© de la imagen La meva maleta

martes, 31 de mayo de 2011

Cambio radical

Hubo ya un primer cambio, la intenté hacer en forma de Jardín de la abuela. Y tampoco. Me costó encontrar la causa, hasta que descubrí que la lana en colores degradados no me gustaba. Cuando algo no está bien, hay que cortarlo de raíz. Fuera. Bolsa y al departamento de UFOS (unfinished objects).


Devolví la lana rosa, la degradada (verde oscuro+fucsia+naranja+amarillo imposible) y las cambié por azulón, marrón oscuro y beige. Me quedé con la naranja para darle alegría. Tampoco es una maravilla, pero al menos la podré poner en algún sitio... Esta es la muestra de los bloques

Y esta, la muestra de todas las combinaciones posibles. Sí, todos los cuadraditos son distintos, podéis comprobarlo.

Renovarse o morir.

Yo quiero estar viva.




domingo, 29 de mayo de 2011

Habitar tus sueños

Durante tres horas me estuviste explicando lo que aprendiste en la excursión. Gracias a ti sé que los halcones y las águilas se entrenan con distintos guantes. Que les dan pollitos muertos para comer. Que los halcones no pueden comer roedores porque vuelan tan deprisa -son los animales que vuelan más rápido del mundo, eh, mami- que no podrían cambiar su rumbo a tiempo y se comerían el suelo. Por eso cazan aves al vuelo.

Y el mar salado que se secó en lo que ahora es una montaña, y dejó un río salado, que se evaporó y de allí sacan esa sal de la bolsita.


-Ahora ya sé qué quiero ser cuando sea mayor- afirmaste con determinación- : Entrenador de aves rapaces.



Te miro discretamente y veo cuánto han crecido tu cuerpo y tu espíritu. No sé qué serás. Espero que, hagas lo que hagas en tu vida, puedas realizar tus sueños y que en ellos habite siempre el niño que eres ahora, que se empapa de lo que ve, que aprende y vuelca en el mundo lo que ha aprehendido. A lo mejor tú no lo sabes, y serás un maestro, como todos los que han habido en nuestra familia. Nunca serás consciente de cuánta belleza desprendes. Te quiero, pez payaso.

viernes, 27 de mayo de 2011

Algunas de las cosas que no podré olvidar

O sí.



El día que mi padre tuvo aquel accidente de coche, mi madre y yo estábamos preparando bolitas de coco. Me encantaban. Puedo paladearlas, a pesar de que jamás he vuelto a probarlas. Mi madre por aquella época pintaba cerámica y luego vendía sus obras. Aquel día estaba pintando un escudo de armas de una familia (me atrevería a decir incluso el nombre: Isach). Yo, con los nervios de la noticia, rompí una baldosa. Y eso era una tragedia, porque tenía 20 o 25 piezas, y era imposible lograr el mismo color.


Recuerdo la primera vez que vi a mi hermana. Yo tenía seis años y medio. Y sé lo que más me llamó la atención: sus manitas cerradas. Pregunté por ello. Recuerdo la tela del camisón que llevaba mi madre aquel día. Incluso de su olor.


"Maldito sea Amor, que me asesina. Teñid de muerte el Nilo, ponedle luto a las nubes. Que todo Egipto se convierta en un sepulcro". Son las palabras con las que empieza No digas que fue un sueño. Bueno, con los años, a lo mejor he cambiado alguna palabra, os aseguro que no me he tomado la molestia de comprobarlo.


La primera vez que mi hijo salió de casa sin mí. Se fue con su padre a casa de sus abuelos, yo me quedé mirando por la ventana, oliendo su peluche, que era una jirafa azul pastel, con patas de cordones. Y lloré.

Recuerdo la luna entrando por la ventana de nuestra habitación recortando el perfil de mi vientre en la última noche de embarazo de mi vida.

Recuerdo una mañana. Había dormido con mi tía, como tantas otras veces. Ella madrugó para ir a estudiar a la universidad. Yo no volví a conciliar el sueño. Me senté en el suelo, junto a la puerta de la habitación de mis abuelos, y me dejé acompañar por el ronquido suave de mi abuelo, y por la respiración tranquila de mi abuela. Durante un par de horas.


