© de la imagen La meva maleta

viernes, 26 de diciembre de 2014

Una luz encendida


Nochebuena en el castillo. En la mesa, una vela encendida por cada uno de los que echamos de menos anoche, muchas luces prendidas entre nosotros. Una por ti, querida hermana de vida. Estoy segura de que al final lograste mantener el tipo viendo la ilusión en los ojitos brillantes de tus niños, aunque te retiraras un momento a ahogar una lágrima cuando ellos no podían verte.
Quién sabe si será el último año en que mi pequeño guisante (ya no tan pequeño) crea en la Magia, o el primero en que tu hijo abra ya los regalos sabiendo de quién vienen. 
Ayer, mi otro niño, el príncipe, se nos hizo grande, probó el ponche por primera vez, comprendió por qué a los mayores a veces nos nubla la mirada en estas fechas. 
Y al final, todo fue sorprendentemente sencillo. Ellos disfrutaron, a nosotras se nos hizo corto. Cuando apagué la luz de la cocina, con todo recogido, pensé que mereció la pena, que el nacimiento del Niño Dios genera una fuerza especial, una Luz. Tal vez la suma de muchas velas encendidas en muchas mesas, como,la tuya y la mía. Un beso, hermana. Feliz Navidad, Blanche.



sábado, 13 de diciembre de 2014

Lo necesario

Hay algo en tu mirada que me recuerda constantemente al mar. No es su color, es más a la forma de observar, como si estuvieras todo el tiempo aguardando la llegada de nuevos mundos, de playas más bellas, del azul más puro para dar felicidad a todos los que te rodean, a cambio de nada más que su compañía. 



Imagen de aquí 

Tal vez tus ojos, acostumbrados a dejarse llevar más allá del horizonte, escondan en su trastienda la bitácora de una vida de entrega y regalo constante.
En tu barco, el de tierra, descubro los tics de alguien que está acostumbrado a empaquetar cuatro cosas, las necesarias; a bordo, lo imprescindible, ni una silla de más, ni un descuido, nada fuera de sitio. La vista puede perderse en la luz que titila sobre tus cosas, como lo haría en el gran azul, y en cada una de las estancias se cierra el círculo alrededor de lo que de verdad importa: las personas. 
Tu potente sentido de la estética, el equilibrio en cada detalle, tu generosidad y amabilidad, las palabras dulces que se escapan directamente desde tu bondad me llevan con tozudez a mirarte más por dentro.
Y leo entre las líneas, que de vez en cuando se hace la tormenta en ti, que sientes demasiados vacíos, a pesar de tantos peces en el mar. Que te falta, en tanto espacio, encontrar el hueco desde el cual puedas volar, como aquella sirenita que soñaba en un mundo distinto. Pensaba que tal vez te gustaría probar el vuelo libre de una gaviota. 

Me enamoré de tu casa y sus espacios, de tu gusto exquisito, de tu saber hacer, del café con vidrieras, del encuentro con nuestra amiga y de vuestro abrazo. Y de tu familia. Lo que se respira entre vosotros habla de todo lo que has hecho bien. Me parecieron preciosos y educadísimos. 
Me quedé con ganas de que me contaras más cosas de tus orígenes, que al final se nos quedó esa charla a medias. Todas las historias que nos preceden son maravillosas, a pesar de que ellos debían pensar, como nosotras, que sólo salían adelante como podian. 
Cuando llegue el buen tiempo nos buscamos una excusa para repetir y continuamos con lo nuestro. Gracias por dejarme pasar contigo ese día precioso.
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