© de la imagen La meva maleta

viernes, 26 de febrero de 2010

El espejo


Hace tiempo que el espejo me devuelve la imagen de alguien que se parece a mí.
Ya, ya, no puede ser otra persona que la mía. Pero ¿cuándo me han salido canas? Ah, sí, recuerdo la primera, a los 19 años. La muy indiscreta salió justo en mitad del nacimiento de mi cabello, en la frente, para no pasar desapercibida. Mis mofletes desaparecieron al perder el peso ganado por los embarazos. Y en algún momento entre un invierno y un verano la luz de mi piel se esfumó. Aunque, si miro un poco más, en la luz de mis ojos sigo viendo aquella chica que fui.

Nunca tuve síndrome de Peter Pan, porque nunca fui una niña, sino más bien una vieja en un cuerpo pequeño, viviendo una infancia tranquila. Disfruté de todos los momentos de mi vida y fui feliz jugando con muñecos, y supe que querría ser mamá. Mi adolescencia estuvo rodeada de problemas que se añadieron a sus propias dificultades. Mi juventud fue bonita, tiempo de aprendizaje y de amor. Y de lucha.
Luego llegó la locura de la maternidad, la más grande de las aventuras que jamás viví.
Y en algún momento se supone que dejé esa juventud y me convertí en una persona de edad indefinida, porque, a los 36 años, qué se supone que soy ¿joven? ¿madura? ¿mayor? ¿?
Bueno, sea cuál sea su nombre, estoy viviendo un tiempo de actividad frenética, jamás había hecho tantas cosas al mismo tiempo y, a su vez, jamás esa hiperactividad me había producido tanto placer.
Seguiré buscando en el espejo aquella que yo creo que soy, aunque si no la encuentro, tendré que aceptar a esa extraña.


miércoles, 24 de febrero de 2010

Ya tengo empezado mi nuevo proyecto

He tenido ciertos problemas para publicar mi entrada de hoy, pero parece que, por fin, aquí estoy.

He empezado ya un nuevo proyecto para un regalo. Si miráis un poco a la derecha veréis mi foto al ladito del texto en el que cuento que me gustaría el bolso de Mary Poppins. Esa muñeca Tilda se la regalé a mi abuela en su cumpleaños, y la voy a repetir para otro regalo. Y para otro. En fin, que la mía la haré cuando se me pase el hartazgo de haber hecho tres seguidas...

El modelo original es este, sacado del libro Sew sunny homestyle (en inglés), o Tilda Landsted (en noruego).


Si me salen fotos decentes, tal vez ponga un tutorial, pero no garantizo nada... cada vez que saco mi cámara de fotos y tengo algún niño cerca me resulta imposible fotografiar nada que no sea él. Como anticipo os cuento que la tela del vestido quería que fuera muy sutil, con un toque antiguo. Y encontré una vieja cortina IKEA, y la reciclé; quedó genial.

Ah, anticipándome a la aragonesa más japonesa que conozco, si lo quieres, MP, te mando el patrón ¡en inglés!


martes, 23 de febrero de 2010

Recogiendo


Me están pasando muchas cosas buenas. No las esperaba, aunque, en realidad, tengo la sensación de que estoy recogiendo el fruto de lo que he estado sembrando durante mucho tiempo. Y ni siquiera he tenido la sensación de haber estado sembrando, era más bien como un fluir de mi persona hacia el resto del mundo.

Y ahora recojo los frutos: personas de corazones bellos, ojos que me miran con cariño, amistades retomadas, y regalos, que la vida me devuelve en forma de logros de mis hijos, bienestar en mi familia, amor, avances en mi trabajo, nuevos proyectos...

Seguiré sembrando con cariño, y seguiré aprendiendo de todos vosotros día a día.

Gracias por estar ahí y formar parte de este sueño en el que puedo ser una princesa, y reírme de todos los guisantes del mundo.


lunes, 22 de febrero de 2010

De todo un poco



Por fin he terminado el neceser que tenía empezado. Puede uilizarse plegadito o bien colgarlo en el cuarto de baño.
La parte de arriba, donde están las gomitas para el pelo y los clips, es abatible, y se engancha con un velcro, para pasar las gomas.