Este es el primero de una serie de posts que voy a dedicar a mis recuerdos. Quiero seguir la iniciativa del Banco de recuerdos, lugar en el que todos podemos dejar un recuerdo. Hemos hablado sobre ello en el blog de la abuelita. Espero que jamás tenga que consultarlos por haber perdido mi memoria. Porque hay muchas cosas que no quiero, o no debo, olvidar.

jueves, 26 de mayo de 2011

Día dispar

Empezamos a malas.

Te negaste a recoger lo que tiraste en tu cuarto. No querías vestirte. Decidiste boicotear el desayuno y la escasa media hora que tengo para estar con vosotros por la mañana.

Intenté no perder la calma, hablándote de forma razonable. Te pedí que comieras algo, porque sueles estar de mal humor cuando tienes hambre. Sólo decías 'no' y me mirabas con odio en los ojos. Odio hiriente e irracional. Inversamente proporcional al amor que siento por ti. Estabas enfadadísimo.

¿Porqué? Ni lo sé, ni lo sabías.

Dos días sin dormir no ayudaron a mi paciencia. Cachete, lágrimas, más odio, ahora el mío hacia mi persona. Y la actitud cerril no cesó.


Pediste perdón por la tarde, afortunadamente ninguno de los dos tiene capacidad de rencor. Bueno, yo sigo sin perdonarme la falta de temple, pero voy mejorando. Te pedí perdón también.

Por la tarde, cuando ya había pasado todo, decidí investigar; utilicé mi herramienta secreta para el interrogatorio policial: el retrovisor.



Protegido por la intimidad que te proporciona no tener mi mirada puesta sobre ti -al menos eso crees- y confinado a tu silla, bien atado por el cinturón de seguridad, se produce el milagro. Aprovecho ese tiempo para que me cuentes las cosas que normalmente callas.

Lo más laborioso resulta tirar del hilo bueno, porque a menudo encuentro una maraña...
Ayer no salió nada aprovechable. Tal vez lo que había sucedido en la mañana fue, únicamente, mal genio. Menudo pulso.

martes, 24 de mayo de 2011

Nocturnidades


No se pueden resolver problemas por la noche.
Desde la cama no se realiza aquella llamada, no puedes comprobar si has dejado la comida de mañana en la nevera, no puedes adelantar la conversación con la maestra.

No, las tres de la madrugada no son horas de hacer aquel viaje, y mucho menos de comprobar si cuando te vayas se hundirá tu mundo, que has trabajado y cultivado como un jardín botánico plagado de ejemplares excepcionales.

Te maldices por haberte tomado aquel café (¡pero si era antes de las 12 de mediodia!).
De acuerdo, asumes que estás despierta, y sabes que necesitas relajarte para volver a conciliar el sueño.

Ejercicios de relajación.

Vale. Respirar profundamente veinte veces con la mente en blanco, llenando todos los segmentos pulmonares. Primera respiración. Nena, esto es vida, lo haces fenomenal. Sientes como se te llenan espacios de aire que tenías bloqueados por la respiración superficial. Bostezas. Qué sueño. Mañana estarás molida. Sí mañana, más quisieras. Son las 3.45 y el ingrato suena a las seis y media. Vaya, no preparé la mochila de gimnasia. Claro, es que lo tiene que hacer él... nonono, mente en blanco. Segunda respiración mente en blanco, tomas aire, tiras del diafragma hacia abajo, levantas los hombros, separas las costillas. Fluye. Sientes que estás entrando en estado zen... si no fuera por la nariz que tienes medio tapada. Lo has pasado fenomenal viajando en coche, pero maldito aire acondicionado... Buf, desde aquí oyes el tiritar de la visa... nononono. Respirar, mente en blanco... Tercera respiración bostezo.

Se ha arrugado la sábana de abajo... ¿será un guisante?

viernes, 20 de mayo de 2011

Pasa

Late en mis sienes el recuerdo de mi propia voz mientras el ganchillo va tejiendo vueltas que crecen entre mis dedos. Me escucho diciéndome constantemente: pasa, pasa, pasa. Tomo una hebra, y pasa, pasa, pasa. Vuelvo a tomar hebra, pasa, pasa. Pasará.

Lo bueno y lo malo que ha sucedido, pasará. Afortunadamente lo que nos hace sufrir se despide de nosotros caminando despacio, hasta que un día, no sabemos muy bien cómo, extrañamos su perfil maléfico en el horizonte, donde lo vimos por última vez recortando con una silueta diminuta el azul.
Pasa, que a veces pasan las cosas por última vez, y no sabemos que es la última. No sabes cuándo será la última vez que tu hijo no se avergüence de darte un beso al recibirle en la escuela. Debes aprender que eso también pasa. Y les recoges a las 5 con un bocadillo entre las manos, y mientras ellos te preguntan "¿De qué es el bocata, mami?" , pasas tus dedos entre su pelo, y piensas que han crecido desde ayer. Les besas con ternura, por si mañana ya no sigues siendo su princesa.

