© de la imagen La meva maleta

sábado, 29 de diciembre de 2012

De soledades

Soledad

Así, en frío, el término aboca a la tristeza. Las dobleces de la vida nos enfrentan a ella, a la soledad, a menudo. Otras veces, la buscamos como altavoz de nuestros propios pensamientos, que quedan ensordecidos en la vorágine del día a día. Uno puede sentirse solo en mitad de una multitud (A veces, ni siquiera estaba sola, soldedad, y te sentía, escribí hace una eternidad)

Sin embargo, hay quien la busca, como refugio de sí mismo, como lugar seguro en el que nadie puede molestar.

En cualquier caso, tanto si llega de forma deseada como inesperada, tanto si uno la siente estando acompañado, o en el vacío absoluto de la ausencia, sólo nos queda sentarnos con ella a escuchar el palpitar de nuestro corazón llenando nuestra piel, el eco de nuestro yo que nos habla y nos dice cuál es el camino. O simplemente, tararear una canción.


Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o, Principessa,
nella tua fredda stanza,
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no, sulla tua bocca lo dirò
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
che ti fa mia!
(Il nome suo nessun saprà!...
e noi dovrem, ahime, morir!)
Dilegua, o notte!
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!
All'alba vincerò!
vincerò, vincerò!


Al alba venceré. Buenas noches, visitantes del castillo. Se acaba el año, que nadie duerma. Shh, ¿escucháis el eco de vuestra voz?

jueves, 27 de diciembre de 2012

Pretéritos


Los encontré en una librería. Conservaban la etiqueta con su precio original, que me pareció caro... ¡35 pesetas! Mi paga de un domingo no habría bastado para comprarme uno de esos cuentos.

Lo más bonito de ellos es su tamaño, apenas 12 centímetros de altura y ternura para dar un par de bofetadas a las monsterhigh esas.

No creo que esos, nuestros tiempos, fueran mejores ni peores que los de mis hijos. Estuve observándoles estas Navidades. Mis crías y las de mis alrededores, correteando bajo las mesas, como antes, empezando a guardar secretos, como nosotros, escuchando tras los butacones de orejas, como hacíamos entonces. Estrenando juguetes nuevos y decepciones sospechadas.

Tanto se parecen las infancias entre generaciones que da un poquito de miedo, porque uno ya sabe cómo es de difícil lo que viene después, cuánta inseguridad promete la adolescencia, cuánto duele el primer amor, cuánto cuesta hacerse mayor y el valor de una despedida. Sí, lo sabes, como sabes cuánto dolerá tener una criatura desgarrando tu pecho, y nunca se lo acabas de contar a la que va a ser madre primeriza dentro de nada. Para qué, probablemente no te creería.

Guardaré para mi colección los cinco cuentos de mi niñez, quién sabe si ellos algún día los encuentren en un cajón y quieran asomarse al balcón de la infancia de su mamá. Si no es así, lo haré yo, únicamente para recordarme de vez en cuando que yo también fui pequeña y aprender de nuevo a ver el mundo desde el barullo de piernas de los que eran adultos entonces, en una larga sobremesa.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Aquella Navidad



Si pudiera ser la dueña de los tiempos, me iría con los míos a aquella Navidad. Mis abuelos habrían salido de la tienda a las tantas, así que nuestra Nochebuena habría empezado tarde, casi tanto, como la Misa del Gallo que siempre acabábamos por perdernos.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos les enseñaría a los niños el pesebre de figuritas de plástico, con el Rey que se sentaba de lado y el camello que tenía una rebabita de plástico en la pata y siempre acababa por volcar. Y el río de papel de aluminio y la nieve de harina con que mi madre espolvoreaba mi imaginación infantil.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, yo volvería a hacer cien viajes a buscar aquel cacharro misterioso al que mi abuela nunca atinaba a poner el nombre ni el lugar ("ve allí y trae aquello" decía como toda pista). Y nos sentaríamos alrededor de la mesa decorada con las mismas hojas secas, las mismas bolas, el espumillón de siempre, la seguridad del disco rayado de Villancicos y su chocolatero rin-rin.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, pondría a cada uno de mis hijos sobre las rodillas de sus bisabuelos. Mis cuatro abuelos se sentarían aquel día en la misma mesa, así que no cabría un centímetro cuadrado más de felicidad en mi corazón. Mi abuelo relojero le enseñaría al pequeño Bufón su calculadora sin pilas que yo nunca llegué a entender, y el otro yayo le contaría a los ojos abiertos de Marlin cómo había sido la Batalla del Ebro, o la alineación del Sabadell del 54. Y la bisabuela maestra les leería El Camello cojito.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, mis padres ayudarían a los niños con las dichosas arañas de mar, que esconden lo rico por dentro, y besarían sus dedos pringados de langostinos, y les contarían cómo era su Navidad sin bicicletas, y huirían a carcajadas de la amenaza de "¡Que vuelva Herodes y se los lleve a todos!" cuando le acariciaran la calva. Yo seguiría sentada "dejando correr el aire" entre mis tíos, como siempre. Y mis hermanos y  yo, volveríamos a ser libres por una noche, sin trabajos ni hipotecas, y él y yo volveríamos a vivir nuestra primera Nochebuena de novios, con todo el amor por estrenar. 