El sábado me di un paseo por el blog de Ana, y descubrí la historia del Circo de las mariposas. Una historia impresionante que a mí me llevó a acordarme de otra historia de mariposas, que tiene también que ver con la superación, y con la necesidad de que esta superación llegue del interior de uno mismo.


Cuentan que un hombre, mientras paseaba por un campo cercano a su casa, encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a casa para poder ver cómo nacía. Un día se dió cuenta de que había un pequeño orificio en el capullo, y entonces se sentó a observar, durante varias horas, cómo la mariposa luchaba para poder salir de allí.


Vio cómo se esforzaba para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio. Hubo un momento en el que parecía que ya no progresaba en su intento. Daba la sensación de que se había quedado trabada. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y, con unas tijeras pequeñas, hizo un corte lateral en el orificio para agrandarlo y facilitarle la salida. Así fue como la mariposa vió la luz. No obstante, tenía el cuerpo muy hinchado y las alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, esperando a que, en cualquier momento, las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar el peso del pequeño cuerpo de la mariposa. Nada de eso sucedió, y la mariposa sólo podía arrastrarse en círculos, con su cuerpo deformado y las alas dobladas... Nunca llegó a volar.

Lo que en su ignorancia no entendió el hombre, inmerso en su espíritu salvador, es que la restricción de la abertura del capullo, y la lucha de la mariposa por salir a través del agujero diminuto, era la forma en que la naturaleza forzaba a los fluidos de su cuerpo a ir hacia las alas a fin de que se hicieran grandes y fuertes para poder volar.


La libertad y el vuelo sólo pueden llegar después de la lucha y el esfuerzo. Y al privar a la mariposa de su lucha, ayudándola a salir del capullo, también le privó de su libertad y de su capacidad de llegar al cielo.



Extracto del libro, Aplícate el cuento… Jaume Soler y Mercé Conangla, Ed Armat.


Qué difícil es quedarse un paso atrás, y dejar que sean ellos quienes superan el trámite de salir de ese prieto capullo que les atrapa...  

viernes, 19 de febrero de 2010

El bolso de Mary Poppins

Es una historia larga, pero Driver, en un post en el blog de Sunsi, se ofrecía a escribir un cuento. ¿Quién se resiste a semejante regalo? Yo no, desde luego.  Driver respondió:

El Bolso Repleto dijo...
EL BOLSO REPLETO.


A veces me gustaría tener un bolso como el de Mary Poppins y sacar de él cosas maravillosas, como un espejo que cante mejor que yo.
...

A veces pasa. Deseas algo con tanto ímpetu, con tantísima ilusión, con un deseo tan claro, sincero y potente, que lo consigues.

Y luego lo piensas, y la diferencia entre el cielo y el infierno, es un simple detalle.
...

Vas a la fiesta de los niños y se rompe el equipo de música.

No pasa nada monada.


Abres el bolso y rebuscas a ciegas.

Sale un espejo, lo miras y te devuelve tu propia imagen.

Con tu pelo arreglado, el jersey azul, y el tirabuzón atravesando tu mejila.

Eres una cantante.

Y el simple ritmo de tu música marca la distancia entre un piano inexistente y la orquesta completa que guardas en la cadencia de tu canción favorita.

Eres música.
...

Y vas a la reunión familiar.

Están hablando de enfermedades y de herencias.

Son adultos, tus queridos adultos.

No pasa nada monada.

Vuelves a meter la mano en tu gran bolso.

Sale un pañuelo rojo, y lo volteas al aire.

Los sobrinos pequeños y los abuelos mayores se fijan en él.

Es rojo con bordados de palomas mensajeras blancas.

Y si lo azotas al aire, parece que las aves vuelan.

Así, que mientras despedazan el piso del abuelo, te vas al jardín, organizas a dos grupos de infantes y juegas al pañuelo.


¡¡El dos!!


Corren los enanos, sin pasarse de la raya. Y lo atrapan, salen corriendo mientras las palomas bordadas aletean.