No podemos percibir el punto álgido de la primavera, que en algún momento se ha transformado en tórrido verano. Y de repente un día amaneces pidiendo una chaqueta, pero mañana vuelve a ser primavera. Y pasa. Pasa. Pasa.


Tomo hebra. Mi ganchillo se desliza por la cadeneta de la fila anterior, vuelvo a tomar hebra, pasa, pasa, pasa. Pasa.


Leí el blog de Ayanta y entendí por qué últimamente no puedo dejar de hacer ganchillo. 

Pasa 

jueves, 19 de mayo de 2011

Decidir


El proceso de decisión tiene algo que te deja burbujas en el estómago.

Ves los caminos posibles, las salidas, comparas las condiciones, los problemas que pueden surgir en cada ocasión.

Sabes que puedes equivocarte, pero tienes que elegir.

Por algo eres libre.

Y tendrás que cargar con el peso de tu decisión.

¿Hay vuelta atrás? A veces sí, otras no. ¿Ni una mínima vía de escape?

Pues levanta la cabeza y ponte en marcha.

martes, 17 de mayo de 2011

Déjate llevar

Qué manía querer tenerlo todo controlado.

No ha salido como tú querías.

¿Y qué?

¿Acaso tú sabes qué es lo mejor? ¿Quién te asegura que tu opción es mejor que la que te ha llegado?

El límite...  Cuando tú has puesto todo de tu parte (y si te cuestionas la moralidad del siguiente paso es que no lo es), toca resignarse.

Cede


Dale la mano al destino y que ella te lleve por el sendero que tiene preparado para ti. Cambia tus gafas de sol por las gafas de color rosa, es lo último que te queda por hacer.




Y si me necesitas...  Silba. No creo que pueda ayudarte. Pero espolearé tu corazón. ¿Vamos? Venga, que para algo eres Más que una Madre.

lunes, 16 de mayo de 2011

La colada

Me deslizo de la cama sigilosamente para no despertaros. Es domingo, y hace poco ha salido el sol. Por algún pacto no establecido y del que no reniego, me corresponde a mí hacer la colada.

Lejos de suponer una carga pesada, lavar vuestra ropa es un ejercicio de reflexión. Nuestras prendas hablan por sí mismas. Cuentan dónde hemos estado, el tiempo que hace, cuánto habéis crecido, qué habéis comido, e incluso cuándo las cosas no han salido bien. Cuentan cuándo ha habido gimnasia o comida en familia.

Relatan con precisión de relojero cómo pasa el tiempo en nuestra familia, primero de dos, luego de tres, ahora, de cuatro. Pasamos de vaqueros y camisetas de jóvenes recién casados, a infinitas hileras de calcetines diminutos, que fueron creciendo hasta confundirse casi con los nuestros. Y de bucitos y pijamas con pies, a llenar todo de nuevo de vaqueros y camisetas.

En una suerte de ritual, recorro todos los tendederos de la casa, recopilando un montículo multicolor, enchufo mi compañera de fatigas, y pongo música que lleve mis pies a la pista de baile, y empiezo.

Desfilan ante mí pantalones, sábanas, toallas y camisas. Hace ya tiempo me resigné ante el hecho de que no iba a planchar más faldas que las mías, y contemplo con hastío cuántas rodilleras tendré que comprar.

Aspiro el olor a limpio de nuestra colada. Y siempre sorprende cuando todo huele a cada uno de nosotros, a pesar del jabón. Especialmente las fundas de nuestras almohadas. Con los ojos cerrados podría colocar cada una de ellas en su lugar sólo con el perfume que desprenden. A caballo entre el aroma a cítrico y al olor del verano. Si están limpias, ¿cómo es posible? Todo lo demás huele sólo a suavizante, pero el lugar donde descansan nuestros sueños huele a algo muy parecido al amor.

Poco a poco despierta la casa. Se suceden los besos de buenos días, los colacaos y la cafetera me llama a la cocina. Una pila ordenada de ropa todavía caliente espera ser colocada en su lugar preciso. El ciclo vuelve a empezar, es ley de vida.

