© de la imagen La meva maleta

domingo, 20 de marzo de 2011

...y la añoranza

Hablaba mi último post de la primera ausencia de mis abuelos. En realidad esa ya ha sido la segunda.


Algunos años después de la muerte de mi abuelo, mi abuela cerró la casa en que vivían en el pueblo, esa en la que yo fui feliz. Cuando vuelves a un lugar en el que has estado en edades tempranas, lo ves todo más pequeño, como si te hubieras transformado en una inmensa Alicia que queda atrapada entre los angostos pasillos. Esa sensación la superé hace tiempo. 

Ahora la naturaleza se está apoderando de la vivienda de mi familia, porque le pertenece. Pandillas enteras de gatos han hecho del almacén su hogar, y la vegetación ha invadido el patio con insolencia. Algún golpe de viento abrió la ventana del comedor, dejando que se cuele el agua que acabará sentenciando a muerte las frágiles estructuras que rondarán el centenario.

Hace algunos días fui en busca de tesoros que rescatar. Nada de valor, sólo recuerdos a los que abrazarme cuando me entre la melancolía.

Y cumplí la promesa que le hice a mi amiga de fotografiar los trozos de pavimento hidráulico que permanecen como testigo del paso de la vida de mi familia. 




La foto de abajo salió borrosa, pero me temo que no van  a quedarme energías para volver a esa casa, así que la he querido conservar.


18 comentarios:

Mari dijo...

Hola!!!
Quiza hoy me meta donde no me llaman. Pero espero me lo permitas. Ya te dije en otro comebtario que mis abuelos maternos murieron y que nuestra relación no era tan fluida como con mi Abu, mi madre lo paso y lo pasa muy mal, acabar de perder a su hermano pequeño. Con la muerte de mis abuelos a mi madre le mataron también la ilusión de las vavaciones en la casa de su infancia, pues por cosas de la vida ya no podemos ir. Ews todo muy largo y complicado.
Pero lo que trato de decirte es que si en su momento a mi madre le dio igual perder la casa, ahora echa de menos los recuerdos, a ella se los arrebataron los abogados, no dejeis que a vosotros se los lleve el clima. Yo si pudiera sacaria la casa adelante, se que estamos es crisis y que no es buen momento, Pero no la dejeis........
Besos
Mari

Ana, princesa del guisante dijo...

*Mari, en todas las ollas cuecen habas, y en las mías, calderadas. No es posible sacar la casa adelante, porque pertenece a alguien. Tenemos que dejarla.

Un beso, y gracias por tu cariño

Montse dijo...

Quin terra!! el paviment es digne de que torneu a la casa, no deixeu que es perdi, encara que les records et facin entristi. El meu pare va decidir vendre la casa del padrins i quan més temps passa més penso que ens vam equivocar.

Petons

Ana, princesa del guisante dijo...

*Montse: ja només queden dues habitacions del primer pis i tot el segon, però no podem fer-hi res, com deia... encara més trist. Un petó

LaCasitadelasHadas dijo...

Me has hecho recordar el día que entré en la casa de la abuela de mi marido. Era una casa de pueblo antiquísima, de la familia de toda la vida. Cuando la abuelita faltó la cerraron con llave y así se quedó. Yo no la conocía. Un día fuimos y al entrar me invadió una sensación indescriptible. Todo estaba prácticamente igual con un velo de polvo que lo cubría todo, casi podías oir las voces y los pasos recorriendo la casa. En el despacho, libros de cuentas de hace más de 50 años, escritos con pulcra caligrafía, revistas con remedios caseros y publicidad de la época, fotos perdidas en algún cajón con personas desconocidas vestidas de negro. En el bajo tenían un negocio y allí estaba todo como si de un momento a otro fuera a aparecer gente a comprar... Fue una experiencia inolvidable para mi. La casa... tampoco se pudo manterner por cuestiones de herencia. Una pena, pero a mi nadie me robará esa mañana buceando por tesoros antiguos imaginando historias de otros tiempos. Un besito

Marta dijo...

Mi padre aún hoy se pasea por la que fué su casa de verano en Vallvidrera. Está invadida por matojos y pintadas...pero, como si no los viera, nos explica otra vez el rincón donde se hacía las cabañas, la ventana de su habitación, la escalerita hacia la cocina...Luego está la visita obligada al quiosco donde le compraban el tebeo y un helado de vainilla.Dos o tres veces al año hace el recorrido, a veces solo (para llorar a gusto tal como dice). El viernes fue con mi hija mayor y le contó, con las mismas palabras, lo que tantas veces he escuchado en primera persona. Los veranos de infancia siempre dejan huella y nostalgia.Besos

La meva maleta dijo...

Una de las cosas que más placer me produce, es curiosear en casas antiguas; Detenerme en los detalles que un día la hicieron un hogar.
Y observar el paso del tiempo, dejando señales evidentes aquí y allá.

