© de la imagen La meva maleta

domingo, 29 de junio de 2014

Vuestro tiempo

Acaba de empezar el verano y siento que se os esfuma la infancia a grandes zancadas. Sin embargo, vosotros vivís a lo grande. Entre partidos de baloncesto en el jardín, de vuestro deporte inventado en el garaje. El campeonato mundial en el cual os alternáis para ser el equipo visitante contra España. Lecturas libres -cuánto me alegra que me hayáis salido ratitas de biblioteca-. Juegos de mesa desperdigados por doquier. Cartas y videojuegos, piscina y carreras. Y peleas. Sanas y con palabrotas... cada insulto merece una reprimenda, cada falta de respeto un pedir perdón. 

Hoy he capturado uno de esos rincones en los que improvisáis vuestro juego, un mercado en el que los billetes son auténticos trozos de papel con unos euros dibujados y la balanza lleva lustros estropeada en el almacén. 


Cuatro patatas maltrechas y unas judías que quedaron en el fondo de una bolsa, la materia prima, unas cajas de madera hacen de mostrador. Bendita sea vuestra niñez. 

domingo, 22 de junio de 2014

Cada vez menos

 Empecé en este mundo virtual hace ya 15 años. Lo que se estilaba, por aquel entonces eran los chats, en los que personas con afinidades comunes nos encontrábamos y manteníamos diálogos de besugos en un muro público, pero las buenas conversaciones se encontraban en los privados que mandabas y recibías. Recuerdo aquella época divertida y libre, no tenía aún hijos. Conocí a algunas personas en la llamada vida real, pero nada permaneció en la posteridad.
De repente, la gente empezó a desaparecer de mi círculo habitual: todo "el mundo" estaba metido  en los foros, lugares en los que uno podía dejar algo escrito sin la necesidad de coincidir en el tiempo y en el espacio con las otras personas con quienes tenías alguna clase de afición compartida. Los foros dejaron de ser lo que eran allá por el 2004, año que recuerdo con dolor porque fue uno de los años negros en mi vida. Como había pasado con los chats, la gente se esfumó, como por arte de ensalmo. Bien, me hice lectora ávida de blogs, hasta que, en el 2010 creé el mío, éste. Desde el año pasado, sin embargo, "la gente" parece haberse mudado a Facebook -participo en algún grupo de forma activa- y a Twitter. Ya me disculparán, pero el minimalismo de los 140 caracteres es demasiado escueto para mi locuacidad.
No me parece mal, en serio, la interacción por las redes sociales, como en su tiempo los chats, los foros, el blog, me han regalado buenas amistades y me han devuelto algunas que tenía alejadas. Pero me disgustaría que los blogs terminaran desapareciendo, como pasó con las otras dimensiones del gran Matrix que, lo creamos o no, ya es una realidad paralela.

martes, 17 de junio de 2014

Lectores y lecturas


Se podría decir que existen tantos tipos de lectores como de personas. Tengo en mis genes la sangre de dos ávidos devoradores de libros. Cada uno de ellos lo es de una forma distinta. Mi padre tiene predilección por grandes autores de la novela negra, por la novela histórica y todo lo que tenga la estructura, se podría decir que más habitual y ordenada. Casi me atrevería a decir que su forma de lectura es muy masculina, es cuadrada, su biblioteca tiene colecciones de determinados autores y se enfada si le hacen perder el tiempo con un mal libro, una mala encuadernación o un lenguaje vulgar. Mi madre es una lectora compulsiva. Lo lee todo, desde la lista de ingredientes del champú hasta las encíclicas papales. Todos los libros del mundo, si cayeran entre sus manos, serían devorados con glotonería por ella. Su forma de leer sería, por contraposición, femenina, flexible, redonda, amplia, generosa.

En el término medio estaría yo (mis hermanos no han heredado la misma pasión por leer). No soy capaz de leer un libro que me tira constantemente de sus páginas con expresiones como “María, tú ya sabes cuánto adoro las obras de pintura clásicas”, o que presentan incongruencias o anacronismos, como mujeres en el siglo XIII con actitudes feministas al gusto actual, por decir algo. Como mi tiempo es el que es, es decir, escaso o muchísimo, cuando tengo que leer a ratitos robados me pone muy nerviosa que los nombres de los personajes se parezcan porque tengo que hacer un esfuerzo enorme en saber quién era quién. Si hay demasiado personaje me pierdo y me aturullo. Así que este tipo de novelas quedan reservadas para las vacaciones. Y cuando tengo tiempo, me convierto en una máquina tragalibros, tres de una sentada en una semana. Pim pam pum. Se podría decir que en cuanto al tipo de libros que escojo soy bastante ecléctica. Me gusta tanto la novela de cualquier tipo, las biografías, los relatos intimistas afrancesados, los best Sellers, los cuentos infantiles. No soy demasiado sibarita, lo admito. Sin embargo, lo que pido yo al libro que leo es que esté bien escrito, que acaricie mi corazón, que me arranque una sonrisa, o una lágrima, que no me deje indiferente, que no me haga perder el tiempo.