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, entre los cardos y el ternasco nos habríamos dado cuenta de que había nacido ya el Niño, y brindaríamos por él. Y la abuela volvería a amenazar a su yerno con pintar el techo si descorchaba el champagne a lo bestia. "Si ya tenía razón mi madre -diría- Yerno yerno, sol de invierno". Y beberíamos en las copas Pompadour que tanto gustaban a la abuela. Y Cantaríamos "Les dotze van tocant, ja és nat el Déu Infant, fill de Mariiiiiiiii iiiii iiia", mientras alguien empezaría a cambiar platos cargados de premios para el viejo perro dogo, por bandejas de turrones.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos, habría ponche, y abriríamos los regalos fingiendo que no conocíamos la letra de mamá, y  serían muñecas con olor a nuevo atadas a sus cajas, y Barriguitas, y un juego de mesa, y el Monopoly. Y se harían los corrillos de siempre: los del café y la eterna sobremesa, los primos que juegan a la butifarra, los niños que estrenan juguetes nerviosos, las de siempre, recogiendo un poco la mesa. La abuela murmurando mientras sacaba los platos sucios del lavavajillas para fregarlos a mano. Y luego mi tío, agotado de hacer enfadar a su suegra roncaría en el sofá sin inmutarse por las risas y las imitaciones de los niños, que sonarían como gruñidos de cerdito glotón.

Si pudiera ser la dueña de los tiempos volvería a estar deseando todos los días de mi vida que llegara por fin la Navidad, que era, sin duda alguna, el mejor día del año después de mi cumpleaños. Pero sólo soy dueña de mis recuerdos, que dejo escritos aquí para que despierten los vuestros. Bienvenidos a mi mesa.

Feliz Navidad

viernes, 21 de diciembre de 2012

Detrás de un corazón

Se han hecho populares las campañas de recogida de tapones de plástico en beneficio de criaturas que necesitan medios económicos para tratamientos médicos.

Yo no sabía muy bien para qué, ni entendía muy bien qué había detrás. Pero a ti te conozco.



Laura, recuerdo aquel dia, cuando fui a recoger a mi hijo pequeño a la "Escola Bressol". Maria y yo llorábamos emocionadas porque tú, después de pelear toda la mañana y toda la tarde, conseguiste interactuar con un juguete. Y recuerdo que hablamos aquel día de tu madre, de cómo se desvive por ti.

No, no lo he dicho bien. Tu madre VIVE por ti. Y tu padre.

Hace unos meses intercepté a tu mamá (y a ti, claro) en un paseo y yo, que soy prácticamente una desconocida para ella, a pesar de que vivimos a cincuenta metros de distancia, le recordé que tenía que vivir.

Casi la hago llorar. Porque ella ya ha tomado la decisión de llegar hasta donde sea para evitar que tú te quedes un centímetro por detrás del lugar al que puedas llegar, sea cual sea.

Ha renunciado a su tiempo por ti. Lo sé, porque me miró como si yo me hubiera tomado un par de copas cuando le pregunté si realmente ella, M.Àngels, tenía vida.
Tiene vida, claro.
Si hay que ir a Madrid, al mejor sitio, te lleva.
Si se tiene que montar un gimnasio en el pasillo y un juego de enganches en el techo para que tú puedas volar, se monta.
Si en Philadelphia hay una clínica donde harán lo que sea para que tú camines, pues recogemos tapones.

