© de la imagen La meva maleta

miércoles, 27 de febrero de 2013

Feliz

Quienes me conocéis, sabéis que no suelo seguir las cadenas, como ésta que me pasan, desde el blog, Crecidas y afluentes. Esta vez he tenido que claudicar, porque Sunsi ha empezado pidiendo perdón...(te perdono, pero poquito). Sunsi recoge el testigo de Tomae, que andaba desvelando días felices. No dices cuánto tiene que durar el relato, creo, pero seré breve.

Un momento feliz. Ahora.

¿El más feliz? La suma de los ahoras. ¿O acaso cree alguien que se puede elegir entre el primer beso de amor o el saber que se espera un bebé? ¿entre una tarde de primavera sentado en la hierba y una noche de invierno bajo una manta con una buena compañía?

¿Fue mejor aquella comida en casa de unos amigos, o la fiesta del cumpleaños en que le regalamos la bicicleta? ¿El viaje a Lisboa o la primera vez que vio el mar y gritó "¡¡ABA!!"?

Me temo que no se puede cuantificar, ni medir, ni comparar. Y, mientras perdemos el tiempo buscando  felicidades pasadas, se nos escapan las presentes.

No voy a pasar el testigo, Sunsi, ya me disculparás, si alguien desea contar su momento feliz, los comentarios de este blog estarán encantados de acogerlos. Apuesto a que os salen muchos.


martes, 26 de febrero de 2013

Los padres necesitan su espacio

Cuando Bufón me preguntó que por qué no nos los llevábamos a Valencia de fin de semana, le expliqué que los padres necesitan su espacio, necesitan estar un tiempo sin niños para poder hablar de sus cosas, y pasar tiempo juntos, y también para hablar de sus hijos.

Esta frase, tal cual, se la repitió a mi suegra, que tuvo que retirarse disimuladamente a partirse de la risa. Bueno, qué quieren, es lo que pasa cuando tienes un hijo con memoria fotográfica.




Como decía, hemos estado en Valencia. No conocía la ciudad y, como siempre, me enamoré. Cada lugar del mundo tiene algo que lo hace especial y yo, que debo de ser una ilusa, me dejo conquistar.  Recorrimos un par de veces el centro, la Plaza de la Reina, la Catedral, la Plaza del Ayuntamiento, el Mercado Central, las torres Serranos.

Recorrimos la Ciudad de las Artes y las Ciencias, a pesar del frío.

Y las bandas de música (era el dia de la Cridá), y su cielo azul, y las casas ostentosas (como dice mi compañera de trabajo, que es valenciana, "pa pegá el tro"), la gente en la calle. Y su ritmo. La cadencia del caminar de sus gentes, su estar.

No hizo un día espléndido, pero en mitad de la ola de frío estuvimos a 12 grados, eso sí con viento. Sin embargo, el cielo azul nos cobijaba insultantemente bello.  Me sorprendió ver a muchísima gente con guantes, gorros y bufanda, a pesar de no hacer un frío excesivo, será cuestión de modas.

E hicimos todo aquello que habíamos explicado a nuestra prole que íbamos a hacer (bueno, y otras cosas que obviamente no les contamos). Nos dimos la mano paseando por la Malva-rosa y nos comimos un arroz, como está mandado.


Y yo, que detesto los ruidos estruendosos, asistí a mi primera Mascletá, la primera de las Fallas. Y me volví a enamorar.


viernes, 22 de febrero de 2013

Cuando la encontré

Hoy Anna Pujabet me ha dado una gran alegría: me ha concedido un premio, el Best Blog. Ya sabéis, quienes merodeáis por mi castillo, que siempre agradezco los premios pero que nunca continúo las cadenas, hay algo de pudor en mi decisión, algo de pereza, algo de tozudez. 

Pero quería dedicarle un post a Anna, y ésta me parece una buena excusa.


Ella dice de sí misma que la peculiaridad de su persona es que ha sido madre de gemelos (mellizos) dos veces. No sé si fue esa la cualidad que me llevó a encontrarme con ella. De hecho, siempre me ha atraído el fenómeno que supone un parto gemelar, siempre he tenido gemelos cerca, estoy casada con el hijo de una gemela, así que la posibilidad de engendrar a pares ha planeado alguna vez sobre mi cabeza.

