© de la imagen La meva maleta

domingo, 29 de septiembre de 2013

El poder del amor

Han hecho algo tan grande, que ni siquiera un año de preparativos han parecido ser suficientes. Se han plantado en un altar y se han mirado a los ojos y se han dicho "Para Siempre". Siempre, porque cuando la muerte les separe, seguirán viviendo el uno en la vida del otro, en esa dimensión tan difícil de medir que es el alma. 

Bueno, seguro que algún necio se habrá fijado sólo en aquello que no salió tan bien, que, simplemente no salió a su gusto, o en lo que faltaba, ¡demonios, cuántas cosas hay que tener en cuenta cuando se quiere agradar a todo el mundo! Hay que ver qué pequeños y egocéntricos somos, que pretendemos que incluso en un día tan importante se fijen en lo que nosotros necesitamos. Y seguro que algún incrédulo habrá dicho por lo bajinis que hoy se separa todo quisqui, que soy una ingenua para decir ese Siempre con la boca tan grande.

En realidad, les aseguro que ellos llevaban muchos meses manejando con sabiduría las sensibilidades de los más delicados, escogiendo un lugar precioso, flores y colores, texturas y rincones, y esas fotos que tanto significaban (tanto que me consta que alguna ha desaparecido misteriosamente). Y con algo que no se podía negociar: tenía que ser ese vestido, ese hotel, ese menú, esa música, ese estilo. 

Ayer no pude dejar de sonreír en todo el día, porque la vi guapa, feliz y libre, como sólo el amor puede hacerte sentir. Ese amor lo creó todo ayer. 

Aquí la tradición dice que el padrino entrega el ramo a la novia, junto con un verso. Ayer me nació un Concuñado. Aquí dejo sus palabras, en las que hay mucho amor. El suyo a su hermano, que ahora también lo es mío y a mi hermana, que ahora también es suya. 

Suscribo tus palabras, desde el conocimiento que me dan quince años de matrimonio. 

Dice la tradición que el padrino entrega el ramo.
Pues aquí estoy, viendo a una mujer preciosa,
que espera las flores de mi mano.

No quiero ser obvio ni redundante
y aunque B. es un poco celoso
no me puedo callar: estas radiante.

En una hora vas a ser la mujer de mi hermano,
y junto a su compromiso, aquí tienes el mio:
primero voy a ser tu amigo y después tu cuñado.

Abandono mi renqueante verso,
ya veis que no es gran cosa,
como padrino debo velar por vuestro amor
y daros sabios consejos en prosa.

El mejor consejo es que nunca os vayáis a dormir enfadados.
Pero, seamos realistas, no siempre funciona,

Es entonces cuando hay que agarrarse a la duermevela.

Es ese breve momento del día, antes del despertar, donde la realidad no existe, o existe solo a medias y el amor se despierta antes que la ira, el odio y el rencor.

Aprovechad esos instantes para que vuestras manos se busquen y vuestros brazos se encuentren. Da igual un poco más arriba o más abajo, pero no perdáis el tiempo y daros un fuerte abrazo.

Tened paciencia, respirad hondo y pasad la vida amándoos.
Sirve básicamente para eso: la vida es amar y dar abrazos.


Y a mi hermana pequeña, la niña que cuidé como si fuera una muñeca, que lo era, y que se ha convertido en una gran mujer, sólo quiero decirle que no tiene que darme las gracias, porque para mí ha sido un auténtico placer que me dejara acompañarla en ese camino, como tantos otros que he recorrido con su manita agarrada a la mía. 



lunes, 23 de septiembre de 2013

Y sólo acaba de empezar

Ha llegado el otoño tiernamente, deshilachando una neblina suave sobre el primer amanecer que me ha emocionado este año.

