© de la imagen La meva maleta

martes, 30 de agosto de 2011

Maduración


Yo puedo recordar mi propio proceso de maduración. Recuerdo que mis pensamientos se hacían de adulto, mientras mi cuerpo seguía siendo el de una niña. Intentaba escuchar las conversaciones ajenas para desentrañar de ellas el misterio de la vida, las claves de lo que yo sabía que tendría que llegar a ser. A veces pensaba que los mayores me tenían por una cría cuando yo ya comprendía todo.

Eso sucedió cuando yo tenía la edad de mi hijo mayor. Y él está haciendo lo propio. Merodea cerca de la mesa del café en busca de los secretos vitales, como el oso Yogui buscaba cestas de emparedados. Escucha, y yo le dejo escuchar. No omito nada, quiero que él oiga, conozca, aprenda y pregunte.

Cuando acaba de ver un episodio de una serie "de mayores" (de mayores jóvenes, quiero decir), le pido que pregunte aquello que no ha comprendido. Y casi nunca pregunta. Así que está madurando... porque si tiene algo que  preguntar y no lo hace, lo averiguará igual que lo hicimos en nuestra generación, preguntándo a sus amigos.

El otro día le confesé que me preocupaba que un miembro de nuestra familia me quería poco, y él, con su claridad masculina, me dio la solución.

- No creo que no te quiera. Me parece que lo que pasa es que no sabe cómo demostrarte su cariño, pero sí te quiere.

Qué, ¿madura o no?


domingo, 28 de agosto de 2011

¿Habéis asistido a algún parto que no fuera el vuestro?

Yo sí tuve esa suerte, cuando era estudiante.
Me impresionó. Nada puede compararse a presenciar la entrada en la vida de un ser humano. Puedo recordar la expresión de los padres, el olor, la luz del quirófano. Me gustaría poder volver a ver otro. Porque ahora, que ya he pasado por esa experiencia un par de veces, seguro que lo viviría aún con más intensidad.


Porque ahora ya sé qué se siente cuando tu cuerpo se abre para dar a luz. Cuando tus sentidos bajan totalmente de intensidad para no percibir dolor, cuando sacan a tu hijo de tu vientre y te lo dejan calentito y mojado sobre tu pecho, cuando ves los ojos del padre inundados de emoción. Cuando todos sonríen y tú estás cansada pero contenta.

Ahora ya sé cómo es conocer por primera vez a tu niño, acariciar su pelo pegajoso de haber estado en ti, contar sus deditos, descubrir que busca tu pecho cuando le tocas la cara. Ahora ya sé que su fragilidad es infinita. Ahora ya sé que cambia tu vida, que cambia la de todos.



Hace nueve años me acosté y poco después decidiste que ya estabas preparado, así que de un buen patadón te rompiste la bolsa que te guardaba. Nos fuimos a la clínica, apenas alguna contracción. Allí, preguntas y confesiones. ¿Alguien dijo miedo? No había ido a clases de preparación al parto, así que le prometí a la comadrona que si me decía qué tenía que hacer para que me doliera menos, iba a tomar clases antes de tener otro hijo.

Me dijeron que me lo tomara con calma, que una primeriza, ingresada por rotura de membranas, que tenía para toda la noche. Me pareció que con tanto dolor no podría aguantar mucho. Y tú, niño bueno, dijiste que vale, que salías antes.

Bueno, te llevamos a sala de partos.

Bueno, es pronto para la epidural. Estás de 5 cm, te la ponemos.

Doctor, esta niña tiene ganas de empujar. (He notado como sale la cabeza, a mí me da que la epidural aún no me ha hecho efecto)

A las 3.45 de la madrugada rompiste a llorar por primera vez. Yo no sé si lloré. No lo creo, porque era muy feliz.

Luego nos dejaron en la habitación. Papá durmió un rato, y yo me quedé contigo en mi cama, acompañándote para que no te sintieras solito.




Si me concedieran poder volver atrás en dos momentos de mi vida pediría volver a verte por primera vez. Y también a tu hermano.

Doy gracias a Dios por haberme dejado disfrutar del don de la maternidad.




sábado, 27 de agosto de 2011

Sonidos de verano

Ayer por la tarde abrí las ventanas de mi casa. Por primera vez desde hacía muchos días no entró una llamarada de aire caliente sino una bocanada de aire fresco con olor a septiembre, que se llevará la música que me ha acompañado desde final de junio.

La banda sonora de mi verano despierta antes de las siete, con la llegada de dos trenes que me anuncian el alba, por si no la había percibido. A la hora en punto, las siete, digo, se despierta el campanario que ha quedado silencioso toda la noche.

El rasgar de persianas dejando paso a la brisa de primera hora, el traqueteo de los carritos de la compra huyendo de las horas de calor. Una radio en la cocina llena el silencio mientras los niños están fuera.