De ésta además, conozco una pequeñísima fracción de su historia...mi imaginación hace el resto.
Qué bonitos pavimentos, Ana, y como te agradezco que pensaras en mi, durante tu última visita. Ojalá hubiese podido acompañarte en tu visita, para que me contaras anécdotas de tu infancia, en este lugar donde fuiste tan feliz.

Me ha encantado "acompañarte" virtualmente. Gracias por traerme este bonito recuerdo, del que me quedo sólo, con lo bueno...yo también perdí para siempre la casa donde viví mi infancia, aunque yo nunca he podido volver a entrar...no sé. Quizás sea mejor así.

Un abrazo fuerte.

meloenvuelvepararegalo dijo...

Nostalgia, sí señoras. La casa de mis veranos también se cae, pero como dice Ana, pertenece a otros y si ellos no hacen nada, sólo puedes que guardar tus recuerdos y agradecer de haber tenido esas experiencias. Yo creo que las casas dejan una gran huella en sus habitantes.
Un beso, recordando viejos tiempos...

Ana, princesa del guisante dijo...

*Casita: yo creo que lo que en realidad espera encontrar nuestro subconsciente es lo último que dejó, y eso, por supuesto no es posible. Es duro, pero es así. Un beso


*Marta: a mí me puede la nostalgia. Se me queda el corazón en un puño, porque ellos ya no están en ese lugar, nada es como era ni volverá a serlo. Ni yo. Un beso grande.

*Mevamaleta: los lugares de nuestra infancia guardan mucho de lo que fuimos. Supongo que es por eso que nos gustan. Me hubiera encantado enseñarte todo mi mundo como era antes, ahora sólo me trae tristeza. Lástima que no tenía mi cámara de fotos, porque la cámara de mi móvil no la tengo tan controlada. Un petonet

*Meloenvuelve: sí, la casa deja huellas. Las mías, los dientes que me rompí en la escalera de piedra de esa casa... y creo que esa casa tiene huellas mías también. Un beso nostálgico.

Itsaso dijo...

Vaya pena, el no poder "salvar" la casa quiero decir... aunque los buenos recuerdos quedarán en tu mente y puede ser una forma de darle vida en cierta forma. El pavimento precioso. Un beso!

Ana, princesa del guisante dijo...

*Itsaso: he tenido que aprender a renunciar a estar en esas casas, la de mis padres, ésta de mis abuelos, las de mis tíos,... pasan cosas. En fin, espero que mis hijos puedan encontrar siempre su hogar. Un beso

Mariapi dijo...

Ana, sé que es muy difícil despegarse de las casas que hemos sentido como nuestras...hay que intentar recoger los recuerdos, los buenos ratos, el cariño recibido y entregado en ellas, y cerrar la puerta, sin darle más ventaja a la añoranza.

Un mosaico precioso. Seguro que toda la casa está llena de tesoros.

Un abrazo.

mOnTy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mOnTy dijo...

Ana, he borrado...
Mis ojos se achinan cuando la veo y el cosquilleo en el estómago es constante. Mis recuerdos, mis idas y venidas, mis tesoros... Volví a entrar cuando enterramos al padrí, me impresionó que todo, todo estaba igual. Otra dimensión, otra visión, eso sí. Ellos quieren visitar la casa donde vivía el padrí y mamá pasaba los veranos. Todo se andará, pronto.
Entrañable post Ana,

Ana, princesa del guisante dijo...

*Mariapi: tuve un montón de cosas de aquella casa entre las manos que pude llevarme, y no pude hacerlo. Los recuerdos, esos quedarán siempre. Un beso grande

*Monty: yo fui con los niños. Para ellos sólo era una casa vieja. Claro, no es lo mismo... un abrazo

Marta dijo...

Ana, siento hacerte sentir así, ya sabes que no es mi intención, pero estamos en un estado de la vida muy diferente ahora mismo las dos, tu sin tiempo para nada y yo que con el tiempo que tengo no se organizarme. Pero si tu quieres un elefante, yo te hago uno y te lo regalo con mucho gusto!!!!! y la manta de ganchillo a poder ser la cambiamos cuando sea un poco más grande!!! (al menos para tapar a la perrita, jaja

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

Mi marido se reía de mí porque yo me despedí de nuestra casa anterior. Le pedí perdón por tener que abandonarla justo cuando más cuidada y bonita estaba, cuando ya le había dado todos los mimos que se merecía. Le deseaba un buen dueño nuevo y que no se olvidara de mí así como yo nunca la olvidaría a ella. Le deseé que tuviera tanta vida como la que nos dió a nosotros y le agradecí que nos cobijara en los inviernos y fuera el centro de nuestra familia y amigos pues ahí eran todos nuestros encuentros. Los recuerdos, se quedan sí, pero se echan mucho de menos los sitios queridos también. Besos.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Marta: cuando yo tenía tanto tiempo como tú, hacía una cuarta parte de las cosas, así que no te me acomplejes, y disfruta. Yo voy a hacerme un elefante, pero será con el tiempo, y con mucha paciencia, porque ya sabes que no me gusta coser :-)

*Lisset: me ha gustado mucho lo que cuentas... qué sensación agridulce lo de cambiar de casa... un beso

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