Mi álbum de tesoros ha añadido muchas páginas estos días. Nada fue como esperaba, porque cuando no esperas demasiado, todo lo que te llega es una sorpresa y en las últimas 48 horas mis pupilas se han llenado de regalos. El jovencísimo padrino hecho un manojo de nervios, un collar de perlas frente a un espejo, supernenas de cuarenta, mejunjes de cocacola con azúcar y café (¿quién no ha hecho potingues en las sobremesas de su infancia?), paciencia, una tarta que era un sesenta inmenso, un abrazo de gratitud, las fotos de un viaje increible, una mantita suave, unas lágrimas de madre nueva, ¡un cordón umbilical!, una mesa para veintiocho en la que hubo sitio para nosotros, acariciar su vientre con ella dentro, los nervios para la boda ¡la cuenta atrás!, cuñados en la terraza pensando que no nos callaremos jamás, la vida implacable velando sus ojos grises, la mano firme que sujetaba su cuerpo hasta el coche, el padrazo novato con ojos de no haber dormido en una semana. Las fotos, las fotos que busqué en el álbum para ella y que me rompieron tantas veces.

Ha sido así a pesar de que parecía que todo iba a terminar mal al final de este verano...

Como decía aquel optimista personaje de El exótico hotel Marigold, si algo termina mal, es que aún no es el final.  




miércoles, 18 de septiembre de 2013

No les conocía


Yo no les conocía de nada, pero detuve mis pasos un instante cuando vi su abrazo. Quedé atrapada en su belleza. Me dio algo de pudor presenciarlo, porque era, sin duda, un momento íntimo.

Rondarían los cincuenta, los dos. Se les notaba que eran pareja desde toda la vida porque se parecían ligeramente, como lo hacen los matrimonios gastados. Ambos bajitos, de cuerpos anchos sin ser gordos, pelo corto, ropa sencilla. Gente de apariencia humilde, probablemente golpeada por la maldita innombrable. O no. Más bien era consuelo por algo, una mala noticia, quién sabe, un mal diagnóstico.

Ella descargaba todo su  peso interior sobre su hombro. Él, un hombre de los que aprendieron que llorar era de nenas, pero que en ese momento, en ese abrazo, era presencia. Lo era todo para ella. Se balanceaban suavemente en su consuelo mutuo. No se decían nada, no era necesario.

martes, 17 de septiembre de 2013

El principio de una gran amistad


No siempre pasa de la misma forma. A veces uno encuentra a su mejor amigo en la escuela, otras en la universidad, a veces en una cafetería. O en el club de jubilados. O aquí, en este submundo dentro del Orden Mundial.

A menudo son las aficiones comunes. A veces, el carácter. Otras, el roce ese que acaba haciendo cariño.

Vosotros sois primos, así que os conocéis sin saberlo desde antes de ser proyecto. Durante los primeros años de vuestra existencia os ignorasteis el uno al otro, como si no pudieseis veros. Lo sumo, entrabais en conflicto por el mismo juguete. Procuré no interferir demasiado en vuestras cuitas y traté de convencer a la madre contratante de la segunda parte de que hiciera lo propio.

Y así, en ese tira y afloja en el que habéis encontrado el placer en el juego en común, pusisteis ayer este bonito broche al verano...


Me siento orgullosa de vosotros.

Y por lo que más queráis ¡¡¡estaros quietos!!!

lunes, 16 de septiembre de 2013

Nada va a cambiar aquí

Dedicado al 

Sabes que creo? que te podrías haber quedado allí...
Con el blog vives la vida que nunca has vivido ni vivirás, no recuerdas que hay gente que te conoce y conoce tu historia?
Qué pretendes con tus libros? Limpiar tú concienca?
Mucho cuidar a la abuelita, tú recuerdas que tienes una madre?
Y en el segundo libro que intentas explicar lo excluida que siempre has estado tú, sin amigos...
Vaya por Dios...me das mucha pena, siempre me la diste


Por un momento casi me devuelves a aquel lugar en el que fui una niña insegura y llena de miedos. Casi, casi, me haces daño.

Cuando dejé de ser anónima por la publicación de mis libros, me planteé dejar de escribir y así lo dije aquí en numerosas ocasiones. 
Pero enseguida me di cuenta de que no podría desprenderme de este lugar, el único, salvo mi propio hogar en el que soy libre para decir lo que pienso.