Y se ríen. Y tú también.

Dentro cuentan una opereción de riñón.

Y no se ríen. Son adultos.

Eres aire.


...

Y el bolso, en verano se convierte en capacillo de mimbre playero.

Vas a la sombrilla, donde las tías lejanas de la cuñada de la vecina, dictan sentencia contra la parejilla.

¡Se llevan quince años!, ¡en qué estarán pensando!

Y metes la mano en el capacillo de mimbre, y sale un disco volador.

Lo lanzas al aire y traza una parábola sobre el prejuicio número uno.


Lo vuelves a lanzar y atraviesa el siguiente prejuicio, la sentencia de las cuatro de la tarde y la clase de ética del atardecer.
El disco vuela, y cuando cae sobre las olas, salta espuma viva.


Eres un disco volador.
...


Tu bolso está lleno de interesantes objetos de uso variado.

Si eres capaz de usarlos de forma alocada, llegarás al final de lo jornada con el alma de un niño.

Y dormirás tranquilo.
...


A veces me gustaría tener un bolso como el de Mary Poppins y sacar de él cosas maravillosas, como un espejo que cante mejor que yo.


Driver.
17 de febrero




Driver, te lo dije allí y te lo repito aquí, en el castillo: Realmente es un bolso mágico, porque metí la mano, y saliste tú. Hay un lugar aquí para ti, y para tus cuentos, que tal vez no lo sean tanto.

Luego, bueno,  me llevé el bolso a dar un paseo, y metí la mano otra vez, y en lugar de un trozo de tela,  salió lo último de lo último de Tilda, Tildas sommaridéer. Una delicia. Lo mejor de todo, las sandalias de Tilda. Y el resto, divino, como siempre.


Besos con olor a lavanda, a lluvia y a niño con los mofletes pintados de rotulador.





jueves, 18 de febrero de 2010

Leer



Suelo ir una vez por semana a la biblioteca, mientras espero a mi hijo mayor, que está en clase de música. Voy con el pequeño, que tiene 3 años. Yo preferiría bucear por las hileras de libros adecuados a mi edad, pero me toca quedarme en el departamento infantil.
Ciertamente, allí también se aprende. Se aprende que la cultura de amar a los libros tiene que mamarse, que igual que se estimula la idolatría a Walt Disney, puede aprender a ser librodependiente.

Esta foto corresponde a la biblioteca municipal a la que acudimos. Y esto del suelo son los cojines en los que padres y bebés pueden sentarse/reclinarse (algún insensato también se tumba) para disfrutar de unos libros que vienen masticadísimos en contenidos e imágenes, no vaya a ser que los rorros tuvieran que sacrificar sus neuronas en semejante lid. Pretenden inculcar el hábito de la lectura en los bebés. Que me perdonen, pero me parece una sandez. Los bebés ven los libros como masticables en formato plano. Sí que en cuanto son algo mayores (1 año y poco) ya comprenden algo, ¿pero bebés? ¿de teta?

En cuanto a los libros para niños un poco mayores, yo entiendo que en una sociedad tan multimierda multimedia como la nuestra, los libros tengan que estar muy ilustrados para llamar la atención de los niños. Pero no debieran olvidar quienes los escriben, que también tienen que los libros tienen que decir algo. Y he visto libros muy buenos, libros regulares, libros malos, mediocres, e incluso atentados contra la salud pública.

Mañana espero poder traer noticias sobre labores, pero es que he tenido la máquina de coser en paro técnico por engrase (árdua tarea).


martes, 16 de febrero de 2010

Para reflexionar

Estaba trabajando en mi entrada para hoy, buscando algo interesante que contaros, y de repente un amigo me manda esto por correo electrónico. Convencida de que no iba a mejorarlo, os lo transcribo tal cual.

El brillante Sir George Bernard Shaw escribió esta breve frase, llena de sabiduría. Shaw es la única persona que ha ganado un Premio Nobel (literatura, 1925) y también un Óscar (en la categoría de mejor guión), por "My Fair Lady", basada en la obra de Pigmalión.