Tú eres la vida de tus padres. Dios les ha regalado el reto mayor de toda su existencia, y ellos han tomado las riendas de esa lucha. Ayer abrieron tu página en Facebook (Tots amb la Laura) y hoy ya tenías casi 500 seguidores.

Cada viaje a Philadelphia, -lo dijo en la entrevista que le hicieron en Lleida TV- cuesta unos 8000 €, y ya llevais dos años de tratamiento.

Espero que cada una de las personas que lean hoy este post, se vayan a la cajita de recogida de tapones más cercana y entreguen todo lo que tengan en su casa (tapones de productos de limpieza, dosificadores de jabón, pistolas de spray, de brik de leche -y el plastico que lo sujeta al cartón-, de bolígrafos, de tubos de dentífrico, de productos de cosmética, plásticos de huevos de chocolate,...). Porque detrás de cada caja hay un niño con problemas y unos padres que necesitan desesperadamente que alguien les eche una mano. Y se necesita una tonelada de tapones para recoger 200€.

Así que si alguien tuviera para ti algo que pueda ayudarte (desde una buena oferta en el vuelo hasta ayuda para el alojamiento o lo que sea.) también será bien recibida, que no sólo de tapones vive el hombre.

Y tú tienes que decirle a tu madre que en uno de esos paseos que tanto os convienen a las dos, llame a la puerta de mi casa, que nosotras nos tomamos un café, y charlamos de algo que no sean problemas, y a ti te dejaré tocar el pelo suave de Brownie, nuestra gata color chocolate, y cuando haga bueno, caminaremos descalzas sobre la hierba del jardín.

Feliz Navidad, Laura.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

En un paseo por donde siempre,

mis ojos tropezaron con un escaparate con libros infantiles bonitos, de los que cuesta de encontrar. No conocía la tienda en su antigua ubicación, así que, para mí, El genet blau es una librería nueva.


Es una librería anticuaria que también tiene libros infantiles preciosos, láminas y postales antiguas, pequeños tesoros de los que el otro día hice acopio para regalarnos a todos.

Entré haciendo lo de siempre, preguntar por mis libros y recomendarlos encarecidamente (qué queréis que haga, soy la madre). Me alegró saber que habían tenido (y vendido ya),  el de la abuelita.
Fue un placer charlar con la propietaria un buen rato. La invité a pasar por aquí. Según me dijo Roser, se quedó bastante abrumada por mi ritmo acelerado y mi verborrea. Sí, debía ir a la velocidad habitual, porque fue entonces cuando me di cuenta de que ella era una mujer calmada y tranquila.

En vísperas de Navidad, su encantador local bullía más a mi velocidad que la suya. Estoy segura de que voy a volver, con calma, cuando mis ojos necesiten reposar en la serenidad de las palabras que otros dejaron escritas para ser leídas. Seguro que ellos ni siquiera sospechaban que podrían ser leídos tantos años después.

Bienvenido al castillo, Jinete azul.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

A mi última víctima.

Volví a leer el último mensaje que te mandé, aquel en el que, sin querer, te despaché con cajas destempladas, pidiéndote que dejaras de darle vueltas a mis problemas, que yo ya pasé página.

Créeme, es así. Pasé página. Porque cada día amanece. Amanece cada día para cada uno de nosotros. Hoy mi amanecer era para contemplarlo abrazado a un gran amor: una neblina delicada se escarchaba sobre la tierra y recortaba frágiles encajes sobre los esqueletos de los árboles en un horizonte completamente rosa. Mañana quizá sea un amanecer sin luz por la invasión total de la niebla que empañará mis ojos y me obligará a mirar hacia dentro. Y dentro de nada, amanecerá con los primeros almendros floreciendo... dentro de nada, nada, que ya sabemos cómo pasa el tiempo.

¿Sigues sin entender por qué te contesté así? No puedes. Y mucho menos si sólo conoces de mí lo que yo digo en este blog, o lo que escribo. No conoces aquello que también forma parte de mí, y que yo omito, ¡y es mucho!

Incluso a mí misma me ha costado darme cuenta de por qué te contesté de aquella forma. Ha sido esta madrugada, en aquella hora del duermevela, cuando se me presenta la realidad de lo que fue, antes de embriagarme de la luz del nuevo día, del amanecer del que te hablaba.


