© de la imagen La meva maleta

jueves, 31 de enero de 2013

De aquí al cielo

Me enteré de su enfermedad hace apenas un mes. Mal nombre, mal apellido, mal pronóstico. Una flor de cristal más, maldita sea la Enfermedad maldita.

En sus clases aprendí a hacer bordado con cintas de seda, hace casi 12 años. Fue responsable de que yo cayera de cuatro patas en el mundo del patchwork, aunque yo no sabía que iba a gustarme y me negaba a introducirme en estas labores (-las agujas pinchan, tengo pesadillas- le decía).

Ayer se fue, después de un proceso duro y doloroso. Hoy, muchas personas en Lleida la lloramos. Quede aquí mi recuerdo para M.Ángeles, de aquí, al cielo.



lunes, 28 de enero de 2013

Una fiesta

Estás pendiente todo el tiempo del marcador y mientras los demás hablamos tú lo sigues con paciencia...

29798

29799


- ¡¡¡Bieeeen!!! ¡¡Papi, mami, 29800 Kilómetros!!


Cada cien kilómetros quieres que celebremos que ha habido un número bonito. Teniendo en cuenta que eso sucede más o menos cada día y medio, no está mal. "¿Viste el 29.900?" me preguntas. Y miento un poco, para hacerte feliz, y te cuento que fue cuando volvía a casa del trabajo. Tu hermano sonríe al ver tu ilusión, tu padre menea la cabeza, apuesto que piensa "Éste se parece a su madre".

Estamos a punto de llegar a 30.000, he decidido que voy a hacer algo para celebrarlo.

Y a mí me alegra tu ilusión, me gusta que celebres la vida, que te admires con lo pequeño, que le saques partido a algo tan insignificante. Así, seguramente sabrás ser feliz y vencerás las adversidades, porque siempre te darás cuenta de que sale el sol todas las mañanas. Que tu vida sea una fiesta, pequeño.



*Esta es la entrada 650, hay refrescos y tarta, que alguien ponga música, el salón de baile está recién encerado

viernes, 25 de enero de 2013

Lo veo diferente

Ayer terminé de recibir un curso de Competencia Emocional. Me ha costado mucho escribir sobre ello. El primer día me gustó. El segundo me encantó. El tercero supe que nunca volvería a ser la misma persona.

Básicamente abrí mi mente, comprendí que el cerebro tiene una plasticidad que nunca había sabido ver como tal. Ser más tolerante y respetuosa con los demás, y generosa conmigo misma.

Ya conocía la Programación Neurolingüística, la descubrí de la mano de mi madre hace más de 20 años. Sin  haber sido demasiado consciente de ella, soy gran parte de quien soy por los mensajes que aprendí a darme.  Durante este curso recordé muchas de las cosas de aquel inicio, y aprendí muchísimas otras más.

Y quiero agradecer a mi profesora durante estos tres días su buen hacer, su dicción, su cariño, y su infinita capacidad de escucha, y el amor tan grande que tiene por su profesión, que, sin duda supo transmitirnos.

El cerebro humano es fantástico, conocer un poco más sobre él me ha encantado.





viernes, 18 de enero de 2013

Apuesto que os costará creerme

Hace un montón de años fui a visitar a una amiga. En su pueblo organizaban un mercadillo solidario. Por llevarme algo que me pareciera útil compré un libro. El único del que me sonaba el título era El Padrino, de Mario Puzo. Me lo llevé por una miseria y lo dejé en una estantería, con otros libros, para rellenar.





Por aquel entonces, -estoy hablando del siglo pasado, del milenio pasado-, no recordaba haber visto la película entera. Por supuesto, sabía que era una de las grandes, que Marlon Brando estaba estupendo, y Al Pacino y blabla. Pero distaba mucho de ser una de mis favoritas.

En fin. Años después, niños después, incluso, vi la película completa, y me pareció muy buena, a pesar de que los gángsters me parecían terribles bestias, que los asesinatos no son para nada mi fuerte, y que todo  me parecía una historia sórdida aunque muy bien fotografiada, muy bien interpretada y adiósmuybuenas, e incluso si prestaba atención podia seguir bastante el hilo.

El otro día aparté el libro de El Padrino para mirar si encontraba detrás algo decente para leer. Ese no me interesaba lo más mínimo.

Pero leí la primera página y algo me llamó la atención. Concretamente una frase:
"El juez, un hombre de formidable aspecto físico, se echó para arriba las mangas de su toga, como si se dispusiera a castigar físicamenta a los dos jóvenes que permanecían de pie delante del tribunal. Su cara era fría y majestuosa. Pero Amerigo Bonasera tneía la sensación de que en todo aquello había algo de falso, si bien no podía precisar el que."

