© de la imagen La meva maleta

domingo, 31 de octubre de 2010

Ser y estar

Me has dado una alegría cuando has decidido participar de la comida familiar que no te apetecía. Tu compañía es importante para mí.
Es cierto que todos tenemos que tragar con situaciones que no nos apetecen. Y yo te di total libertad para estar, o no. Si no hubieses venido no me habría enfadado, pero me habría faltado la complicidad de tu mirada, el calor de tu mano en aquél instante de fastidio, la sonrisa cómplice cuando hemos visto a la doble de la mismísima exVicedelavogue...



Tu sola presencia me confiere el equilibrio que a veces siento que me falta... Gracias por estar y por ser.
(También me gusta estar contigo cuando te sumerges en la historia de una novela de polis, o cuando te enganchas con la serie de Montalbano)

viernes, 29 de octubre de 2010

Desde mis ojos

Te regalo un amanecer, el de ayer.
No tengo palabras para definir los tonos de fucsia que vieron mis ojos.
 Mi cámara hizo lo que pudo....






Y éste es el amanecer de hoy. Camino hacia el Pirineo, no quería perdérmelo, ni dejar de compartirlo.







Mater, para que sepas que en tu amanecer de mañana, estaré a tu lado, tomándome ese café (o tilica) en la mesa de tu cocina. Un beso.



Con banda sonora....

jueves, 28 de octubre de 2010

Barriguitas


Venían en una pequeña cajita de cartón con el frente de plástico. Puedo recordar perfectamente su olor, y la tirita de plástico que les sujetaba el pelo a la altura de la frente. El tiempo que tardaban los papás en desenganchar el alambrito que las sujetaba a la caja era casi eterno. Y luego... si tenías suerte, los Reyes Magos (nada de gorditos de barbas blancas con vestido rojo, eh) te traían uno o dos, o más complementos.
De los de esta foto, puedo recordar con claridad la trona y la bañera.





Aunque tenía muchas más cosas... Lo que más recordaba de estas pequeñas muñecas, de a penas 12 cm de altura, era sus ojitos, sus mofletes de bebé y, por supuesto, su barriguita redondita.


Simplemente me hacían feliz. Permitían a mi corazón de mamá en miniatura canalizar la ternura y el afecto, y empezar a proporcionar los cuidados a esos bebés... Porque también las había que eran bebés, pelones, con un pañal de plástico que se ataba a las caderas con un nudito, y que llevaban un babero. Cuántas horas de juego tranquilo, cuantos paseos, ¡cuantos embarazos! porque me las ponía debajo del jersey y "daba a luz" (el instinto maternal en mí siempre ha estado muy desarrollado), y por supuesto, les daba el pecho, el biberón y las papillas. Claro.


Bueno, y tal vez alguna de vosotras tuvo una muñeca Laura... a mí me gustaba tanto como la Barriguitas


En fin, seguro que muchas de vosotras habéis jugado con estas cuarentonas (41, concretamente), y vosotros habréis visto jugar a vuestras hermanas. Así que lamento daros esta pésima noticia.

Un ser de otro planeta ha poseído a nuestras maravillosas compañeras de juegos y fatigas, y las ha transformado en semejante cosa horrorosa. Será un éxito de ventas, pero me parecen feísimas.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Cinco años

Algunas fechas importantes pasan desapercebidas por la mayoría. Pero yo tengo una memoria bastante buena para los aniversarios y las efemérides familiares. Recuerdo los días de cosas buenas, principalmente, y tengo un  vago recuerdo para las malas. Nunca me regodeo en el dolor de hundirme cuando es el día que hace años pasó algo malo, prefiero celebrar lo bueno.

Hace 5 años y un día estuve en un curso en Madrid. Quedamos unas compañeras y yo en ir a ver el musical Mamma Mía. Y tenía una certeza que no podía comprobar, porque hacía a penas 26 días desde el principio de mi ciclo. Recuerdo que ya le hablé, le pedí disculpas por meterle en un lugar tan ruidoso, a él, tan pequeño. Nadie sabía que estaba dentro de mí, pero había algo me decía que ya vivía.

Un día después, por la mañana, una tímida rayita rosa confirmó mi intuición. Y mi pequeño Bufón pasó a ser una realidad. Un milagro.



Sólo su padre y yo entendemos la grandeza de ese día. Me empeñé en darle un hermano a nuestro primogénito, sabía que nuestra familia no estaba completa. Pero mis antecedentes recomendaban muchísima prudencia en un embarazo. Luchamos por su existencia por encima del miedo. Quedaba más de un mes de angustia por saber de su continuidad y la preocupación por que estuviera bien ucado en el útero, y no en algún lugar perdido dentro de mi cuerpo.

