© de la imagen La meva maleta

domingo, 28 de julio de 2013

¿Me guiarás?

Cuando nada se parezca a lo que soñé, 
cuando no recuerde por qué decidí, 
cuando titubee, cuando el miedo me invada,
cuando nadie me comprenda y eso siembre
la duda en mí y Te pierda de vista,
¿Tú me guiarás, tomarás las riendas por mí?






Tom Chamber

jueves, 25 de julio de 2013

A mi querida fauna del AVE

Desde el año pasado me he convertido en pasajera frecuente del tren de Alta Velocidad, aunque mi destino jamás ha sido en tierras gallegas. 

Esta mañana mi primer pensamiento (y mi primera conversación) ha viajado con las personas que volverían a subir a un AVE. He pensado en sus miradas perdidas, en los saludos tristes a los empleados de RENFE, en los nudos en las gargantas al conocer la noticia, el número alto, altísimo de fallecidos.

Imagen de AQUÍ

He recordado con angustia todas las veces que he deseado que el maquinista apretara el botón para correr más los días que llegábamos con retraso. He visualizado mentalmente los ojos de las personas a las que he observado con codicia para escribir algo de ellas en el blog. He imaginado a mis compañeros de viaje habituales sentados en esos vagones, incluso he tenido la osadía de valorar cuáles serían para nosotros los vagones más seguros y he pensado que siempre nos sentamos bastante cerca, así que de haber sufrido un accidente como ese, habríamos volado todos por los aires. 

Y me he acordado del personal amable y sencillo que atiende a diario esos trenes. En su mayoría personas jóvenes con jornadas laborales duras, que tienen una sonrisa y un gesto de ayuda para todo el mundo, que nos permiten, a los que repetimos, hacer alguna que otra trampa para llegar a tiempo a nuestros propios puestos de trabajo. 

No conozco los nombres de todos vosotros, los de mis mañanas de buenosdías ojerosos y los de mis mediodías con demasiadas ganas de volver a casa. Pero os he visto trabajar helados de frío en una estación diseñada pensando más en trenes que en personas, e incluso a alguna aguantar en su puesto con lágrimas en los ojos por una lumbalgia. Os dejo aquí mi abrazo y mi recuerdo para esos compañeros vuestros que han perdido sus vidas y para los que hayan sobrevivido que tendrán que afrontar su futuro después de un trago tan amargo. 


martes, 23 de julio de 2013

En silencio

Desde el silencio todo es distinto. No he dicho mejor, he dicho distinto. Les oyes discutir, incluso se están tirando cacharros, te preguntas si habrán llegado a las manos. Abres la puerta de su habitación y les miras desde ese silencio que te ha estado protegiendo todo el verano. Se acusan mutuamente, te piden de forma descarada que castigues al otro -el que lo pide, obviamente, nunca ha hecho nada- y se quedan desconcertados ante tu silencio. Pides en voz firme pero queda que pongan orden, que cuando hayan resuelto sus problemas que vengan a hablar contigo.
Sientes ese calorcillo en la boca del estómago y te preguntas si acabará convirtiéndose en una úlcera.




Las aguas vuelven a su cauce, las lesiones, como esperabas, no fueron tan graves, no habrá que amputar nada. Si acaso, algún orgullo desmedido.

Este silencio lo pone en jaque casi todo. Lo usas en la escucha del otro y se van destapando sus miserias, las contradicciones que acaban por desenmascarar las trampas que el pasado había envuelto entre gasas y tules, que tal vez se construyeron sin maldad, pero que acaban por decepcionarte. En realidad, mientras el otro parlotea, te recuerdas que ya sabías que no puedes confiar en casi nadie.

Mientras callas, les dejas seguir pensando que eres medio lerda y que no te enteras de nada. Las personas muy inteligentes suelen suelen olvidar que ellos son muy listos, pero eso no nos convierte a los demás en tontos. Así, dejas que hagan lo que quieran, que manipulen y manejen, que campen a sus anchas por la codicia disfrazada de apego emocional, porque ya nada necesitas. 

A veces el silencio se disfraza de verborrea. Y si tienes un poco de paciencia y sabes leer, sueles encontrar debajo del palabrerío miedo o dolor. Pocos se molestan en preguntarse si el silencio oculta algo, y si se lo preguntan, lo hacen desde la presunción de saber qué piensa el que calla a gritos. Cuesta soltar los lastres de los prismas por los que estamos acostumbrados a mirar, los lugares comunes que nos hemos hecho a partir de lo de siempre. Y los tiempos cambian, las personas cambian, lo que nos pasa nos transforma. Sigues observando desde la puerta, porque sabes que todo volverá a su sitio sin tu intervención, aunque quedes mascando el recuerdo agrio que te ha quedado en la garganta. 

Presentas tu silencio en forma de asentimiento amable, pero sigue siendo silencio, porque crees que es la única forma de hacer ruido. 


lunes, 8 de julio de 2013

Implosión



Estoy instalada en la comodidad del silencio. He tenido que regresar a mis adentros, a poner orden en las estanterías del almario. Esta vez, por fuerza: una sobrecarga en mi mano derecha me ha tenido muda de palabras escritas y ha proscrito también todas mis actividades laborales y lúdicas, así que me he dedicado a contemplar mis adentros. 

Y me ha gustado no contar nada, el regreso a la intimidad que desnudé aquí. He podido soportar con estoicismo la caída en picado de lectores de este blog. He disfrutado ese retorno a mí misma, a la seguridad de mi pensamiento. Así que, con vuestro permiso, quedo un poco más callada, desde aquí se ve todo precioso. 

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