"Los políticos y los pañales se han de cambiar frecuentemente... y por idénticos motivos."

Cuánta capacidad de síntesis!!!
 
NOTA: La foto no tiene nada que ver con la frase, pero me he negado a poner una foto de un pañal, o peor aún, de un político...

domingo, 14 de febrero de 2010

Grata sorpresa

Sobre el escenario, sin telón, una especie de cuartucho, hogar de un viejo payaso de pantalón de cuadros que está sentado, como viendo pasar la vida. Sube al escenario, desde la platea, otro anciano payaso, cargado con algo escondido bajo una manta; le llama "¡Anselmo! ¡Anselmo!"



Una voz en off, emula el veredicto cruel de un doctor, anunciando que su amigo sufre pérdida de memoria. Que sólo necesita muchos besos. Fausto, que ese es el nombre del payaso recién llegado, le da un besito. Que necesitará que alguien le ayude a saber lo que sucede. Le muestra un periódico. “¿Qué día es hoy, Anselmo?” Anselmo lee la fecha, día 35. “¡No, hombre, eso es la página!” Leen la fecha correcta, y Fausto le recuerda que es su cumpleaños.


La voz del médico receta cariño… y Fausto le muestra su regalo: una pequeña carreta de circo tirada por un caballo también de madera. ¿Recuerdas? Se ilumina el rostro del payaso ausente, y sí, recuerda. Empieza a recordar la historia. Aparecen en escena los dos payasos rejuvenecidos mostrando varias escenas de lo que fue su circo, le Cirque Déjà vu. Se alternan el tiempo presente y el pasado. En el presente, un gigante, Fausto, regalándole pequeños tesoros relacionados con aquel circo para ayudarle a recordar, y el pasado, un divertido y tierno espectáculo de circo con delicado aroma demodé, en el que ambos eran los protagonistas.

Yo iba preparada para ver una obra para niños de la Cia de Comediants la Baldufa, Cirque déjà vu. No esperaba encontrar tanta ternura, tanta tristeza, tanta alegría, tanto amor. He podido compartir estos sentimientos con mis hijos, que tal vez sólo hayan captado los momentos de travesura de aquel par de payasos, pero seguro, seguro, que habrán entendido que Fausto era un buen amigo. El mejor.

viernes, 12 de febrero de 2010

AMISTAD


Tú eres hogar. Tu casa, cualquier casa que pueda ser habitada por tí siempre lo será. Y hoy en mi casa, habita un poco de esa presencia. Gracias.


 Gracias, Ana del hilo, nadie me había hecho tan grande... ¿hogar?

jueves, 11 de febrero de 2010

Hoy os propongo una manualidad fácil

Me he propuesto animaros a hacer una manualidad muy fácil, de las de reciclaje.



La idea la saqué de Punts i draps, una tienda de patchwork que tengo cerquita. Vi en el escaparate una labor como la que Marta presenta en su blog: unas bolsas para las pinzas de tender, monísimas. Estaban colgadas con una percha de bebé. Y de repente tuve una idea.

Conservaba las inmaculadas camisetitas de los primeres meses de mis bebés, me da pena darlas, ¡son tan pequeñinas! así que busqué una camiseta de manga corta de mi hijo pequeño, con botones en la espalda, le cosí el bajo y las aberturas de las mangas.




 









Espero que alguna se anime... Feliz labor

martes, 9 de febrero de 2010

Ser mamá

En este lugar de reencuentros recuperé a una amiga de mis años de estudiante, y ¡venía con relleno! Hace algunos días nació su bebé, el muñeco más lindo que he visto en mucho tiempo. Se me lamentaba el otro día, “Ay, Ana, que no me habíais dicho cuánto trabajo dan…”



No, no te lo dije, ¿para qué? No lo hubieras creído. No hubieras comprendido qué quiere decir ocuparse todo el tiempo de él, hasta el punto de olvidarte de ti misma. Hay tantas cosas que no supe decirte, Cris. Ahora que arrullas ya a tu niño, tal vez comprenderás algo de lo que voy a contarte.


