© de la imagen La meva maleta

jueves, 30 de agosto de 2012

¿Nunca más significa nunca más?



Ella también fue una flor de cristal, una Rosa.

Se fue un día como hoy, el año pasado. Creo que hacía sol. Hoy llueve, como para acompañar la tristeza de sus hijos, que quedaron huéfanos de su carácter fuerte como una montaña, de aquella cabeza tan alta con la que sacó adelante a su familia y que tapó la boca de todo el que disentía con ella.

La recuerdo enérgica, presumida y sonriendo y se me anuda en la garganta la despedida que no fui capaz de darle y la coincidencia del viaje que tenía programado y que me impidió ir a su entierro.

Y la pregunta que lanzaba al aire su hija, mi amiga, ¿nunca más significa nunca más?

Quisiera cambiar su nunca por un siempre, que sea eterna en lo que ellos son, en su belleza detenida en la cumbre de su vida.

lunes, 27 de agosto de 2012

Ya cambia

Las calles siguen estando agobiantes por el calor, el sol achicharra las últimas hojas verdes que resisten los embites del verano.


Pero las mañanas son frescas y el cielo ha cambiado su color para recibir a septiembre, que espera allí en la esquina, agazapado entre cuadernos por estrenar.

También las risas de los niños suenan más cansadas y piden acostarse antes. El aburrimiento se ha colado entre sus juguetes y el agua de la piscina les recibe más sucia y más fría.

Sí, quedan algunos días de verano. Muchos, todavía, de calor intenso, de sandalias y de camisetas de tirantes. Pero los escaparates anuncian abriguitos y lanas finas, porque ésto se acaba ya. Así que apuren sus granizados y sus terracitas y estiren la siesta todo lo que puedan.

jueves, 23 de agosto de 2012

Todo un acontecimiento



Damas y caballeros... me complace presentarles la entrada 600 de este blog, en verde guisante.

No, ni mucho menos significará para los anales de la historia el acontecimiento social que supuso la entrada en el mercado automobilístico español del utilitario fabricado por SEAT (le tuve que explicar al little pea que no se pronunciaba "sit" a la inglesa).  Pero, a pesar de no ser tan importante, me siento orgullosa de haber llegado, al menos hasta aquí.

Afortunadamente las carreteras están muchísimo mejor que aquellas por las que rodaban los cochecitos cargados de criaturas con padre fumando puro al volante. Tengo un amigo que sufría semejante condición desde Lérida hasta Valladolid. A los 15 km preguntaba si le faltaba mucho para llegar, angelito.

En fin, apretújense en el asiento de atrás, el trayecto será largo y las alforjas, pequeñas (por cuestiones de maletero). Si así lo desean, feliz viaje a bordo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Reciclaje espiritual

Tenía el tamaño ideal para convertirse en cortina para la pequeña ventana, pero estuvo guardada en una caja más de una década.



Sólo le echaba un vistazo de vez en cuando, al toparme con ella en los cambios de temporada de armario. Nunca recordaba su contenido y, al abrirla, me asaltaba una punzada del sufrimiento sentido entonces. Nada, apenas un segundo. Más de 10 años de alegrías han logrado borrar la tristeza. Nada queda ya del invierno que bordé aquellas sabanitas de hilo que quedaron sin niño. No pude ponerlas en la cuna de mis hijos, porque no les pertenecía. Era la única posesión de aquella criatura que no fue.

Ya no hay sufrimiento, ni siquiera dolor. Es hora, pues, de aprovechar la oportunidad de darle un sentido a la labor que entretuvo mis manos, y que, hoy, tiene este aspecto.





Me ha sorprendido ver la delicadeza del trabajo que hice, habría sido estúpido dejarlo, también, muerto en un armario.



viernes, 17 de agosto de 2012

Agosto



Nunca he hecho vacaciones en agosto. El mundo se divide en ciudadanos de primera, y los que trabajamos en agosto. Es un hecho. Cuando era estudiante, me tocaba estudiar. No, no tenía suspensos, pero mi madre me hacía preparar el curso siguiente, porque me veía cara de aburrida.
Cuando empecé a trabajar, lo hice entre un curso y otro, así que nanay de vacaciones. Al terminar la carrera, lo mismo, empiezas a trabajar en verano, no vas a pedir vacaciones. Al otro año, me casé, viaje de novios, luego no pidas vacaciones...

En mi trabajo actual, mi compañera veranea a 500km, no vas a fastidiarle las vacaciones, si a ti te da igual.

¿Me da igual?

NOoooo, yo PREFIERO trabajar en agosto. Con este cuento, hago vacaciones en julio, que apetece mucho. Luego, en agosto, se trabaja a medio gas, sin jefes, sin viajes, sin mareo alguno, te cuidan a los niños por la mañana porque estás trabajando y por la tarde, a la piscina.

A demás, me quedan algunos días que voy a hacer a primeros de septiembre, cuando empieza la locura en el trabajo, los niños van a terminar por producir un derrame cerebral a sus abuelos, y hace suficiente buen tiempo para estar en tu casita tan a gusto. Resumiendo, casi dos meses de vacaciones.


sábado, 11 de agosto de 2012

Si pudiera...

Si pudiera, regalaría a mis hijos cada día un cortometraje como La luna, que precede a la última película Disney para niños, Brave.


Sí, hoy me alegro de haber invertido 30 euros en alimentar nuestro espíritu en el cine.

Por la luna cruzando el horizonte sobre el mar. Por el niño que sigue la tradición familiar con orgullo. Por el abuelo, por su trabajo, por el dibujo de los remos sobre el agua al deslizarse el barco.

