© de la imagen La meva maleta

miércoles, 12 de diciembre de 2012

A mi última víctima.

Volví a leer el último mensaje que te mandé, aquel en el que, sin querer, te despaché con cajas destempladas, pidiéndote que dejaras de darle vueltas a mis problemas, que yo ya pasé página.

Créeme, es así. Pasé página. Porque cada día amanece. Amanece cada día para cada uno de nosotros. Hoy mi amanecer era para contemplarlo abrazado a un gran amor: una neblina delicada se escarchaba sobre la tierra y recortaba frágiles encajes sobre los esqueletos de los árboles en un horizonte completamente rosa. Mañana quizá sea un amanecer sin luz por la invasión total de la niebla que empañará mis ojos y me obligará a mirar hacia dentro. Y dentro de nada, amanecerá con los primeros almendros floreciendo... dentro de nada, nada, que ya sabemos cómo pasa el tiempo.

¿Sigues sin entender por qué te contesté así? No puedes. Y mucho menos si sólo conoces de mí lo que yo digo en este blog, o lo que escribo. No conoces aquello que también forma parte de mí, y que yo omito, ¡y es mucho!

Incluso a mí misma me ha costado darme cuenta de por qué te contesté de aquella forma. Ha sido esta madrugada, en aquella hora del duermevela, cuando se me presenta la realidad de lo que fue, antes de embriagarme de la luz del nuevo día, del amanecer del que te hablaba.


Foto de aquí

No me dejo. No sé dejarme arrullar por el cariño porquesí, el que tú me regalabas cuando me dijiste:
"Es tiempo de anarquistas. Ni Dios, ni patria ni ley. Da la mano de los pocos iguales que encuentres. A su calor. A su cobijo. Dando calor. Dando cobijo. Es lo que ofreces sin darte cuenta. Y lo que, poquísimas veces, encuentras."

Lo encuentro, sí. Y entonces no sé que hacer con él y huyo corriendo hacia el refugio de mi caracola. Soy un ave herida, ahora diréis que un Ave Fénix. Probablemente resurjo de las cenizas por la mañana, cuando abandono las sábanas templadas compartidas con el único ser que entra en ese lugar tan seguro en el que recibo amor sin tener miedo.

Hubo un día, supongo, en que alguien me debió de prender fuego, alguien que se acercó a mí con la promesa de un afecto que no lo fue, que nunca fue gratuito, que nunca se regaló con la pureza con la que yo aprendí a querer. Y entregada a ese fuego fatuo, me morí.

Con este post te pido perdón por mi huída, sin poder prometerte ser más receptiva. Pido perdón a todos aquellos a quienes repudié sólo por darme algo que nunca creí merecer: su afecto sincero.

Mañana volverá a amanecer. Inevitablemente seguiré sembrando mis semillitas de cariño, espero haber aprendido a no pisotear las flores que nazcan de ellas.


17 comentarios:

dolega dijo...

Gracias a Dios la vida da experiencia y oportunidades suficientes para poder aprender de nuestros errores.
Sigue sembrando semillitas porque el amor siempre es buena siembra :D
Besazo

unaterapeutatemprana dijo...

A mí me piden perdón de esta manera tan bellísima y te prometo que lo perdono todo, pero todito, todo, ehhh.
Un abrazo.

Ana, princesa del guisante dijo...

Como toda siembra, a veces no recoges, otras, tienes para hacer conserva...
No sé si lograré corregir mi carácter abrupto, pero hago lo que puedo.
besos

Ana, princesa del guisante dijo...

No sé, ya ves que mi propósito de enmienda es flojito...:-)) Un abrazo.

susana dijo...

No te culpes tanto. Todo tenemos malos momentos y además por escrito es más difícil dar con el punto exacto. Un beso.

juanpe garbayo dijo...

