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lunes, 4 de abril de 2011

Límites

La reflexión de hoy nace a partir de la lectura los blogs de Mariapi, y de Dámaris.

Ambas abordan el mismo tema desde dos frentes muy dispares.

Mariapi, a partir de un paseo viendo las esculturas de arena de los juglares de playa del siglo XXI, se pregunta si aceptaría que uno de sus hijos fuera uno de ellos. Dámaris se reprocha haber coartado la libertad de su hijo de 5 años, mientras bailaba con alegría.

A veces me pregunto hasta qué punto los items aprendidos nos limitan en aspectos cruciales, como la creatividad, la expresión, conseguir un empleo, incluso un novio.

Si me concentro una décima de segundo podría hacer una lista de 50 límites innecesarios impuestos por mis padres y que yo repito como una letanía con mis hijos. ¿Innecesarios? No, no lo fueron. Los límites dan seguridad.

Nuestra obligación como padres es ofrecer a nuestros hijos los parámetros de lo que, para nosotros, es una vida "normal". Para cada cual, la suya. Y lo lógico es que pretendamos para ellos que aspiren al máximo potencial de sus capacidades. Primero, que se aseguren el comer y el dormir y la vida con las mayores comodidades posibles (estamos hablando de aspiraciones, claro). Y cuando eso lo tengan ya cubierto, entonces nos preocuparemos de que tengan un potencial artístico.

Esa es la teoría. Luego viene la realidad de un niño especialmente hábil con el piano, o con una gran capacidad para la interpretación, o con una belleza inusual, y te desmonta el chiringuito.
Porque lo que queremos, por supuesto y para empezar, es que sean felices. Y todo lo demás vendrá solo.

¿Qué hubiera sido yo si no hubiera tenido el corsé de las normas impuestas por mis padres? Un desastre, lo puedo garantizar. Así que voy fabricando los moldes para mis hijos en función de lo que a mí me ha valido, y rechazando los topes que no funcionaron bien. No hay garantía de que no me equivoque. Cuando llegue el momento, rectificaré.

15 comentarios:

Dámaris dijo...

Muy dispar, esa es la verdad.
Hablo por mi propia experiencia, en el tema artístico hay que entender el carácter del artista. Una persona creativa no es feliz si no colma esa necesidad de crear. A mi me negaron el derecho de elegir carrera y así me ha ido. Ahora mi madre se reprocha no haberme dejado estudiar bellas artes. A veces el arte se cataloga como innecesario o inútil, pero es una faceta innata del ser humano y que no debe ser ignorada ni menguada. Cierto es que vivimos en una sociedad y que dicho arte no debe ser bandálico. Hay unas normas cívicas. Que intente no coartar la capacidad creativa de mi hijo no implica, de ninguna manera, que no le imponga límites, creo que una cosa no tiene que ver con la otra. La creatividad no está reñida con la educación, se desarrolla dentro de ella. La creatividad pasa a ser llamada bandalismo cuando no se han establecido dichos límites o se ignoran.
Es verdad que, como padres, no nos gustarían ciertos estilos de vida para nuestros hijos, pero debemos confiar en que, habiendo hecho lo mejor posible nuestro trabajo, habiendo educado, establecido límites, enseñado una actitud autocrítica y autosuficiente, nuestros hijos escojan la mejor vida para ellos (independientemente que nos tengan ahí para darles consejos cuando creemos que se equivocan). Nosotros elegimos nuestra vida. Tengamos fe en el futuro.

Dámaris dijo...

EN lo referente a:
"Primero, que se aseguren el comer y el dormir y la vida con las mayores comodidades posibles (estamos hablando de aspiraciones, claro). Y cuando eso lo tengan ya cubierto, entonces nos preocuparemos de que tengan un potencial artístico."

No puedo estar más desacorde. Para mí es una manera de ver la vida, pero SOLO una manera de ver la vida. Hay personas que no les preocupa el aspecto material, cierto es que hay unas necesidades básicas, pero nos sorprendería lo que llega a ser básico y lo que son puñeterías sociales. El arte (dedicarse al arte) también puede ser fuente de ingreso para lo que tú consideras "proporcionar comer y dormir" las otras comodidades dependerán de nuestras prioridades en la vida. Esta manera de pensar la tenía mi madre y provocó que yo no fuera feliz laboralmente hasta el año pasado. ¿de verdad quiero eso para mi hijo? yo no. Claro que esa es mi manera de ver la vida y es un poco peculiar.

Un beso Ana.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Dámaris: eso es precisamente lo que estoy diciendo: no podemos dar por bueno que lo mejor para nuestros hijos sea el camino único de estudiar una carrera. Pero es obvio que lo que los padres elegimos para ellos creemos siempre que va a ser lo mejor. Y que la menos entendida y remunerada de las formas de vivir, parece la relacionada con el arte. Sí, nos guste o no, tenemos que pensar en el dinero, porque es lo que nos mantiene. Aunque sea un asco marrano (te prometo que lo que más me gustaría a mí es cambiar el trabajo actual por dedicarme a escribir, pero no puede ser, porque tengo que pagar la hipoteca)

Dolores Ceballos dijo...

Pues yo, querida princesa, estoy de acuerdo con Dámaris. Repito lo que le escribí a Mariapi...
Quiero la felicidad para mis hijos, tanto si operan a corazón abierto como si recrean la Capilla sixtina con arena de playa.
El juglar sólo existe a los ojos de quien lo quiera ver así.
El arte es de y para los locos que lo quieran entender.
Claro está que se han de esforzar para sacar máximo provecho a su potencial (sea cual sea), lo que no voy a permitir es que busquen o se conformen con lo fácil sin trabajar ni esmerarse.
No sé si estoy equivocada o no(creo que en estos temas nadie tiene la verdad absoluta), pero yo no quiesiera ser el primer obstáculo para ellos.