El caso es que, como sea, leí su blog, y me enganché. Me quedé prendada de su naturalidad. Por primera vez encontraba un blog en el que una madre normal admitía que para ella la maternidad había supuesto un reto, una dificultad. Multiplicada por dos, y al cuadrado. Sí, claro, me fascinó su historia, dos partos gemelares con diez años de diferencia, no es algo que haya pasado a nadie más que yo conozca. 

Pero no fue solo eso. Encuentro en Anna Pujabet un espejo en el que quiero mirarme. Ella posee un equilibrio interior grande, se le palpa esa inteligencia emocional a la que muchos aspiramos y que algunos rozan con la punta de sus dedos. No, claro, no coincido en todo lo que ella dice, pero sí en la mayoría de las cosas, sí. 

Y admiro cómo las dice, cómo es capaz de traspasar la pantalla e incrustarse bajo mi piel, puedo sentir su aliento pronunciando las palabras y tocar lo que ella toca. Me hace gracia, que ella dice cosas muy bonitas sobre mi forma de escribir, y yo, la envidio a ella... 

Por todo ello, cuando he recibido su premio, me ha sabido a gloria. Y me he sentido en deuda. 

Un abrazo grande y gracias por ser así.

martes, 19 de febrero de 2013

La mesa coja

Era muy pequeña cuando vi unos dibujos animados en los que el protagonista tenía una mesa que tenía una pata más corta que las demás. Armado con un serrucho, recortó las otras tres para ponerlas a medida. Pero una pata le había quedado corta, así que serró las otras tres patas, para que quedaran a la altura... pero una de ellas había quedado demasiado corta, así que se vio obligado a recortar las otras tres. Huelga decir que el tablero acabó apoyado en el suelo directamente.

Yo tenía un resto de coco, con el que había hecho bolitas de coco hacía unos días.



Compré una bolsa nueva de coco rallado.

Con el que ya tenía juntaban 150 gramos.

Reservé unos 30 gramos de coco, que mezclé con azúcar, para rebozar las bolitas, que hice con media lata de leche condensada.

Con la media lata de leche condensada que me sobró, hice una docena de magdalenas.

Con el coco con azúcar de rebozar, hice unas rocas de chocolate. Sobró media tableta de chocolate. Con la media tableta de chocolate que sobró, hice unos muffins...


viernes, 15 de febrero de 2013

Profesionalidad


“La enfermera es temporalmente, la conciencia para el inconsciente; el apego a la vida para el suicida, la pierna para el amputado; los ojos para quien acaba de perder la vista; un medio de locomoción para el recién nacido; el conocimiento y la confianza para la joven madre; la voz de los que están demasiado débiles para hablar o se niegan a hacerlo”
Virginia Henderson.

Recuerdo perfectamente el día que oí por primera vez la frase de la Henderson, de la boca de una de las mejores profesoras que he tenido. Recuerdo que de repente sentí la responsabilidad sobre mis hombros, pero, a la vez, supe que esa era la única forma de ejercer una profesión como la de enfermera. 



Esta semana mi abuelabesitos ha estado en el hospital. Tiene un problema crónico que necesitaba una prueba que tardaron media hora en realizarle. Se decidió ingresarla para evitar la larguísima espera ambulatoria que estaba contraindicada por unos vómitos incoercibles. 

No voy a detallar aquí las múltiples incomodidades que suponen estar en un hospital, para quien está enfermo y para el que acompaña, y que son inevitables. 

Sobre lo que se podría mejorar, los profesionales que la atendieron, ciertamente lo hicieron tan bien como sabían, como les dictaba el protocolo. Ni una sola vez se desviaron de él. Pero debió de haber algo que se hizo mal, muy mal. A lo mejor el protocolo no es lo suficientemente amplio para atender a una anciana de 90 años igual que a un chaval de 35 o a un señor de 55. Seguro que no.