No sabría que hacer si me encontrase un tesoro. ¿quedármelo?¿devolverlo?. Yo me lo encontré, pero no es mío. Y no puedo parar de abrir el cofre, mirar tanto doblón de oro, pasármelos por la mano y volver a cerrar. Y otra vez. Y otra. Y las bisagras chirrían de vez en cuando. Es lógico. No están engrasadas, nadie repara en ellas cuando son las encargadas de custodiar y de mostrar. Ellas siempre han estado ahí. Cuando estaba vacío, cuando echaron hojalata y ahora. Los doblones las mandan chirrriar cuando se hartan de que los miren y soben.
A mi me gusta estar entre los que tienen opción de escuchar el restriego de los hierros que abren y cierran.
Sigue despachándote a gusto cada vez que te apetezca. Y no te pongas la mano tapándote cuando veas que llega alguien con 3 en 1. ¡Ya quisiera yo ser ese!

MadreYMas dijo...

Está claro que tu sinceridad te honra.
También que con el resultado de esos dos príncipes y el Rey que te acompañan en el día a día (y que, permíteme recordarte son LOS MÁS IMPORTANTES... o los ÚNICOS IMPORTANTES), no parece que lo hayas hecho tan mal...

Ana, princesa del guisante dijo...

Más que culparme, asumo mi realidad, que es la mía, la que sienten, disfrutan y padecen los que se tropiezan conmigo en la vida. Besos

Ana, princesa del guisante dijo...

El blog es una forma de dejar al descubierto dónde está el mapa del tesoro dichoso. Ni siquiera hay oro puro, más bien, diríase que sucede como los grandes vendores de diamantes chinos, que tasaban el precio de la pieza según el brillo de los ojos del comprador. Así, yo, ni siquiera piedra semipreciosa, soy valorada por los demás.
Gracias, y no menees demasiado esa tapa, por si las moscas ;-)

Ana, princesa del guisante dijo...

Cuesta más darse cuenta de lo que una les hace a los demás, que admitirlo y disculparse con ellos. Los míos, ellos son el centro de mi universo, seguro que también hago las cosas a veces bien, otras mal, pero lo que tengo claro es que en el proceso de quererles también vamos aprendiendo. Y ellos, conmigo.

sunsi dijo...

Querida pesoleta... Nunca se es suficientemente consciente del tremendo filtro que supone las palabras de un post. Es falso creer que con ellas alcanzamos a conocer quién es el que escribe. Pasas página y quien te ha leído sigue encallado en un asunto puntual porque lo que has escrito adquiere una dimensión atemporal. Los equívocos -esa es mi experiencia y tú creo que lo sabes- causan a veces sufrimiento. Em trec el barret, Ana. Qué purificante es pedir perdón aunque a veces no hayamos sido conscientes en su momento de haber infringido ningún daño. Un beso, pesoleta.

Sofia dijo...

Escribes divinalmente! Me encanto leerte aunque sean lineas tristes, muy bonito...

Ana, princesa del guisante dijo...

Cuando uno se expone siempre corre un riesgo, y si no estás dispuesto a correrlo, no escribes... Lo que pasa es que a veces dejan de definirse los límites de la intimidad, y entonces cuesta más, es en ese momento cuando debes explicarte. Gracias por volver, besitos.

Ana, princesa del guisante dijo...

Sunsi, este comentario era la respuesta al tuyo!

Ana, princesa del guisante dijo...

Sofia, gracias por tu comentario. La tristeza forma parte de la vida, fíjate que todo tiene un punto alegre y otro que se le contrapone. Supongo que se trata de no darle más peso a lo negativo.

meloenvuelvepararegalo dijo...

Estoy un poco desconectada de los últimos acontecimientos acaecidos en el castillo, pero con palabras como las tuyas una no puede hacer otra cosa que escuchar y entenderte.
un besazo, princesa,
y muchas gracias por tu cálida bienvenida!

Ana, princesa del guisante dijo...

Gracias por volver. Aquí los acontecimientos toman vida propia y modelan el blog. Siéntate y tómate algo calentito, y nos ponemos al día. Un besito

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