No me siento una madre distinta de las demás, sé que el sentimiento de maternidad es común e inexplicable, lo cual no impide mostrar pinceladas de él.


Para mí ser madre supuso ya un reto. Mis niños no sólo fueron deseados, sino que costaron. No le añade más mérito, sino una mera curiosidad… mi recompensa al esfuerzo y a la lucha contra corriente fueron dos vidas cuya responsabilidad me fue encomendada.


Precisamente esa responsabilidad me abrumó más que otra cosa al principio. Ellos dependían exclusivamente de mí. Y de su padre; pero su padre confiaba plenamente en mi criterio, casi todo el tiempo. Así que yo decidía. Y si me equivocaba, me equivocaba yo. Si lloraban, yo estaba fallando en algo. Si le dolía la tripa por un cólico, sería porque mi leche no sé qué. Y así todo.


Los primeros días de la vida de mi primer hijo sufrí muchísimo la pérdida de mi libertad. Yo no era libre, no podía seguir haciendo lo que quería y cuando yo quería. Ni ir a ninguna parte sola. Pero era madre… lo cual era muchísimo mejor. Tenía un bebé, y era mío (y de su papá).


Asumido mi nuevo estado de falta de libertad, aprendí deprisa que las noches en duermevela tenían una recompensa: poder aspirar el aroma de la piel de mi bebé en mitad de la noche, como si de una droga emocional se tratara. Supe que el hecho de tener a esa garrapata colgada todo el día de mi pecho me permitía acariciar sus mejillas, ver sus esfuerzos por sacar la leche, sostener el leve peso de su cuerpecito acurrucado contra el mío, estirar sus delicadas piernecitas, frágiles como una ramita seca.


Era un regalo para la vista una hilera de diminutos calcetines tendidos al sol. Le preparaba la cunita con las sábanas de algodón de batista bordadas por su abuela con infinito mimo, y me quedaba horas pasmada viendo como dormía. Era como tomar un tranquilizante…


Con el segundo bebé es distinto. Ya no tienes que aprender a no ser libre, ya sabes ser responsable, y sabes de qué llora en cuanto abre la boca. Y eso te relaja. Aunque tengas muchísimo más trabajo, tu instinto está reforzado por la experiencia y, aunque surgen otras dificultades, no te agobias tanto.


Tengo hermosos recuerdos de aquellos tiempos, como las sonrisas de mi pequeño, o las manitas eternamente agarraditas del mayor. Recuerdo las posturas de mis bebés al dormir, les recuerdo con aquellos trajecitos diminutos. O me veo a mí misma cortándoles las uñitas ¡casi a diario!, o el olor de la loción Mustela (que acaba oliendo a pañal usado). No puedo evitar sentir una punzada de nostalgia cuando veo un bebé, porque mi sentido común me dice que no debo tener ya más hijos.


He aprendido que la época de bebé dura poquísimo. Que es dura, como casi todas las épocas de la vida. Los mejores tiempos, de los tres meses a los 9, cuando ellos son de la mamá y ya no son tan tan frágiles como al principio, y sobre todo, ¡no se mueven de forma autónoma!


Ellos dejan huellas en el cuerpo (envidio a las mamás de cuerpos perfectos, pero a mí me han quedado secuelas), y en el alma. Me he vuelto frágil. Me emociono viendo un anuncio de Disney, me emociono cuando oigo a un niño cantando, me emociono cuando escucho las noticias, cuando sé que hay niños enfermos. Niego la posibilidad de que mis hijos enfermen de forma grave, como si eso les creara un escudo protector. Ni siquiera contemplo la posibilidad de que yo pueda enfermar… ¡cómo iba yo a dejarles huérfanos! Se me rompe el alma cuando les veo sufrir, o cuando sé que no debo evitarles el sufrimiento, porque de él deben sacar su propia experiencia. Quisiera poder acolcharlos cual muñeco Michelin para que no se lesionen, pero no puedo. No debo. Lucho por contener la risa cuando sueltan una palabrota, y me disgusto cuando les veo pelear. Y ya sé que las peleas de cachorros sirven para su aprendizaje, pero me entristece leer en sus ojos un ápice de rencor. Cuando acaricio su piel de niño de colegio, mis ojos me devuelven aquella fragilidad de los primeros días.