La comida a cuatro pares de manos, que me suena tan bien...

La siesta sin sueño, a oscuras, viendo una película de antes, mi máquina de coser siguiendo un paso marcial. 

Chapoteos y gritos, pájaros y perros, el timbre de la bicicleta anunciando el camino de vuelta a casa. La sartén preparando con chasquidos la cena. Una tele demasiado alta suena desde la casa de al lado. 

La tertulia en el porche hasta las tantas.

Y la cantada de Habaneras que huele a Ron cremat. Mi "Dolça melangia" empieza a partir de ahora, os dejo con su compañía




jueves, 25 de agosto de 2011

Un café con la Bella durmiente



No tenía que haber tomado café en el castillo de Aurora. Diantre, si ella durmió 100 años, tendría que haber imaginado que a mí me daría sopor... menos mal que ayer vino Mariapi a mi casa y me dio un besito en la frente que me despertó.

Ha sido, tengo que admitirlo, un despertar extraño, como con sensación de que las cosas tienen que cambiar aquí. No es la primera vez y me doy cuenta, no es la primera vez que lo digo. Y mirando hacia atrás, poco cambio después del propósito. Claro, que a mí los cambios se me dan regulín, ya lo sabéis.

A lo mejor querréis saber si he aprovechado el descanso. La respuesta me sorprende incluso a mí. He aprovechado tanto que me ha costado volver. ¿Me estaré curando?

De momento regreso, aunque no estoy muy segura de quién soy, ni siquiera estoy segura de que vaya a gustarme conocer a la nueva yo.



Ah, gracias por haber estado ahí al ladito esperando sin hacer ruido. Recibí muchos besos y nunca me sentí sola.

viernes, 19 de agosto de 2011

He quitado algunos guisantes



He puesto sábanas recién planchadas
He preparado mis peluches
Me he cepillado bien los dientes
He bajado las persianas
He dicho ya mis oraciones

Me voy a dormir

El mayordomo les servirá algo antes de marcharse, espero poder recibirles con los honores que merecen después de mi descanso reparador. No olviden darme un besito de buenas noches antes de irse. Sean buenos y caminen de puntillas, no vayan a despertarme con un sonido brusco. ¿Alguien podría apagar la luz?



miércoles, 17 de agosto de 2011

Más palabras


Amanece en la casita junto a la iglesia

Tu aliento cálido se enreda aún entre mi pelo.
Mis ojos se abren en las sombras que nacen desde el pasillo. Mientras, mi despertar sereno recorta los perfiles entre realidad y recuerdo.

Las cigüeñas me saludan con su canto nupcial de castañuelas; desde su nido, unos metros más cerca del cielo que el nuestro.



En el mío descansan mis niños de ojos negros dormidos tras sus ventanitas. Cobijados entre sábanas e inconfesables peluches, trocitos de ti y de mí que mágicamente se convirtieron en ellos.

Realizamos ese milagro de vida: dos réplicas inexactas del resultado de barajar tus genes con los míos; tus labios con mi nariz, tu tesón y mi sonrisa.

Dejo que la penumbra dibuje mi cuerpo tendido sobre nuestra cama. Las campanas quiebran el silencio liso para dar la media…

Hago recuento. Sólo necesito vuestros tres latidos para estar viva, y tengo mucho más. Tarareo 'Gracias a la vida, que me ha dado tanto', y alguna lágrima pelea por aguar la fiesta.

Dejé anoche un guisante bajo mi colchón, uno por cada problema. Te beso, me levanto sin hacer ruido.

Amanece en la casita, junto a la iglesia.





Mi carta quedó finalista esta semana en el programa Es amor, de Es radio. Podéis leerla en el blog de El Mundo.es.

martes, 16 de agosto de 2011

Compañía

Coser requiere un cierto grado de atención, aunque deja espacio suficiente para los pensamientos y, si te organizas, puedes hacer algo con tu mirada. Con tus manos no, obviamente, las tienes ocupadas.

Suelo coser junto a mi ordenador, desde el que escucho la radio, o me pongo música, o veo alguna película. Claro, que la película tiene que ser una ya conocida, para no distraerte demasiado de las labores.

Este fin de semana, en tres plazos, he visto otra vez Cuatro bodas y un funeral, dentro del (auto)ciclo Hugh Grant... digo lo del autociclo porque la semana pasada le tocó el turno a Notting Hill.

En fin, a lo que iba. Esta película marcó un hito en la historia de las comedias románticas. Inolvidables diálogos, situaciones inverosímiles, despertadores sonando en vano, parejas imposibles o no. Recuerdo la pregunta estúpida que le hice a mi hermano antes de verla por primera vez... ¿De qué va?. Respuesta. De cuatro bodas, y un funeral. Vale, me la había ganado.