Foto de aquí

No me dejo. No sé dejarme arrullar por el cariño porquesí, el que tú me regalabas cuando me dijiste:
"Es tiempo de anarquistas. Ni Dios, ni patria ni ley. Da la mano de los pocos iguales que encuentres. A su calor. A su cobijo. Dando calor. Dando cobijo. Es lo que ofreces sin darte cuenta. Y lo que, poquísimas veces, encuentras."

Lo encuentro, sí. Y entonces no sé que hacer con él y huyo corriendo hacia el refugio de mi caracola. Soy un ave herida, ahora diréis que un Ave Fénix. Probablemente resurjo de las cenizas por la mañana, cuando abandono las sábanas templadas compartidas con el único ser que entra en ese lugar tan seguro en el que recibo amor sin tener miedo.

Hubo un día, supongo, en que alguien me debió de prender fuego, alguien que se acercó a mí con la promesa de un afecto que no lo fue, que nunca fue gratuito, que nunca se regaló con la pureza con la que yo aprendí a querer. Y entregada a ese fuego fatuo, me morí.

Con este post te pido perdón por mi huída, sin poder prometerte ser más receptiva. Pido perdón a todos aquellos a quienes repudié sólo por darme algo que nunca creí merecer: su afecto sincero.

Mañana volverá a amanecer. Inevitablemente seguiré sembrando mis semillitas de cariño, espero haber aprendido a no pisotear las flores que nazcan de ellas.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Tensión

¿Es un buen momento para estropearse la lavadora un sábado festivo, seguido de un domingo, que, como sabemos, es festivo?

No.

¿Es un buen momento para estropearse la lavadora cuando está llena de ropa, tienes el cubo lleno de "tareas pendientes" y acabas de cambiar las sábanas y las fundas nórdicas?

No.


Pues nada, ese, ese exactamente fue el momento elegido por mi lavadora vintage (con ocho años de edad, cualquier electrodoméstico que funciona varias veces todos los días, puede considerarse una reliquia de museo). No es un buen momento. El lunes nos trajeron la nueva campana extractora que también se había roto. Además, no está el horno para bollos ni la cuenta corriente para gastos extras. 

Mañana vamos a ir a recoger nuestra nueva lavadora. Tengo que admitir que miro a mi vieja compañera de fatigas con nostalgia. A mí no me parecía tan vieja así que me ha costado un esfuerzo admitir que sólo llevarla a repara me costaba demasiado dinero para que valiera la pena. Dichosa obsolescencia... 

martes, 4 de diciembre de 2012

Luego te extrañas...

Cuando este lugar dejó de ser un refugio para mí, cuando dejé de ser anónima ante tus ojos, me planteé seriamente cerrar el blog. Lo que más miedo me daba era, precisamente, lo que ha terminado por pasar. 
Lo cierto es que cada vez que alguien te lee, lo hace desde su punto de vista, con sus ojos, con su mente, con su corazón. Desde el momento que tú lanzas tu pensamiento al mundo, tus palabras no son tuyas, son de quien las tiene en su poder. Pero nunca nadie había utilizado mi blog para manipular mis palabras para lastimar a otra persona deliberadamente, sin razón y sin permiso.

Sólo tú, desde tu egoísmo centrípeto que da por bueno únicamente tu punto de vista, podrías haber sacado mis palabras de contexto para herir a alguien en un momento de fragilidad grande.

Yo me reafirmo en lo que hice porque sé que hice lo que debía, y si volviera a empezar, haría lo mismo, porque esa fue mi decisión, porque la tomé pensando en el beneficio de quien tenía prioridad absoluta y nunca, jamás, con la intención de perjudicar a nadie, y mucho menos en beneficiarme a mí misma 

Y podría estar equivocada (que no lo estoy). En ese caso, una persona con dos dedos de frente, en lugar de sembrar el mal sacando una oscuridad desconocida de mis palabras, como has hecho tú, habría intentado enmendar la plana. O a lo mejor habría bastado con que preguntaras por qué hice lo que hice.

Claro, es que olvidé algo que tengo que tener presente siempre contigo: Cualquier cosa que diga puedes utilizarla en mi contra (sí, incluso esto que digo ahora puede tener consecuencias)
Luego te extrañas de que te pongamos barreras. En la mía acabo de poner otra piedra.



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