Aquellos maravillosos años


¿Recordáis? A final de los 80 vimos crecer a Kevin, afrontar el final de su niñez y su adolescencia y escuchábamos de su ser adulto, narrándonos sus pensamientos en forma de voz en off. No es éste el recuerdo que tenía para hoy. Aunque al escribir el título de este post, inevitablemente me he acordado de la serie.

Después de esconderme tras la cortina de la nostalgia y de tratar de huír de los recuerdos tristes, quería ser justa, y dejar en esta bitácora un recuerdo hermoso de mi adolescencia. Los hubo. Muchos.

Recuerdo las tardes con pandilla  -y sin reloj- en la piscina. Las primeras miradas tímidas a un chico que fueron correspondidas. Ese fue el preludio de una decepción, sí, de la primera decepción. Pero entonces no lo sabía; sólo existían briznas de hierba buscando cosquillas ingenuas. Ni siquiera había un pensamiento impuro, más allá de la incógnita del sabor del primer beso. Aquella fiesta en casa de mi amiga N... Puedo recordar con nitidez la ubicación de la mesa, del equipo de música, de las butacas que nadie se atrevió a ocupar. Y cada vez que escucho esa canción siento el palpitar de mi corazón desbordándose por el primer botón de mi camisa. Say you, say me...



Y el beso, un beso con sabor a limonada. Capaz de levantar mis pies del suelo diez centímetros solo por la sensación se saberme querida, como sólo se puede ser querida a los 14 años, cuando el contacto de tu mano con la mano de un chico era agradable, extraño y sensual al mismo tiempo.

Y llegar a casa sonriendo, y querer escribir su nombre en tu carpeta, junto a un corazón. O mil. Y deshojar margaritas imaginarias, y enfadarte con todo el mundo porque entraban en tu burbuja de felicidad con vanalidades como guardar la ropa en el armario, o estudiar. ¿Estudiar? No, mucho mejor ponerse la música que ha estado latiendo en tu piel toda la fiesta... Si había un cielo, tenía que ser así.


The wonder years terminó con esta frase:

"Crecer sucede en un latido. Un día estás en pañales, al siguiente ya no estás aquí. Pero los recuerdos de la niñez permanecen contigo todo el camino. Recuerdo un lugar, un pueblo, una casa como muchas casas, un patio como muchos patios, una calle como muchas otras calles. Y el asunto es que, después de todos estos años, sigo mirando hacia atrás, maravillado."

Y yo, también.

domingo, 15 de mayo de 2011

Pasa, y te sorprende

Después de la parálisis que parece haber causado Blogger sobre todos nosotros he pensado que sería un buen momento para volver.

Vuelvo, y de la mano de la canción de Dani Martín... Mira la vida. Mira la vida como pasa y te sorprende, mira la vida que fondo tiene el cajón...


Ayer me tomé el día libre. Os aseguro que llevaba tiempo sin hacerlo. Pero es necesario parar, afilar las herramientas, y volver. Volver con alegría, dispuesta a ser sorprendida por el mundo.

¿Me acompañas?

martes, 10 de mayo de 2011

En aquel tiempo

He leído en la prensa la noticia en la que se comunica que dejarán de publicar en papel la revista Superpop, que tantos recuerdos buenos nos trae a todos. Nació en 1977, así que la gran mayoría de seguidores de este blog tendréis recuerdos de adolescencia relacionados con ella.


Mi tiempo de Superpop-hasta-la-muerte se viste de pósters de Gary Kemp de Spandau Ballet (para vuestra información, el que tocaba el saxo, que luego tuvo un papelito en El Guardaespaldas), Tom Cruise o Jason Donovan. Mi música sonaba con voces de Tracy Chapman (durante un par de años no sabía si era él o ella), TT D'Arby, Whitney Houston, Michael Jackson, y mucho, mucho pop y rock español: Hombres G, Loquillo, Los rebeldes, La guardia, Nacha pop, Alaska, Tennessee,...

No fueron tiempos fáciles. La adolescencia no lo es, y mucho menos cuando se adorna con pequeñas tragedias familiares que desestructuran el entorno. Afortunadamente, la tenacidad de mi madre por hacerme estudiar, me tuvo bastante ocupada.

La estética trágica de los 80 ha hecho que muchas escondamos nuestros álbumes de fotos de la época, (ya sabéis, melenas rizadas, cinturones a la altura del sobaco, hombreras de pierrot, medias imposibles, estampados espantosos...), y os aseguro que para destilar estas palabras he tenido el escritorio abierto toda la mañana. Porque no es fácil.

