© de la imagen La meva maleta

lunes, 16 de mayo de 2011

Aquellos maravillosos años


¿Recordáis? A final de los 80 vimos crecer a Kevin, afrontar el final de su niñez y su adolescencia y escuchábamos de su ser adulto, narrándonos sus pensamientos en forma de voz en off. No es éste el recuerdo que tenía para hoy. Aunque al escribir el título de este post, inevitablemente me he acordado de la serie.

Después de esconderme tras la cortina de la nostalgia y de tratar de huír de los recuerdos tristes, quería ser justa, y dejar en esta bitácora un recuerdo hermoso de mi adolescencia. Los hubo. Muchos.

Recuerdo las tardes con pandilla  -y sin reloj- en la piscina. Las primeras miradas tímidas a un chico que fueron correspondidas. Ese fue el preludio de una decepción, sí, de la primera decepción. Pero entonces no lo sabía; sólo existían briznas de hierba buscando cosquillas ingenuas. Ni siquiera había un pensamiento impuro, más allá de la incógnita del sabor del primer beso. Aquella fiesta en casa de mi amiga N... Puedo recordar con nitidez la ubicación de la mesa, del equipo de música, de las butacas que nadie se atrevió a ocupar. Y cada vez que escucho esa canción siento el palpitar de mi corazón desbordándose por el primer botón de mi camisa. Say you, say me...



Y el beso, un beso con sabor a limonada. Capaz de levantar mis pies del suelo diez centímetros solo por la sensación se saberme querida, como sólo se puede ser querida a los 14 años, cuando el contacto de tu mano con la mano de un chico era agradable, extraño y sensual al mismo tiempo.

Y llegar a casa sonriendo, y querer escribir su nombre en tu carpeta, junto a un corazón. O mil. Y deshojar margaritas imaginarias, y enfadarte con todo el mundo porque entraban en tu burbuja de felicidad con vanalidades como guardar la ropa en el armario, o estudiar. ¿Estudiar? No, mucho mejor ponerse la música que ha estado latiendo en tu piel toda la fiesta... Si había un cielo, tenía que ser así.


The wonder years terminó con esta frase:

"Crecer sucede en un latido. Un día estás en pañales, al siguiente ya no estás aquí. Pero los recuerdos de la niñez permanecen contigo todo el camino. Recuerdo un lugar, un pueblo, una casa como muchas casas, un patio como muchos patios, una calle como muchas otras calles. Y el asunto es que, después de todos estos años, sigo mirando hacia atrás, maravillado."

Y yo, también.

12 comentarios:

Mariapi dijo...

Ana, lo has contado tan bien que has logrado que me brote un atisbo de comprensión y simpatía hacia mis "aborrescentes"...que están exactamente así como tu tan marvillosamente lo describes...y yo con el látigo fustigador para que estudien...pobrecicos...gracias por hacerme recordar y comprender. Un besico.


p.d.Sólo ha sido un momento, esta tarde volveré al látigo...

Ana, princesa del guisante dijo...

Mariapi: no dejes de empujarles hacia la realidad. Necesitan una cuerda que ate su globo al suelo.... sino, saldrán volando. Un besote.

Dámaris dijo...

Qué bonito, Ana. En mi caso si borrara esos "fatídicos años" borraría lo peor de mi vida, pero sin duda lo que me ha hecho ser quien soy, más humana, sin miedo a decir lo que siento y precavida (junto con otros defectos que venían en el pack) Si escarvo seguro que encontraré buenos recuerdos.

Ana, princesa del guisante dijo...

Dámaris: no se puede-debe borrar lo peor. Incluso de lo malo se aprende. Apuesto que no tendrás que buscar demasiado...

Dolores Ceballos dijo...

Ayyy, al fin puedo escribir!!!!!
Pues eso, que me voy a comprar un látigo para practicar. Así, cuando mi hija deambule por casa con la sonrisa media floja y en los labios sabor a refresco de cola, yo, sacaré mi látigo y la traeré a la "cruda" realidad...jajajajaja
Es broma!!
Recuerdo esos "momentos de gloria", con la cabeza en las nubes. Qué bien se estaba... jajajaja
Biqiños pesoleta

La meva maleta dijo...

Si hace poco te contaba lo difícil que había sido para mi la adolescencia, también me toca reconocer hoy, los instantes memorables, (por bonitos), que también hubo:

Yo también conservo un beso, con sabor a mar que dibujó una sonrisa boba en mi cara, durante varios días.
Y con él, la primera mentira, para burlar la atención de mis padres, que poco sospechaban lo que en mi corazoncito se andaba cocinando.

Tienes toda la razón Ana...en aquel momento, yo también sentí lo mismo: si había un cielo, tenía que ser así, ¡y yo lo había tocado con mis labios! :-)

Petons

Ana, princesa del guisante dijo...

Dolores: a mí me da que sigues un poquito en las nubes :-) Bicos, linda

Mevamaleta: Tendremos que hacer otra reunión solo-de-chicas-adultas para contarme todas esas cosas, nena. Un petonet

La Pintoreta © dijo...

Siempre recordaré aquellos maravillosos años, aquel maravilloso primer beso, la primera mentirijilla para irme con las amigas.....que genial me lo pasé....ahora supongo que entenderé lo que se sufre ....muchos besitos rellenitos de bellos recuerdos...muuuuaaaaa

Ana, princesa del guisante dijo...

Siento no poder recuperar todos los comentarios. La movida de Blogger me pilló vaciando la papelera...
Si a alguien le apetece volver a comentar, me encantaría leeros. Un beso grande

Pi dijo...

Que recuerdos me traen, yo vi toda la serie, yo me compraba la superpop. Gracias por devolverme mi adolescencia.

Saludosssss

Marta dijo...

Buenfinde Pesoleta! no sé si llegará el comentario o se perderá por el espacio, aqui probando, probando, eo, eoooooooooo...¿dónde estoy?
Besos, algo desquiciados

Ana, princesa del guisante dijo...

Pi: bienvenida al castillo. Cuánto se parecieron nuestras adolescencias... un abrazo

Marta: aquí estás, te leo alto y claro (o como sea). Besos de domingo con todo el mundo dormido aún.

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