Demonios, pude ver la escena, incluso oler el ambiente a tabaco y madera que se respiraba en aquel tribunal (no, no lo dice el libro, me lo imagino yo) así que seguí leyendo, en la página siguiente "En la llamativamente decorada suite de un hotel de Los Angeles, Johnny Fontane estaba tan borracho como pudiera estarlo cualquier marido celoso."  y entonces supe que ya no podría dejar de leer. Hasta el final y casi de un tirón sus 528 páginas.

Deben creerme, llegué a respetar al Don. No, no me gustaban sus asesinatos, pero en su lugar, los entendía. Comprendí que en ese, su mundo, era justificable todo lo que pasaba, las decisiones que se tomaban. Por supuesto ninguna de las acciones ilegales me parecen bien, ni los sobornos, ni los jueces corruptos, ni la trama de juego, ni el alcohol, ni nada de nada, y mucho menos el papel de la mujer en esa época.

Pero es un libro bien escrito del que nacen unas películas estupendas, y por ello, me he convertido en fan (fanS, que dice mi M&M). Es uno de los libros que me han gustado de verdad, aunque a muchos de vosotros pueda sorprenderos.

Hale, ahora a desmontar el mito. El que tenían sobre mí, quiero decir. Y si no han leído el libro, les recomiendo que lo hagan. Eso sí, no esperen florecillas ni debilidades, porque ni media.

lunes, 14 de enero de 2013

Pasó uno más...

... y volví a saltarme su aniversario.
Este lugar cumple tres años. Tres, como las gracias de Rubens


Bueno, vale, con menos lorzas, y con algo más de ropa. Buscando la imagen para el número tres me he dado cuenta del valor que se atribuye a este número (para los más capciosos, olvídenlo, el castillo está fenomenal con DOS niños). 
Vayamos a poner ejemplos: 
los tres cerditos
las tres mellizas
los tres mosqueteros (que al final fueron cuatro, ya ven)
los tres tenores
y érase un rey que tenía tres hijas, las metió en tres botijas y las tapó con pez.
Y si nos ponemos en plan teológico, tres son las formas de Dios, tres las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad).

Tres años ya. Muchas veces tengo la sensación de que lo he dicho todo ya, no es una casualidad que cada vez haya menos entradas, como si de una llama extinguiéndose se tratara. Quién sabe si la apagaré definitivamente.

No, no me siento tan cómoda aquí ahora, y permítanme que admita que estoy manteniendo el blog por la lealtad a la que me obligan las innumerables muestras de cariño recibidas durante todo este tiempo. Pero no quiero repetirme, no quiero tener que censurarme, no quiero cansarme más. Así que, no puedo garantizar a estas alturas, que éste no sea el último aniversario de la Princesa del Guisante. 

Por mi parte, quiero agradecer a este lugar todo lo que me ha mostrado de mí misma, las amistades incondicionales que me ha regalado, y el espejo que ha plantado ante mis ojos. 



martes, 8 de enero de 2013

Ahora que ya no están ellos por todas partes

Está bien.
Si alguien está leyendo este post con un niño pequeño delante, le recomiendo que cambie de pantalla por un momento y que lea un poco más tarde.

No quisiera yo que por mi culpa se desvelara el secreto mejor guardado de estas fechas, ese, que nos trae de cabeza a todos, que nos obliga a salir de casa en momentos extraños, a esconder papeles, cajas, en bolsas de basura en el maletero. Ese, por el cual nos comemos galletas dejando migas en el plato, para que se note. Ese, por el que nos tomamos esa copita de champagne a escondidas en el recibidor, sin ser alcohólicos.

El año pasado nos juramos y rejuramos que no se iba a repetir, que con la cuarta parte de los juguetes nuestros hijos tenían más que suficiente. Que tendrían que vivir cinco vidas para poder jugar con todo ello y que, total, al día siguiente empiezan el cole y ya no tienen tiempo de jugar. Que le iban a pedir a sus suegros-tíos-cuñados-hermanos-vecinos, que no, que no es necesario tanto regalo, que se guarden el dinero.

Y ¿qué pasó en realidad? Pues lo de siempre.