Aposté por él, y ganamos todos. Hoy, ese cascabelito que anidó en mí, es la alegría de nuestro hogar. Sus bracitos nos abrazan todas las mañanas, y su sonrisa es capaz de iluminar un edificio de 20 plantas. Es inteligente, movido, curioso, y gracioso. Es travieso, pero con buenos sentimientos. Es trabajador, constante, terco y dulce. Esta mañana, cuando sus ojitos estaban abiertos, pero su corazón seguía dormido, he besado su pelo y le he susurrado: "Felicidades, bebé".
Soplo las velas de esta tarta imaginaria y le pido a Dios que su vida sea plena y dichosa.

martes, 26 de octubre de 2010

Otra forma de esperar

Las labores son una buena forma de mantener la mente y las manos ocupadas. Con ellas el paso del tiempo es más ameno, y las esperas se hacen menos fatigosas.
Estas toallas son el regalo de cumpleaños de mis sobrinitos. Mucho mejor que un juguete (tienen juguetes para jugar tres vidas seguidas), y bastante más práctico. Su mamá me puso una sola condición, los colores tenían que combinar con su cuarto de baño, que tiene azulejos en naranjas y rojos.


lunes, 25 de octubre de 2010

Esperar

No soy una persona excesivamente paciente, excepto con los niños, claro, qué remedio. No me gusta tener que esperar en la sala de espera de los sitios, no me gusta tener que esperar a que llegue el día uno para cambiar de mes, me fastidia llegar puntual al teatro y que lo empiecen 15 minutos tarde para complacer a los impuntuales.
No, no me gusta esperar. Y eso que desde que quedé embarazada por primera vez hasta que nació mi primer hijo pasaron 22 meses... embarazo de elefanta, pareció.
Estoy en tiempo de espera.


Llevo diez días esperando a que me instalen el ADSL en casa, y 8 meses esperando algo muy muy importante, de lo que estoy en la recta final. Y ambas cosas, en teoría tendrían que ser resueltas esta semana.
Espero que pase la semana, porque el jueves es Santa Nómina Bendita.
Espero.
Espero.
Desespero.

sábado, 23 de octubre de 2010

Nunca he contado lo nuestro...

Bueno, algunas veces sí. Conté cómo me gustaba verte afeitándote. O como tú me dejabas quedarme a ver la tele hasta las tantas, pero yo no era capaz de quedarme despierta. O como nos salvaste de ese ratón a la yaya y a mí.

Lo nuestro fue un amor intenso y poderoso. Durante doce años maravillosos fuimos lo más: abuelo y nieta. Tus ojos azules-grises, y mis cabellos negros. Tu mano rugosa y castigada por el trabajo en el campo, y mis deditos torpes de uñas mordidas.

Nadie más que tú podía calmar mi llanto. Nadie, sino tú, podría haberme hecho sentir más princesa. Me sentaba a tu lado en tu sillón. A tu lado. Era tan diminuta, que mi trasero cabía junto al tuyo en tu sillón. Sí, había un sofá vacío al lado, pero ese no era el que a mí me gustaba, porque tú no estabas sentado en él. Claro que iba creciendo, por lo que pasé a ocupar el majestuoso trono de tus rodillas. Me abracé al cobijo de tu paciencia y, cuando ya fui demasiado pesada para tus piernas, empecé a sentarme en el brazo del sillón, pero nunca dejé de estar a tu lado.

Me gustaba ir al huerto a ver como trabajabas. Y me sentaba a la sombra junto a las tomateras, con sus perfectos encajes de cañas que las elevaban hacia el cielo. Allí, escogías para mí el más maduro de los tomates, y yo bebía sus vitaminas directamente hacia mi corazón.


Ningún sabor se podía comparar a ese. Luego, cuando se acercaba la hora de la cena, subíamos la calle polvorienta de tierra reseca. Tú, cargando tu carretilla llena de tesoros comestibles, y yo, saltando, con infatigable energía, parloteando sin parar, y haciéndote preguntas difíciles, casi todas sobre la guerra.

Porque tuviste el triste honor de pertenecer a la "Quinta del biberón". De hecho, cuando empezó la contienda, tú acababas de cumplir 16 añitos, y participaste en la batalla del Ebro. Sólo lamentaba ver la tristeza en tu mirada al hablar de aquellos tiempos. Pero escuchar tus historias era fascinante. Te sabías de memoria las  alineaciones de los equipos de primera división, por años. Sabías qué luna era la adecuada para plantar y cosechar, las semillas que iban a ser buenas, y las que no. Y sabías que en mi corazón habitabas tú.

Cuando te salieron aquellas manchas en la mano, en tu piel de rubito castigada constantemente por el sol de justicia de los veranos de la Terraferma, los médicos pusieron mala cara, vieron que algo no estaba bien. Llegaron incluso a plantearse hacerte como un bolsillo en la piel de tu abdomen para introducir la mano en él y que volviera a encarnarse.
No lo sabíamos, pero fue el principio de tu fin.

