© de la imagen La meva maleta

sábado, 30 de julio de 2011

A esta hora

Seguramente estás recién levantada. Echando cuentas, apenas habrás dormido porque nos fuimos tarde, y quedabais aguardando a Miguel.

Yo sí lo he hecho. Por una noche, no ha habido guisantes incómodos. Quedé arrullada por el abrigo de tu hospitalidad. Nadie como tú puede hacer sentir a alguien tan "de los suyos".

Lo supe al entrar en tu cocina que huele a familia. Lo supe cuando mis hijos te buscaban a ti para ser rescatados de sus problemas. Lo supe cuando tu hijo se mezcló con los míos y les acompañó todo el día. Lo supe, supe que estaba en un trocito del cielo en la tierra, cuando las manos de mi hijo trabajaban junto a las tuyas con la misma cotidianidad de las manos que se conocen de toda la vida. Lo supe cuando tuve a vuestro bebé en brazos hasta que me cansé y nadie miró con ojos de urgencia para que lo devolviera a su cuna.

Como tú eres, Mariapi, se nace. No se aprende a ser así. A pesar de eso, yo intentaré aprender, igual que aprendí a hacer la mermelada de moras que aguarda a mis hijos en la cocina del castillo.





Gracias, con todo el sentido de lo que significa dar gracias.

jueves, 28 de julio de 2011

Botín


No se necesita casi nada. Sólo un buen zarzal, verano y una bolsa de plástico. 
Junto al camino que conduce al huerto encontramos la mina de oro negro.
Lo celebraste con grititos alegres y otros que soltabas tras pincharte cuando la gula te hacía correr demasiado.
Una a la bolsa, tres a la boca.
Dedos negros y pegajosos.
Descubrir que las mejores son de un color muy oscuro, y que se aplastan al intentar recogerlas. Y poner una mueca cuando encuentras una que no estaba madura.
Pedalear cuesta arriba, y llegar a casa para compartir el botín con el pequeño pirata.







NOTA: yo también me pinché, pero mereció la pena, estaban deliciosas.

martes, 26 de julio de 2011

Es curioso

Recuerdo de ti la lupa de relojero colgada en tus gafas.
La siesta con periódico en tienda de campaña sobre tu cara.
Tu forma de caminar.
Tu silbato para controlar a tu gigante perro dogo.
Tu Seat Panda furgoneta color vainilla.
La cesta repleta de truchas los domingos a mediodía.
Tú, cantándome esta canción que me hacía llorar



Hoy me he lavado las manos con tu jabón. No puedo dejar de olerlas, es como tenerte a mi lado.


lunes, 25 de julio de 2011

De tapones y silencios

No te quiero aquí.

No quiero que leas quién soy.

No tienes sitio en la mujer que soy porque he sobrevivido con la frente bien alta a tantos años de tus menoscabos.

Tal vez ahora sea el momento de volver a poner el tapón que vuelva a sellar mi silencio.



Sé que no sería justo, pero no sé si podré vivir con tu aliento pegado en mi cogote.

sábado, 23 de julio de 2011

Acompañar tu silencio



Estoy atada a ti por hilos invisibles de amor y sangre, abrigada por la sabiduría que encierran las palabras que tanto sabes medir. Recurro a ti,  a tu compañía, cuando no entiendo mi mundo, cuando me siento sola, cuando busco el amparo de la familia. Porque tú eres eso, la familia, en el más estricto de los sentidos. La mano firme cuando fue preciso hacer la ley. La mirada cariñosa para los niños que al mismo tiempo sabía exigir respeto, el justo equilibrio entre el dar y el recibir. Nunca me he sentido desprotegida mientras he sabido que estabas conmigo.

Apuras las últimas estaciones de tu vida atado al yunque de tu silla de ruedas, te maldices por no tener la fuerza suficiente, al menos, la fuerza acorde al ímpetu de tu mente. Hoy hemos compartido unas jotas, que te han llevado a tus orígenes, y a mí, a tu corazón. No te he perdido, y ya te estoy echando de menos, así que me acurruco a tu vera, como siempre, y estiro hasta el límite tu silencio, apenas quebrado por monosílabos entristecidos.

martes, 19 de julio de 2011

¿No os resulta engorroso

cuando tenéis que hacer traspaso de material de un bolso a otro?

Llevaba muchísimo tiempo pensando en hacerme un CAMBIABOLSOS. Lo había visto alguna vez, y el otro día Carme-Maleta me dio las medidas del suyo. Ya os enseñé las telas y las anotaciones en el post anterior, y hoy os dejo el tutorial. Os pido por favor que si queréis copiarlo en vuestros blogs, pongáis el enlace al mío.
Todas las fotos pueden agrandarse clicando en ellas.