Que uno acaba por tener que tragarse sus palabras con la misma resignación que las galletas del recibidor. Hay que mantener la ilusión de un macaco que ya tiene cuenta de Facebook (no, los míos no la tienen, pero compañeros de la clase de primero de primaria de mi hijo, sí). Para ello, acabas gastando más dinero del que deberías, evitas enfrentarte a toda tu familia -y mucho menos a tu suegra, ¡tu religión te prohibe semejante cosa!- y tu hijo acaba sepultado entre cajas de decepciones, juegos de mesa que le ilusionan en el camino entre salir de la caja y llegar al armario.

Están hartos de todos. El Conector, por ejemplo. Es un juego de aprendizaje que tiene unos cables conectados a una pila, si aciertas se enciende la lucecita. Mis hijos tienen ¡¡8 modelos diferentes!! Y yo no he comprado ninguno. Tienen la Wii y la XBox, total si no les dejo jugar más de tres horas A LA SEMANA. Tienen un ordenador, el Trivial junior y el Trivial Disney, tienen tantos Playmobils que tuve que unir cuatro mesas Lack de la famosa tienda sueca de muebles para que acabaran guardados en cajas de plástico. Y los balones de los últimos mundiales, de la Eurocopa, de baloncesto, de plástico, de goma, de tenis, de playa. Y el domingo me tuve que pelear con ellos porque estaban jugando con un globo molestando a todo quisqui, con las cajas de los juguetes nuevos por abrir. E incluso a veces tienen la desvergüenza de decir que se aburren.

Y luego decimos que los Reyes son los padres... No, señores míos: aquí los Reyes son los hijos, no se equivoquen,.

lunes, 7 de enero de 2013

Pasó uno más.

Varios son los momentos en los que el año parece renacer. El primero, el que marca el inicio de curso, en septiembre. Se despereza el verano, se inauguran propósitos, se venden fascículos en los quioscos y se llenan los gimnasios y las academias de idiomas.

Luego nace el Niño, y con él, nace nuestro nuevo yo, se renuevan nuestras intenciones, miramos a esa Criatura recién estrenada, y vuelta a empezar, al son de las 12 campanadas.
Como si de un parto de primeriza se tratara, no llegamos a ver la luz hasta que recogemos los últimos trocitos de papel de regalo de la alfombra del comedor y nos desprendemos de las calorías de los turrones que siempre acaban sobrando (y ya has aprendido a no comprarlos, sólo tenías los que te regalaron)

Y vuelta a empezar. Escribes, por fin, los primeros renglones en tu agenda 2013, te acuerdas del gimnasio, del inglés, saludas al quiosquero que está sepultado entre los nuevos fascículos, y como si nada.

Esta es la buena, esta vez sí empieza de verdad.


Preparados

Listos

Ya



sábado, 5 de enero de 2013

Agua de azahar



Yo había oído decir que el roscón de Reyes era uno de los dulces más complicados de hacer. Bueno, pues se compra y punto. Sin embargo, por circunstancias complicadas de explicar, llevaba tres años sin comerlo. Y este año, tenía pintas de ser otro año sin poder degustarlo.

Pero el otro día, en I love you bugs, Paula mostraba la foto del que ella preparó... si ella puede, yo también, me dije.

Ah, amiga, hacer el roscón no es tan difícil... encontrar agua de azahar en la ciudad de Lleida, sí. Finalmente me hice con él, después de varias horas -sin exagerar- de búsqueda. Pero el azahar es lo que da a este postre-desayuno-merienda su sabor peculiar. 

Y éste es el roscón, que, como no, es uno de mis pasteles favoritos. No le he puesto haba, ni figurita de rey, ni corona. Así que acercarme vuestro platito, que os sirvo un trozo (creo que habrá suficiente, he hecho dos). Y así me contáis qué tal vuestros regalos y cómo han brillado los ojos de vuestros hijos. Viva la ilusión, viva el agua de azahar, viva el roscón. Y viva la madre que te crió, Paula. Mañana lo pruebo en el desayuno, algo me dice que voy a madrugar...

miércoles, 2 de enero de 2013

Feliz ahora



... y mientras esperamos que pase algo fabuloso durante el 2013 se nos olvida que sólo hoy, ahora, es lo que poseemos.

De nada nos sirve lamentarnos del ayer que no supimos aprovechar, del dinero que perdimos, del amanecer que no tuvimos tiempo de ver.

El ahora es nuestra posesión más grande, el momento que se vive: la canción que estás escuchando en la radio, el semáforo que te obliga a esperar, para que veas la mujer que cruza ante ti cargando con su vida, el compañero de trabajo al que acabas de preguntar, tus hijos en casa, de vacaciones con sus abuelos, tu marido que apura las compras para la próxima ilusión, la del día 5.

No formulamos propósitos para el próximo año, sino deseos.

Quién sabe. Feliz instante.

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