Os dejo con un fotograma precioso del film y con la sugerencia de que aprovechéis una sobremesa de vacaciones para verla enredando vuestros pies con algún ser querido, os va a dejar un buen sabor de boca.





Título original: Four Weddings and A Funeral

Director: Mike Newell
Gran Bretaña 1994.

Intérpretes: Hugh Grant (Charles), Andie MacDowell (Carrie), Simon Callow (Gareth), James Fleet (Tom), John Hannah (Matthew), Charlotte Coleman (Sacrlett), David Bower (David), Rowan Atkinson (Padre Gerald), Kristin Scott-Thomas (Fiona).
Nominada al Oscar 1994 a la mejor película y al mejor guión original.


Ah, se me olvidaba, su BSO es fabulosa, no dejéis de escucharla.


domingo, 14 de agosto de 2011

Cierto,


"No pretendamos que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado".
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.



Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla".
Albert Einstein  (1879 - 1955)


Yo tengo la convicción que estas palabras encierran la verdad. Ahora es el tiempo de las oportunidades y de la creatividad. Ahora hay que buscar los cambios necesarios para hacer las cosas de otra forma, sea en la economía española, sea en las revueltas de Londres, sea en el corazón de los que están sufriendo.


viernes, 12 de agosto de 2011

Bizcocho de naranja y confidencias

He aprendido mucho de ti esta tarde, de tu profesión y de tu persona. Y también, voy a decirlo, he aprendido cosas de mí misma que desconocía.

Me ha sorprendido ver cómo nuestras vidas son un tesoro en sí mismas, si les contásemos a todas las personas que leen el blog una cuarta parte de lo que nos ha pasado a cada una, ¡se caerían de culo! Pero tendrán que conformarse con saber que somos unas mujeres grandes. Que vivimos nuestra maternidad como un regalo. Que poseemos una fuerza interior capaz de remolcar un barco ballenero atascado en un arenal. Bueno, a lo mejor no tanto, pero si toca, enjuagamos las lágrimas y seguimos remando fuerte.
Has preguntado a los niños qué ha sido lo mejor del día para ellos. Yo no he dicho qué es lo que me ha gustado más de esta tarde, y te lo digo ahora:  la emoción en tus ojos hablando de tu vida.

Ahora que ya nos hemos puesto al día de lo que pasó, necesitaremos más tardes para reposar otra vez los sentimientos en un lugar en que no nos den la tabarra y compartir nuestras labores, nuestros hijos, nuestro presente y nuestro futuro. 


La foto la he sacado de aquí (es que me ha dado pereza ir a por la cámara)

Gracias por tanto.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Del verano


Mi abuela se había sentado después de comer entre una caja repleta de melocotones y una olla gigante. Entre el Telediario y La casa de la pradera, un par de lágrimas mediante, había dejado el fruto sin su piel y yo apuraba algunos huesos, que roía hasta dejarlos limpios de carne, como quien comía golosinas.

La minúscula cocina, se había transformado en laboratorio en el que se produciría la alquimia. La banda sonora, el borboteo de los tarros de cristal anunciando con su tintineo que aquello iba en serio. No recuerdo el calor, pero sí el pegajoso aroma de melocotones cocidos.

Hileras de botes relucientes recién esterilizados esperaban sobre un paño de blanco inmaculado a ser rellenados. En una marmita, el azúcar doraba la fruta hasta darle el color de cobre. Sin siquiera enfriarla, mi abuela rellenaba los tarros, los cerraba con una fuerza que se me antojaba titánica y los invertía para que el calor hiciera el vacío. Vuelta a hervir, enfriar, ahora sí, y poner la fecha. "1979".

Aquella mermelada de melocotón era tan dulce que sentías palpitar tus sienes cuando la probabas sobre una rebanada de pan de hogaza.

Había otras formas de dar salida a las cajas de frágiles melocotones que llegaban en verano. Si eran de carne más dura, mi abuela los cortaba a lo largo, y con un golpe seco de mano, les arrancaba el hueso. Esto requería casi siempre la ayuda de las manos fuertes de mi abuelo.

Ahora a los niños les gusta más la mermelada de fresa o de moras. Para nosotros éstas eran pequeños lujos que uno probaba muy pocas veces. Quizá podríamos recuperar para ellos el mágico ritual de hacer conserva.

domingo, 7 de agosto de 2011

Qué suerte haber coincidido



Había tantas cosas sobre las que ponernos al día... En un pispas nos hemos puesto a hablar de lo más importante, como si no hubieran pasado 20 años de la última vez que fuimos amigas en serio. 