Y por la niña de pelo rojo  despeinado que encuentra el camino correcto. Por la historia, por el paisaje del puerto escocés que parecía una foto. Por la pelea, por la fiesta, por el amor, que mueve el mundo. Por el verde en todo su esplendor, por el bosque, por...

Sí, os lo recomiendo, si pudiera, os invitaría a todos al cine


jueves, 9 de agosto de 2012

Moras

Parece que fue hace dos días cuando escribí un post sobre mermelada de moras en casa de Mariapi, y ha pasado ya un año. Hemos vuelto a las andadas...

Supongo que debí inspirarme en el color potente de las moras que recogí mano a mano con mi hijo (y pinchazo a pinchazo, vamos a admitirlo). El caso es que tenía unas telas guardadas desde hacía un montón de tiempo que no tenía muy claro cómo utilizar, porque me las regalaron y estaban cortadas en fat quarter (para las que no estáis en el ajo del patchwork, es un pedazo de 45x50, más o menos). Las telas tenían motivos de cocina: peras, manzanas, pollitos, pero eran dibujos grandes difíciles de colocar, porque muchos estaban partidos.

Y como resultado salió ésto...





Por cierto, menos mal que estoy aquí dándole al callo, porque vosotros sois una pandilla de perezosos... ayer hubo casi 300 visitas en el blog y sólo dos comentarios. Ya os vale, así está el país. En fin, al menos venís de vez en cuando, algo es algo.

Ah, que queréis la receta de la mermelada de moras...

Moras
Azúcar
Ingrediente secreto número uno
Ingrediente secreto número dos
Cariño a raudales

Cocer un buen rato y envasar.

martes, 7 de agosto de 2012

Tierra de nadie



He escogido esta imagen de LeaNoticias.com porque me ha parecido perfecta para ilustrar esa Tierra de Nadie que vive un preadolescente, que le arrastra de la carcajada al llanto, como un pequeño payaso.
En esas arenas movedizas camina mi hijo, apurando las últimas luces de su niñez para entrar por la puerta de atrás en una adolescencia que promete ser larga y dura.

Me preocupa mucho el agua de la que beben nuestros hijos. Les oigo (suelo estar de espalda a la tele, no lo veo) las series que ven mañana, tarde y noche. Y sus modelos son horrorosos. Niñas pijas riquísimas, con un nivel de inteligencia inversamente proporcional al dinero que tienen. Por supuesto, los más inteligentes de la serie suelen ser los que fracasan... o los divertidísimos y peligrosos Phineas y Ferb, que siempre se salen con la suya sin que la buena (e histérica) de su hermana pueda delatarles a su madre, que parece haber fumado muchos porros. Críos sexuados de forma aberrante, niñas vestidas como furcias, padres incapaces. En fin, ni un solo valor al que aferrarse, no les aportan NADA.

Ayer me puse en la piel de mi hijo mayor, me fui a su edad, a mi verano, que fue azul. Y les puse la serie que marcó a varias generaciones, que se repuso hasta la saciedad porque era buena, porque tiene todos esos valores que ahora no aparecen por ningún lado, no vaya a ser que salgan niños capaces de pensar y luego no puedan manipular sus cerebros.

Estuvieron pegados a la pantalla viendo Verano Azul durante un episodio y medio, se reían, disfrutaron, entendieron que podían aprender algo de lo que veían.

Aquella serie supuso el retrato de una generación, y más allá. Porque los perfiles personales que se dibujan siguen siendo vigentes: la mujer solitaria que ha sufrido una gran pérdida (que hoy encontraría su compañía probablemente en las redes sociales) y el hombre de mar atascado en tierra que se rodea de la juventud que permanece en su espíritu. Cada uno de los chicos, en esencia: el más presumido y competitivo, el que permanece en segundo término, la guapa, la menos agraciada, el chico de pueblo sin oportunidades, el niño glotón y sabelotodo y el que pone la guinda al pastel con su sinceridad aplastante. Y los padres, con su papel secundario, son una lección en sí misma, aunque, la verdad, se pasan el día bebiendo, fumando y en el chiringuito... ¡Así salimos nosotros!


lunes, 6 de agosto de 2012

El testigo

Cuando era pequeña, mi madre y mis tías compartían un vestido estampado con flores, en tonos desde ocre hasta granate, con manga ancha y corte imperio. Era un el vestido de embarazada. Era sin mangas, así que en invierno lo llevaban con un jersey de cuello cisne debajo.
Yo no soy capaz de recordarlo, pero estoy segura que también compartieron todo lo que pudieron de sus bebés y niños pequeños.

Mis sobrinos nacieron al mismo tiempo que mis hijos y hubo que comprar casi todo nuevo varias veces. Así que me ha hecho especial ilusión esperar al bebé de mi prima con todos los artilugios deliciosos que compré para mis niños.




Desempolvé la preciosa cuna de madera, la canastilla vestida de volantes, la bolsa con el osito bordado. El cambiador sobre el que tantas y tantas veces besé tripitas y pies, cambié pañales y comí deditos de lacasito.
Me sorprendió ver el buen estado en que estaba todo y el acierto en la elección de colores y estampados, porque todo se veía actual a pesar de haber pasado ya 10 años.

Empaqueté mis recuerdos y mis miedos, me hice consejera por un ratito para disimular la amplia envidia que me produjo su gravidez... Y por desgracia viven lejos, así que veré la vida del pequeño J a cámara ultrarápida, me perderé sus piernas de ranita, su primera sonrisa y su gateo patoso. Pasará como con mis propios hijos, a quienes he tenido que explicar con dificultades quién era esa tía a la que a penas han visto tres veces y que se lleva todas sus cosas.

Me alegra poder ceder el testigo de la maternidad a una de las mujeres de mi familia, como hizo en su día mi madre y sus hermanas.

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