Hoy no hay concurso ni efecto sorpresa. El resultado final ha sido este cambiabolsos.


Sí, sí, la pared del fondo es la de mi cocina recién pintada. Las dimensiones finales son: 8x24 cm de base x19cm de altura.
En la cara que veis, hay dos bolsillitos laterales, y un central, con cremallera. En la cara posterior, dos bolsillos laterales, de las mismas dimensiones que los que veis aquí, y dos centrales de diferente tamaño.

Empezamos cortando las telas:
- Forro: dos trozos de tela de 21 x 34cm
- Base: cortamos tela y guata. 9 x 26 cm
- Para la tela exterior: dos trozos de tela de 34 x 24 y dos trozos de fliselina adhesiva por una cara, del mismo tamaño. 
- Para el bolsillo con cremallera:  una cremallera de 20 cm, un trozo de tela de 22 x 15 cm y otro de 22 x 11 cm
- Para los bolsillos individuales del lado de la cremallera: dos tiras de 26 x 10 cm (de igual o distinto color, según prefiráis)
- Para el bolsillo grande de la parte posterior: una tira de 14 x 38 cm.


Lo primero que he hecho ha sido montar la cremallera en las dos tiras de distinto tamaño. En mi caso, también de distinto color. Si ampliáis la foto, podréis ver cómo está colocada.


Una vez montado el bolsillo, se plancha. También se plancha en el revés de la tela del exterior del cambiabolosos la fliselina.



Colocamos el bolsillo centrado en la tela y lo he cosido para que quedara resistente.



Luego hay que montar los bolsillos que quedan en los laterales del cambiabolsos. Los bolsillos son algo más grandes del lugar que ocupan, para darles mayor capacidad. Doblamos la tira de 10x26 por la mitad, a lo largo, y la montamos sobre el bolsillo de cremallera.


Lo cosemos con la máquina y lo dejamos preparado con unos alfileres.

Como ya he dicho, sobrará tela, así que hacemos una pinza en la parte inferior. Lo dejamos con los alfileres.



Ahora toca montar el bolsillo del otro lado. Yo he escogido esta tela. Me enamoré de ella en cuanto la vi, la he utilizado para un montón de cosas y la he terminado con este cambiabolsos. En el lado más largo de la tela hacemos un dobladillo y lo cosemos a máquina.



Ahora montamos el bolsillo. Como pasaba con los laterales del otro lado, la tela del bolsillo es más larga que la de la base para que los bolsillos tengan fondo.
Con el bolígrafo termolábil (pilot Frixion) he dibujado unas líneas para marcar el lugar donde quería ubicar los bolsillos. Yo he hecho 4: dos en las esquinas, de 4 cm, y dos más que no he medido, sólo he querido uno mayor que el otro.


Los dos lados están listos para hacer el cambiabolsos. Ponemos derecho con derecho y cosemos sólo los lados cortos, nos quedará un tubo:



Le he dado la vuelta para asegurarme que estaba todo en su sitio, y luego lo he vuelto de nuevo del revés, para coser la base con la guata, que le dará mayor resistencia. Primero lo he hilvanado,



Y luego lo he cosido a máquina.




La parte exterior está terminada, quedará hacer el forro




Ponemos los dos trozos de tela derecho con derecho y cosemos los lados cortos, y uno de los largos, dejando una abertura, por donde le daremos la vuelta. En la foto ampliada, podréis ver un poco mejor lo que está cosido.


Ahora hay que darle fondo al forro. Se pliega la esquina, de forma que coincidan las costuras, como muestra la foto. La base del cambiabolsos tiene un ancho de 8cm. No sé si se aprecia bien, pero sobre la costura, mido 4 cm, y hacia cada uno de los lados de la costura, 4, trazo una línea que marca lo que tengo que coser,


Y corto a 1/2 cm lo que sobra



Doy la vuelta al forro, lo pongo dentro del cambiabolsos, que está del revés ¿se ve bien?



Lo sujeto con alfileres, y lo coso a máquina a medio centímetro del borde.
Le doy la vuelta por el agujero que había quedado sin coser en la base del forro, y lo plancho.


Luego, coso con punto invisible el agujero por el que he dado la vuelta, y pongo todo el forro bien colocado dentro de la bolsa. Hay que tener en cuenta que el forro es casi 2 cm más corto que la parte exterior. Cuando ya está bien colocado, doy un punto en cada esquina para que quede bien sujeto.


