© de la imagen La meva maleta

viernes, 3 de septiembre de 2010

Dos rombos


Era lo peor que me podía pasar un sábado al empezar la película. Me sentaba en la oscuridad del salón, casi siempre en casa de mis abuelos, agazapada en una esquinita del sofá de imitación de piel de color granate, con los cojines tapizados con una tela rugosa... Cruzaba los dedos, y tras el rugido del león de la metro, el veredicto. Si no había rombos, te quedabas.

Bendita inocencia. Solía pasar mis veranos en el pueblo. Eso significaba dormir hasta que el cuerpo te lo pedía, desayunar leche previamente hervida dos o tres veces, -que yo misma había ido a buscar a la vaquería con una lechera de aluminio la tarde anterior- y una rebanada de espeso pan, con mantequilla imposible de untar y mermelada de melocotón que mi abuela preparaba todos los veranos. Tan dulce, que sentías como te palpitaban los pulsos de la cabeza. Si alguien había ido a Andorra, y tenías un poco de suerte probabas la exquisita mermelada de fresa. Pero luego también traían ese horroroso queso de bola que no había manera de tragarse.

Después de desayunar, cruzaba la estrechita calle, e iba a casa de mi amiga, y pasábamos la mañana recorriendo mundos con nuestras bicicletas (ay, mi bici azul). Sólo entrábamos en casa cuando nuestros estómagos nos recordaban que era la hora de comer... Y salíamos escopetadas al último mordisco para seguir jugando.

Mi mundo de muñecas era realmente divertido, porque mi madre solía guardarme los tarritos de yogur de cristal vacíos, vasitos de natillas, tapas de plástico y otros reciclajes variopintos para que yo los usara de menaje para las cocinitas. Mi muñeca era un Baby mocosete (con pronunciación española, babimocosete, nada de beibi...), rubito, y con un agujerito en la boca, por en el que los dos o tres primeros días el individuo fabricaba pompas de babas. Tardé años en comprobar que realmente los niños son una máquina de hacer mocos.



Respetábamos lo más crudo de la siesta del durísimo verano continental de la Terraferma, devorando con cariño los capítulos de La casa de la pradera, de Verano azul, y de V. Aún con las letras de crédito guiñándonos un ojo desde la pantalla de aquél viejo televisor Emerson, nos montábamos en las bicicletas, y recorríamos tres kilómetros a pleno sol, para ir a la piscina del pueblo de al lado. Como gasolina, una rebanada de aquel pan que había sido tierno hacía algunas horas, con chocolate, o con queso, o quizá con un poco de jamón.

Nos bañábamos hasta que los pies nos sangraban por el exceso de agua y por la rudeza del fondo de la piscina. Subíamos de nuevo a las bicicletas, con el trasero mojado, el pelo chorreando, y muertas de hambre, y deshacíamos el camino, envueltas en canciones e historias que continuaban la serie que habíamos visto a mediodía.

Al llegar a casa, una cena sencilla, una sopa, o una ensalada, una tortilla de patata y el infatigable pan untadito con tomate para disimular el paso de las horas.

Y después, llegaba el espectáculo, la tan ansiada película. Superabas el momento-rombo. Y empezaba. Y yo me sentía orgullosa de mis abuelos, porque nunca me mandaban a dormir...

Pero, al poco tiempo de empezar, me negaba, me resistía a cerrar mis ojos.

Bueno, los cerraba sólo un poquito...

 "Ani..." La mano rugosa de mi abuelo me acompañaba a la cama de crujientes sábanas de algodón secadas al sol.

19 comentarios:

Mariapi dijo...

Ana, tu relato me ha hecho sentir cada una de las sensaciones de aquellos veranos de infancia, olores, sabores, colores, sonidos y roces...tan bien construido.
Un besote, y gracias por contarlo.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Mariapi: menos mal que me entiendes... cuando les digo a mis hijos que no había mermelada de fresa, no me entienden jeje. Besos grandes

La meva maleta dijo...

Qué bonito verano...me has transportado a casa de tus abuelos, sin darme cuenta.
Oye, ¿crees que me dejarían quedar a cenar?
Las tortillitas que hacen en casa los amigos siempre saben mejor que las de casa. ¿No?
Prometo traer mi Nancy negra.

Muás!

Ana, princesa del guisante dijo...

*Mevamaleta: Estoy segura de que lo habrías pasado fenomenal contigo y con tu Nancy negra. La mía era castaña, y llegó después del babimocosete... Esa casa está cerrada desde hace muchísimos años, pero te hubiera encantado, porque tenía el piso de baldosas hidráulicas de esas que tú adoras. Creo que en el pueblo siguen haciendo el mismo pan espeso, pero ahora seguro que ya no sabe igual. Besitos

Ana, princesa del guisante dijo...