Nada me habría hecho imaginar, por aquel entonces que no iba a tenerte el resto de mi vida. Seguía siendo la princesa (aunque yo casi me sentía reina, dueña y señora de tu casa, en la que prácticamente vivía la mitad del año).  Sí, había más nietos, pero sé que ninguno era como yo. Porque tú eras mío.

Tu mayor ilusión era jubilarte para poder ir a los viajes del inserso. El primero que pudiste hacer fue a Fátima. Me alegré tanto por ti...  volviste cargado de regalos, que recuerdo con una claridad sobrecogedora. Uno de ellos era un gallo de vivos colores, que debía ser típico de allí. Recuerdo tu voz contándome la historia de los tres pastorcillos que encontraron a la Virgen, y cuánto me habría gustado ser la protagonista de una historia así. 

El segundo viaje llegó enseguida. Esta vez, al Santuario de Lourdes. De allí trajiste para mí, el regalo más bonito de los que compraste: una medallita de plata con la imagen de la Virgen, que llevo siempre conmigo para que me proteja dondequiera que vaya. Lo gané por haber encontrado algo que habías extraviado, que necesitabas para ese viaje.

Entonces ya te encontrabas muy mal. A mí sólo me dijeron que estabas enfermo. Te operaron en Barcelona, y fui a verte al hospital.

Puedo recordarte envuelto entre lo que ahora supongo que serían sueros y drenajes. Supongo que no fueron suficientes para que yo cayera en la evidencia.
No entendí tampoco la presencia de la única hermana (de 7) que te quedaba, María. Ella, con su hábito de monja de clausura, su piel transparente de octogenaria y su bondad, te dijo:
- José, vales más que las pesetas.
Ella llevaba en clausura doce lustros, así que le contestaste, con voz frágil y benevolente:
- Pero si tú ya no sabes cuánto vale una peseta.

Éstas fueron las últimas palabras que te oí decir. Porque luego salí de tu habitación, y, me quedé sentada en una sala de espera.

Me sorprendió cuánta gente de la familia estaba allí. Y su silencio. Mi tía vino a achucharme, envuelta en unas lágrimas que yo no comprendía. Puedo recordar la conversación, la más triste conversación que hubiera tenido nunca. Me dijo que te morías. Y entonces afloró en mí la adolescente -tenía 12 años- envuelta en miedos y dudas, que seguía necesitando el apoyo de su yayo, y que ya no le tendría más.

No sé cuánto tiempo lloré, pero lloré mucho, mucho, muchísimo. El melanoma había hecho metástasis, así que cuando te te abrieron el abdomen volvieron a coser y sólo quedó acompañarte en su camino de despedida.Desvalida y desprotegida, sola y triste, afloraron todas mis debilidades, y la familia se rompió, porque nos faltabas tú. No me dejaron ir a tu funeral, porque seguro que no hubiera podido superarlo. Ni yo, ni los que sabían cuánto nos queríamos.

Nunca he dejado de echarte de menos, aunque creo que ya lo sabes. Me gustaría que pudieras leer lo que escribo todos los días. Creo que podrías reconocer en mis palabras a la niña que parloteaba y llenaba tu casa de los sonidos de la infancia. Estoy segura que volveré a escribir cosas sobre ti.

viernes, 22 de octubre de 2010

Revuelto de pies

El otoño ha cerrado las ventanas a cal y canto. Sin término medio, el clima riguroso del valle del Ebro es despiadadamente caluroso en verano, y el frío, el viento y la niebla entran abruptamente en nuestras vidas cuando todavía usamos mangas cortas.
No, no existe el entretiempo, qué le vamos a hacer.

Las tardes acortan sus horas de luz, que se verán diezmadas de forma brutal la próxima semana, cuando cambien el tiempo de nuestros relojes.

Y en esas tardes de vaso de leche con galletas, se producen los milagros. El milagro de escuchar vuestras risas cuando jugáis a la travesura de sentaros juntos en la cama de uno de los dos, esperando a ser encontrados por los mayores. El milagro de descubriros compartiendo deberes de verdad, y de mentirijillas. El milagro de veros viendo una película juntos, con un revuelto de pies, buscando sentir vuestra presencia.


Es una bendición saber que os queréis, saber que todas las personas a quienes yo quiero se quieren entre sí. Mi milagro.

jueves, 21 de octubre de 2010

Las fases del duelo

El duelo es el proceso por el cual los humanos tenemos que acabar pasando por el aro de tragarnos lo que no nos gusta. Bien sea una separación traumática, una enfermedad, una muerte, etc. Vamos, lo "mejor" de cada casa. Este proceso tiene cinco fases, de duración variable, que son éstas:

Negación
Ira
Negociación
Depresión
Aceptación






No tienen por qué suceder en este orden ni darse todas, pero lo habitual es que sean éstas.