Biquiños pesoleta

Ana, princesa del guisante dijo...

*Dolres: es que yo también he dicho eso:

"Porque lo que queremos, por supuesto y para empezar, es que sean felices. Y todo lo demás vendrá solo."

Besos

Dolores Ceballos dijo...

Pues eso... jajajaja.
Bicos

Tita dijo...

Muy difícil, Ana, es cierto. Estoy contigo en lo de las cosas básicas. Para mí lo básico es comer, un techo, sanidad y por supuesto, amor y normas. Quizá sea un poco estricta en estos puntos, pero veo cosas que me descomponen.

Ahora bien, cualquier manifestación de su interior,en la dirección que sea, será bien recibida, atendida y canalizada de la mejor manera. Con mil dudas la mantenemos en un instrumento, por el que se la iba la vida por tocar, y ahora quiere cambiar. Y yo me pregunto tras decirle que nones hasta que no sea capaz de esforzarse y como mínimo dominar el primero ¿estaré matando a una futura pianista?

Luego pienso que no. Si fuera pianista de pro, estaría tocando por las esquinas.

Poco a poco, y paso a paso. Evaluándonos y corrigiéndonos cada día ¿verdad?

Abrazos

Dámaris dijo...

Tita, tal vez me equivoque, pero una persona no sabe que algo no le gusta (en este caso un instrumento) hasta que lo no prueba. Es normal probar varias cosas hasta encontrar con lo que te gusta. El problema radica en lo caro que son los instrumentos y uno no puede estar comprando el instrumento que al niño se le antoje, para luego volver a cambiar. Ahí no me meto, porque también soy madre y conozco la otra parte. Como padres sabréis qué hacer, tal vez si alguien toca el instrumento nuevo que le gusta a tu hijo pueda darle algunas "clases" para familiariarse con él y quitarse el gusanillo.

Mariapi dijo...

Ana, comprendo lo que quieres decir. Siempre he tenido vena creativa, quería estudiar arte...pero en casa me aconsejaron(no obligaron) a hacer primero algo "más práctico", que para el arte tendría tiempo después...y después han sido casi treinta años.
Mi "profe" de pintura, una joven pintora apasionada, que no vive para otra cosa, cuando le digo que siento haber tardado tanto me dice que no, que seguramente ahora disfruto más porque vuelco todo lo vivido y que no tendría de otro modo...ella por el arte ha renunciado a otras cosas que a mi me llenan también...lo que quiero decirte con este rollo es lo que ya te he dicho en el cometario de mi blog...no es sencillo el tema, toda decisión implica renuncia, porque la libertad real es así, limitada.Eso les digo a mis chicos,Un besote, Princesa.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Tita: es que mi hijo tiene 8 años... todas sus necesidades artísticas están cubiertas, o al menos, eso intento. Cuando entremos en la adolescencia ya hablamos.
Y a nosotros con la música nos ha pasado algo parecido.
Un beso

*Dámaris: Es lo que le decía a Tita: si tu hijo tiene 5 o 6 años, no? son decisiones fáciles, ya se nos complicará. Estoy totalmente de acuerdo con :


*Mariapi: exacto, la libertad es limitada. Yo pienso que hay que compatiblizar el arte con otras formas de desarrollo intelectual. Un beso grande

Mariacininha dijo...

Realmente, é sempre um dilema saber se estamos errando ou acertando com a orientação dos nossos filhos. Mas geralmente usamos um modelo herdado dos nossos pais.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Mariacinha: sí, siempre tienes la duda de si lo has hecho bien o mal. Lo único que los hijos no te perdonan es que tú no tengas seguridad, así que todas las decisiones hay que tomarlas a conciencia. Beijos

sunsi dijo...

Pesoleta...¡Menudo tema has tocado! Con los límites hemos topado. Es tan complejo que ni siquiera funciona del mismo modo en un hijo que en otro. Lo que no cambian son las notas musicales. Al principio es necesario aprenderlas y poder reproducir lo que se lee en una partitura. Pero una vez que ya saben hacerlo... me parece que la labor de unos padres es alentar a que cada uno la interprete con su propio ritmo,cadencia, tono ... Es de las cosas más complicadas en la educación; que sepan quiénes son, qué quieren y saben hacer y no escatimen esfuerzos para conseguirlo. Y que nadie pueda dirigir sus vidas. En definitiva que nadie "les" viva desde fuera.

Un besito, Princesa...

La meva maleta dijo...

Ay pesoleta...¡que llego tarde!

Solo quería decir, que en mi casa, de pequeña nunca me riñeron por hacer dibujitos en la pared del cabecero de mi cama, aunque yo jamás he reproducido ese esquema.

Estoy contigo, los límites deben existir para dar seguridad a los hijos, aunque probablemente, no haya "un" sistema educativo único, sinó que debe adaptarse a cada pequeña personalidad.
Con coherencia, amor y sentido común debería ser suficiente...ahí es ná!

Petonets.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Sunsi: te respondo aquí a los dos comentarios: El primero, la visita de mis amigas. Siempre sabe a poco, ojalá no volvamos a tardar tanto en volver a vernos...

Lo segundo. Me gusta mucho lo que dices, que nadie les viva, ni siquiera sus padres. Ellos tienen derecho a elegir y a equivocarse, pero nosotros tenemos la obligación de enseñarles las normas básicas. Cuán difícil es la libertad, como dice la Mater. Un beso (y creo que has hecho lo correcto con tu blog. Pausa. Ojalá sea provisional)

*Mevamaleta: estoy segura que sabremos dar la justa medida. Lo sé, porque el amor está presente, y es la base. Un petonet

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