Hemos lamido las heridas acumuladas durante tantos años, entre tú y yo, sumamos unas cuantas. Pero lejos de dejar que nos hundan, de algún lugar dentro de nuestra alma existe una fuerza ciclónica que nos impulsa a sobrevivir. He visto en tus ojos suficiente tristeza como para llenar la piscina en la que se bañaban nuestros peques. Pero al mismo tiempo, una gran dosis de esperanza, esa fuerza que te decía antes. Como dice mi amiga N., basta ya de limonada para nosotras, nos merecemos tartas y bombones, flores y champagne.  

Espero con ganas que llegue este viernes, y recibirte en mi casa con honores, porque no siempre se recupera un corazón querido, aunque lo encontremos llenito de cicatrices. Me alegra haberte encontrado

Verano azul

Mañana empiezo a trabajar.
Sí, cuando todos os vais, yo regreso con el corazón pequeñito y ganas de más. No, no han sido suficientes tres semanas para desconectar totalmente. Luego me tomaré unos días más para rematar, pero ahora ya sé que no será lo mismo.

Como cada año, mis vacaciones han servido para poner orden y adecentar la casa. Trabajar en agosto tiene ventajas, porque el mundo camina a medio gas, pero cuando llegas a casa tus hijos tienen ganas de paseos largos y de piscinas y de horarios suaves que tú no puedes permitirte. Tengo todo el día por delante, aunque admito que he empezado mal, porque a las 7 me he despertado y, a pesar de tener sueño, no he podido volver a dormirme.

Y aquí estoy con un nudito en la garganta, esperando a que todos se despierten para hacer que el día sea especial. ¿Recordáis éste final?

jueves, 4 de agosto de 2011

Tesoros

Mis tarjetas  de crédito y yo tenemos la fortuna de no haber puesto los pies en una tienda japonesa llamada Nunoya. Pero, también por fortuna, una buena amiga sí la conoce, y me trajo estas preciosas telas con motivos para niñO. 



Menudo regalazo... no sabéis cuánto cuesta encontrar telas "masculinas" para hacer cosas para los chicos.
Primero había pensado hacer alguna bolsita para la ropa, pero lo cierto es que me sabía mal, quería que estas telas quedasen más a la vista. Poniendo orden en los papeles importantes de mis hijos me di cuenta que no sabía dónde arhivarlos.  La respuesta llegó sola.



Las he cerrado con un velcro, en lugar de las gomitas que lleva de serie.


El interior queda con espacio suficiente para archivar los pequeños tesoros de mis hijos: en ellas conservo las notas de la escuela, desde el jardín de infancia y su documentación sanitaria.



Y como si estuviera hecho a posta, combina a la perfección con sus habitaciones. No puedo hacer más que agradecer una vez más el regalo. 

martes, 2 de agosto de 2011

Buena reflexión


He pasado por casa Mater y me he quedado enganchada al estupendo post que ha colgado hoy. Una profunda reflexión sobre la felicidad que seguramente no voy a mejorar. Ella la ha bordado con sus palabras de seda y ha sabido sacarle punta como siempre. Yo no voy a parasitarla aquí. Como mucho, me aplicaré el cuento e intentaré ponerme en situación a propósito de mi propia felicidad.

Para ir abriendo boca, os dejo la banda sonora, esta canción de Gospel, de acordes tristones, creo que esos son los colores que vivo.



Creo que soy feliz cuando amo y me siento amada, porque tengo más de lo necesario para vivir, porque los míos tenemos salud. Qué básico... Supongo que si pudiera elevar mi oración y pedir, si se me concediera el don de conseguir algo más no me costaría elegir algo, siempre que se me permitiera conservar lo que tengo. 

Porque lo cierto es que a menudo, la felicidad nace de la mera necesidad de ver los vasos medio llenos. 

Y cierro los ojos y me dejo llevar por la melodía melancólica, y yo también digo

I sing because I'm happy
I sing because I'm free
His eye is on the sparrow

lunes, 1 de agosto de 2011

Se para el mundo

Primero de agosto.



Su nombre suena a sopor, a siestas de padrenuestro y orinal, a calor sofocante, al sonido de las cigarras y al correr de las hormigas.

Los cerrados por vacaciones te dan en todas las narices, precisamente cuando tú te habías aventurado a salir. Tanto es así que te sorprende encontrarte gente en el supermercado. ¿No se habían ido todos? Bueno, conviviremos.

Vuelves a casa y sólo te atreves a servir gazpacho. Los melocotones se te ofrecen voluptuosos y cargados de azúcar, las moscas revolotean por doquier. Familias de mosquitos se apoderan de tu sangre, y los murciélagos te vengan al atardecer.

Los niños se aburren por los rincones y chapotean con pesada alegría. Los mayores buscamos el refugio en las sombras de aire caliente.

Atardece con sonidos de orquesta que llegan desde lejos.

El castillo no cerrará en agosto. Un año más acogerá a las almas peregrinas que han sido desterradas de otros blogs. Tomen asiento, se les servirá un helado virtual.
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