Recuerdo que tú no negaste la enfermedad al principio; te tragaste el duro diagnóstico con la única preocupación por el tratamiento y por los niños. Al principio estabas muy deprimida, y tú misma dabas la guerra por perdida. Hablabas de ti casi en pasado. Y recuerdo mis esfuerzos por quitarte esa idea absurda (¿?) de la cabeza. Prohibido hablar de no ver la próxima primavera.

Llegaron los problemas más serios, las complicaciones quirúrgicas, la UCI, y sobrevivivir, con la fuerza tozuda que has tenido siempre. Te aferraste a la vida, y empezaste a negociar. Empezaste a aprender los entresijos de estar en el lado de los enfermos, de horarios de consultas médicas, de especialistas y efectos secundarios.

Y llegó, por fin, tu ira. Te enfadaste con razón, aquél maldito fallo en el quirófano que te va a dejar secuelas de por vida. Yo ya estaba enfadada antes, pero claro, yo no estoy debilitada por tres intervenciones, por un cáncer, por la quimio y por la radio. Yo me cabreé muchísimo antes que tú, así que, cuando te vi enfadada, me alegré un poco. Porque si te cabreas, es porque estás convencida de que tienes que salir de esta.

Ayer pasé un ratito contigo, y me di cuenta de cuánto echo de menos tu compañía. Hablamos un poco de todo: de política, de libros, de labores, de hijos, de trabajo. Y también de citas médicas, de malestares y de analíticas. Contemplé con preocupación la fragilidad de tu cuerpo. Parece que alguien estuviera robándote trocitos de salud por fases, como si quisiera debilitarte.
No quiero que estés enferma. No quiero no tener nuestras charlas, no quiero que empeores. Negación.

martes, 19 de octubre de 2010

Somos tan raros...

Me manda mi hermano una frase del oncólogo, comunicador y escritor brasileño, Drauzio Varella:




"En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a unos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para qué sirven".

¿Se supone que esto es lo que llaman la grandeza de la especie humana? A veces me pregunto si habrá un castigo divino para la soberbia de ésta, nuestra sociedad, que se llena la boca en defensa de la naturaleza y de los animales, y no es capaz de defender a sus ancianos ni a los nonatos, que premia a los gandules y castiga a los trabajadores, que fomenta el concepto de la eterna juventud, hasta que esta se acaba y condena a las personas mayores al desprecio.

Pasen y vean

lunes, 18 de octubre de 2010

Adicciones

Hola, me llamo Princesa del guisante, y estoy enganchada al blog.


Ya lo he dicho.

Me he dado cuenta este fin de semana, porque me he quedado sin conexión a internet, y he vagado por el desierto de la incomunicación.

En un par de ocasiones me he conectado desde el ordenador de la familia, o en la biblioteca, para no estar completamente aislada, pero no es lo mismo, claro.

Y el resto del tiempo, he sentido como una añoranza, o malestar, o vulgar síndrome de abstinencia, del blog. He visto cosas que me ha apetecido contar, he extrañado vuestros blogs, y he clicado a la nada con el índice de mi mano derecha, en busca de un consuelo que he encontrado esta mañana, cuando he vuelto al mundo virtual.



Hablando de clicar... Bufón es un tecno-adicto, también, al menos en potencia. Controla toda los aparejos electrónicos de la familia, lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta que tiene cuatro añitos. Mi suegra, su abuela, le llama el "mandero" y nosotros "mando-man". Pues bien, Bufón conjuga el verbo clicar. Nos dice que clica el mando de la tele, el botón de llamada del ascensor, clica, incluso, el interruptor de la luz. Sin duda, las nuevas generaciones entran clicando fuerte.

sábado, 16 de octubre de 2010

Sólo palabras

Cuando hablo de ti, de mi relación contigo desde tu enfermedad, siempre digo que luchamos juntas, que yo te apoyaré, que lloraré contigo...  Pero no es verdad. Claro que quisiera poder cargar parte de tu dolor, claro que me gustaría ser tu alivio. Pero son sólo palabras.
Cuando se apaga la luz de tu habitación quedas tú sola, con tus miedos, con tu dolor, con tus angustias, y tus fantasmas reales, y soñados. Te debe reconfortar cuando oyes palabras de aliento, pero tú y yo sabemos, que, en el fondo, ésta es tu guerra, y nadie más que tú puede lucharla, sino tú. Y que tu espíritu valiente te ayudará a mantener tu cuerpo más fuerte en el proceso, pero que no te curará.

Tengo miedo, no quiero que estés enferma, no quiero que sufras. Y no puedo hacer nada, más que sonreírte y rezar.
Maldita sea.

viernes, 15 de octubre de 2010

En ruta

Suelo viajar en coche en esta época del año, y muy a menudo me acompaña la suave bruma de algodón de la niebla. La detesto. Si no has vivido donde vivo yo, no puedes imaginar el impacto que produce no poder sentir el calor del sol, ni ver su luz, a veces durante varios meses seguidos.