En aquellos años descubrí palabras tan duras como la soledad, la decepción, la traición de los amigos, la responsabilidad y la tristeza. Sí, también el amor, la pasión, la amistad sin traición, la entrega, el sacrificio y el valor de un regalo. Sigue costándome mantenerme neutra, no quiero liberar el tapón de mis sentimientos de aquella época. Lo viví, aprendí. Pero no quiero recordar más.

lunes, 9 de mayo de 2011

Infancias robadas


A menudo tengo la sensación de que hemos robado la infancia de nuestros hijos. No sé en qué punto estamos fracasando, pero parece como si nosotros hubiésemos sido los últimos niños felices.

Me pone los pelos de punta escuchar a mi hijo de menos de 9 años diciendo que el tiempo se le pasa volando. A mí, pasar de lunes a miércoles se me hacía eterno...
Sus reacciones ante la frustración se parecen más a las que yo viví en mi adolescencia que a las de mi niñez. De hecho, a nosotros no se nos pasaba por al cabeza enfrentarnos a nuestros padres. Sí pataleábamos, sí teníamos berrinches. Pero no eran como los de ahora.

Mi última muñeca me la trajeron los Reyes Magos a los 12 años, prácticamente. Ahora veo a las niñas de 11 mirándose en un espejo que refleja un cuerpo de niña pero un alma de alguien que no lo es. Recuerdo cuánta conmiseración sentí por la hija de Julio Iglesias, Chabeli. Para mí, el sólo hecho de ver un anuncio de compresas, o un beso en una película, y no hablemos ya de ver un pecho desnudo, me causaba tal vergüenza que si hubiera podido fundirme, lo habría hecho gustosa. Y a ella va y su padre le dedica una canción: De niña a mujer. Me daba tanta pena, me alegré tanto de que mi padre no fuera el suyo...



No sé si los culpables de este cambio de mentalidad son los medios de comunicación, que han omitido los patrones de infancia y han creado una generación adulta miniaturizada. O a lo mejor somos nosotros mismos que  de tanto intentar normalizar una situación que nos pudo parecer traumática, nos hemos pasado de rosca.

Me aterra pensar que estas niñas y niños que no tienen siquiera acné, porque sus hormonas todavía no están listas para hacerles cambiar, no se dan cuenta que no podrán volver atrás. Que nunca más será su tiempo de ser niños y de jugar, de construir cabañas, de saltar a la cuerda, de aburrirse en una tarde lluviosa de primavera. Una vez das el gran paso hacia la vida adulta no hay retorno. Siempre existirán los Peterpanes, pero esos no dejan de ser una anomalía de la sociedad, que huyen, más que de la madurez, de la responsabilidad. Y esa ya es otra historia. O no.

viernes, 6 de mayo de 2011

El penúltimo milagro

Señoras y señores:

La única forma de adelgazar es ingresar menos calorías de las que el organismo consume.

Es una ley irrefutable de la Física: la materia no se crea ni se destruye, se transforma.

Los charlatanes de feria han vivido toda su vida de engañar al prójimo. El penúltimo charlatán -seguramente mientras escribo estas palabras ya ha salido otro- se llama Dukan. La gente se ha vuelto completamente loca, porque en Jolibú todos los actores, y cuando digo todos, son todos, la siguen.

Peor para ellos.

Os dejo este enlace, en el que la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas nos cuenta porqué esta dieta-milagro, la penúltima como decía, es peligrosa y contraproducente.




¿Queréis perder peso? Buscad un buen profesional, huíd de las pérdidas rápidas de peso, comed muchísimos más vegetales y frutas, preferentemente cultivados en nuestra huerta maravillosa. Evitad también de grasas, bollerías, frituras y dulces. Y nada de grandes cantidades de comida. Un poco de ejercicio físico, un poco de sol y luz... y sed felices.

jueves, 5 de mayo de 2011

Has dicho que pasarías por aquí

...y sé que lo harás. Lo sé, porque no has cambiado apenas desde la última vez que nos vimos, hace ya 14 años.

He encontrado en tus ojos el cariño de tu mirada amiga. Fuiste una de mis primeras compañeras de trabajo, y te recuerdo como una persona eficiente, eficaz y laboriosa. Y te costaba mucho, mucho quejarte. Así que cuando tú también has pronunciado la palabra maldita, me ha dado un vuelco el corazón. "Estás aquí", he logrado balbucear, como si el hecho de decirlo te hubiera podido ahorrar el camino lastimoso que has vivido.