Ya ves, te dan un bebé y de repente te dejan el alma en carne viva. Y para eso no hay tiritas. Disfruta cada momento, porque no vuelve.

lunes, 8 de febrero de 2010

Les presento...



Como si de una gigantesca Matrioska se tratara, han salido de mi máquina de coser estas tres señoritas. Como me costó tanto engendrar a los muffins, esta vez he optado por presentar en sociedad a las Matrioskas de Tilda cuando han estado totalmente finalizadas. Esta vez he quedado más convencida del resultado...

Lo mejor, como siempre, los niños "¿pero mami, cómo se meten una dentro de la otra?". Pues sería complicado, ciertamente. Desde niña me ha fascinado esta muñeca que va pariendo semejantes. Era una mamá que tenía una muñeca que iba a ser mamá, que también sería mamá. Justo lo que yo quería, ser mamá.

Hoy me voy a poner un poco técnica. La Matrioska grande va vestida de Amy Buttler Designs, y en su cuello luce cinta de la Maison Sajou, que fabrica accesorios de costura con el mismo estilo que hace un par de siglos... verdaderas preciosidades. El pelo lo he bordado, porque no tenía fieltro de color oscuro en casa, y no podía esperar, tenía ganas de acabarlas.

Mi próximo proyecto, el ansiado neceser de la jovencita que se molestó en ocupar un trocito de sus maletas en su viaje a NY, con un montón de telas tan preciosas como estas, que son las que vestirán su regalo. Son telas japonesas, y las eligió ella. Besitos, nena.



viernes, 5 de febrero de 2010

No puede ser más cierto

El señor guisante trajo un regalo para los cachorritos: un palomitero.



No, no lo necesitábamos. Pero ojalá hubiera grabado los grititos y las carcajadas de mis guisantitos cuando empezaron a volar palomitas.

Bueno y no sólo eso; cuando le di la vuelta a la caja, descubrí cuánta sabiduría encerraba el nuevo artilugio



¿QUÉ ES UN HOGAR SIN UNA PRINCESA?

No puedo estar más de acuerdo :-)

Este será el plan para el fin de semana: acabar de pasar nuestros catarros haciéndonos un cine en casa con una piscina de palomitas. Se ha apuntado mi sobrina, que es como una yo en miniatura... 



jueves, 4 de febrero de 2010

Pues te lo vuelvo a decir

Hoy voy a hablar en clave, como haces tú. Te imagino al otro lado de la pantalla retorciéndote un mechón de pelo, como siempre, subiendo un poco las cejas al saberte identificada en mis palabras. Tal vez, incluso, habrás dejado tu lectura un segundo para apagar el fogón en el que carraspea una cafetera humeante, para continuar leyendo más tranquila.



Yo nunca sabré escribir como tú. Ni en años. Ni aunque estudiase filología hispana en tres facultades distintas podría desgranar mis pensamientos en una retahíla de palabras como haces tú. Porque como tú miras, yo no sé mirar. Tú eres capaz de leer en los ojos de una niña su pasado, su presente y su futuro. Yo, como mucho, vería unas pecas graciosas en su nariz, el brillo de esos ojos y, si me apuras, tal vez te diría que su cara me recuerda a la de alguien. Y ya. Tú eres capaz de beber, de empaparte de lo mejor de quien tienes enfrente, y regalárselo transformado en relato, de un modo que a mí me deja absolutamente fascinada.


Has buscado tu lugar en el mundo, y lo has encontrado, ¿se puede pedir más? Yo lucho haciendo mis pinitos, con mis cartas de amor, mi prosa poetizada, como yo la llamo. Y pienso que lo hago bastante bien. Pero yo hago caracolillos y arabescos en un papel al lado del teléfono mientras tú pintas las Meninas. No es lo mismo.