Hoy me he estrenado. No ha sido, por fortuna, durante todo el tiempo, pero en algunos kilómetros, mi visión de la carretera ha sido esta. Y os aseguro que la foto ha sido benevolente, porque yo no veía tan bien...

Los viajes largos en soledad dan mucho tiempo para pensar. La radio suele fracasar en la lucha desigual contra las montañas, así que poco después de adentrarme en el prepirineo, quedamos a solas mis miedos y yo. Mi soledad y mi serenidad. Los recuerdos dolorosos y las sonrisas.
Hoy me he estrenado en una sensación: la de intentar captar algo bello para contar aquí. Por supuesto he olvidado la cámara de fotos en casa, había pensado en llevarla conmigo para recoger imágenes del día de hoy. Con mi móvil (no sé quién tuvo la idea, pero le deseo una larga y próspera vida), he captado la paz de este pantano, para dejar testimonio en este estraño rincón que he estado echando de menos toda la mañana.


No he podido captar bien su luz, su profundidad, el olor a agua ni el sonido hueco de mis pies junto a la orilla del agua, que tenía a apenas un metro más abajo.

Como casi siempre, lo mejor del día ha sido volver a casa.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Enemigos inesperados.

No estábamos preparadas para esto. El enemigo a batir era el cáncer y no esto. De repente, te encuentras con un obstáculo no esperado en tu camino.
No hay derecho. Pediremos el libro de reclamaciones al Jefe y le diremos que ya está bien. Que nosotras ya sabemos valorar lo bueno de la vida, como comerse un plato de ensalada o poder ir a dormir a casa todos los días, y no necesitar ayuda para hacer lo más básico.
Esto no se hace, ahora no. Necesitamos estar relajadas y concentrar todas las fuerzas contra el mal de males, y plantarle cara.
Como ves, me sumo a tu lucha. Yo no tengo tu enfermedad, pero quiero estar pegada a ti para hacerle frente. Si toca llorar, lloramos; si toca enfadarse, nos ponemos hechas unas hidras. Y si toca decir basta, nos ponemos como Agustina de Aragón en la Puerta del Carmen. Y, por aquí, no pasará.

martes, 12 de octubre de 2010

Delicatessen

Una visita inesperada ha causado una comida improvisada, así que he tirado de congelador. Pero ha habido un protagonista, el Allioli de codony, es decir, allioli de membrillo. Tal vez os resulte familiar, pero la mayoría de la gente a quien se lo menciono, no lo conoce, o lleva años sin probarlo. Así que voy a colgar la receta aquí.
El membrillo es una fruta rica en pectina, elemento que liga con la grasa del aceite, y así se consigue una salsa deliciosa.
Receta:
(no doy las cantidades exactas, porque lo hago a ojo)

Escoger un buen membrillo, y lavarlo bien. Trocear, quitar las partes duras del centro, y pelarlo.
Poner en un recipiente apto para microondas, y cubrir con agua.
Cocer cinco minutos (o hasta que quede tan blando como para poder aplastarlo con un tenedor).
Luego, yo lo introduzco en un tarro de cristal con tapa, por la boca del cual me cabe la batidora de mano. De esta forma, como se puede conservar en el frigorífico perfectamente durante unos días, sólo tengo que taparlo y ya está.
Se cubre el membrillo cocido con aceite. La cantidad es a ojo, pero tolera muchísimo, mejor empezar con poco, e ir añadiendo más adelante si queréis.
Echar un pellizco de sal y un diente de ajo.
Triturar bien, y ligar la salsa.




Queda tan espesita como ésta

Una delicia, incluso para untar pan y comer tal cual. Casa fenomenal con carnes y pescados. Os animo a que la probéis.

lunes, 11 de octubre de 2010

Escribir

Siempre me había considerado alguien con facilidad para escribir. Lo he hecho desde que me alcanza la memoria. De hecho, ¿recordáis el concurso de escritura de Coca-cola? No sé si siguen convocádolo...
En 8º de EGB, los profesores de lengua (en mi caso, de Catalán y de Lengua Castellana), escogían a dos alumnos de cada curso, cuando nuestros cursos eran de 30 alumnos, y nos mandaban al concurso de Redacción. Yo fui a los dos. No, no gané, me pasé todo el tiempo que me dieron para escribir distraída por la multitud de gente que estábamos allí. Pero recuerdo que me sentí bien... fui elegida por algo que yo hacía mejor que los demás, y eso siempre es agradable.
Escribía poesías, o cartas, o relatos, casi siempre movida por los flujos emocionales que tenían que ver con el amor, o las relaciones familiares. Había participado en algún concurso literario de poca importancia, con éxito nulo. Pero sin desanimarme ni por un momento. Porque escribir era, para mí, un placer.
Quedé finalista en un concurso de cartas de amor, en la radio. De hecho, quedé varias veces finalista, hasta que, por fin, lo gané. Un viaje de fin de semana (del que todavía no he hecho uso).
Ese fue un punto de inflexión para mí. Me gustaba hacerlo, y alguien me dijo que lo hago bien. No es un criterio objetivo, pero ganar un premio, ayuda a creértelo.