Mis hijos tienen, a pesar de ser muy pequeños, formas de leer muy definidas. El mayor, a pesar de ser sensible y creativo como mi madre, tiene una forma de leer parecida a la de mi padre: misterio, novela negra, ordenado y cuadriculado. En cambio, el pequeño, que es calcadito a su abuelo hasta en los andares, matemática y lógica pura, es un lector de prospectos de medicamentos, es decir, se parece más a mi madre, que lo lee todo todito, aunque no sea “de su estilo”.

Bien, y para los más curiosos, todos nosotros tenemos algunas manías más. Mi padre le pone nota numérica, mi madre los reparte por doquier, con dedicatoria de regalo, y yo, antes firmaba los libros y les ponía la fecha de compra. Ahora utilizo este precioso ex libris que me regaló Carme Sala (do-it-herself).

Y por último, una intimidad muy íntima: si el libro que he terminado me ha gustado mucho muchísimo le doy un besito al cerrar la última página y me abrazo a él unos segundos, y siempre, siempre, me da un poquito de tristeza despedirme de él cuando me lo he pasado bien.

Ah, sí, éste es el libro que estoy leyendo ahora, y me gusta mucho, de momento, porque está bien escrito y porque me gusta lo que dice.

miércoles, 11 de junio de 2014

De besos y celos


Te acuesto. Buenas noches cariño, buenas noches mami.

Recuerdo que te pones rojo hasta las orejas cuando tu padre y yo nos damos un piquito (¡¡se están morreando, puaj!!). Pienso cómo reaccionarás si te beso en los labios...

Te beso, sonríes.

- Shh, Bufón, nos hemos dado un morreo...

-¡No se lo digas a papá! -Exclamas con gravedad y cara de pillastre.

Encantada con la sensación de "traición", repito el besito y en cuanto puedo parar de reír, me voy a chivarme a tu padre (¡que sufra jajaja!)

Esta mañana, beso a tu padre, te escondes de nuevo muerto de vergüenza. Papá te dice:

-Oye, tú. Estoy muy celoso...
- (silencio y cara de póker)
-...le diste un "morreo" a mamá.
- (sonrisa de oreja a oreja) Uno no, ¡DOS!


Lo escribo, convencida de que no te va a gustar que comparta este momento. No lo hago por fastidiarte, ni por presumir. Lo escribo en ésta, mi ventana, sólo para que no se me olvide nunca este momento. Te quiero, niño.

jueves, 5 de junio de 2014

Aunque ya sabía que tenía que llegar este momento

Escribo hoy el Punto final de esta despedida que llevo temiendo desde hace ya mucho. Ahora ya sé que no va a consolarme el hecho de que fueras tan anciano, de que llevaras tanto tiempo enfermo, de que es ley de vida, de que te tocaba a ti antes que a nadie más. 

Si algo aprendí de su partida, del adiós de mi abuelabesitos, fue que no importa la edad que tenga la persona que se te muere, porque siempre vas a pensar que era demasiado pronto. 

Te guardaré en mi corazón con tu estar discreto, tus silencios, la firmeza de tus decisiones, la lealtad desmedida hacia los tuyos, tu mesa generosa, tus nietos sentados en tus rodillas, a veces a pares. 


Defenderé ante todos tu carácter severo, tan necesario. Te buscaré en mi forma de trabajar, en la mente de mi hijo menor, en la introversión del mayor, guardaré tu nombre como un regalo y el recuerdo de tu hogar como el que fue el mío, aquél en que nací. 

En nuestras últimas visitas te he repetido como un mantra que vamos a estar bien, te he agradecido que hayas hecho de nuestra familia un lugar seguro, te he dicho cuánto te quiero. Os quiero, a los dos. Hoy os reuniréis hasta el fin de la eternidad. Doy gracias a Dios por haberme permitido disfrutar de vosotros. 


https://www.youtube.com/watch?v=sAChzSnPbBA

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