Luego, doy un repunte decorativo alrededor del borde interior:



Y ya está listo para rellenar.




Y sirve para esto:



Espero que os haya gustado y que os animéis a hacerlo. A mí, con fotos para el tutorial incluidas, me ha costado apenas un par de horas hacerlo.


domingo, 17 de julio de 2011

Proyectos, planes

Mientras doy los últimos retoques a la cocina (no podéis imaginar lo preciosa que está quedando) y pongo orden en el hogar, araño todo el tiempo que puedo para hacer labores. 
De momento, sigue en fase de proyecto, pero me gustaría que llegara a hacerse realidad.



Y sólo en ese momento voy a decir qué es. 


Claro, tengo que poneros retos para que os entretengais un poco, la blogosfera está medio dormida, en verano. Perezosos, que sois unos perezosos.


jueves, 14 de julio de 2011

Lo que yo buscaba


Era el color del vidrio cuando lo pones sobre un fondo blanco. No el vidrio verde, verde, el vidrio color de vidrio. 

Era algo así como el color que toman las aguas de un río cuando se quiebra el sol sobre ellas, acariciándolo.

O más bien era como el reverso de las hojas de los álamos justo antes de inundar al mundo de un manto blanco.

Se parecía, sí, al verde azul de algunos juníperos. Pero no tan verde. Ni tan azul. Y gris, mucho menos, por favor. Pero sí, a lo mejor una mezcla de los tres.

Yo buscaba un color que me hiciera sentir que mi cocina y el cuarto de la plancha eran el mejor lugar del mundo. Lo son, allí se cuecen los sentimientos de los cuatro. Es nuestro lugar de reunión. Si viniérais a mi casa os sentaríais allí. y tomaríamos café. Además está al lado de la terraza.

Y encontré la bandeja de la foto, justo con el color que yo quería para mi casa.



Ese.

Exactamente ese es el color. Y lo he encontrado

Y alguien con mucho sentido le ha llamado Eucaliptus relax. Combinará perfectamente con el blanco y la madera. Me obligará a cambiar complementos, lo cual me producirá enormes dosis de incertidumbre y placer, todo cuesta dinero.

Y yo viviré en un castillo de ensueño.

¿Cuántas tazas preparo para el café?


miércoles, 13 de julio de 2011

Vamos a suponer

que estás metiendo los platos en el lavavajillas, y tienes las manos mojadas. Acabas de empujar el carro lleno de platos,  y que tienes que cerrar la puerta. Bueno, más que suponerlo, creo que si tienes lavaplatos en casa, sabes de qué estoy hablando.


Entonces, con la punta del pie, que tus zapatillas de verano dejan al descubierto, mostrando así la coqueta pedicura que te hiciste hace unos días. Con la pedicura, digo, cierras la puerta del lavavajillas, dejando unas MISTERIOSAS LÍNEAS ROJAS.

La chica de la primera fila, Marta, ha sido muy aplicada y ha adivinado el acertijo, con la ayuda de Mariapi, que se ha esmerado lo suyo.... 
Gracias por jugar!
Ilustración: Eva Armisén.

Manchas misteriosas.


Ésta es la puerta de mi lavavajillas.
Podéis clicar sobre la foto, pero creo que ya se observa bien que hay unas rayas misteriosas.
No están en toda la puerta, sólo en el lateral.
Primero me enfadé con los críos, pero no parecían garabatos de niño
Luego, me volví loca buscando qué prenda de vestir era la que llevaba un remache rojo que marcaba la puerta del lavavajillas.
Cuando descubrí qué era, me partí de la risa.
No es el rostro de nadie fallecido, ni la imagen de ningún santo.

Adivina, adivinanza.


martes, 12 de julio de 2011

Lo que yo quiero

...lo que yo quiero, corazón cobarde,

es que mueras por mí.








Ha amanecido puntualmente, cuando todavía era de noche. Lo ha hecho entre un cielo bochornoso y gris, de los que no dejan respiro. Hoy no ha habido sonrisa ni beso de buenos días, sólo intercambio de información y tareas compartidas. Eso también forma parte de lo cotidiano.

Y sí, ya sé que no te gusta Sabina. A mí, sí.

domingo, 10 de julio de 2011

Floreciendo

Por fin me he decidido a no confiar a mi memoria la custodia de las ideas que me van naciendo. Surgen muchas, sin avisar. Y de cientos de ellas, algunas tienen la posibilidad de llegar a ser algo.
Pero no podía hacerlo de cualquier manera (no pienso perder el poco glamour que tengo haciendo las cosas sin estilo).