El resultado del proceso de creación, en cualquiera de sus expresiones, no es como la cuenta de resultados de una empresa. Lo creado puede o no gustar. Desde luego, hay que hacerlo con cierto criterio, respetando las normas más elementales de la escritura, utilizando un vocabulario más o menos elegante y variado, y procurando que el texto escrito tenga algún interés: hay que escribir para alguien, no le hagamos perder el tiempo.

Pero aún así, cuando escribes, no tienes la seguridad de alcanzar el corazón de quien te lee, o de hacerle reflexionar sobre algo. Y si se produce el milagro, lo más habitual es que la otra persona aporte, mediante su experiencia, una visión que tú no habías contemplado cuando escribiste.


Este blog me ayuda a mejorar. Tener que escribir a diario para ser leída te obliga a esforzarte. Así que, gracias.

viernes, 8 de octubre de 2010

Amenaza de lluvia

Este otoño, que se resiste a entrar con todo su esplendor, amenaza con mostrarnos ya su parte más incómoda. Vivo en un lugar de pocas lluvias, así que no estamos preparados para recibirlas. Y una borrasca asoma por el oeste. Está bien, esquivaremos la bondad del líquido elemento, y refugiaremos a nuestros cachorros bajo cubierto. Nada de actividades al aire libre para el fin de semana.




Habrá que armarse de paciencia y planificar actividades alternativas. Museos, zonas de juego, centros comerciales.
Y también mantita en el sofá y película con un lío de piernas y calcetines calentitos. Chocolate y palomitas, cocinar y poner orden. Sacar juegos que habían sido desterrados al empezar el cole, y terminar deberes... y estudiar para los primeros exámenes. Está bien, de cabeza al otoño. Huele a castañas asadas, y a sopa de cocido. A pan tostado en el hogar, y a vino para dos.

No está tan mal

jueves, 7 de octubre de 2010

Conexiones humanas

Ya que hablas de sinceridad, disculpa si alguna respuesta mía te ha parecido brusca. Tal vez haya sentido invadida mi intimidad. No te lo tomes a pecho, ni te preocupes. Pasa en la vida "real", y esto no deja de ser un pellizco, o un ámbito de esa vida real.


Yo no dejo de ser un animalito asustado, y cuando alguien se acerca demasiado, le muerdo. Luego casi siempre me arrepiento, pero entiendo que mantiene el territorio limpio de intrusos... no es nada personal contra ti. Esa también soy yo.


Te agradezco tu largo mensaje, porque me ha servido para reflexionar. No estoy de acuerdo contigo cuando dices que lo que escribimos refleja al 100% lo que somos. Unas veces sí, y otras no. Me divierten las conclusiones sobre mi personalidad que se obtienen de mis posts (un día, la buena de Sunsi me dijo que me imaginaba muy tranquila y muy serena, con mis manos concentradas en la labor... y yo soy todo lo contrario, un torbellino :-). Y Driver también fracasó rotundamente en alguna ocasión.







Yo he conocido a algunas personas desde internet. Y ha sido una experiencia incomparable. Pero requiere un proceso.

Primero sientes cierta empatía en lo que lees. Luego intentas buscar a la persona "real" tras las palabras.


Haces un esfuerzo por desenredar los entresijos de los cómos y porqués de esa persona que un día te maravilló por sus palabras o por sus obras.


Un día te atreves a mandarle un correo electrónico mostrándole tu afecto y tu respeto, o recibes uno inesperado con un pequeño tesoro escondido. Si te ha dejado el teléfono, o se lo has dejado tú en la respuesta, un día, en un arranque de valor, marcas el número.


Y sientes que te sudan las manos, mientras piensas si utilizarás tu nombre verdadero, o te presentarás como la Princesa del guisante, o Sunrise, o quien quiera que seas por aquel entonces... Primeras palabras medio balbucidas, para acostumbrarse a la voz. Y si has acertado tus pronósticos, al otro lado, en el lado real, encuentras el mismo espíritu que un día empató con el tuyo.



Hablas algunas veces, podríamos quedar, que te parece sí... y traspasas. Y tocas esas manos que habías imaginado tecleando tras una pantalla. Y le miras a los ojos, y encuentras el brillo de las palabras.


Yo no tengo un gran afán por cruzar el charco de la pantalla. Lo he hecho desde esta ventana algunas veces, y no solo no me arrepiento, sino que me ha dado amistades de cinco estrellas. Pero no me siento con fuerzas como para abrir mis puertas a diestro y siniestro. Al fin y al cabo, éste es el refugio de mi alma.


