¡sort que no plou!
Estic segura que si els compro botes als nens entrem en un període de sequera de sis mesos com a mínim :-|

petons

oles dijo...

En el patio de mi escuela de primaria... Con charcos como lagunas, (o así los veía yo) botas de goma de color rosa y las piernas chorreando y heladas, pues cuando saltabas sobre los charcos el agua salpicaba y te mojabas toda... Gracias por compartir esos buenos momentos;)

Driver dijo...

De pequeño supe cuál es el sabor de la libertad.

Cuando llovía cogía la bicicleta y atravesaba el aguacero.
¿Los charcos de los caminos?, atravesados por la mitad, haciendo equilibrios con el manillar para no caer.
Cuanto más fuerte entrabas en el charco, más probable era salir de él.
El castigo por tener miedo y no entrar fuerte, era quedarse enmedio, que ni para delante ni para detrás. En un ridículo e incómodo punto medio, donde la naturaleza te sometía a la humillación pública y descarnada.

Pero si entrabas fuerte, si lograbas atravesar todo el charco sin caer, si te saltabas las normas y sin hacer daño a nadie conseguías tu fin, entonces, sólo entonces, lo olías con claridad.

El olor de la libertad.
...

Luego creces, te enfrentas a nuevos charcos, a impetuosas lluvias.
Y recuerdas cuando armado con una simple bicicleta, eras capaz de enfrentarte a cuantos miedos se te ponían por delante.

A veces me viene la imagen del chiquillo atravesando los charcos bajo la lluvia.
E intento cruzar los que ahora nos pone la vida por delante.

Y busco ese ímpetu infantil.

Aquella forma inconsciente, atolondrada, intuitiva y directa de afrontar las dificultades.

Bajo todas las tormentas.

susana dijo...

Mis hijos siempre tuvieron botas de goma para andar por los charcos. Es uno de los placeres de la infancia. Un beso.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

A mí lo de las botas, me patina un poco...nunca mejor dicho...lo que me ha gustado son las descripciones de las lluvias cuerdas y las lluvias locas.¡Enhorabuena y gracias!
Un beso
Asun

Naranjito dijo...

En la entrada anterior me pusiste los pelos de punta. Y en esta me has hecho retroceder a mi infancia. Deseando que lloviera para ponerme las katiuscas y salir a la calle a pisar charcos con los amigos.
Una reverencia mi Alteza.

Ana, princesa del guisante dijo...

Ummm, había que cruzar el mar, requería espíritu aventurero... Qué largo y aburrido se hacía el recreo los días de lluvia. Inevitablemente acababas calada hasta los huesos.
Gracias a ti por tu comentario y por tu trocito de infancia compartida.

Ana, princesa del guisante dijo...

Y aprender a mantener los pies secos, también, porque todas las lecciones de la infancia son igual de importantes.
Gracias, Driver,

Ana, princesa del guisante dijo...

Aquí llueve muy poco, habríamos tenido que inventar los charcos jajaja besos

Ana, princesa del guisante dijo...

Está bien, a ti te dejamos preparándonos chocolate calentito y el baño para cuando los descerebrados que nos vamos a bailar bajo la lluvia volvamos al castillo. ¿Te importaría encender la chimenea?
Besitos Asun, espero que me aceptes el juego

Ana, princesa del guisante dijo...

Un beso, Naranjito, tú siempre serás un caballero, incluso con kaitiuscas.

MadreYMas dijo...

Yo de pequeña odiaba las katiuskas... y este invierno les pedí unas a los Reyes para poder meterme en los charcos con la rubia.
No sabes lo que disfrutamos juntas. Es una gozada!

Y encima elegí bien el año en que pedírselas a sus majestades... porque no creo que haya habido invierno y primavera más lluviosos...

Ana, princesa del guisante dijo...

Yo las pediré el próximo otoño. No quiero dejar de hacerlo. Y si no hay lluvia bajaremos al río.

Marta dijo...

Por tu culpa ahora me he de comprar botas de agua!!!!! no me quiero perder el chapoteo ni un día más, tengo la certeza de que rejuvenece. Besos, hoy cielo azul con sol, qué mejor????

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