Me fui a la librería, me hice con una libreta así:



y la he hecho florecer, con la intención de que las palabras que contienen florezcan también en nuevos proyectos.



La cinta roja cierra el cuaderno con velcro por la parte posterior, de forma que me sujeta el bolígrafo. 

Los animalitos curiosos querrán saber si he escrito alguna idea nueva. 

La respuesta es sí.


viernes, 8 de julio de 2011

Cuando lo leas

No te conozco mucho, más allá de las referencias de alguien que te quiere de verdad. No sé cómo eres ni cómo sientes. No sé si eres una persona luchadora, si eres una líder, si eres pobre de espíritu, si eres trabajadora o vaga, si eres sincera y directa, o taimada.

Bueno, lo cierto es que, como conozco a tu madre, sé que de todas las cosas que he nombrado sólo puedes ser la mitad buena, porque algunos rasgos de carácter suelen aprenderse y a ti te bastará tener ojos y orejas para empaparte de todo lo que ella es. Ya quisiera yo haberme tropezado con ella muchísimo antes...

Tú te has criado en una familia con muchísimos niños. En cambio, cuando me nació el primer hijo, el niño más pequeño de mi familia tenía 17 años, así que sólo recordaba vagamente cómo era aquello de cuidar un bebé.

Y me llevé una sorpresa tremenda, porque no estaba preparada para recibir tan tremenda sobredosis de emociones. Y para colmo de mis males, en ese momento no tenía cerca el brazo cálido de mi madre cerca para apoyarme y aligerar mi carga.



¿He dicho carga?

Seguro que cuando leas ésto, ya te habrás dado cuenta. Un bebé de tres kilos pesa. Pesa de una forma complicada de explicar. Pesa cuando todo el mundo espera de ti que sepas lo que necesita. Cuando por la noche, a pesar de que su padre le quiere hasta la locura, la que se tiene que levantar de la cama diez veces eres tú. Pesa cuando tienes que ir al baño, pero no puedes, porque él tiene un cólico y chilla como un gatito y tú quieres cambiar su cólico por uno tuyo. Sólo si te dejara hacer pis un segundo tranquila...  Créeme, aunque ahora te parezca imposible, llegarás a saber lo que necesita mejor que nadie. Y te gustará sentir tu peso, porque ése será tu tesoro más preciado.

Y sigue pesando toda la vida. Y pienso en mi amiga, que es tu madre. Sé que sufre por ti ahora, en el momento delicado del parto. Sé que sufriá por ti cuando te suba la leche, cuando te vea como alma en pena durante el primer mes (o dos) por la falta de costumbre de no dormir (ella ya está acostumbrada a los desvelos). Ahora ella cargará con el peso de vosotros dos.

Pero también sé que ella está infinitamente feliz por ti. Porque tener un hijo es lo más maravilloso que puedas hacer en tu vida. 

Te imagino en este mismo momento, acariciando el vientre enorme que alberga esa criatura que sigue su llamada al mundo, esperando ver la luz. 

Sí, cuando lo leas, cuando tengas tiempo de leerme, ya sabrás qué se siente al tener sobre tu pecho un nuevo ser creado por tu cuerpo, con tu nariz y los ojos del hombre del que te enamoraste. Sabrás que serías capaz de distinguir el olor de esa criatura entre un millón. Sabrás que podrías volverte loca si alguien le hiciera daño. Descubriás a la osa que llevas dentro cuando una visita no deseada tenga la desfachatez de tocarle su manita, y saltarás a la cuna para lavarle la mano por si le ha dejado microbios.


¿Quieres saber si se te pasará la borrachera de amor?


Nunca


Jamás





Felicidades. Ahora ya eres una de nosotras.

miércoles, 6 de julio de 2011

Palabras mágicas

No recuerdo mis palabras exactas, pero ante la oferta de Driver de escribir cuentos a demanda, le pedí uno para mi niño de 9 años (casi), niño inteligente, introvertido, y que adora los animales, y la música. El resultado, en su blog.

Sus sueños se vestirán esta noche con tus palabras mágicas. Cuida tu puesto, que éste me nació cuentista.





Gracias de corazón.


Primera edición: cuando yo he escrito y programado esta entrada, no había leído aún el cuento que le has dedicado al pequeño saltamontes. Éste no te va a quitar el puesto de escritor, pero yo no perdería de vista tu Ferrari, el hombre llega pisando fuerte.

