© de la imagen La meva maleta

martes, 30 de agosto de 2011

Maduración


Yo puedo recordar mi propio proceso de maduración. Recuerdo que mis pensamientos se hacían de adulto, mientras mi cuerpo seguía siendo el de una niña. Intentaba escuchar las conversaciones ajenas para desentrañar de ellas el misterio de la vida, las claves de lo que yo sabía que tendría que llegar a ser. A veces pensaba que los mayores me tenían por una cría cuando yo ya comprendía todo.

Eso sucedió cuando yo tenía la edad de mi hijo mayor. Y él está haciendo lo propio. Merodea cerca de la mesa del café en busca de los secretos vitales, como el oso Yogui buscaba cestas de emparedados. Escucha, y yo le dejo escuchar. No omito nada, quiero que él oiga, conozca, aprenda y pregunte.

Cuando acaba de ver un episodio de una serie "de mayores" (de mayores jóvenes, quiero decir), le pido que pregunte aquello que no ha comprendido. Y casi nunca pregunta. Así que está madurando... porque si tiene algo que  preguntar y no lo hace, lo averiguará igual que lo hicimos en nuestra generación, preguntándo a sus amigos.

El otro día le confesé que me preocupaba que un miembro de nuestra familia me quería poco, y él, con su claridad masculina, me dio la solución.

- No creo que no te quiera. Me parece que lo que pasa es que no sabe cómo demostrarte su cariño, pero sí te quiere.

Qué, ¿madura o no?


15 comentarios:

Rachel dijo...

que linda reflexion!!! nosotros tampoco omitimos nada delante de los chicos, no hay secretos..hay libertad de expresion y pensamiento....
un beso me gusto mucho

Leles dijo...

Manda leches!!. A pesar de su dulce ingenuidad estoy convencida que los niños son sabios.

Me gusta tu forma de ayudarles a madurar.
Bicos

Ana, princesa del guisante dijo...

Rachel: no, lo cierto es que sí hay cosas que no creo que deba saber. Pero lo que él puede comprender sí se dice. Aunque si me preguntara sobre algo por supuesto se lo explicaría. Un beso.

Leles: sí, el guisantito tiene una gran sabiduría. Un beso

sunsi dijo...

¿Y tiene solamente 9 añitos? Menudo carrerón esta criatura, pesoleta.Por la respuesta, tiene que ser un niño reflexivo. Supongo que todo lo que observa lo filtra y saca conclusiones. Te veo dentro de unos años con un café o lo que sea , mano a mano, arreglando el mundo;-)))

Un beso, Ana.

Nenica dijo...

Ay, ojalá supieramos siempre como demostrar lo que queremos a quien queremos

Ana, princesa del guisante dijo...

Lo curioso es que no le preguntaba a él... simplemente era una verbalización de algo que no creía que tuviera explicación. Pero sí la había. Y él tenía la respuesta, como tantas veces. Creo que tendré que confiar mucho en este niño.

Ah, dentro de unos años, le veo... ¡en un blog!
Besos

Ana, princesa del guisante dijo...

Nenica: es muy complicado encontrar el equilibio entre el amor que damos y el que esperan de nosotros, cierto. Gracias

La meva maleta dijo...

Brutal! A veces los críos te desmontan con su claridad a la hora de entender...

Bravo por Marlin...chico listo :-)

TC dijo...

Los niños a veces tienen la capacidad de simplicarlo todo, con una lógica aplastante, ¡dando en el clavo siempre!

Genial tu hijo! simplemente, genial.

MadreYMas dijo...

Ay, si pudiéramos ponernos en la piel de un niño de vez en cuando... cuánto aprenderíamos...
Simplemente maduro!
Menuda respuesta... y dices que tiene sólo 9 años?

Ana, princesa del guisante dijo...

Mevamaleta: y lo dijo así, sin darse importancia. Para comérselo. Bravo por él

TC: sí es genial. Entiende las cosas de una forma muy sana y adulta. Me sorprende todos los días.

MadreYMas: 9 años y dos días, para ser más exactos. Boquiabierta y ojiplática me dejó, como Lolita Butterfly

Mariapi dijo...

Esos ojos...no engañan: Profundidad-sensatez-inteligecia.
Un besote... a los dos.

Ana, princesa del guisante dijo...

Mariapi: ay, mi niño, tan grande, y tan pequeño al mismo tiempo. Besos a ti también.

Les Deux Moulins dijo...

Solo tengo que decir "de tal palo, tal astilla", tu hijo tiene buena tierra donde crecer!!

Ana, princesa del guisante dijo...

Les Deux MOlins: gracias. Con los hijos uno planta la semilla que Dios le ha dado, les cuida, les riega, les alimenta, pero pueden salir igualmente torcidos. Cuando no es así, cuando dan sus frutos, te sientes cerca del cielo.

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