Han sido apenas unos minutos de sonrisas, de vida vivida -¡qué a puntito estás de estrenarte como abuela!-, de niños grandes, de libros, de hobbys, de trabajo.

Me alegra haber decidido a última hora cambiar mis pasos hacia el párquing, así el azar ha cruzado tu camino con el mío. De vuelta al trabajo se me ha erizado la piel... tú también eres una Flor de Cristal. Y estás aquí, dolorida pero con una sonrisa en los labios. Bienvenida al castillo. Espero que te guste y que llenes tus horas de palabras, labores y compañía.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Nueva utilidad

¿Qué hacer con las fuertes cajas de vino que nos regalan de vez en cuando?

Beberse el vino (con moderación y buena compañía, preferentemente) y aprovechar la caja.

Como ésta:


No podía utilizarla tal cual, porque en la parte de la tapa que está bajo la caja había un anagrama blanco, con la marca de la bodega. 

Le he forrado el fondo con una tela a conjunto, y la tapa, con esta preciosa tela de plumas y está ligeramente acolchada




Recomiendo clavar unas patitas de goma, o como estas, que tienen fieltro, además, para que las podáis utilizar sin rayar vuestros muebles.

lunes, 2 de mayo de 2011

Granadina,

Te han bastado cinco minutos.
Cinco puñeteros minutos para decirme que tenía que bajarme de mi pedestal, que no tenía por qué esforzarme en ser perfecta. Que cuando te dicen demasiadas veces que no vales, que no le llegas a alguien a la suela de los zapatos, acabas por tener que demostrar lo contrario.

Me has dado la vuelta como un calcetín.

Qué jodida eres. Te han bastado cinco minutos, y yo venía  aquí  a hablar de mi niño.

Gracias.



Imagen sacada del blog http://mimanzanazul.blogspot.com/2010/08/titeres-de-calcetin.html

domingo, 1 de mayo de 2011

Homenaje

Mandé esta carta para concursar en Es amor. Lo hice de forma anónima, porque dolía demasiado. Hoy, día de la madre, la lanzo al aire, al lugar donde habitan las criaturas que jamás pudieron ser, y que hoy día únicamente existen en mi recuerdo. A ellos, mis cuatro niños perdidos, y a los dos que sí llegaron a ser, y que hoy han llenado mi regazo de papeles con corazones y soles, y mis oídos de la música celestial de sus voces.

La cicatriz

Volvimos a casa juntos y abatidos. Ya no éramos tres, sólo quedábamos tú y yo. Y ese maldito vacío. Y una dolorosa cicatriz que dibujaba un sonrisa estúpida en mi vientre. Había sido todo tan rápido: mi malestar de los días de antes. Aquel dolor punzante, como un cuchillo clavado en un costado. La primera noticia del embarazo, las cuentas. Nacería en verano... 

Pero no encontraban al embrión. No estaba en su sitio. Y empezaron las prisas. Se olvidaron del niño, porque no podría llegar a ser nada, y era primordial salvar mi vida. Olvidaron que yo ya lo quería, era tuyo, y mío. Mi bebé, mi niño, nuestro hijo. Tanto tiempo esperando por él,  y ahora me lo arrebataban. Yo, que tenía su nombre, -el tuyo-, y sabanitas de hilo bordadas, y planes para nosotros, cruzaría el umbral con un arrullo vacío. Temía las miradas de lástima de los otros; pensarían de mí, de esa niña patosa que siempre había sido, que tampoco valía para ser madre.

Me acosté a tu lado, con los ojos cansados de llorar. Y bendije la suerte de seguir viva. Y como en un intento desesperado por conservar las dos vidas, la de ese niño perdido, y la de nuestro amor, nos quisimos entre sollozos. Besaste mi cuerpo magullado, aprendiéndolo de nuevo, y yo te amé más que nunca. No nos devolvió al niño, pero blindó por siempre nuestro amor. 

Ahora, cuando vemos a los niños en sus camitas, dormidos, desde el umbral de la puerta de su habitación,  pienso que no habrían podido ser otros, sino éstos, nuestros hijos. Ellos, los que ese destino caprichoso tenía reservados para ti y para mí. Y te invito a hacer el amor, sabiendo que nunca será como aquella vez, en que celebramos que no tuviste que entrar sólo en la casa.


Feliz día



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