© de la imagen La meva maleta

jueves, 27 de junio de 2013

Verano entretenido

Basta comparar un poco. Cuando eramos pequeños no teníamos Campus deportivos, ni piscinas en el jardín, ni ganas de cuadernos de vacaciones (ventajas de sacar buenas notas, oiga). No teníamos a los papás toda la tarde dándonos la vara. Ni la Wii, ni la XBox, ni el ordenador. Ni siquiera tres canales de televisión, ni programación infantil mañana tarde y noche.

Asaltábamos a las abuelas en la cocina para confiscar una rebanada de pan que ya estaba seco, con un trozo de chocolate duro, o una loncha de queso de bola. O pan con vino y azúcar, una sofisticación no apta para las actuales mentes estrechas.

Las tardes de verano se hacían eternas, había que improvisar. El campo nos lo ponía fácil: higos y ramas, hojas y piedras, acequias y calles sin coches.

En cuanto desembalé mis nuevas butacas de la Maison sueca por excelencia, me vestí de niña por un segundo y supe que iban a ser diversión para toda la tarde, para toda la semana, seguro. Ellos, hijos de su generación, me miraron atónitos... ¿Y qué hacemos con ellas? Lo que queráis: una granja, una casa, un sofá, un avión... ¡lo que sea excepto bajar las escaleras con ellas!

Ganó el avión por unanimidad. Les pedí que se organizaran, el compañerismo era condición sine qua non...


... y la cumplieron a rajatabla: uno diseñaba y el otro aplicaba el diseño. 


Tijeras, cola, pinzas de al ropa, rotuladores, bisturí...


...y ya solo les quedaba disfrutar de su viaje con Aerolíneas BB.




lunes, 17 de junio de 2013

Ahora va en serio

Imagen de aquí 


... os dejo unos días. No quiero que nadie se preocupe, no me pasa nada, más que un mes de junio lleno de trabajo que me obliga a priorizar. El blog deberá esperar, no alcanzo con todo, no puedo dejar comentarios en los blogs que me apetecen, no puedo escribir cuando quiero ni como quiero. Tengo que tomarme un tiempo para terminar todo lo que tengo empezado, aunque volveré. 

Gracias por vuestra comprensión, ya sabéis dónde guardo las bebidas y lo de picar, he llenado la despensa antes de irme. 

Hasta pronto.

jueves, 13 de junio de 2013

Parece que lo tiene bastante claro...

Se le nota a mi primogénito que viene de una familia con muchos maestros, porque sabe explicarse muy bien. Toda la paciencia que le falta en los exámenes para completar las preguntas de forma detallada (¡es el rey de la síntesis y de los textos comprimidos!), se le multiplica para explicarle a su hermano lo que sea, desde cómo hacer una media con la nota de los dos exámenes, como qué hacen los anfibios para respirar... lo que sea, le basta con saber un poco de algo, y hace la magia.

Esta imagen es de: aquí


El otro día estaba oyéndole explicarse con entonación de profesor, y me salió del alma:

-Marlin, hijo, ¡podrías llegar a ser un buen maestro!

Ni corto ni perezoso, su pupilo, el pequeño ratasabia de la familia saltó:

-Pues yo también seré maestro.
-¿Ah sí? -pregunté, porque os aseguro que será muy listo, pero tendrá que aprender a tener paciencia y a explicarse mucho mejor.
-Sí, -aseguró- cuando acabe mi carrera deportiva con 26 años.

¿Alguien lo duda?

domingo, 9 de junio de 2013

Desamor

Desde hace más de veinte años una asociación de vecinos de Lleida, ORVEPARD, propone un concurso de cartas de desamor. Me presenté por primera vez este año, junto con 115 personas más.

Y gané. Con una carta en catalán, titulada Michael.

La he traducido para vosotros,

Michael,
Hoy he abierto los ojos y he rodado con pereza hacia mi lado de la cama . Me he estirado, como lo hacen mis gatas atigradas cuando se sienten mimosas. Me he levantado y me he asomado a la ventana: hacía aquel sol de primera hora que lo viste todo de una luz tierna y pinta el cielo de un azul radiante.

Me he mirado en el espejo y no he encontrado ni rastro de lágrimas, ni siquiera unas ojeras pardas que hicieran de notario de mi tristeza. De hecho, no estaba triste, así que he abierto el armario y he cogido aquel vestido que me convierte en princesa y me he puesto los escarpines que me conducirían por el camino de losas doradas hacia tierras de Oz. De tanta paz no he necesitado ni maquillaje, con pellizcar un poquito mis mejillas y ya me he sentido bonita.

He celebrado la salida del café con unas palmaditas, y he desayunado mojando mis dedos en la leche acompañando las galletas, así que me han parecido deliciosas.

He pisado el suelo con firmeza para sentir el trote alegre de mis pies sobre el mundo. He descubierto lugares fantásticos en mi paseo de siempre, no entiendo cómo no los había visto antes: el pequeño jardín en la entrada de la cada de la puerta de madera labrada, la capillita en la fachada de la farmacia, aquel chico del violín. Hoy le he dado los buenos días y me he quedado a escuchar el vals jovial que tocaba, ¡incluso me he puesto a bailar! Le he dado un par de monedas y he seguido mi camino con sus acordes acariciando mi corazón con ternura.

No esperaba que la libertad fuera tan agradable. He mirado mis manos liberadas y he jugado con ellas como lo hacen los bebés al descubrírselas. He formado una mariposa, una paloma, un perrito, con su sombra. He cruzado los dedos como hacen los señores importantes y la he puesto en forma de nido, como las de las madres. 
Me las he lavado un par de veces, me he puesto crema y me he arreglado las uñas. 
Y con las manos nuevas, recién estrenadas, me he puesto a escribir estas palabras para ti.

Michael, me hiciste mucho daño cuando te fuiste. Me dejaste vacía y exhausta. Te llevaste una parte de mí que creía que era mi alma y mi felicidad. Me hiciste daño, dejándome un agujero negro en mitad del espíritu, la cara ahogada en tristeza y la mente enturbiada por aquel tú que se había hecho noche dentro de mí.

Hoy, en cambio, me he sentido feliz, con ganas de saltar sobre los charcos, de reír y bailar,  de besar a un desconocido. De vestir con colores alegres,  de ponerme flores en el pelo, de lavarme la cara y de ponerme colonia. De quedarme despierta a esperar la salida del sol, de ponerme bajo  una cortina de lluvia, de esconderme bajo el mantel, como hacía en casa de mi abuela cuando era pequeña. De bajar la cuesta con la bicicleta a toda pastilla y de comerme un polo de limón.

Sí, me heriste, pero sabes qué, me parece que ya estoy curada.

Aurora

miércoles, 5 de junio de 2013

No me sorprendió nada que me gustaras


La verdad rotunda de tus ojos verdes mirando de frente a los míos me convenció de que no me había equivocado al esperar de ti. 
Supiste, por conocimiento y costumbre, dónde estaban todas las fisuras de mi alma y, sin embargo, callaste las tuyas escondiendo los gestos de tus manos bajo la mesa del café. Pero, como tú, puedo detectar el mínimo quiebro en la voz, el gesto debajo del gesto, la frase no pronunciada, aunque la disfracen de valentía. Y, también como tú, entiendo, respeto, no juzgo, no cuestiono, así que te guardo ese silencio para la próxima vez, si esa es la buena. 
Porque necesitaremos más tiempo para construir esa amistad que está en pañales y que estoy convencida que nos traerá felicidad. 


Visitantes del castillo, mueran un poco de envidia: ayer la conocí.






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