Ten en cuenta que en muchas de las entradas que he dejado en el castillo se habla de mis sentimientos, de mis miedos, de mi dolor, de mi amor, de mis hijos, de mis mejores amigos, y de mis peores enemigos. Siempre tengo que andar midiendo mis palabras porque sé que me lee gente muy cercana a mí, y no siempre lo que pienso puede sentar bien a todo el mundo.


Me han presentado a seguidores asiduos de este blog, y me han emocionado sus palabras, de apoyo y de admiración, y admito que me animan a seguir, pero me da mucho reparo saberme descubierta. Supongo que me iré acostumbrando, pero soy tímida al principio, y nunca sé qué decir (lo juro).


Y por último, cuando traspasas la barrera, no sólo traspasas tú. Cuando yo conozco a alguien, arrastro conmigo a Marido y a los cachorritos. Y eso es una invasión de su intimidad. Por ello, me siento con la obligación de sentirme absolutamente segura de la decisión que tomo, porque lo que está en juego es la seguridad de mi clan.


(Como diría Dori, de Buscando a Nemo: "¡Qué alivio, por fin lo he soltado!")

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cose que te cose

Le pedí a Ana, una solución, porque mi despertador está estropeando mi mesilla de noche. Ella me dio la idea de hacer este tapete. Después de muchos descosidos, recosidos, y vueltos a coser, ha salido esto:

Aquí, más cerca



y este es el detalle del acolchado.



Profe, mañana te lo enseño en vivo y en directo (aunque aquí no se ven tan bien los fallos :-)


martes, 5 de octubre de 2010

Triunfadores, vencidos y luchadores

Observando a los compañeros de mis hijos, a quienes conozco desde la más tierna infancia, me planteo quienes de ellos tienen lo necesario para ser líderes, quienes tendrán que luchar toda su vida para llegar -o no- a sus metas, quienes son unos necios, y quienes serán unos desgraciados porque sus padres no les dejarán ser lo que, en esencia, son.

Marlin y Bufón, tienen ya, de hecho, su propia madera.
Bufón es un superviviente nato. Desde ni me acuerdo cuando, él alcanza su vaso, se sirve agua/leche/cacao, se limpia con una servilleta, recoge. Sabe utilizar todos los aparatos electrónicos de mi casa, de la casa de sus abuelos, y de sus tíos. Está aprendiendo a leer, porque él tiene necesidad de saber qué pone en lo que le interesa. En grupo, él es un niño que juega con alegría, pero que se cansa pronto de ruidos. Entonces, él se aisla y se busca juegos que estimulen su intelecto. Este verano, os contaba que aprendió a nadar en un suspiro, y a montar en bicicleta. Cuando algo le cuesta, lucha hasta conseguirlo.

Marlin, es radicalmente distinto. Es un chico tímido, introvertido, y aparentemente poco luchador. Él espera a que la cuchara le llegue a la boca, a que alguien le recoja las cosas, a que el arte de magia le conduzca a la meta. Y muchas veces es así.

Cuando ve una montaña es capaz de inventar una tesis doctoral para buscarse una excusa y no subirla. Sus amigos son los "parias" de la clase, los que se aislan más, los menos/más inteligentes, los más raros... Como si él quisiera protegerles. Porque ese es el rasgo más hermoso de su forma de ser: su bondad. No busca peleas, y cuando le surgen problemas se indigna por la injusticia de la situación. He dicho que era poco luchador... para lo que él considera que no tiene importancia. Sin embargo, cuando algo le gusta, es capaz de esforzarse por lograrlo. Tal vez no busque el camino más pedregoso; su tesón y su inteligencia trazarán atajos y construirán puentes.

Ayer por la tarde un sinsustancia compañero y amigo de mi hijo, me vino corriendo, y con voz de pito me dijo:

"Eeh, ehh, madre de Marlin, prométele a tu hijo que no lo dejarás ir a la plaza."
Me quedé un minuto analizando la sintaxis de la frase... entendí que me pedía que le prohibiera ir a la plaza. El desustanciado continuó, ante la cara de pasmo de mi hijo: "Es que J, le ha dicho que tendrían una lucha en la plaza esta tarde".

J era el mejor amigo de mi hijo. Bueno decidió ser el mejor amigo de mi hijo, anulándole por completo. Si Marlin jugaba con otros niños, J se enfadaba y dejaba de hablarle. Le prohibía ir al baño cuando él quería, y le tenía absolutamente dominado. Incluso tuve que hablar con la maestra, porque le hacía las fichas de clase. Es verdad, Marlin, se dejaba. Cuando te pisan todo el tiempo, tienes que dejar de ponerte en posición de alfombra...