¿Qué te reprocho? Que no me dejes admirar tu capacidad, que no aceptes mis sinceros halagos, que renuncies a sentirte orgullosa de tu grandeza. Déjate querer, ¡porque tú lo vales! Búscate un espejo y di sin rubor: “Hola, soy la amiga de Ana del guisante y sé escribir MUY bien”


Con todo mi cariño…


martes, 2 de febrero de 2010

Aromas (editado)


Dicen que el olfato es el primero de los sentidos que se desarrolla. Si cierro los ojos puedo oler los tomates calientes por el sol que me ofrecía mi abuelo cuando le acompañaba al huerto siendo casi un bebé. O puedo oler el jabón con el que se lavaba mi abuela en el maravilloso ritual para mis ojos de niña, en el cual la veía por primera vez sin sus gafas. Y cuando huelo el pan tostado pienso irremediablemente en mi padre. Y la cocina de mi madre, que olía también a ajo, a cebolla, y a laurel, y a perejil.

Los olores nos acompañan todo el tiempo. Recuerdo cómo olisqueaba a mis hijos recién nacidos, con su incomparable aroma a vida, que se parece al del mar, y al de la sangre. Ahora ellos huelen a madera de lápiz, a tierra de patio de colegio, a sol, a lluvia, a mandarinas, a leche con chocolate, a magdalenas...


Me gusta acostarme un minuto antes que mi amor y hundir mi nariz en su almohada para encontrarle. Necesito ese olorcito de café con el que él me espera en la cocina por la mañana, para darme tiempo a arreglarme.Me gusta que él me regale cada fin de semana, en verano, el olor de hierba recién cortada. Nuestro jardín huele también a lavanda fresca, y a agua.


Me gusta el olor salino del amor, que recuerda también al mar. Claro, que la mar es la madre de todo lo que está en este mundo…  Él dice que yo huelo a mí misma. Que nada se compara a mi olor; me gusta sentir las cosquillas mientras busca la definición de mis perfumes.


Hoy estoy resfriada, ¡¡no puedo oler nada!!


¿Recordáis la carta que mandé a Es amor? ¡¡Acaban de escogerla finalista de la semana!! Francamente, me ha pillado por sorpresa, la que leyeron el jueves  a mí me parecía muy buena...

lunes, 1 de febrero de 2010

Mi habilidad real

Por fin he terminado los muffins. A decir verdad, la foto les favorece, porque no me gusta demasiado cómo me han quedado: demasiado grandes, un poco abollados… No es el trabajo más agradecido que he hecho de Tilda. Pero ya están.




En un comentario en el post del viernes, le decía a Sunsi que le agradecía mucho su aplauso por las labores que realizo. Ella me había colocado en la lista de su blog bajo el título “Manos maravillosas”. Aún así, le manifesté mi ilusión por pertenecer a su otra lista de blogs, porque gustaba más pertenecer a las “mentes maravillosas”. Sunsi, inmediatamente me pasó a la otra lista, por lo que ahora me siento en deuda con ella, y estoy moralmente obligada a dar la talla.

Debes saber, Sunsi, que yo no solo no tengo unas manos excepcionalmente habilidosas, sino más bien al contrario. Fui una niña más bien torpe, muy patosa, todo se me caía de las manos; mi madre solía decirme que tropezaba con mi propia sombra. Las labores han supuesto para mí una especie de lucha interior. El efecto positivo ha sido doble: por una parte, la práctica constante de las habilidades manuales mejora francamente mi agilidad manual. Y por otra, mejora susceptiblemente mi autoestima.

Leí una vez que la creación con las manos estimula la secreción de serotonina, que es la misma sustancia que se secreta al alcanzar los niveles de saciedad al comer. Así, ciertamente, hacer labores llena, de una forma literal. Yo se lo recomiendo a todo el mundo. No todo el mundo sabrá hacer patchwork, o encaje de bolillos, o casitas de madera, pero todo lo que se crea con las manos, es bueno para el espíritu.

Ah, Sunsi, yo creo que lo que se me da bien es escribir. Te he mandado un correo electrónico con una sugerencia para las bodas de oro de tus padres.
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