Si no te gustaba entonces, y crees que en éste lugar yo no soy yo misma sino que finjo ser algo que no soy, jamás podré gustarte. Ésta Ana Bergua soy yo. No se puede interpretar un papel durante tres años y medio. Soy así. Soy una buena persona, aunque a ti no te guste. Nunca aquí se ha pronunciado el nombre de nadie para ofenderle, aunque se ha mencionado de forma que esas personas que a mí me han causado dolor pueden saber que se está hablando de ellas si ellas quieren darse cuenta. Y con las que aquí son alabadas, lo mismo.

Te has querido burlar de mí, No soy mejor persona por haber escrito un libro en el que se habla de los besitos a una abuela (que por cierto, no era la mía) o porque he manifestado en numerosas ocasiones el amor a mis abuelos. Cierto, sólo hablo del amor hacia ellos, hacia mis hijos o hacia mi marido. Y eso no significa que no quiera y mucho, al resto de las personas de mi familia.

Seguramente no soy la hija ejemplar, ni la mejor hermana del mundo, ni la mejor sobrina ni la mejor nieta, ni la mejor madre, ni la mejor esposa, ni la mejor amiga. Pero, desde mi experiencia vivida y desde mi circunstancia personal y desde mi punto de vista intransferible, hago lo mejor que puedo con todo el mundo, porque necesito dormir tranquila.

Respecto a los amigos que tenía en la infancia y en la adolescencia, pues mireusted, con resultado desigual y variable. Pero siempre me sentí querida, así que si tuve problemas con alguno me harté de llorarles, porque sentí su pérdida que dejó en mí una gran sensación de soledad. Y no, no fue esa soledad la que me llevó a escribir el Magdalenas con problemas. Si conocieras bien a mi hijo que es muy introvertido, comprenderías que lo escribí para ayudarle a confiar en alguna persona mayor si alguna vez tuviera problemas.

Hasta los veinticinco años creí que no tenía razones para creer que podía ser querida tal como soy. Nunca fui ni la más guapa, ni la más lista, ni la más buena (es que si tienes boca resulta que tienes mal carácter). Hoy has dado un buen mazazo a mi autoestima... Pero ahora ya he aprendido a quererme, no voy a dejar que una persona cobarde -porque lo ha hecho de forma anónima- y sin escrúpulos me devuelva a aquel lugar en el que yo era frágil y vulnerable. Y si no te gusto a ti, o a quien sea, o si no os gusta mi manera de ser o mis ideas, no me leáis, no me sigáis. Olvidadme.

Yo nunca dejaré de respetaros, pero no dejaré que me volváis a hacer daño.

La puerta de este blog es muy grande, para que puedas salir con la misma facilidad que has entrado si no eres feliz aquí. Gracias por haberme recordado quién soy y de dónde vengo. Y, sobre todo, hacia adonde quiero ir.


sábado, 14 de septiembre de 2013

Penúltima adicción

Había visto algunas imágenes de labores preciosas hechas con trapillo. El trapillo es una hebra de grosor variable que está formada por tejido de punto, tipo de camiseta (T-shirt yarn). 

En fin, yo tengo una gran facilidad para volverme adicta a casi todo, menos mal que jamás probé las drogas...


Lo mejor del trapillo, mucho, la verdad. Se realiza muy deprisa, por ejemplo, esta alfombra la hice en menos de dos horas.


Para hacer trapillo sirven los patrones del ganchillo tradicional, que, con imaginación, se transforma en algo original y bonito:



Y me encanta...


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Desde el exilio

Hoy he pasado el día en Zaragoza, la ciudad que tiene la mitad inexacta de mi corazón. Allí está mucha de la gente que necesito para respirar y, a pesar de mis dudas respecto de lo que siento por ella, siempre me recibe con esa hospitalidad incomparable de los aragoneses.

Hoy no necesitaba renovar mi armario, ni habíamos hecho grandes planes, pero me he encontrado con los regalos inesperados de unas nuevas gafas y el regazo de mi padre. en él, mis hijos se sienten respetados e importantes y yo vuelvo a la adolescencia en la que él me compraba perfumes y otros enseres que terminaron por desterrar al patito feo y destaparon a la Princesa que no sabía que había dentro de mí.