¿Vas a conducir?

Ponte el cinturón.

Gracias

domingo, 3 de julio de 2011

Y como muestra, un botón

Por si alguien creyó que con mi post de ayer exageraba, la noticia esta hora es que ya han soltado a Teddy Bautista. Eso sí, le han quitado el pasaporte, no vaya a ser que deje a sus amiguetes sin la pasta.
Me dan náuseas

sábado, 2 de julio de 2011

¿Dónde está la bolita?

Mi madre es una artista en el arte de los trileros. Ya saben, tres vasos, una bola, movimiento rápido de dedos, la bolita cambia de vaso y a ti se te queda cara de idiota, cuando levantan el vaso que señalas, y era justo el otro. Mientras, un desconocido te levanta la cartera en el despiste.




Su estrategia, la de mi madre, suele consistir en que tú le hablas de algo que a ella no le conviene, y ella señala hacia otro lado. Créanme, a estas alturas de mi vida, ya no cuela, pero me pasé la infancia buscando telarañas, imaginarias o no, viendo como por la calle alguien vestía no sé qué traje, mientras yo olvidaba el juguete del escaparate.

No la culpo, era su estrategia, la que sabía utilizar. Ahora que soy madre, procuro razonar, en lugar de despistarles, pero si ella no sabía hacerlo de otro modo, no puedo acusarla de haberlo hecho mal.

Al contrario, ahora soy toda una especialista en concentración. Me he autoimpuesto una disciplina para no dejar de vigilar mi cartera mientras no pierdo de vista la bolita.

Así que cuando ayer leí la noticia de la detención de Teddy el de la SGAE, no pude dejar de mirar hacia la bolita de Bildu en las instituciones, como adalid de la cultura desde el escaparate de la incomparable ciudad de San Sebastián.

No pierdan la bolita, uno, dos, tres, la bolita sigue en el mismo lugar de siempre, en el arte del gobierno para hacernos mirar hacia otro lado.




viernes, 1 de julio de 2011

Cargar con el peso de tu cuerpecito

Apuro los últimos días en que puedo cargar con el peso de tu cuerpo en mis brazos. Te voy preparando, cada vez que te aúpo te digo: "Uff, mamá ya casi no puede, te has hecho tan mayor". En realidad, no estoy segura de estar diciéndotelo a ti, sino a mí misma.



Siempre tendrás la ventaja de ser el más pequeño y, por ende, el que tiene menos responsabilidades. Y desde esa libertad, pides mis caricias a gritos. Exiges tu lugar en mi regazo en mitad de la cena, buscas con tus deditos mis pelo para juguetear con él. Luchas por ser siempre el primero, por hacerte con el liderazgo de tu pequeño mundo.

Me cuesta explicar que con cinco años recién cumplidos te hayas llevado un libro de Gerónimo Stilton a casa de la abuela para pasar el rato. No uno cualquiera, El tercer viaje al reino de la Fantasía, porque no quieres que el tuyo sea más pequeño que el de tu hermano. Me peleo con la psicóloga del colegio porque ella me dice que te mande a montar a caballo para que seas un niño normal, pero también tengo que pelear contigo porque te enfadas porque tú quieres saber hacer un Powerpoint, como tu hermano, y yo no te quiero enseñar. Y si yo me niego a ponerte sumas y restas en un papel para pasar el rato, te las pones tú solo, incluso te corriges las no-faltas, porque no fallas ni una. Recuerdas las fechas de los cumpleaños de todos, las horas, minutos y segundos que duran las películas y el día que fuimos a la playa, el año pasado.

No tengo ni idea de cómo se forjan los grandes hombres, pero tú tienes madera de uno de ellos. Anidaste en mi cuerpo contra pronóstico, naciste prematuramente a las 36 semanas, pero con 3 kilos y pico bajo el brazo. Aprendiste a nadar sólo, a leer sólo, a montar en bicicleta con las únicas herramientas de tu tesón.

Y también logras lo más difícil: conquistar el mundo con la sonrisa e iluminarlo todo con tu alegría. Eres el primero en llegar a la puerta para recibirnos cuando volvemos del trabajo, el que da los abrazos más apretados a los abuelos, el que se acuerda siempre de decir 'te quiero'.

Me quedo observándote disimuladamente, como tantas tardes. Mi orgullo de madre se mezcla con el desgarro en mi piel, ése, que me recuerda que dentro de nada, ya no podré cargar con el peso de tu cuerpecito sobre el mío. Y duele.
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