© de la imagen La meva maleta

jueves, 25 de julio de 2013

A mi querida fauna del AVE

Desde el año pasado me he convertido en pasajera frecuente del tren de Alta Velocidad, aunque mi destino jamás ha sido en tierras gallegas. 

Esta mañana mi primer pensamiento (y mi primera conversación) ha viajado con las personas que volverían a subir a un AVE. He pensado en sus miradas perdidas, en los saludos tristes a los empleados de RENFE, en los nudos en las gargantas al conocer la noticia, el número alto, altísimo de fallecidos.

Imagen de AQUÍ

He recordado con angustia todas las veces que he deseado que el maquinista apretara el botón para correr más los días que llegábamos con retraso. He visualizado mentalmente los ojos de las personas a las que he observado con codicia para escribir algo de ellas en el blog. He imaginado a mis compañeros de viaje habituales sentados en esos vagones, incluso he tenido la osadía de valorar cuáles serían para nosotros los vagones más seguros y he pensado que siempre nos sentamos bastante cerca, así que de haber sufrido un accidente como ese, habríamos volado todos por los aires. 

Y me he acordado del personal amable y sencillo que atiende a diario esos trenes. En su mayoría personas jóvenes con jornadas laborales duras, que tienen una sonrisa y un gesto de ayuda para todo el mundo, que nos permiten, a los que repetimos, hacer alguna que otra trampa para llegar a tiempo a nuestros propios puestos de trabajo. 

No conozco los nombres de todos vosotros, los de mis mañanas de buenosdías ojerosos y los de mis mediodías con demasiadas ganas de volver a casa. Pero os he visto trabajar helados de frío en una estación diseñada pensando más en trenes que en personas, e incluso a alguna aguantar en su puesto con lágrimas en los ojos por una lumbalgia. Os dejo aquí mi abrazo y mi recuerdo para esos compañeros vuestros que han perdido sus vidas y para los que hayan sobrevivido que tendrán que afrontar su futuro después de un trago tan amargo. 


12 comentarios:

Zambullida dijo...

¡Qué bonito lo que escribes!

Ana, princesa del guisante dijo...

Gracias, Zambu.

Marta dijo...

El Santiago más triste de la historia.
Beso Pesolet.

Ana, princesa del guisante dijo...

Sí... Demasiado dolor para digerir.
Besos, nena

susana dijo...

Qué detalle acordarte también de los empleados. Un beso.

Tita dijo...

Precioso.

Qué tristeza...

Besitos

Anónimo dijo...

Benditos anónimos. Siempre culpables,jamás triunfadores. Curritos del cabreo ajeno. Amabilidad al vacío
Juanpe

Ana, princesa del guisante dijo...

Gracias, Susana, un beso

Ana, princesa del guisante dijo...

Es una tristeza pegajosa... un abrazo apretao.

Ana, princesa del guisante dijo...

Ahora ya da igual si fueron o no amables. Qué pena.

La meva maleta dijo...

Què trist.
També la meva pregària, és per a tots ells.

Guillermo dijo...

Enrique, mi amigo, iba en ese maldito AVE conducido por alquien que no sabía de responsabilidad, la que debemos tener todos cuando trabajamos para otros. Sucede en estos momentos que se piensa lo importante que es nuestro trabajo, la transcendencia de un movimiento mal hecho, de una palabra mal dicha... Ese maldito error dejó sin la palabra a un periodista que trabajaba para llevar información de salud a muchos españoles, y que disfrutaba haciéndolo, y que era un muy buen amigo de sus amigos, y una muy buena pareja para Ana y un muy buen padre para Ana, que no pudo siquiera decirle adiós... ¡con lo que le adoraba...!. Allá donde esté, Enrique, sabrá perdonar (nunca supo odiar, no entraba en su catecismo humano) ese descuido, ese error de duplicar la velocidad de un transporte público por, posiblemente, no estar haciendo lo que debía estar haciendo.

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