Hemos hablado mucho en el trayecto. De por qué nosotros, que somos catalanes, no queremos no ser españoles. De por qué la fecha de hoy, que conmemora la derrota en la guerra de Sucesión, en la que no se quitó ninguna independencia a nadie sino que se determinó que el rey de España no iba a ser un Austria sino un Borbón. De por qué nuestra bandera es la Senyera y no la estelada y que amamos también la rojigualda, pero que no somos libres para ponerla en nuestra casa porque nos dan miedo posibles represalias.

Hemos hablado de qué es la libertad para elegir y de la obligación de aceptar después las consecuencias, esas que a veces se disfrazan de Bien, pero que esconden el mal y viceversa.

Del significado de Democracia y de la Dictadura.

De cómo nos preocupa que se haga una lista con lo que algunos consideran "buenos catalanes", a saber, numérense los que vayan a la cadena catalana, y de cómo se parece eso a las estrellas de David que se pintaban en los escaparates de los judíos en la Alemania nazi.

Y les he enseñado a callar. Les he pedido que se muerdan la lengua cuando su maestra les hable de la corona catalano-aragonesa, que ellos ya saben que el Rey de la Corona de Aragón, y del Comptat de Barcelona, entre otros, era Fernando el Católico pero que tienen que aprenderse de memoria lo que su maestra les diga y mentir en el examen.

Hoy me he llevado a mi familia al exilio. No, no me siento libre. Ni siquiera me siento segura escribiendo estas palabras en mi blog.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Regresando a ti


Historia de un adiós, primera parte.

A lo mejor no me comprenderías si te dijera que yo necesito verte todas las semanas, aunque apenas levantes la cabeza y te aísles en ese lugar de tu memoria que habitas y que a los demás nos parece olvido. 

Sigo sintiendo por ti ese respeto grave que los niños de antes teníamos hacia nuestros abuelos, aunque tú ya no seas dueño de tu cuerpo. En cuanto te veo, abandono la realidad, huyo de canas disimuladas, de marido y niños, de trabajos y cocinas, y de todas esas cosas que me convierten en adulta. Y entonces, monto en mi triciclo, agarro firmemente las empuñaduras de plástico y pedaleo con fuerza alrededor del cedro que plantaste en el centro de tu patio, desandando la espiral del tiempo para regresar a la protección segura de tu regazo. Allí nada malo sucede, porqué tú haces que los problemas desaparezcan. Donde los demás ven un hombre serio y de mal carácter, mi sonrisa incombustible encuentra amor y comprensión. Cuando el miedo me paraliza, sólo entonces, levantas la voz: "¡No hagáis llorar a la nena!", y yo me refugio entre tus brazos. 

Como si acabáramos de cenar, en esta noche de verano, aspiro con deleite los aromas que desprende tu casa, a pan tostado, a tu loción Floïd Blue, a hogar. Parpadea en la oscuridad la televisión que no miramos, mientras se revuelven cantarinas las fichas de dominó sobre la mesa en la terraza, y memorizo para siempre la lección que me dictas: Tengas menos, tengas más, la salida taparás.
Y como mis sueños son míos, hago que ella vuelva, con sus protestas pacientes y estériles, con sus manitas enjoyadas tintineando mientras recoge las migas que hemos dejado. Me miras, meneando la cabeza y vuelves a conjurar que quisieras verme con 18 años...

Me mandas al garaje a buscar bebida y vuelvo a quedarme enganchada en las redes que cuelgan secándose en la noche serena. Mañana volverás al río a pescar con tu barquita y tu amigo. Me desenredas con una carcajada limpia que me nubla un poco los ojos y me devuelve a la realidad severa.

Llevas las gafas sucias, abuelo. Déjame que te las limpie, que si nos viera la abuela nos regañaría. Y con la mano me haces un gesto para que deje de nombrarla, porqué a lo mejor tapando esa salida consigues que no sea verdad que ella se ha ido para siempre. Y yo te dejo que así lo pienses, y engaño un poquito más al tiempo. Ya doblé los dieciocho, hoy cumplo cuarenta años. 
¿Está mal que no quiera que te vayas, aunque ya no seas lo que eras? No quiero decirte adiós, abuelo.

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