Marlin, que no es tonto, y tiene voz, le debió decir, hace ya un año, que también quería tener el mando. Y J determinó unilateralmente que, en ese caso, ya no quería ser amigo de mi hijo.
Todo esto lo supe mucho después. El caso es que él se buscó nuevos amigos, y punto pelota.

Ayer me contó lo que había pasado: Marlin se había negado a jugar con J, y el otro le amenazó con "luchar" con él. J, que había sido el ídolo de mi hijo, por fin, cayó de su pedestal, pasó de triunfador a vencido y la lucha de Marlin por acceder al trono, había logrado el objetivo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Menús familiares

Cuando el calor empieza a despedirse, toca cocinar más.

Decir que me gusta cocinar tal vez sería exagerar. Pero hay que hacerlo. Y variar menús, y sacarle partido a lo que se compra.


Haciendo caso a las señoritas...


POLLO A LA CERVEZA, SIN GUISANTES.

Para 4 personas,

8 jamoncitos de pollo, o 4 cuartos traseros, o un pollo troceado...
4 dientes de ajo
Buen aceite de oliva
Una lata de cerveza. (tener a mano otra, si la cantidad de pollo es mayor)
Romero, tomillo, cebollino, laurel u otras especias al gusto.
Un puñadito de piñones
Tomates secos

Calentar en una sartén grande dos cucharadas de aceite, dar un golpecito a los ajos (no es preciso pelarlos) y freírlos. Sazonar el pollo y freír en el aceite con los ajos. Cuando ya está dorado, añadir las especias, e ir incorporando la cerveza, pero en un par de veces, de forma que no quede el pollo nadando en líquido, sino que se vaya cocinando lentamente. Añadir al cabo de 15 minutos los piñones y los tomates secos, y dejar que se cueza totalmente (no pongo el tiempo, porque eso dependerá del tamaño de los trozos de pollo y de la forma en que se corten). Añadir más cerveza hasta que la coccion finalice. La cerveza y los juguitos que suelta el pollo y las especias se van a reducir hasta formar una salsita.

Que lo disfruteis.

sábado, 2 de octubre de 2010

Lo que encuentras

Un viajero que se aproximaba a una gran ciudad preguntó a una mujer sentada junto al camino:

-¿Cómo es la gente de esta ciudad?

-¿Cómo era la gente de donde procede?

-Terrible -respondió el viajero-. Malvada, indigna, detestable en todos los sentidos.

-Vaya -exclamó la mujer-. Pues encontrará lo mismo en esta ciudad.




Apenas se había marchado el primer viajero cuando otro se detuvo y preguntó también sobre la gente que residía en la ciudad a la que se acercaba. Y, de nuevo, la anciana inquirió cómo era la gente del lugar que el viajero había dejado.

-Eran buena gente; honesta, trabajadora y sumamente generosa. Lamento haberla dejado -declaró el segundo viajero.


Entonces la mujer sabia replicó:


-Pues encontrará lo mismo en esta ciudad.






Cuento de dos ciudades, del libro Sopa de pollo para el alma de la mujer.






Ana, es lo que intentaba explicarte. Todos son amables contigo... ¡claro!

viernes, 1 de octubre de 2010

¿Dónde?

Reside en la piedra que guardaste para mí. Tus manos todavía pequeñas, con tus uñitas raídas, me la dieron, "para ti, mami, la más bonita".

Vive en las rosas que cortas para mí, y que dejas de vez en cuando junto a la mesa que me preparas, para que, cuando llegue a las tantas a comer, no tenga que hacerlo yo. Ahí también reside...


Está en los deditos que acarician mi cabello mientras te subo por las escaleras. Quiero tomarte en brazos mientras pueda cargar con tu peso. Lo siento por ti, espalda, pero el amor es el amor.



Ayer vi Donde reside el amor. Me llamó la atención por su título en inglés How to make an American quilt. Es una historia bonita, me sobra Winnona Ryder, que me parece una actriz limitadísima. Ella interpreta el papel de una joven, prometida con Sam. Está escribiendo su tesis, y en su casa están haciendo unas obras, así que se va a pasar tres meses a la casa de su abuela. Ella, su hermana y unas amigas hacen colchas de patchwork. Y van a hacerle una para ella, con un motivo: Donde reside el amor. Y cada una de ellas, le cuenta la historia del bloque que está cosiendo, en el que se dibuja dónde reside su amor.



Se me han ocurrido los tres bloques que he contado al inicio de esta entrada: una piedra, una rosa, unas escaleras. Ahí reside el amor en mi hogar. Pero también reside en los juegos de piernas enredadas en el sofá, en el puzzle compartido con papá, en los deberes pintados un poquito a medias cuando tenemos que ir corriendo a las clases de música, en los abrazos con carrera cruzando el patio del colegio, en el baño con burbujas y velitas...


Creo que necesitaría muchas telas para bordar mi colcha.
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