Quería decir que yo lo habría pasado fenomanal contigo... se me ha escapado una ese

La meva maleta dijo...

Jajajaja! Yo conmigo ya me lo pasaba bien, pero seguro que contigo...lo hubiese pasado mejor!
Besssitossss

Ps.Me tienes que mandar una foto de esas baldosas...qué lástima que el piso esté cerrado.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Mevamaleta: Hecho, el piso de abajo lo reformaron, pero juraría que el de arriba sigue intacto. Y a mí me da que hubiésemos sido un buen par, de habernos conocido con 15 años menos (me niego a contar los años en serio, eh)

Walewska dijo...

Pero qué preciosidad de entrada... qué nostalgia me ha entrado. Y cómo echo de menos a mis abuelos

Ana, princesa del guisante dijo...

*Walewska: yo les extraño mucho también. Él falleció en el 86, y sigo acordándome todos los días. Y mi abuela, vive relativamente cerca, pero al tener su casa cerrada, nunca volverá a ser lo mismo. Nostalgia.

tomae dijo...

Con los rombos, llegamos ha poner pegatinas en la tele...luego salieron unos rombos que se movían, así de esquina a esquina.

Esa "Laura Ingalls" fue mi primer amor...me encantaba esa niña..( no sabía lo que dice Wikipedia)

...Y a La Garrrta de V, jo que tia! (recientemente le dediqué un post)

Oye Princesa Del...pero no te hagas la vieja, que todo esto, tú lo viste en colores!!!...eh?

sunsi dijo...

Qué post más delicioso. Huele y sabe a infancia de pueblo, muy parecida a la mía. ¡Cómo éramos capaces de ir en bici con tanto calor...!

Los rombos...sagrados, princesa. Qué manera de chafar una noche de verano.

Un beso pesolet

MadreYMas dijo...

Cambia la sopa por patatas fritas y el pan tumaca catalan por ensalada de tomates extremeños y tienes mi infancia.
Tal cual.

Que privilegiadas fuimos. Hoy los niños, en ese mismo pueblo, no disfrutan de su infancia ni la mitad.

Un abrazo.

Ana, princesa del guisante dijo...

*Tomae: nada de vieja, que yo aún troto campos en bicicleta, y si encuentro una buena zarza, me pongo tibia de comer moras :-)

*Sunsi: yo recuerdo algo peor que los rombos: un partido de fútbol con prórroga y penalties... espantoso. Lo que no recuerdo, es pasar calor, y te aseguro que lo hacía. Petons

*Madreymas: no, no tienen nuestra infancia, pero tienen la suya, con juguetes, y viajes, cosas que nosotros ni soñábamos. A mí me llevan a Disneyland a los 5 años, y lo primero que hago es preguntar si es de la asociación Pide un deseo... Un abrazo de tomate (aquí la huerta es estupenda, pero no lo he puesto :-))

meloenvuelvepararegalo dijo...

Qué recuerdos...
A veces me asaltan los recuerdos de mis veranos en bicicleta y son excepcionales! Ir al río (que no piscina), estar comiendo pipas en el pozo hasta las tantas, volver a casa y tomar un vaso de leche de esa que habíamos ido a buscar a la lechera por la mañana. Pero en el pueblo no tenía muñecas, así que tenía/mos que ingeniárnoslas con quiénes estábamos.
Un saludo y, si estuviéramos en la máquina del tiempo, creo que nos lo hubiéramos pasado muy bien todos juntos jugando al "dao-rescatao", alguien se anima?

Marta dijo...

Me has metido en la máquina del tiempo, espero que hoy me hagas volver...he de coser uniformes!

Ana, princesa del guisante dijo...

*Meloenvuelve: ¿te imaginas poder regalar un trocito de pasado? Sólo volver por unas horas a ser aquellas niñas y abrazarse a los que faltan. Jolines...

*Marta: Bah, quédate un poco más, luego yo te ayudo con los dobladillos...

El Naranjito dijo...

Querida Ana ¿Por qué entonces jugabamos los niños con los niños y las niñas con las niñas? Hoy los quieren rejuntar, con lo bonita que es la diferencia. Por cierto de cena una tortillita francesa, !que buenas las que hacia mi abuela!.
Un saludo.

Marta dijo...

Tomo la palabra,besos desde el medievo...con tal de no enebrar una aguja!

Ana, princesa del guisante dijo...

*El Naranjito: sí, viva la diferencia, y la tortilla, en todas sus variedades :-)) Un saludo y un cariñoso recuerdo para todos los abuelos del mundo.

*Marta, porloquemásquieras, vuelve de ahí, ¿te imaginas cómo olía esa gente que no se lavaba ni de broma? Vayamos a los 50s y 60s (¿has oído que este año vuelve la moda de esos años? Creo que desde aquí siento temblar a mi visa)

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