Porque mi abuela, en un momento en le recordé su longevidad me confesó:

-Yo no me creo que tenga 90 años...
-¿No?, -le dije, sonriendo por su coquetería- ¿y cuántos diría que tiene?
-Pues... no sé, 78. 78 está bien. Además, cuando los médicos ven mis papeles, y un "90", dejan de hacerme caso.

Me conmovió.

No voy a detallar aquí su peregrinación que ha acabado con un conato de úlcera por presión, sobreinfectada con una candidasis, en apenas tres días. Ha sido una pesadilla en toda regla.

Y lo único que puedo decir a mis compañeras de profesión es que siguieron a la perfección su protocolo, pero que no deben olvidar jamás que ellas también pueden tomar decisiones. Deben tomarlas, teniendo en cuenta que la persona que tienen delante es única, y su circunstancia, también. Un anciano de 90 años es un ser frágil y delicado.

Tres días sin comer, sin beber, sin más líquido que dos botellas de suero en 24 horas, no son suficientes. Un anciano se queda sin masa muscular en muy poquito tiempo. Y a lo mejor consideráis que ya ha vivido bastante, que su vida llega a su fin, pero no por ello debemos dejar de atenderle y acompañarle. 
La familia hicimos cuanto supimos y pudimos. Hasta donde alcanzábamos, aplicamos crema hidratante, pusimos protecciones en los tobillos, besamos y abrazamos, dimos palabras de consuelo, y contamos las horas que faltaban para el alta.

Acabamos comprando un flan en la cafetería porque la ambulancia que se la tenía que llevar llevaba dos horas de retraso.

Ya en casa, el personal que la atiende la alimentó, la hidrató, la lavó, peinó, maquilló y la trataron como un ser humano.

Tengo un nudo en el estómago. Nunca me había sentido tan impotente, porque de sus ojos había desaparecido toda la esperanza. No habría muerto de su enfermedad, pero no creo que hubiera sobrevivido dos días más al hospital. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Días de vino y rosas



Brindo por nuestros días de vino y rosas desde las esquinas de la rutina.

Brindo por nuestro anodino sanvalentín, abonado con hay que llevar a los niños a inglés, espera que tengo que tender la ropa y mañana, garbanzos para comer.

Brindo por el nacimento de cada una de nuestras sonrisas.

Brindo para que haya un mañana, por lo menos, tan bonito como hoy.

Brindo por nosotros.

Aunque a veces el camino recorrido no nos haga creer que no quedan ya vino ni rosas, lo tenemos todo: el mundo a nuestra merced. Basta con no olvidarlo.

Te quiero.

sábado, 9 de febrero de 2013

¿Que no ha servido para nada?

MadreYMas, sí ha servido. No voy a decir el qué, ni cómo, ni dónde, ni quién, que muera aquí la historia. Me he dado cuenta de cuánto valoras mi amistad, ya sabes que puedes contar conmigo.

Y darle un beso grande a Mariapi, porque ha sufrido mucho por todo lo que ha pasado, espero haber ayudado de verdad y no haber causado más daño del que he intentado evitar.

A las dos,


Os quiero mucho, gracias por haber entrado en mi vida.

martes, 5 de febrero de 2013

Por experiencia, supongo



Íbamos en coche los dos, tú sentado atrás, en tu sillita, con tu soniquete inagotable, añadiendo muescas a mi dolor de cabeza. Te dejaba hablar, contestándote con frases escuetas.

-Mami ¿Venecia es una ciudad que está sobre un canal verdad? -me preguntaste sin esperar respuesta-Y no tiene calles y hay que ir con góndolas.

Estuviste parloteando durante un par de minutos sobre todo lo que sabías o te imaginabas de Venecia y pensé en voz alta:

-Me gustaría ver Venecia, voy a tener que llevarme a papá a conocerla (antes de que termine de hundirse, pensé para mí).
-Y con nosotros...
-No, sólo para padres, Venecia es la ciudad más romántica del mundo...
-¡No! ¡Es París!


... ¿quién dijo que el Amor tenía que tener edad?
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